lunes, 17 de abril de 2017

La luna y el sol (1998). Vonda N. McIntyre

Con "La luna y el sol" prosigo mi revisión en orden cronológico de las novelas que he seleccionado como representativas del subgénero de las ucronías o historias alternativas, uno de los más sugestivos de la literatura de ciencia-ficción. La de hoy es una de las ucronías más premiadas de la historia del género: esta novela de la estadounidense Vonda N. McIntyre se alzó en 1998 con el Premio Nébula (para mí el de más calidad del género) a la mejor novela del año. Derrotando por cierto a la hoy archiconocida "Juego de tronos", de George R.R. Martin. A pesar de lo cual no es en mi opinión una de las mejores ucronías de esta selección. Eso sí, la considero ligeramente superior a la obra de cabecera de McIntyre, esa "Serpiente del sueño" que ya reseñé en su momento como parte de mi lista de novelas decepcionantes. Y es que nunca he terminado de encontrar las supuestas bondades de esta autora.

"La luna y el sol" es una historia alternativa con un marco histórico atrayente (los últimos años del reinado de Luis XIV, el Rey Sol) y un punto de partida ilusionante (la captura de un desconocido monstruo marino, que constituye además el hecho divergente que da pie a la ucronía). Pero se trata de una novela excesivamente larga, con varias licencias difícilmente asumibles en el género de la ciencia-ficción, una vocación feminista un tanto exagerada, y sólo un par de momentos realmente brillantes, ya cerca del final.

No obstante lo anterior, lo cierto es que el comienzo es alentador, con ese oportuno listado de personajes históricos e inventados que permitirá al lector ubicar la narración en todo momento, y la captura del monstruo marino en el prólogo. Pero en seguida la lectura se vuelve pesada: excesiva atención a los personajes secundarios, inacabables descripciones sobre las vestimentas de los cortesanos, capítulos que reflejan la frívola vida en la Corte sin que en ellos suceda prácticamente nada... La visita del Papa a Versalles y el gradual estrechamiento de la relación entre el monstruo marino y Marie-Josèphe de la Croix son dos motores argumentales demasiado débiles para mantener la atención durante casi trescientas páginas.

Porque ese es el volumen de novela que hay que superar para que realmente empiecen a suceder los acontecimientos: la relación amorosa entre Marie-Josèphe y el conde Lucien, los enfrentamientos con el Rey Sol, el ultimátum al monstruo marino, el intento de huida, la travesía por el mar... Y las páginas en las que se encuentran los dos únicos capítulos dignos a mi modo de ver del Nébula: el veintiséis, con el trepidante intento de huida y la posterior captura; y el veintinueve, con el desenlace en el Océano primero y en la Corte después. Un tercio final que sorprende por su notable cambio de ritmo narrativo frente a los dos primeros tercios de la novela (demasiado acelerada al final; demasiado pausada hasta entonces).

Otros defectos adicionales lastran el resultado final: el hecho de que el monstruo marino "hable" con sus cánticos pero sólo Marie-Josèphe sea capaz de entenderlos; las ensoñaciones que a menudo sufre Marie-Josèphe, sin explicación ni continuidad; el recurso a todo tipo de filiaciones entre los personajes para justificar determinadas situaciones e intentar aumentar la carga dramática; la referencia a mitos tan obvios y manidos como el de la Atlántida; la ausencia de cualquier referencia temporal (por ejemplo, es imposible estimar el tiempo que el Papa Inocencio pasa en Versalles); la morfología del monstruo marino, muy poco científica; y el retorcimiento de determinadas situaciones para hacer más patente la posición en segundo plano que ocupaban las mujeres en el siglo XVII.

A cambio McIntyre logra cerrar el círculo planteado en esta ucronía al relatar la petición expresa que el Papa realiza al padre Yves para que borre toda referencia a los monstruos marinos, lo que explicaría por qué esta historia alternativa nunca llegó hasta nuestros días. Este acierto, junto con una adecuada recreación histórica de la vida en Versalles (a pesar de episodios tan poco trascendentes como la partida de caza y el carrusel), con cierta inquietud científica de algunos personajes, y con la abundancia de diálogos frente a las descripciones, permiten que la lectura no sea completamente en vano. Aunque me consta que en 1998 se publicaron novelas mucho más recomendables que ésta (sin ir más lejos la que reseñé en mi anterior entrada: "Darwinia").

sábado, 8 de abril de 2017

Darwinia (1998). Robert C. Wilson

Una entrada más continúo reseñando en orden cronológico las novelas que he seleccionado como representativas del subgénero de las ucronías. Voy a reseñar en esta oportunidad "Darwinia", del estadounidense Robert Charles Wilson. Una novela que a mi modo de ver encaja en este subgénero, aunque por su temática y su ambición es cierto que podría haber encajado en otros cuantos. Y es que partiendo de un sugerente cambio en la antigua Europa a comienzos del siglo XX, Wilson construye una disfrutable novela, en su mayor parte de aventuras e investigación, sin por ello descuidar a sus personajes, ni olvidarse de construir una teoría especulativa "plausible" que justifique todos los cambios narrados.

