viernes, 30 de septiembre de 2016

Roma Eterna (2003). Robert Silverberg

Con la presente entrada termino la reseña de los principales libros disponibles en español de mi escritor de ciencia-ficción favorito, Robert Silverberg. A partir de su sexagésimo cumpleaños en 1995, Silverberg ralentizó notablemente su ritmo de producción literaria, entrando en una especie de pre-jubilación que ha continuado hasta hoy. Por eso "Roma Eterna" es la única obra nueva suya de ciencia-ficción que ha visto la luz en España en los últimos veinte años. Una obra, además, que refleja perfectamente el letargo creativo del autor en esos años, puesto que no se trata de una novela como tal, sino de una colección de diez relatos largos que fueron viendo la luz individualmente a lo largo de los años hasta acabar conformando el libro. Sin embargo, "Roma Eterna" no es una antología al uso, sino una ucronía, es decir, una historia alternativa que postula que el Imperio Romano no sucumbió a manos de los bárbaros en el siglo V, sino que continuó dominando el mundo occidental hasta nuestros días. Una idea fascinante, y que además me va a permitir enlazar esta entrada con las que dedicaré a partir del mes próximo a las ucronías, otro de los subgéneros literarios que tienen cabida dentro del maravilloso mundo de la literatura de ciencia-ficción.

Presentar casi dos mil años de historia de manera comprensible y atractiva es una tarea harto compleja, y para la que un formato como el fix-up de relatos que capturen determinados momentos históricos es probablemente la mejor opción. Desde ese punto de vista el libro es satisfactorio, ya que los relatos están muy cohesionados, las referencias entre ellos son continuas y ninguno choca con lo narrado en los anteriores. Además, sin obligar al lector a resituarse cada vez que inicia la lectura de uno nuevo, como sucede en la inmensa mayoría de las antologías. No obstante cada relato posee su propia personalidad, puesto que se localizan en lugares diferentes, sus protagonistas pertenecen a distintos estratos sociales y tienen responsabilidades diversas, y el estilo narrativo se adapta siempre a lo narrado (compaginando la primera y la tercera personas, acercándose a los libros de viajes, o a los relatos de aventuras, o a las fábulas...). Con buen criterio Silverberg se apoya en varios de los acontecimientos esenciales en la historia de la humanidad (el surgimiento de Mahoma, la conquista de América, el Éxodo judío, la primera vuelta al mundo...), pero encajándolos con habilidad en su historia alternativa.

Por otra parte, al proponer más de un hecho divergente para dar lugar a su historia alternativa (al menos cabe mencionar la ausencia del cristianismo en el Imperio, el benigno dominio en el siglo III del emperador ficticio Tito Galio, la prematura muerte de Mahoma...) elimina con naturalidad buena parte de las objeciones que se le pueden plantear a este tipo de historias. Incluso aprovecha para dotar de sentido a alguno de nuestros mitos históricos más cuestionables (como por ejemplo cuando abiertamente defiende que antes de que el Imperio conquistara América, los "vikingos" ya la habían descubierto e incluso dominado en algunas áreas).

En cuanto a los defectos, los dos más obvios son: la inmutabilidad de instituciones, vestimentas e incluso costumbres a lo largo de veinte siglos (el Senado, las túnicas, las profesiones principales...), presentando unos avances tecnológicos esencialmente equivalentes a los que realmente se produjeron, pero siempre en un discreto segundo plano; y algunos relatos sensiblemente inferiores al resto (lentos, anodinos, escasos de acción e incluso de acontecimientos), que hacen que la impresión global del libro sea favorable pero sin llegar a figuar entre los títulos absolutamente recomendables del estadounidense. Aunque lo mejor será revisar individualmente cada relato.

En "Con César en las catacumbas" Silverberg va convirtiendo gradualmente lo que parece ser uno de sus habituales relatos de atmósfera sórdida y clímax orgiástico en un momento alternativo esencial de su ucronía sobre Roma, cercenando además para siempre la amenaza bárbara sobre Occidente. "Un héroe del Imperio", uno de los relatos más recomendables, es más directo, con un estilo literario muy conseguido (una serie de misivas enviadas en primera persona por su protagonista a un supuesto amante), y eficaz a la hora de presentarnos a Mahmut, ese Mahoma que nunca logró unificar a los sarracenos ni expandir su religión del Dios único. "La segunda invasión", uno de mis dos favoritos, es un excelente relato sobre las primeras expediciones para la conquista de América: coherente (reconociendo el papel esencial de los escandinavos), bien narrado (el pasado se presenta de manera que los acontecimientos presentes se comprendan con sencillez), e ingenioso (Olao el danio al frente de los mayas, la derrota propiciada por las fuerzas de la naturaleza...).

"A la espera del fin" es uno de los relatos más flojos, la conquista de Roma por el Imperio Bizantino narrada sin tensión, a través de un traductor y su amada. "Una avanzada del reino", correcto aunque demasiado corto para una trama compleja, sí reflexiona con originalidad y en un marco escénico atrayente (la Venecia bizantina) sobre la tesis de que los romanos siempre estuvieron destinados a gobernar el mundo, y que por eso reunificaron el Imperio tras el relativamente breve dominio de Bizancio. "Lo que oculta el dragón", otro momento brillante, con un estilo más desenfadado e incluso guiños humorísticos, sólo flaquea por su dispersión: funciona muy bien para consolidar con credibilidad trescientos años de historia alternativa, pero la trama reparte por igual la atención entre el megalómano proyecto de Demetrio y la semblanza de Trajano Draco y su vuelta al mundo, y siendo ambos interesantes y plenos de brillantes reflexiones, el resultado es que el relato avanza sin dirección clara hasta su final. Y "El reino del terror", otro de los momentos álgidos del libro, es un relato un poco disperso en su primera mitad a causa de sus diversas líneas narrativas, pero termina convirtiéndose en un brillante episodio de intrigas imperiales sobre el derrocamiento del Emperador y su sustitución como forma de atajar la Segunda Decadencia. Y además pleno de acontecimientos y certeras reflexiones.

