domingo, 21 de diciembre de 2014

Hyperion (1989). Dan Simmons

Una nueva entrada prosigo con las novelas que recomiendo leer de las principales sagas de ciencia-ficción disponibles para el lector en español. Hoy voy a reseñar "Hyperion", primera de las novelas que conforman la tetrología conocida como "Los cantos de Hyperion", la obra más conocida y reputada del estadounidense Dan Simmons. La saga la conforman las siguientes novelas:

Hyperion (1989)
La caída de Hyperion (1990)
Endymion (1996)
El Ascenso de Endymion (1997)

En primer lugar debo decir que "Hyperion" y "La caída de Hyperion" son en realidad una única novela partida en dos para su publicación, a causa de su enorme extensión. Por lo cual es muy recomendable no empezar a leer "Hyperion" sin tener a mano "La caída de Hyperion". Y en segundo lugar, y a pesar de la fama de la que disfruta toda la saga en España, únicamente recomiendo leer las dos primeras novelas de la misma, que son las que al fin y al cabo recibieron los mayores galardones. Porque aunque la mezcla de ciencia-ficción y terror (encarnada por El Alcaudón) que nos propone Simmons me parece interesante y relativamente original, y a que tanto "Hyperion" como "La caída de Hyperion" contienen pasajes muy brillantes, me parecen novelas con demasiados altibajos para el número de galardones que recibieron.

Quizá la mayor virtud de "Hyperion" sea su capacidad para mantener la atención del lector. Pese a su notable extensión, la lectura de la novela, con breves episodios descriptivos de la peregrinación y seis historias personales contadas con todo detalle (al estilo de los "Cuentos de Canterbury" de Geoffrey Chaucer), permite a Simmons mantener la narración bajo control y aumentar o disminuir su intensidad en cada momento. Además, es justo reconocer la gran inventiva que muestra el autor: la estructuración de la galaxia en el siglo XXVIII, el correcto uso de los avances científicos más relevantes, y el equilibrio de poderes entre los distintas fuerzas (Hegemonía, red de mundos, FUERZA, Éxters...) están muy conseguidos, y el planeta Hyperion cautiva por su variedad, ya que se describen con detalle sus parajes más relevantes. Por cierto que en estas descripciones Simmons hace gala de un vocabulario rico, empleado con precisión, aunque con una prosa en ocasiones demasiado poética.

El problema de presentar seis historias independientes es que cuando alguna de ellas flaquea, el lector ansía que concluya y dé paso a otra más atrayente. Tal problema afecta en mi opinión a las narraciones del coronel de FUERZA Fedhman Kassad, confusa e irreal, con sus batallas y su relación con Moneta, y de la detective Brawne Lamia, demasiado complicada para su disfrute (cíbridos, IA's, TecnoNúcleo...). Otro defecto que arrastra toda la novela es el excesivo número de referencias a la Tierra del s. XX (hasta el SIDA, los nazis alemanes o una canción del Mago de Oz) y a la obra del poeta romántico inglés John Keats, poco conocido para el lector medio español. En otro orden de cosas, posiblemente sobran algunas escenas eróticas, que hacen a veces parecer a "Hyperion" más un best-seller que una novela de ciencia-ficción.

Obviamente, en el otro lado de la balanza se encuentran las narraciones personales que rayan a gran altura. Para mi gusto, dos: la del sacerdote católico Lenar Hoyt, estratégicamente situada en primer lugar, llena de aventuras, enigmas y misticimo religioso encarnado por Paul Duré y su búsqueda de los bikura, y la del profesor judío Sol Weintraub, de una desesperación y un dramatismo incontestables. Esta última además aprovecha hábilmente una idea brillante, como es la de las Tumbas del Tiempo y su retroceso temporal desde un punto futuro, que afecta a su hija Rachel. Y la primera lleva a su máxima expresión las referencias a las distintas religiones monoteístas (católica, musulmana, judía), que jalonan toda la novela y que se emplean como parte destacada de la misma.