El hecho divergente que nos propone Wilson en su ucronía se aleja de lo habitual en el subgénero, ya que no se trata de uno o más acontecimientos históricos que sucedieron de manera diferente, sino del denominado Milagro, que en 1912 reemplazó la mayor parte de Europa por Darwinia, un continente salvaje, habitado por las más extrañas criaturas y sin vestigios de la civilización que la poblaba. Una propuesta ambiciosa que permite una doble visión: la mayoría cree que es un castigo de Dios en respuesta a las teorías de Charles Darwin, mientras que una minoría se limita a interpretarlo como una oportunidad para construir un nuevo Imperio. En todo caso este hecho divergente le permite al escritor jugar con subgéneros presumiblemente dispares, conjugando la ucronía, la novela de aventura y la tecnológica, al tiempo que especula con una Historia en la que no existió Primera Guerra Mundial.

Para ello Wilson estructura la novela en cuatro partes con un interluido al final de cada una de ellas, las dos primeras situadas entre 1919 y 1921, la tercera en 1945, y la cuarta de vuelta a 1920. Con un total de 39 capítulos a lo larg de los que Wilson propone varias líneas narrativas, pero siempre de longitud contenida, hasta el punto de que la concisión es una de las grandes virtudes de la novela. La línea principal de la novela (los avatares de Guilford Law) siempre raya a un alto nivel. Pero está permanentemente complementada por una o dos líneas secundarias (Colin Watson, Carolyne, Lyly...) que no siempre son tan interesantes, o que incluso a veces se alejan de lo admisible en la ciencia-ficción para adentrarse en el cuestionable terreno de lo fantástico (caso de las peripicias de Elias Wale), lo que le resta puntos a la impresión final. No obstante, es indudable la habilidad de Wilson para captar los puntos de vista de muchos personajes, sabiendo captar el ambiente y reforzar la intensidad de los acontecimientos cuando es necesario.

También juega a favor de "Darwinia" lo elaborado de su literatura, una narrativa fluida en tercera persona que es sabiamente enriquecida en ocasiones con trozos del diario de Guilford, o de cartas a su familia. Con una incuestionable capacidad para ponernos rápidamente en situación, con capítulos excelentes (como el 14, en el que la expedición llega al lago Constanza y es atacada por los partisanos), con el recurso a la emotividad al recorrer lugares alterados radicalmente (como la desembocadura del Rhin o Londres), y con un perceptible esfuerzo por darle toda la verosimilitud posible a su mezcla de ciencia y religión (recurriendo a conceptos como Sentiencia, psivida, el Campo de Higgs, La Guerra en el Cielo...).

En cuanto al capítulo de los defectos, además del exceso de fantasía injustificada ya mencionado debo reseñar que, tras una primera parte en la que el autor recrea con habilidad el aroma de la literatura de viajes de principios del siglo XX, aclara "de más" en el primer interludio, y hace que el interés en el resto de la novela sea menor. También falla la manera en la que los personajes logran el conocimiento, que mayormente es revelado por potencias superiores, dando al traste con la supuesta investigación. No es menos cierto que la novela es tan grandilocuente que por momentos parece capaz de satisfacer lo mejor de diversos géneros, pero al final se queda a medio camino entre varios de ellos. Y por último debo citar el recurso siempre cuestionable a la utilización de un nuevo personaje (Matthew Crane) en los capítulos que conforman el desenlace (un personaje cuya aportación no está demasiado clara).

Pero si a cambio contraponemos el exquisito gusto del autor por lo antiguo, la perceptible influencia del steampunk tan de moda en 1998, y un estupendo epílogo (que propone un bonito final a la vez que deja la puerta abierta a una posible continuación que no ha llegado hasta la fecha), coincidiremos en situar a "Darwinia" en la parte alta de la lista de novelas de historia alternativa que les he propuesto.