domingo, 28 de junio de 2015

La vieja guardia (2005). John Scalzi

Una entrada más prosigo con la reseña de las novelas que recomiendo leer de las principales sagas de ciencia-ficción disponibles para el lector en español. En esta oportunidad le toca el turno a "La vieja guardia", del estadounidense John Scalzi, la primera de las novelas de la saga del mismo nombre. Que es también la última saga que voy a reseñar en este humilde blog, pues siendo la más reciente de todas cuantas he reseñado está aún siendo expandida por su autor. De hecho, el lector en español sólo tiene a su alcance estas cuatro novelas:

La vieja guardia (2005)
Las brigadas fantasma (2006)
La colonia perdida (2007)
La historia de Zoë (2008)

Pero en 2013 Scalzi amplió la saga con "The human division", aún no traducida hasta donde yo sé al español. Y mientras escribo esta entrada está viendo la luz en entregas serializadas la sexta entrega de la saga, "The end of all things". Además, Scalzi ha firmado recientemente un contrato con su editorial que entre otros compromisos incluye al menos una séptima novela para la saga, lo que deja bien a las claras el éxito de la misma. Con lo que es de esperar que en próximos años todas ellas vayan viendo la luz en nuestro idioma. Aunque de momento me conformaré con reseñar las cuatro novelas disponibles en español. En realidad, las realmente meritorias son las tres primeras; la cuarta es recomendable más que nada por un hecho muy infrecuente en el género y que desvelaré llegado el momento.

Como trasfondo de la saga, Scalzi plantea una humanidad en continuo conflicto con otras muchas especies extraterrestres por los últimos mundos habitables de la Galaxia. Con lo que el componente bélico/militar es uno de los más acusados a lo largo de la novela. Algo muy del gusto del público estadounidense desde los tiempos del maestro Robert A. Heilein hace más de medio siglo. Y si bien en mi caso particular he de reconocer que aunque las novelas de esta temática no son mis predilectas, la novela que les presento hoy es una aportación original, bien estructurada y por momentos disfrutable, a esta vertiente del género. Y con un aroma "clásico" muy de agradecer en el una novela del siglo XXI, un periodo en el que tanto abundan las obras excesivamente barrocas y de extensión injustificada.

Original porque dar la posibilidad a los ancianos terrestres que cumplan setenta y cinco años de dejar atrás su pasado en la Tierra y una muerte cercana para emprender un viaje de no retorno al servicio de las Fuerzas de Defensa Coloniales se aleja de los estereotipos planteados hasta ahora en las novelas de esta temática. Bien estructurada porque desde el proceso de reclutamiento hasta la finalización de las prácticas a mitad de la novela, pasando por el proceso de rejuvenecimiento y gradual mejora de sus capacidades, todo fluye con naturalidad, sin apenas páginas de relleno y de manera aprehensible para el lector. Y disfrutable en aquellos pasajes que lo permiten, desde el primer contacto con el Cerebroamigo hasta la formación a cargo del histrónico Sargento Ruiz.

Scalzi, probablemente consciente de que el escenario en el que se sitúa la novela es complejo, simplifica todo lo accesorio: designa un protagonista absoluto (John Perry), crea una narración en primera persona, propone una única línea narrativa, rehúye de los saltos temporales... Me parece un planteamiento acertado, aunque como bien se encarga de agradecer al final de la novela, recuerda claramente a su admirado Heinlein. Sin embargo, no por ello sacrifica el elemento científico, riguroso en todo momento, con varias páginas dedicadas por ejemplo a la impulsión de salto, y tecnología tan compleja como la empleada en la transferencia de cerebros a nuevos cuerpos o en la todopoderosa arma multiuso de las FDC, la MP-35.

La segunda parte de la novela, que comienza aproximadamente con la graduación de Perry, baja un escalón respecto a la primera por cómo la concibe Scalzi: en lugar de presentarnos a las diferentes especies alienígenas en conflicto con la humanidad, actualizarnos respecto a la situación actual y luego plantear las batallas en toda su complejidad, opta por sumergirnos directamente en episodios de combate aislados con variopintos alienígenas que no resultan fáciles de interiorizar. Probablemente sería esa la visión real de un soldado individual como Perry, y la que mejor explicaría su ascensión gradual en la jerarquía de las FDC, pero en realidad sólo dos especies extraterrestres (los consu y los raey) cobran cierta identidad en la novela, y sólo a raíz de los capítulos finales en torno a la batalla en Coral.