Para concluir, un par de defectos más: el papel de agente doble del cónsul con el que Simmons pretende sorprendernos se intuye desde un principio, y no funciona como efecto sorpresa (menos cuando su narración es la que Simmons coloca en último lugar); y el final, decepcionante por inexistente: se trata de un mero punto y seguido que no aclara nada, y sólo puede juzgarse benévolamente si de inmediato se comienza la lectura de "La caída de Hyperion". Que es lo que les recomiendo hacer de aquí a que publique su reseña.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Naufragio en el tiempo real (1986). Vernor Vinge

Una entrada más continúo con las novelas que recomiendo leer de las principales sagas de ciencia-ficción disponibles para el lector en español. En esta oportunidad voy a reseñar "Naufragio en el tiempo real", segunda y última de las novelas que conforman la saga de las burbujas, del estadounidense Vernor Vinge. Una novela que, como ya anticipé al reseñar la primera novela de la saga ("La guerra de la paz") es claramente superior a su predecesora, y mucho más recomendable. Aunque de nuevo su coherencia y maestría argumental superan tanto a su claridad expositiva como a su perfección literaria.

En esta novela Vinge nos desplaza nada menos que cincuenta millones de años en el futuro, postulando que es entonces cuando los pocos humanos encerrados en los campos de estasis generados por las burbujas y que por tanto sobrevivieron a la singularidad tecnológica en el siglo XXIII emprenden gradualmente la reconstrucción de una sociedad viable. A pesar del desplazamiento temporal y de poderse leer como novela independiente, Vinge mantiene, junto a las propias burbujas, a una de las principales protagonistas de la novela anterior (Della Lu). Que en esta ocasión comparte protagonismo con Yelén Korolev, instigadora de la reconstrucción y Wil Brierson, encargado de investigar la desaparación de la hermana de Yelén, Marta (y por tanto de otorgar un componente policiaco a la novela).

Al igual que sucedió en "La guerra de la paz", el comienzo es dificultoso: el lector tarda en situar geográficamente la acción, en asimilar muchas de las facciones presentadas (tecno-min, tecno-max, Nuevo México), y en general en ponerse en situación con un panorama tan desplazado en el tiempo y unos saltos temporales tan grandes. Aunque afortunadamente en esta novela todos los capítulos sí que siguen una misma línea narrativa, por lo que con un poco de buena voluntad puede comprenderse lo que va sucediendo. Así, se van descubriendo los numerosos artilugios característicos del lejano futuro ideado por Vinge, se van conociendo algunos de los personajes creados (aunque no todos estén bien delineados, puesto que es fácil confundir a Jason Mudge con Chanson o a Philippe Genet con Tung Blumenthal), se va asimilando la complejidad de los saltos temporales y se van postulando diversas hipótesis que podrían justificar la singularidad tecnológica. Todo ello permite el disfrute de la novela.

Las partes más recomendables de la novela son en mi opinión las del diario de Marta Korolev: los cuarenta años encerrados en sus páginas reflejan con habilidad la soledad que vivió al quedar fuera de las áreas protegidas durante un emburbujamiento, lo agreste del terreno que recorre, la aventura continua... Por otra parte, el intento de combinar ciencia-ficción hard con una novela detectivesca es loable y parte de un elemento científico bien trabajado, pero no se terminan de perfilar las hipótesis ni las pesquisas que permitan que la novela gire convenientemente en torno al misterio. Merece la pena reseñar también las luchas entabladas por las distintas facciones (reflejadas con acierto en el episodio del picnic), lo elaboradas que están las dos protagonistas femeninas: Della, fría y capaz, y Yelén, autoritaria pero sensible en lo más hondo de su interior, y la especulación sobre la necesidad de algunos humanos de conquistar a toda costa el liderazgo de un grupo.

En el debe de la novela se sitúan las descripciones, más que nada por su ausencia o su falta de precisión. Tampoco me gustaron la complejidad de roles y personajes a los que necesita recurrir Vinge: la obra requiere una lectura muy atenta y de varios capítulos diarios para no perderse en el maremágnum argumental, lo que no siempre es factible. Y el final recae en la ambigüedad: está muy bien concebido argumentalmente, pero el desenmascaramiento de los culpables en el anfiteatro no termina de cautivar, y el pretendido emparejamiento entre Wil y Della, claramente buscando el idílico "final feliz", resulta algo forzado.