martes, 27 de enero de 2015

Mendigos en España (1993). Nancy Kress

Una entrada más prosigo con mis reseñas de las novelas que recomiendo leer de las principales sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español. Voy a hablarse en esta oportunidad de "Mendigos en España", novela que inaugura la conocida como saga de los mendigos, escrita por la estadounidense Nancy Kress. Se trata de una saga que no fue concebida como tal, sino que fue creciendo a partir de la continuada expansión de una novela corta escrita por Kress en 1991 y ganadora de los premios Nébula y Hugo en dicha categoría. Kress convirtió esa primera novela corta en la extensa novela que les presento, del mismo título pero con tres partes adicionales además de la novela corta en su integridad, y posteriormente añadió dos novelas más a la saga, hasta quedar finalmente comprendida por:


Mendigos en España (1993)
Mendigos y opulentos (1994)
La cabalgata de los mendigos (1996)

En conjunto, forman una saga muy equilibrada y cohesionada (quizá porque las tres novelas fueron escritas en un lapso de tiempo relativamente corto y el lapso de tiempo que cubren tampoco es muy largo), con los impactos de la ingeniería genética en la sociedad del siglo XXI como eje principal, y que recomiendo leer en su integridad. Poseen esa sensibilidad tan característicamente femenina, y solamente les falta algún título que destaque del conjunto para reivindicar la categoría de clásico, a la que aspiran pero no alcanzan. En concreto, "Mendigos en España" (que pese a lo que su nombre pueda indicar no transcurre en España, tan sólo es una alusión un tano peyorativa a nuestro país) es una novela recomendable, con una primera parte (la novela corta) excelente, y otras tres partes a su misma altura en cuanto a profunidad especulativa, pero en un plano inferior en cuanto a disfrute literario.

La primera novela corta ("Leisha", en alusión a su protagonista insomne), pone de manifiesto una virtud extensible a todo el libro: la atención que dedica Kress a la caracterización de sus personajes principales (no sólo Leisha, también Alice, Drew...) y el mimo con el que nos presenta sus ideas y emociones. Tanto, que el resto de la seña necesita girar forzosamente en torno a sus personajes, por encima de los acontecimientos o las reflexiones. Además, desde el principio nos justifica la viabilidad científica del insomnio permanente que posibilita la ingeniería genética, y logra sacarle un gran partido a esta premisa mediante la convivencia entre una joven Insomne y otra Durmiente, ambas hermanas gemelas. El lector comprueba con sus propios ojos qué significa ser alguien especial, qué representan los tratos preferentes para una hermana en la otra, y qué enfrentamientos se derivan de ellos. Acertadamente, esta contraposición individual entre las hemanas se globaliza conforme avanzan las páginas al conjunto de los Estados Unidos, a través de una filosofía socio-económica bien concebida: el Yagaísmo. Así, se plantea con toda su crudeza el odio a los "superiores" al mismo tiempo que el desprecio de éstos por quienes no contribuyen a la comunidad. Las páginas finales de esta primera parte, en especial, rayan a gran altura: trepidantes y tiernas a la vez.

Con la segunda parte ("Sanctuary", en alusión a la comunidad independiente que crean los Insomnes) empiezan a evidenciarse los defectos de la novela, puesto que el lector se topa con unos capítulos presididos por una cierta frialdad. Ni el aislamiento de Sanctuary, ni la xenofobia del líder opositor Calvin Hawke, ni la prisión y el posterior juicio de la líder Insomne Jennifer Sharifi, cautivan al lector con la intensidad de la primera parte. A ello contribuye que, sin previo aviso, Jennifer se erija en la protagonista del "núcleo duro" de los Insomnes. Y se aprecia una preocupante previsibilidad en el desenlace de algunos capítulos. No obstante lo anterior, las reflexiones principales de esta segunda parte vuelven a ser interesantes: tanto la solidaridad de clase como la violencia como elemento pertubador y aglutinante a la vez.

La evolución de la sociedad estadounidense tras la marcha de Sanctuary vuelve a ser motivo de reflexión: esa nítida división entre Pobres, Vividores y Auxiliares y las dependencias que se establecen. Sin embargo, mientras la irrupción de Miri (la Superinsomne concebida en Sanctuary) paree una consecuencia lógica del afán de perfeccionamiento de los Insomnes, la aparición del vividor Drew Arlen resulta forzada, y durante muchas páginas se le otorga una atención en mi opinión excesiva. Otro defecto lo constituye los excesivos vaivenes de Leisha Camden entre los Insomnes Kevin Baker y Richard Keller, hasta el punto de que ambos personajes llegan a confundirse.

Afortunadamente la cuarta parte mejora la impresión final de la novela, ya que Kress logra en ella sintetizar e interrelacionar todo lo que ha expuesto en las trescientas páginas anteriores. En primer lugar, logra que la evolución y posterior crisis de los Estados Unidos justifique plenamente el desenlace. En segundo lugar, cierre el círculo cuando los Superinsomnes se convierten, paradójicamente, en los Nuevos Mendigos. En tercer lugar, no establece una distinción clara entre "buenos" y "malos": el lector ve y entiende las justificaciones y las motivaciones del Consejo, de los Súper, del hogar de Nuevo México... Y aunque conceptos tales como las asociaciones de ideas y la complejidad de las cadenas dificultan en parte el disfrute, el desenlace es brillante, intenso y, una vez más, reflexivo. Porque al fin y al cabo el lector llega por sí mismo a la principal conclusión que a mi modo de ver intenta poner de manifiesto la autora: que la búsqueda de excelencia en la humanidad no es compatible con la igualdad entre los hombres. En su universo, al menos. No sale España

