martes, 26 de julio de 2016

Al final del invierno (1988). Robert Silverberg

Continúo reseñando los principales libros disponibles en español de mi escritor de ciencia-ficción favorito, Robert Silverberg. Le toca en esta entrada a "Al final del invierno", novela de 1988 y por tanto enmarcada dentro de su segunda y última época como escritor de ciencia-ficción. Una novela que en realidad iba a ser la primera de una ambiciosa trilogía sobre la humanidad en un futuro remoto, pero que al final se quedó en sólo dos entregas, la segunda de las cuales ("The queen of springtime") no está traducida al español y por tanto no reseñaré aquí. "Al final del invierno" fue saludada por Miquel Barceló cuando la publicó en su colección Nova como una meritoria vuelta de Silverberg a su "mejor forma". Personalmente no la considero parte de sus novelas absolutamente recomendables, pero sí que me pareció digna y claramente superior a su predecesora en el tiempo ("La estrella de los gitanos"), a pesar de su gran longitud.

Silverberg nos plantea en "Al final del invierno" el resurgir de la humanidad en la Tierra en un futuro muy lejano, tras un desastre planetario de origen natural. Y durante catorce muy extensos capítulos nos muestra a través de distintos personajes cómo va produciéndose ese resurgimiento. De manera que cuando el lector concluye la lectura la impresión que prevalece, más que la de haber disfrutado con la novela, es la de haber conocido (incluso intimado) con una serie de "personas", en el sentido amplio de la palabra. Y esto puede interpretarse como una virtud del escritor a la hora de conferir vida a sus personajes, pero también como un defecto a la hora de haber dejado los acontecimientos en un discreto segundo plano.

Como decía, Silverberg demuestra su gran habilidad narrativa al ofrecernos las perspectivas y los sentimientos de muchos personajes: Hresh el cronista, Koshmar, Taniane, Torlyri, Harruel, Sachkor... Tenemos ante nuestros ojos un complejo panorama de relaciones humanas. Sin embargo, su esfuerzo ante una tarea tan compleja provoca que descuide un tanto el ritmo de la narración, que a menudo es demasiado lento, carente de grandes acontecimientos y sin que el lector perciba un objetivo claro en muchas de las acciones de los protagonistas (por ejemplo, el porqué de la estancia del Pueblo en Vengiboneeza).

Otros aspectos negativos del libro son a mi modo de ver: el excesivo recurso a artilugios y entes fantásticos y poco científicos (entre ellos, el Barak Dayir, de poderes injustificables, los dioses del Pueblo, las máquinas del Gran Mundo, la segunda vista...); el panorama evolutivo que nos presenta, con seis especies inteligentes y unos animales y plantas excesivamente modificados y hasta poco rigurosos para lo que biológicamente cabría esperar; la excesiva longitud de la novela, que el Silverberg del quinquenio dorado habría resuelto en doscientas páginas menos; y la escasa justificación al abandono de la supremacía por parte de los Seres Humanos, y su papel en el Gran Mundo y en el capullo (el interior de la Tierra).

A cambio, las grandes virtudes son las que siempre cabe esperar en Silverberg: calidez, humanismo, intimismo, emotividad... El lector va descubriendo el entorno a la vez que los personajes, lo que facilita la lectura. En concreto disfruté con la reflexión sobre qué es realmente "la humanidad", y por qué bajo este prisma el Pueblo aún no es humano. También disfruté con el gradual conocimiento de unos personajes fascinantes (sobre todo Koshmar y Hresh). Y, ciñéndmoe a los hechos que se narran en la novela, me agradaron particularmente las primeras expediciones en Vengiboneeza, el día de la Partida de Harruel, y el desenlace de la novela, sus muertes y sus nombramientos... Y todo ello pese a que Silverberg renuncia expresamente a recrearse con el encuentro entre el Pueblo y Harruel, y la batalla contra los hjjks. Salvo que lo relatara en la inédita "The queen of springtime", claro.

sábado, 9 de julio de 2016

La estrella de los gitanos (1986). Robert Silverberg

Con "La estrella de los gitanos" continúo la reseña de los principales libros disponibles en español de mi escritor de ciencia-ficción favorito, Robert Silverberg. Esta novela vio la luz justo un año después de "Tom O'Bedlam", la novela con la que retornó al género tras prácticamente una década de inactividad, y representó pues la consolidación de su segunda época como escritor de ciencia-ficción. Lo malo es que también representa perfectamente la parte más negativa de esta segunda época: estamos ante una novela coherente y con algunos pasajes logrados, pero innecesariamente larga, carente de acción, con una trama relativamente escasa y sin apenasa capacidad de fascinación. De hecho, la situaría junto a "Hijo del hombre" como la peor de sus novelas disponibles en español.

Aunque debo reconocer que al menos Silverberg es honesto: el título deja claro que la novela se va a ocupar de la etnia gitana, un tema difícil en general y más aún dentro del ámbito de la ciencia-ficción. Silverberg exhibe amplios conocimientos de los mitos, costumbres y valores de los gitanos, personficados en Yakoub, rey de los gitanos, que relata su vida en primera persona. Y aprovecha para elaborar una teoría que explique su aislamiento histórico y al mismo tiempo sus interacciones con los gaje (lo que ellos llamarían payos): su procedencia de la Estrella Romaní, el mundo nativo del que los gitanos se vieron obligados a emigrar cuando éste alcanzó la fase final de su transformación en gigante roja, su desembarco en la Tierra y su paradisíaco retiro de Atlantis, su errático devenir por el mundo, y finalmente la recuperación de su estatus como pilotos interestelares en el siglo XXXII. Una teoría difícil de aceptar, pero asumible como base para una novela de ciencia-ficción.

Sin embargo, a pesar de esta teoría asumible, la novela naufraga por dos razones principales: la lentitud de la narración y la simplicidad de la trama. La lentitud se pone especialmente de manifiesto en el primer tercio de la novela: por razones no del todo convincentes Yakoub se encuentra retirado en Mulano, donde va recibiendo la visita de distintos personajes que le piden que vuelva a la vida activa. Son capítulos reiterativos, sin acción, que se podrían haber condensado en veinte o treinta páginas. Y que causan que cuando por fin empieza a ocurrir "algo", el planteamiento de Silverberg de combinar episodios pretéritos y los avatares presentes de Yakoub frustre al lector. Y la trama es especialmente simple: Yakoub sale de su retiro, recupera su puesto al frente de todos los gitanos, y sin hacer apenas nada logra convertirse en emperador. Muy poco para una novela tan larga, y muy lejos de la concisión habitual en el quinquenio dorado de Silverberg.

Es cierto que es posible encontrar algunas de las características reflexiones de Silverberg, y que hay algunos pasajes realmente notables (en especial Alta Hannalana y sus condiciones de trabajo), pero pesan más los defectos: un componente científico excesivamente laxo (el concepto de "espectros" como forma de viaje hacia atrás en el tiempo plantea unos inconvenientes no del todo resueltos, algunos mundos del Imperio presentan unas características difícilmente aceptables...), una falta de acción alarmante (Silverberg incluso renuncia a narrar la lucha entre los lores por el poder), y un elenco de personajes secundarios excesivamente hinchado para una trama tan simple. En suma, un gran escritor en horas bajas.