En el capítulo de los defectos debo incluir, además, el cuestionable recurso (no introducido hasta el tramo final de la novela) a unas Fuerzas Especiales ignoradas oficialmente por las FDCs. Y que justo una de las mayores exponentes de las mismas (Jane Sagan) tenga el mismo cuerpo de la difunta esposa de John (Katherine), lo que aporta un sentimentalismo un tanto artificial. También sobran barbarismos, violencia gratuita en algunas oportunidades y sobre todo falta algo más de profundidad y de carácter especulativo. Aunque a cambio Scalzi proponga un estilo desenfadado, fácil de leer, me atrevería a calificarlo de juvenil, con capítulos de duración contenida y bien estructurados. Es de agradecer, además, que Scalzi se esfuerce por cerrar lo narrado en esta novela, puesto que aunque probablemente tuviera ya en mente una continuación, nos propone un desenlace coherente, satisfactorio, y no deudor de esas futuras entregas que pocos años después describiría. Todo lo cual contribuye a despertar en el lector el interés por la siguiente entrega, que reseñaré dentro de unos días.

domingo, 21 de junio de 2015

El triunfo de la Fundación (1999). David Brin

Una entrada más continúo reseñando las novelas que recomiendo leer de las principales sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español. Les presento hoy "El triunfo de la Fundación", la novela del estadounidense David Brin con la que se cierra la denominada segunda trilogía de la Fundación, escrita por "las 3-Bs" de la ciencia-ficción estadounidense años después de la muerte de Isaac Asimov, con el respaldo de sus herederos. La obra literaria de Brin tiene en mi opinión como principal característica sus muchos altibajos, y aunque en su aportación al universo asimoviano no estuvo en una particular baja forma, su resultado es inferior al de la entrega de Greg Bear ("Fundación y caos") que reseñé en mi entrada anterior, y por tanto al de cualquiera de las novelas de la saga original del Buen Doctor. Pero se sostiene por las abundantes y coherentes reflexiones sobre la saga que aporta, y resulta incuestionablemente superior a la del pretencioso Gregory Benford ("El temor de la Fundación").

Brin sitúa su novela en los últimos años de vida de un anciano Hari Seldon, quien aunque ya tiene sus dos Fundaciones en marcha, mantiene hasta el final su titánico esfuerzo por descubrir los últimos factores que sean necesarios incorporar a sus ya famosas ecuaciones psicohistóricas. Para ello, recrea los principales protagonistas de la saga originial (Hari, Daneel, Dors, Wanda) y alguno de los creados en las novelas anteriores de esta seguna trilogía (el robot Lodovik Trema, los simulacros Voltaire y Juana de Arco...), y los complementa con un buen puñado de personajes de creación propia (especialmente Horis Antic, que acompaña a Hari en su periplo final, el robot Kers Kantun, y el noble Biron Maserd). Aunque a pesar de todos estos ingredientes el lector pronto descubre que más que como una auténtica novela, "El triunfo de la Fundación" podría definirse como un ensayo novelado. Porque lo que guía a la pluma de Brin es el afán por plantear reflexiones y respuestas que hasta ahora no se habían presentado tan claramente en la saga de la Fundación, ni por extensión en las de los Robots y el Imperio Galáctico.

Así, por las casi 500 páginas de la novela se plantean cuestiones como: ¿por qué durante 20.000 años en ninguna parte de la Galaxia el ser humano ha sido capaz de repetir un éxito del calibre de la invención de los robots? ¿cómo es posible que los humanos sean la única especie inteligente de la Galaxia? ¿cómo puede ser que su civilización galáctica se mantenga estable social, tecnológica y económicamente durante todo ese tiempo? ¿es el caos la causa de la imperfección de la humanidad, y la razón por la que una y otra vez se le niega la grandeza que parece capaz de conseguir? ¿por qué esa insondable amnesia de la humanidad respecto a su origen y expansión por la Galaxia? ¿sería válida la psicohistoria en una galaxia plagada de mentálicos? Y aunque en ocasiones se transformen en divagaciones un tanto superfluas, estos interrogantes permiten a Brin proporcionar respuestas tan brillantes como consecuentes: la fiebre cerebral, los archivos históricos especiales, las máquinas terraformadoras, los persuasores mentálicos orbitales, o la enorme influencia de la burocracia en la sociedad.