domingo, 4 de enero de 2015

La caída de Hyperion (1990). Dan Simmons

Una entrada más continúo reseñando las novelas que recomiendo leer de las principales sagas de ciencia-ficción disponibles para el lector en español. En esta oportunidad compartiré mis impresiones sobre "La caída de Hyperion", segunda novela por orden cronológico y de lectura de los cantos de Hyperion, y última que recomiendo leer de esta saga del estadounidense Dan Simmons. Como ya aclaré al reseñar "Hyperion", en realidad "La caída de Hyperion" no es una continuación, sino la segunda mitad de una novela que Simmons escribió como un todo y que, a causa de su extensión, se publicó en dos partes separadas. Ésta era la razón por la que sugería ser indulgente con el inexistente final de "Hyperion" cuando la reseñé, y también por la que es tan sencillo continuar la lectura con "La caída de Hyperion". Casi tan premiada como su predecesora, se trata de una estimable resolución de todos los enigmas y una adecuada culminación de todas las vivencias presentadas en "Hyperion". Lástima que adolezca de similares defectos.

Aunque la novela sea en realidad la segunda mitad de "Hyperion", lo cierto es que "La caída de Hyperion" arranca con una mayor preocupación por las cuestiones políticas de la Hegemonía del Hombre, y sobre todo con un nuevo personaje esencial en toda la obra: Joseph Severn, segundo cíbrido (es decir, un híbrido entre humano e IA del Tecnonúcleo) del poeta John Keats. Su concurso es determinante, porque la acción se bifurca en dos ramas relacionadas por los sueños de Keats; hasta tal punto que su muerte (acaecida en realidad a comienzos del siglo XIX) se narra como parte de los acontecimientos. Otra novedad que encontrará el lector en esta novela es la relevancia que cobra otro nuevo personaje, Leigh Hunt, asistente de Meina Gladstone.

No obstante lo anterior, los personajes de la primera parte (Weintraub, Lamia, Silenus, Kassad...) mantienen su tremenda personalidad, lo cual, unido a la habilidad de Simmons para aprovecharlos a lo largo de la novela, contribuye decisivamente a manterner el nivel de la primera parte. Además, en esta segunda parte se aprecia mejor el excelente equilibrio de poderes entre las distintas fuerzas, su interacción y sus dependencias (por un lado, la FEM/el Senado/la Hegemonía; por otro, el Tecnonúcleo/las IAs de la megaesfera de datos; y por otro, los éxters y su relación con el cónsul). Si a los elementos anteriores les añadimos las Tumbas de Tiempo, un escenario tan fascinante como bien resuelto para tratarse de un concepto tan complejo, no es de extrañar que sean frecuentes los pasajes de gran intensidad literaria (esfuerzos conjuntos de los peregrinos de la Iglesia del Alcaudón, desapariciones, combates, penurias, e incluso momentos en los que la prosa deja paso a la lírica).

Desafortunadamente, permanecen los defectos e la primera parte, y surge alguno más: los esperables momentos de relleno en una novela de más de setecientas páginas (sobre todo en el primer tercio), unas fuerzas armadas más ingenuas de lo deseable, situaciones en el límite de la ciencia-ficción (como la transmigración Hoyt-Duré), las debilidades y los comportamientos impropios del supuestamente todopoderoso Alcaudón, nuevas referencias innecesarias a la Tierra del siglo XX (Peter Pan, IBM...), las abstrusas conversaciones con la IA Ummon, una complejidad manifiesta para poder calibrar los acontecimientos que se van narrando, e incluso la repentina enfermedad de Keats. Ninguno de ellos grave, pero todos restándole puntos a la valoración global.

Pero dada la extensión de la novela, hay que reconocer que los logros prevalecen. Además de los ya señalados, debo resaltar: la magistral caracterización de los mundos de la Hegemonía (Centro Tau Ceti, Puertas del Cielo Pacem, Bosquecillo de Dios); la buena dosis de diálogos, que amenizan y alivian en parte de la complejidad de la trama; la acertada inclusión de referencias cristianas (Theilard); las alusiones científicas explícitas (Plack, el espacio-tiempo...); la explicación del papel de las IAs (resurreción de Keats, utilización de los cerebros humanos...); los estratégicamente insertados pasajes de terror; y el final (ahora sí), impactante, con varias muertes inesperadas y un tremendo esfuerzo por atar cabos. Todos ellos confirman que estamos ante una novela más que recomendable.

¿Por qué no recomiendo entonces continuar la saga con la lectura de las dos novelas restantes? Pues por tres razones: la primera y más importante, porque a pesar de ese esfuerzo por atar cabos, la lectura de "La caída de Hyperion" me dejó la impresión de que hay tantos y tan complejos elementos en juego, que lo narrado no es siempre coherente, y sólo acaba encajando porque el escritor tiene la autoridad para ello (es sólo una impresión, no gasté tiempo en confirmarla); la segunda, porque es una saga que exige un gran esfuerzo al lector para su disfrute (nuevamente la complejidad), y después de casi mil trescientas páginas leídas el esfuerzo dedicado a la saga me parecía ya considerable; y tercera, porque esas dos novelas ("Endymion" y "El ascenso de Endymion") no recibieron los mismos galardones ni una valoración tan favorable por parte de la crítica. Así que, efectivamente, nunca me he animado a leerlas, y es probable que nunca lo haga. Aunque estoy seguro que si "La caída de Hyperion" les gustó lo suficiente, muchos de Vds. no seguirán o no habrán seguido mi ejemplo.