sábado, 26 de septiembre de 2015

Mi escritor de ciencia-ficción favorito: Robert Silverberg

En mi anterior entrada, dedicada a "Horizontes lejanos", la antología de novelas cortas originales auspiciadas por Robert Silverberg, ya mencionaba que el estadounidense era mi escritor de ciencia-ficción favorito, al tiempo que anticipaba que me iba a dedicar a partir de ahora a reseñar lo más representativo de su obra en español. Así que en la presente entrada voy a adelantar esa lista de libros, los cuales revisaré uno por uno durante los próximos meses.

Como de costumbre, no presumo de ser ningún estudioso del género, por lo que debo adelantar no he leído toda su obra de ciencia-ficción. Pero sí la mayor parte de la traducida al español. Aunque a propósito he rehusado leer cualquier novela suya anterior a 1967. La razón es que Silverberg empezó como un prometedor escritor de ciencia-ficción a finales de los 50, pero durante aproximadamente una década se limitó a seguir las pautas dominantes por aquel entonces en el género, más centradas en las aventuras que en la especulación. La irrupción de la new wave en la segunda mitad de los sesenta, que coincidió en el tiempo con una crisis personal que le llevó a mudarse de costa a costa de Estados Unidos, marcó un cambio definitivo en el enfoque y el alcance de su obra, que desde ese momento alcanzó una madurez y un prestigio que lo han mantenido hasta el día de hoy como uno de los más premiados y relevantes escritores del género.

Dicen los entendidos que en realidad el periodo de gloria de Silverberg duró tan sólo cinco años, de 1967 a 1972, y que se inició con "Espinas", una de las novelas que reseñaré en próximas entradas. Es un análisis que no comparto del todo. Porque aunque es evidente que fueron sus años más fecundos (voy a reseñar nada menos que 14 novelas de ese periodo), en mi opinión no todo lo que escribió en esa época posee el mismo nivel, ni todo lo que escribió después es de inferior calidad. Ni siquiera estoy de acuerdo con que el cambio se produjera con "Espinas"; para mí, "Las puertas del cielo", publicada unos pocos meses antes, ya refleja esa transición a su estilo de madurez.

La razón principal por la que sigue siendo mi escritor favorito no es por su prosa finísima, cautivadora y reconocible en apenas unas cuantas frases. Ni por las abundantes y acertadas reflexiones que introduce en sus novelas a colación de los hechos presentados. Me encanta Silverberg por algo en mi opinión mucho más difícil de conseguir: que cada novela suya sea sustancialmente diferente a la anterior, y sin embargo sea capaz de mantener la personalidad del escritor y un nivel medio muy alto. Porque en un ámbito tan complejo como la ciencia-ficción, crear un "entorno original" (el marco escénico y temporal, la sociedad que lo habita, la problemática presentada...) es una tarea ardua, por lo que una gran mayoría de los escritores del género se aferran a los dos o tres "entornos" que mejor conocen y dominan y se limitan a explorar nuevas posibilidades en ellos (piénsese en el Ekumen de LeGuin, el Espacio Reconocido de Niven, el Imperio Galáctico y la Fundación de Asimov, etc.). Lo cual no considero que sea un hecho criticable, pero sí provoca que más o menos intuyamos qué nos vamos a encontrar cuando nos acerquemos a una nueva novela suya. No es el caso de Silverberg: ni una de sus novelas es una continuación, una secuela, ni siquiera un spin-off de otras novela suya: todas partes de hipótesis diferentes, con marcos escénicos muy alejados entre sí y diferentes propósitos y metas.

Lo anterior no significa que Silverberg no tenga sus "obsesiones" favoritas. Que a mi modo de ver son cuatro: el viaje iniciático, el viaje en el tiempo, la psicología y la espiritualidad. Al viaje iniciático recurre Silverberg para que, al tiempo que se enfrentan a parajes fascinantes y a menudo hostiles, sus protagonistas evolucionen y sus personalidades se vean moldeadas por lo vivido. A menudo el viaje en el tiempo tiene la misma función que el iniciático, pero en otras es una manera de revisitar periodos históricos de especial fascinación para el autor, o simplemente de parodiar la sociedad contemporánea. Casi siempre sus novelas se centran en la psicología de sus protagonistas, pero a diferencia de por ejemplo J.G. Ballard, lo hacen sin descuidar lo narrado. Y con frecuencia sus personajes se hallan en busca de una espiritualidad que le dé un propósito a sus vidas, o una explicación para lo que les sucede. Es decir, un contenido de un calado similar al que podríamos encontrar en cualquier gran escritor de literatura mainstream. En la que dicho sea de paso Silverberg podría encajar perfectamente