Es de recibo resaltar también el loable esfuerzo y los si cabe mayores conocimientos que exhibe Brin sobre las tres sagas del Buen Doctor. Así, aprovecha desde la extraña desaparición de Joseph Schwartz en Chicago relatada en "Un guijarro en el cielo", hasta el plan de Daneel para crear Gaia, la superunidad planetaria planteada por Asimov en "Fundación y Tierra", sin olvidarse de incluir las aportaciones de sus compañeros de viaje Benford y Bear. Así como el respeto por las señas de identidad de la saga original, claramente apreciable en una estructura en seis partes que transcurren en diversos escenarios, precedidas por sus correspondientes citas de la Enciclopedia Galáctica, constituidas por capítulos numerados de corta extensión y con continuos saltos de situación... Todo tal cual lo hubiera hecho el propio Asimov. Aunque desafortunadamente ese respeto por el estilo del Buen Doctor no da como resultado una novela de tan alto nivel.

La lástima es que abundan los defectos, sobre todo en lo concerniente al concepto de "novela". Particularmente la trama, que por una parte resulta confusa (con demasiados personajes de intereses encontrados y particulares que resultan difíciles de distinguir), y por otra escasa (ya que con tanta especulación y esfuerzo por cohesionar las sagas, el número y sobre todo la magnitud de los acontencimientos se resiente, escaseando la acción). Lo que es más: a la novela le falta la intriga típica de Asimov, y un objetivo claro que dinamice la acción. De hecho, Brin ni siquiera termina de aprovechar que el desenlace ocurra precisamente en la Tierra. Y admite a modo de postfacio que eliminó dos páginas más del desenlace para dejar simplemente pistas a hipotéticos continuadores futuros de la saga.

Otros defectos que penalizan la impresión global son la expansión explícita y reiterada del caos que tanto obsesiona a Brin y la insistencia en distinguir la adscripción a cada una de las cinco castas. Tampoco son particularmente interesantes los nuevos personajes que acompañan a Hari en su periplo (Antic y Maserd). Ni aporta lo suficiente a la obra la forzada "malignización" de Dors tras calibrar el plan trazado por Daneel a lo largo de los milenios. Si bien a cambio la novela se cierra con un más que interesante anexo, que nos presenta una cronología temporal de los principales acontecimientos relatados por el propio Asimov y por sus sucesores en las tres sagas interrelacionadas que conforman su historia del futuro. Un detalle muy de agradecer que dará cohesión a todo lo leido y puede servir como perfecto punto de cierre para las nada menos que 17 novelas que he reseñado sobre todas estas históricas sagas en este humilde blog.

jueves, 4 de junio de 2015

Fundación y Caos (1998). Greg Bear

Una entrada más continúo reseñando las novelas que recomiendo leer de las principales sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español. Llega el momento de reseñar "Fundación y Caos", del estadounidense Greg Bear, segunda novela en orden cronológico y de lectura de la segunda trilogía de la Fundación, la extensión de la saga acometida años después de la muerte de Isaac Asimov tras la pertinente autorización de sus herederos. Como ya dije al reseñar la primera de las novelas de esta segunda trilogía ("El temor de la Fundación", de Gregory Benford), el resultado de la misma no me parece equiparable en calidad ni en disfrute a la saga original. Pero sin llegar a las cotas de excelencia de las mejores novelas de aquélla, "Fundación y Caos" me parece un acercamiento a su universo sólido y creíble, en el que el a veces falto de chispa Greg Bear se muestra en notable buena forma, y resulta capaz de aportar a la serie una novela incuestionablemente superior a la de Benford.

