lunes, 20 de marzo de 2017

Antihielo (1993). Stephen Baxter

Una entrada más prosigo reseñando en orden cronológico las novelas que he seleccionado como representativas del subgénero de las ucronías, uno de los más conocidos de la literatura de ciencia-ficción. Voy a hablarles en esta oportunidad de "Antihielo", del británico Stephen Baxter. Que además de ser uno de mis escritores favoritos en activo, es el único que aparece por partida doble en la lista de ucronías que les propuse hace unas cuantas entradas. La razón es la disparidad estilística y argumental de las dos ucronías seleccionadas. En concreto, "Antihielo" se encuadra con naturalidad en uno de los "sub-subgéneros" (si me permiten el abuso del término) de las ucronías: el steampunk.

El steampunk se caracteriza por proponer unas historias alternativas del siglo XIX en las que las maquinarias a vapor de la época evolucionaron hasta dotar a la sociedad de unos avances tecnológicos de los que en realidad careció. A esta categoría pertenece "La máquina diferencial" (1990), de William Gibson y Bruce Sterling, que en mi lista de ucronías sugeridas situé justo antes de la novela que hoy les presento, y que probablemente fue la que dio a conocer el steampunk al gran público. Aunque como ya comenté en su momento a mí me resultó relativamente decepcionante. Y lógicamente "Antihielo", publicada tres años más tarde y para mí mucho más satisfactoria: un excelente ejercicio de historia alternativa que adopta la forma de un "viaje extraordinario" de Jules Verne pero lo enriquece con brillantes reflexiones políticas y sociales.

La longitud contenida de la novela y su certera estructuración anticipan su calidad: el prólogo de Hedley Vicars a su padre y el epílogo de Ned Vicars a su hijo encuadran, con su contenido bélico en dos periodos separados por cincuenta y seis años, una trama esencialmente de aventuras, con el antihielo como elemento facilitador, que funciona también como revisión de la situación política en la segunda mitad del siglo XIX. Una trama en la que Baxter recrea con esmero los principales protagonistas políticos y científicos de la historia real, pero con papeles ligeramente alterados para estimular la mente del lector. Además, la sociedad derivada del uso del antihielo es la consecuencia de una Revolución Industrial acelerada pero razonablemente plausible, con gadgets y servicios muy atractivos (y como es lógico algunos evidentemente cuestionables, por ejemplo el tren sobre el Canal de la Mancha).

En honor a la verdad debo reconocer que la novela tarda en "arrancar", ya que las conversaciones entre el protagonista absoluto (Ned Vicars) y el periodista Holden primero, y el recorrido posterior por el crucero terrestre Príncipe Alberto están faltos de acción. Pero con el sabotaje de la Faetón comienza paradójicamente su periplo por el espacio exterior, momento a partir del cual la novela cobra una nueva dimensión, tremendamente disfrutable. Con un elenco de personajes reducido (Ned, Holden, el ingeniero Traveller (una estupenda recreación del Cyrus Smith de Verne) y su sirviente Pocket), en un espacio también reducido y pleno de avances construidos con la tecnología del siglo XIX, en el que la supervivencia primero, la captura del saboteador Bourne después, y el desembarco y la posterior exploración de la luna al final, atrapan al lector irremisiblemente.

De manera un tanto discutible, Baxter renuncia a una mayor exploración de la Luna y a narrar el retorno a la Tierra, y a cambio se reserva el último cuarto de la novela para otras funciones menos obvias pero más importantes para cohesionar la novela: revisa el impacto del antihielo en el principal conflicto bélico de la época, concluye el elemento de romance de la novela (menos relevanta de lo que sugieren las reseñas que he leído), y sobre todo traslada un mensaje negativo sobre la supremacía que Gran Bretaña logra en Europa mediante el antihielo.