Pero ello no significa que sus novelas renuncien a otros subgéneros esenciales en la ciencia-ficción. Así, entre las novelas que voy a empezar a reseñar reconocerán la ciencia-ficción hard, la utópica, la ucrónica, la humorística, la prehistórica... Prueba de ello es que no ha existido en España una editorial "especializada" en Silverberg, sino que sus obras han ido viendo la luz en las más diversas colecciones. Y casi siempre con una gran resultado, ameno y especulativo al mismo tiempo. Porque de los nada menos que veintisiete libros que voy a reseñar, más de veinte son claramente recomendables y sólo tres o cuatro más o menos decepcionantes. Es más: considero que al menos una decena de ellos son de lectura poco menos que imprescindible para el aficionado al género.

Entre esos veintesiete libros se encuentran los cuatro que ya he reseñado en este humilde blog: "Tiempo de cambios", para mí indiscutiblemente su mejor novela, y que incluí en mi lista de novelas esenciales para entender el género; dos novelas que figuran dentro de mi lista de novelas personalísimamente favoritas: "Las máscaras del tiempo" e "Hijo del tiempo", esta última una novelización de un relato corto de Isaac Asimov; y la que incluí en mi selección de novelas decepcionantes, "El hijo del hombre".

Sin más dilación, aquí tienen la lista:

"Las puertas del cielo" (1967)
"Espinas" (1967)
"Alas nocturnas" (1968)
"Las máscaras del tiempo" (1968)
"Regreso a Belzagor" (1969)
"Por el tiempo" (1969)
"A través de un billón de años" (1969)
"El hombre en el laberinto" (1969)
"La torre de cristal" (1970)
"El hijo del hombre" (1971)
"Tiempo de cambios" (1971)
"El mundo interior" (1971)
"El libro de los cráneos" (1972)
"Muero por dentro" (1972)
"El hombre estocástico" (1975)
"La fiesta de baco y otros relatos" (1975)
"Sadrac en el horno" (1976)
"Lo mejor de Silverberg" (1976)
"Rumbo a Bizancio" (1985)
"Tom O'Bedlam" (1985)
"La estrella de los gitanos" (1986)
"Al final del invierno" (1988)
"Anochecer" (1990) (junto a Isaac Asimov)
"La faz de las aguas" (1991)
"Hijo del tiempo" (1992) (junto a Isaac Asimov)
"El robot humano" (1992) (junto a Isaac Asimov)
"Roma eterna" (2003)

Silverberg es un escritor aún vivo pero ya prácticamente retirado, por lo que es poco probable que la lista se amplíe en un futuro. Así que a partir de mi próxima entrada revisaré en orden cronológico todos estos libros. Espero que el recorrido les resulte tan apasionante como a mí.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Horizontes lejanos (1999). Robert Silverberg

En la presente entrada les propongo una especie de propina con la que definitivamente rematar todas las entradas que durante más de dos años he dedicado a las principales sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español. Una entrada que, además, me permite enlazar con el que será el tema al que me dedique durante aproximadamente el próximo año: Robert Silverberg, mi escritor de ciencia-ficción favorito. Que en "Horizontes lejanos" nos propone una de las antologías más originales del género: relatos y novelas cortas escritos a finales del siglo XX por buena parte de los autores de ciencia-ficción (norteamericana) más relevantes, que revisitan para la ocasión su saga más representativa. Con libertad casi absoluta para por ejemplo añadir un episodio paralelo, el punto de vista de otro personaje, la explicación de un acontecimiento esencial en la saga y la única y obvia restricción de que el escritor estuviera aún en activo en aquel momento. Es decir, una "guinda" con la que saciar el apetito de nuevas entregas de muchos de sus seguidores.