Tres son las razones principales por la que la aportación de Bear es claramente superior. En primer lugar, porque recrea con más habilidad, respetando mejor su personalidad, varios de los personajes esenciales en la última etapa del Imperio Galáctico (el ya anciano Hari Seldon, su nieta Wanda, Daneel...) y los rodea de un elenco de personajes de patrones netamente asimovianos (Klia Asgar, R. Lodovik Trema, R. Plussix...), lo cual le permite construir en diversas líneas narrativas todo un espectro de intrigas y poderes encontrados plenamente alineado con los del Buen Doctor. En segundo lugar, porque los simulacros Voltaire y Juana de Arco, que tan farragosamente incorporó Benford a la saga para aumentar el peso de las inteligencias artificiales en la misma, quedan aquí postergados a un merecido segundo plano. Y en tercer lugar, por la propia habilidad literaria de Bear: menos pirotécnico y más modesto que Benford, da más protagonismo a las conversaciones a la vez que respeta la estructura en capítulos cortos tan característica de la saga.

Aparte de las mejoras comparativas respecto a su predecesora, la obra posee sus propias virtudes intrínsecas. Bear sitúa con naturalidad la novela en el periodo en que el Imperio Galáctico está a punto de desintegrarse bajo el mando del emperador títere Klayus I y su ministro Linge Chen, muy cercano en el tiempo al primer relato de la novela "Fundación" (llamado "Los psicohistoriadores"), y la encaja hábilmente con los acontecimientos narrados en "Preludio a la Fundación" y "Hacia la Fundación", prestando especial atención a la "vertiente robótica" de la saga. Así, el enfrentamiento entre los robots giskardianos y los calvinianos a causa de la controvertida Ley Cero de la Robótica que nos relata, estaba ya latente en la saga original, pero nunca se había expuesto con tan elocuente claridad. Y con el añadido de una visión enriquecida de sus facetas robóticas (chequeos de programación, acciones de diagnóstico y reparación...). Además de lo anterior, y sin apabullar al lector, Bear respeta el elemento científico y tecnológico, acordándose de introducir varios gadgets cien por cien asimovianos.

Otros aciertos son su habilidad a la hora de revisitar varios de los distritos emblemáticos de la ciudad-mundo de Trántor, e incorporar con mayor inspiración que Benford otros nunca desvelados hasta ahora. También dos personajes excelentemente caracterizados: el ambiguo, poderoso y sagaz Linge Chen, un personaje presentado por Asimov en "Fundación" pero que hasta ahora no había sido desarrollado en la saga; y la inquieta mentálica Klia Asgar. Asimismo debe resaltarse la habilidad de Bear para que la novela resulte amena a pesar de su notable extensión. Y algunos episodios que perviven en la memoria del lector tiempo después de haber terminado la lectura, especialmente el episodio en el cual todas las fuerzas presentadas confluyen en la Sala de Dispensas, excelente en su concepción y muy cuidado en su presentación.

En el capítulo de los defectos, citar fundamentalmente dos. El primero, que el punto de partida que da lugar a la novela es demasiado débil, ya que se trata de un juicio muy similar a los que ya sufrió Hari Seldon en "Hacia la Fundación". Y el segundo, que durante toda la novela existe ua cierta confusión con respecto al conflicto de poderes que la sustenta. En mi opinión Bear no tiene el mismo talento que Asimov para presentarnos nítidamente todos los rasgos y motivaciones de cara bando, ni para extraer unas conclusiones definitivas tras el desenlace (es probable que al lector no entienda bien qué puertas ha dejado abiertas tras el mismo). Otros defectos menores son la existencia de episodios ya narrados por Asimov en "Hacia la Fundación" (por ejemplo, se vuelven a relatar las grabaciones realizadas por Seldon), la manera como finiquita a algunos personajes que a lo largo de la novela han tenido mucho peso (Farad Sinter, R. Plussix), y la ausencia del elemento sorpresa en el desenlace, tan esencial en casi cualquier novela de Isaac Asimov. Defectos que en todo caso no me impiden considerarla como la mejor de las tres novelas de la segunda trilogía, como tendré ocasión de argumentar dentro de unos días cuando reseñe "El triunfo de la Fundación".