El tercio final lo inicia "Vía Roma", para mí el único relato realmente prescindible: demasiado largo, predominantemente descriptivo y argumentalmente muy simple, lo realmente sustancial (el derrocamiento del Imperio y la proclamación de la Segunda República) se narra de manera telegráfica cerca del final, después de un montón de páginas de atmósfera bien capturada pero de contenido anodino. "Cuentos de los bosques de Vindobona" es mi otro relativo preferido: escrito casi a modo de fábula, un relato conciso y convincente para cerrar la historia de los Césares sobre Occidente. En un marco escénico diferente y cautivador (la Viena alternativa del siglo XIX), con un protagonista original (un niño) y una buena dosis de jugosas reflexiones. Y el libro se cierra con "Hacia la tierra prometida": aunque argumentalmente sencillo, cumple su papel de cierre de la ucronía a la perfección, ya que postula que los hebreos se pusieron a buscar por segunda vez su Tierra prometida nada menos que en las estrellas... Y además con el genial detalle de convertir el accidente espacial nada menos que en la vuelta a los Cielos de un nuevo Mesías. Con lo que Silverberg cierra así el círculo que abrió en el prólogo, cuando planteó que el judaísmo primero y el cristianismo después no lograron abrirse paso en el Imperio Romano. Casi nada.

domingo, 11 de septiembre de 2016

El robot humano (1993). Isaac Asimov y Robert Silverberg

Por penúltima vez dedico una entrada a reseñar los principales libros disponibles en español de mi escritor de ciencia-ficción favorito, el estadounidense Robert Silverberg. Voy a reseñar a continuación "El robot humano", tercera y última de las novelizaciones que Silverberg acometió de tres de los mejores relatos cortos de Isaac Asimov. En esta ocasión el relato elegido fue "El hombre bicentenario", escrito en 1976 y galardonado con los premios Hugo y Nébula. Es decir, un inmejorable punto de partida, que sin embargo dio como resultado la más floja de las tres novelas fruto de esta colaboración. En mi opinión "El robot humano" es un trabajo correcto y agradable de leer, pero carente del calado que cabría esperar en estos dos escritores, y por tanto no forma parte de mi lista de sus obras absolutamente recomendables.

Aunque la novela posea muchas virtudes, al terminar la lectura no pude desprenderme de la sensación de haber leído una novela "hecha por encargo", porque toda ella parece presidida por una cierta falta de entusiasmo en su elaboración, pese a que en realidad no existan defectos de altura. Quizá sea una cierta falta de acción o de intensidad derivada de la trama que la sustenta, pero el caso es que esta percepción lastra la lectura.

Y eso que el planteamiento del libro, un robot tan anormalmente capacitado que termina por humanizarse, es tan interesante como plausible. Aunque su longevidad dificulta una interacción prolongada con los seres humanos que le rodean, estos personajes humanos se comportan con total naturalidad, siempre correctamente caracterizados para los cortos lapsos de tiempo en los que por fuerza aparecen. Además, como cabía esperar en una novela firmada por estos dos escritores, los acontecimientos se desarrollan de un modo razonable, sin episodios inverosímiles. De hecho, no faltan episodios emotivos con cada una de las muertes de las que es testigo Andrew: Sir, Little Miss, George...

Otro acierto notable es la reacción de US Robots and Mechanical Men y de la sociedad en general ante la evolución de los robots: las distintas fases por las que atraviesan (integración, rechazo, aceptación...) serán indudablemente un punto de referencia si estas cuestiones se plantean en siglos venideros. Particularmente trascendentes son las especulaciones sobre los rasgos que caracterizan exclusivamente a la especie humana. Y todo ello sin dejar de echar fugaces vistazos a la evolución de la sociedad humana en los próximos siglos (como por ejemplo el desarrollo de la luna y su talante más liberal).

No obstante, conforme se avanza en la lectura se ponen de manifiesto otras dos pegas considerables: la reiteración en el esquema de los distintos episodios (a saber: Andrew va alcanzando estados evolutivos cada vez mayores, y propios de los humanos, pero se siente insatisfecho con lo logrado y plantea una nueva evolución difícil de aceptar por su entorno); y la ausencia casi total de episodios de acción (esencialmente sólo cuando Andrew es amenazado en su intento por ir a la biblioteca). Un tercer punto discutible son los detalles del comportamiento del Andrew más evolucionado, que en mi opinión no se ajustan del todo a las Tres Reyes de la Robótica (por ejemplo las amenazas u órdenes dadas por Andrew).

De todos modos no quiero terminar sin reseñar otros logros que atesora la novela. En primer lugar, cómo la trama enlaza con lo narrado en la mítica antología de relatos "Yo, robot" (incluso con alusiones directas). En segundo lugar, las explicaciones biológicas que va introduciendo Silverberg durante la gradual evolución de Andrew, como cabe esperar en toda obra de ciencia-ficción. Y en tercer y último lugar, el final, no del todo esperable después de tanta evolución robótica, y a la vez un alegato en favor de la imperfección humana.