Por su extensión, la mayoría de las obras aquí recopiladas se adhieren a la categoría de novelas cortas. Todas ellas originales, es decir, escritas a propósito para esta antología (una muestra del peso que tenía Silverberg allá por 1999 en el género). Entre ellas podremos encontrar muchas de las sagas de las que ya he recomendado al menos una novela en este mismo blog. A saber: Los Cantos de Hyperion, de Dan Simmons; la saga de los Insomnes, de Nancy Kress; la saga de los Heechee, de Frederik Pohl; y la saga del Ciclo del Centro Galáctico, de Gregory Benford. Y algunas otras que no he llegado a recomendar pero que sí que mencioné en mi entrada anterior sobre otras sagas: la saga de La Guerra Interminable, de Joe Haldeman; la saga de Ender, de Orson Scott Card; la saga de la Elevación de los Pupilos, de David Brin; y la Trilogía de Thistledown, de Greg Bear. Completada con otra saga apenas conocida para el lector de ciencia-ficción en español (Saga de la Nave que Cantó, de Anne McCaffrey), y dos curiosidades (para mí no sagas): una novela corta ambientada en el Ekumen, la historia del futuro imaginada por Ursula K. LeGuin, que engloba sus novelas más famosas; y otra ambientada en "Roma Eterna", la ucronía de Robert Silverberg escrita a partir de varias novelas cortas interrelacionadas, y que reseñaré en este mismo blog en próximos meses.

Además, cada novela viene prologada por el propio autor, que suele ofrecer un pequeño resumen sobre el marco argumental de la saga que permita afrontar la lectura, y el motivo por el que la ha decidido completar con esta nueva entrega. Así como un listado de las novelas que (a fecha de publicación de la antología) conformaban cada saga. Es decir, un libro muy cuidado realizado por lo más granado de la ciencia-ficción de las tres últimas décadas del siglo XX.

Ahora bien, el resultado, como sucede en prácticamente toda antología, es irregular. Pero el nivel medio es más que satisfactorio, lo que confirma la categoría de los escritores y el hecho de que estén escribiendo en torno a sus sagas más reconocidas. De las once historias mi indiscutible favorita es "Perros durmientes", la aportación de Nancy Kress a su brillante y un tanto minusvalorada saga de los Durmientes: magníficamente estructurada, cautivadora, directa, cientifica, proporciona un nuevo final a la trilogía al situarse tras "La cabalgata de los mendigos". Un escalón por debajo solamente se sitúa "Huérfanos de la hélice", de Dan Simmons: pese a alguna que otra exageración, se trata de un relato brillante, cautivador y bien integrado en la saga.

Entre las novelas que mantienen el tipo se sitúan, en mi opinión: "Una guerra separada", de Joe Haldeman, que recrea el ambiente de su saga de la Guerra Interminable y dota de credibilidad a los viajes relativistas y sus implicaciones para los humanos, aunque con un final inverosímil; "Consejera de inversiones", de Orson Scott Card, que aunque también resulte inverosímil en lo relativo a la informática propuesta, es un relato razonablemente ameno y coherente; "Conocer al dragón", de Robert Silverberg, que a pesar del hándicap de una historia alternativa en parte previsible y en parte reconocible, propone un relato profundo, humano y de indudable calidad; "El muchacho que viviría para siempre", de Frederik Pohl, bien integrado en la saga de los Heeche, ameno y desenfadado, pero también falto de dramatismo y con una estructuración mejorable; y "La nave que regresó", de Anne McCaffrey, que aunque se sitúa peligrosamente en los límites de la fantasía, constituye una novela agradable y con un toque femenino incuestionable.

Y entre aquellas manifiestamente mejorables situaría: "Vieja música y las mujeres esclavas", de Ursula K. LeGuin, una historia con el ambiente y la temática habitual en la autora, pero confusa y sin mucho tirón; "La vía de todos los fantasmas", de Greg Bear, un relato incomprensible y farragoso sólo apuntalado por una creatividad delirante y cierto sentido de la maravilla; la muy floja "Tentación", de David Brin, larga, fantasiosa, con personajes que desaparecen, sin acción, y con el esfuerzo por hacer verosímiles a los protodelfines como único aliciente; y la peor de todas con diferencia, "Hambre de infinito", de Gregory Benford, incomprensible, pretenciosa hasta el aburrimiento, desestructurada...

A pesar de estos deslices, ya saben, si les gustó alguna de las sagas mencionadas y desconocían la existencia de "Horizontes lejanos", háganse con este y disfruten del placer de descubrir una historia que tal vez nunca esperaron leer en torno a su saga favorita.