Como pueden adivinar por mi valoración global, se trata de una novela con pocos defectos. Resaltaría los siguientes: una visión excesivamente centrada en lo británico (algunos detalles son difíciles de captar para el lector en español), unos franceses de personalidades excesivamente simples (orgullosos y testarudos), unas formas de vida selenitas claramente fantásticas, y una excesiva predilección por el componente político en determinadas situaciones. Defectos que no ensombrecen una novela de una calidad sorprendente para un autor que en 1993 acababa de empezar en el género. Y que afortunadamente sigue siendo una de sus principales referencias.

domingo, 5 de marzo de 2017

Agente de Bizancio (1987). Harry Turtledove

Una nueva entrada continúo reseñando en orden cronológico las novelas que he seleccionado como representativas del subgénero de las ucronías, uno de los más conocidos de la literatura de ciencia-ficción. Voy a escribir en esta oportunidad sobre "Agente de Bizancio", del estadounidense Harry Turtledove. Un escritor que tal vez resulte desconocido para muchos de ustedes, pero que pasa por ser el máximo representante del subgénero, ya que se ha dedicado prácticamente en exclusiva a las ucronías durante toda su carrera. De hecho, en el prólogo de esta novela Turtledove se define como "escritor de ciencia-ficción e historiador", y menciona a "Que no desciendan las tinieblas" de Lyon Sprague de Camp (reseñada en este mismo blog y seleccionada como primera novela de esta lista) como la novela que le animó a dedicarse a este subgénero. No sólo eso: "Agente de Bizancio" está ambientada también en el Imperio Bizantino, en lo que constituye un claro homenaje. Cuyo resultado es, además, igual o incluso superior a su homenajeada. Y es que estamos ante una ucronía amena, bien documentada, fácil de leer, que utiliza con inteligencia algunos de los inventos más relevantes de la historia de la humanidad para construir siete relatos que forman un todo coherente y equilibrado.

Como digo en realidad no se trata de una novela como tal, sino de un fix-up de siete relatos. Pero a todos efectos se puede leer como si se tratara de una novela, pues está perfectamente cohesionada. A ello contribuye decisivamente que todos los relatos estén protagonizados por Basilios Argyros, el magistrianos del anormalmente duradero Imperio Romano de Oriente. También ayuda que los acontecimientos de un relato se utilicen como base para el siguiente. Y por supuesto que el intervalo temporal abarcado sea relativamente corto (apenas quince años del siglo XIV) y que todos los relatos tengan una estructura análoga (un nudo que Basilios deberá desenredar sirviéndose de un invento concreto, hasta conseguir un desenlace feliz), así como una longitud similar. Es decir, que el escritor toma una serie de decisiones razonables, si se quiere poco arriesgadas, pero que permiten llevar la novela a buen puerto.

Como suele suceder en las ucronías escritas por historiadores, el panorama alternativo que imaginan resulta relativamente "conservador", con variaciones menos acusadas que las que probablemente habrían sucedido en el devenir propuesto. Es el caso del Imperio Bizantino de Turtledove, al que la conversión al cristianismo de Mahoma y el rechazo de los seguidores de Zoroastro en Persia le permitió perdurar al menos un milenio, sin que en sus autoridades, creencias, ni ciudades principales se observe un cambio sustancial respecto al de la época de Justiniano. Aunque si se observa con detalle se percibirá una cierta decadencia, claramente reflejada por ejemplo en que sólo uno de los inventos que contribuyen a resolver las situaciones surge en Constantinopla.

Aciertos innegables de la novela son la ambientación de la época y los lugares que nos presenta Turtledove (Alejandría, Constantinopla, el Danubio, Saint Gall, Daras, Dariel), así como la elaboración de los personajes principales, con mención especial para Mirrane, la bella espía persa que el escritor "descubrió" en el quinto relato y ya no dejó de utilizar hasta el final para lograr un final convincente. La prosa del autor es precisa pero sencilla, fácil de digerir y con la dosis suficiente de reflexiones y de guiños humorísticos para que pasar las páginas no suponga ninguna dificultad. Y algunos relatos en concreto están muy conseguidos (en mi opinión los dos primeros, y el ambientado en Daras).

Quizá el mayor defecto de la novela sea que todos los inventos sobre los que Turtledove construye sus relatos son muy conocidos (el catalejo, la vacuna, la pólvora, la imprenta...), con lo que es sencillo anticipar el impacto que van a tener, y las historias pierden capacidad de sorpresa. También puede llegar a fatigar la estructuración análoga de los relatos a la que antes me refería. A menudo se echa en falta un poco más de profundidad (casi parece una novela para young adults). Y lógicamente resulta cuestionable que todos esos hallazgos caigan siempre en manos de la misma persona, a pesar de que Basilios nunca llegó a alcanzar un rol verdaderamente preeminente en el Imperio. Defectos que en ningún caso se dejan sentir en exceso en una obra que puede servir para introducir al lector lego en el sugestivo subgénero de las ucronías.