sábado, 29 de noviembre de 2014

La guerra de la paz (1984). Vernor Vinge

Una entrada más sigo reseñando las novelas que recomiendo leer de las sagas de ciencia-ficción más importantes disponibles en español. En esta ocasión le ha llegado el turno a "La guerra de la paz", primera de las novelas de la saga de las burbujas, del estadounidense Vernor Vinge. Una saga que está compuesta por las siguientes novelas:

La guerra de la paz (1984)
Naufragio en el tiempo real (1986)

Debo empezar reconociendo que Vernor Vinge no es uno de mis escritores favoritos, como ya dejé patente al incluir su novela "Al final del arco iris" dentro de mi lista de 15 novelas decepcionantes. A pesar de lo cual pienso que "Naufragio en el tiempo real" es una novela que merece la pena ser leída. Y, claro, no voy a reseñar la secuela sin reseñar antes la novela que dio lugar a la saga, "La guerra de la paz", aunque en mi opinión no esté a la misma altura. Porque a pesar de partir de una excelente idea y un no menos brillante argumento, Vinge no logró con la novela con la que dio a conocer esta saga crear una excelente novela.

La primera evidencia de lo que comento es que el comienzo es desalentador: los saltos de acción (flashbacks y flashforwards) con los que Vinge nos intenta introducir en materia son excesivamente confusos; de hecho, una lectura de los mismos una vez finalizado el libro puede contribuir a clarificar lo que posteriormente se ha relatado en la novela, lo cual no ensalza el talento como narrador del autor. Además, los capítulos "ordinarios" son excesivamete lentos y meticulosos: muchos detalles se recalcan en exceso (el afán de Wili Wáchendon por robar, la reunión de los Quincalleros, el Celeste...) y en cambio faltan las explicaciones más elementales para terminarnos de poner en situación. Por ejemplo, es complicado que el lector logre saber qué son los Jonques, los Ndelante, Aztlán, Livermore; ni siquiera se explica la transición en el apellido del protagonista, de Paul Hoehler a Naismith. No obstante, estos capítulos se sobrellevan gracias al atractivo panorama que conforma el siglo XXI presentado por Vinge, con su sabia combinación de tecnología (encabezada por las burbujas que dan nombre a la saga, unos campos de fuerza esféricos completamente infranqueables y cuyas propiedades dan lugar a efectos secundarios desconocidos) y arcaismo (prevalencia del machismo).

Afortunamente, dado que se trata de una novela larga (casi 400 páginas con un tipo de letra bastante pequeño), da tiempo a que el lector acabe por comprender la situación. Cuando eso sucede y es capaz de anticipar qué puede deparar la lectura, la novela mejora mucho, pero aún presenta varios puntos débiles. En especial, lo muy embarulladas que resultan las descripciones, ya sea para presentarnos un lugar, relatar unos acontecimientos o simplemente interrelacionar pasado y presente. Pero la historia, tanto especulativamente como en su desarrollo, es buena, y poco a poco se va imponiendo a este defecto, de suerte que cuando la lectura ya está bastante avanzada el lector finalmente "intima" con los personajes y disfruta con lo que va sucendiendo. Es entonces cuando se ponen de manifiesto las mayores virtues de la novela: las acciones, intrigas y especulaciones que realizan los dos bandos enfrentados por el autor, y el antagonismo Willi Wáchendon/Della Lu, quienes van previniendo y contrarrestando capítulo a capítulo las acciones el otro, obligándoles a rizar el rizo pero sin perder el control de la situación.

El desenlace juega con el efecto del fracaso de los propósitos de las guerrillas y del paradójico éxito en la consecución de sus objetivos. Raya a muy buen nivel, y mejora la impresión del conjunto de la novela, dejando además claramente abierta la puerta a una secuela. La cual reseñaré en mi siguiente entrada de este humilde blog.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Mundos aparte (1983). Joe Haldeman

Una entrada más continúo reseñando las novelas que recomiendo leer de las sagas de ciencia-ficción disponibles para el lector en español. En esta ocasión le ha llegado el turno a "Mundos aparte", segunda y última novela que recomiendo leer de la saga de los Mundos, del estadounidense Joe Haldeman. Reeditada recientemente como "Mundos separados" es, como ya anticipaba al hablar de la primera entrega de la saga, la novela que más he dudado si reseñar o no en este humilde blog. La razón es clara: se trata de una novela muy irregular, repleta de buenas ideas muy mal aprovechadas. Aunque finalmente me he animado a reseñarla porque contiene algunos pasajes brillantes, que además me van a servir para ilustrar lo que yo considero podría haber hecho de "Mundos aparte" una gran novela.

Esos pasajes brillantes a los que me refiero en su mayoría no derivan de la línea argumental principal de la novela, la cual a lo largo de los doce años durante los que se desarrolla, se centra en la trayectoria personal de Marianne O'Hara, la misma protagonista de la primera entrega. En ese sentido la novela es totalmente consecuente con su predecesora. Ahora bien, la de O'Hara es una trayectoria errática, con la que es muy complicado que el lector se identifique (animo a que alguien intente listar todas las profesiones que ejerce en esta novela). Que usa el original y teóricamente fascinante marco escénico de Nueva Nueva York, con todas sus singularidades y oportunidades, de manera muy tangencial. Que parece que va a remontar cuando O'Hara es enviada a contactar con unos supervivientes potencialmente peligrosos en Zaire, en una expedición muy apresurada y mal digerida, que rápidamente queda atrás en la narración. Trasladando a menudo la impresión de que el libro es más un ensayo sobre los condicionantes en los Mundos exteriores y su relación con una Tierra retornada a la barbarie que una auténtica novela (de hecho, el lector puede comparar la cantidad de párrafos "de ensayo" frente a párrafos "novelados", en especial durante las primeras cien páginas). Y perjudicando aún más esa percepción con la frecuente sensación de narración improvisada, escrita a tirones.

Afortunadamente, en una de esas improvisaciones Haldeman descubre "la voluntad de Charlie", una línea de acción paralela que transcurre en la Florida pos-biológica, protagonizada por un antiguo amante de O'Hara ya conocido de la primera novela de la saga (Jeff Hawings). Y en la que Haldeman por fin logra conectar con el lector presentándole la barbarie que ejercen los supervivientes adolescentes (únicos no afectados por la guerra) que controlan las pequeñas comunidades aún con vida, sus precarias condiciones y el titánico esfuerzo que realiza Jeff tanto por su propia supervivencia como por la de estos restos de humanidad. Ahí, además de mezclar el culto a Jesús con el culto a Charlie, y recurrir a los herederos de sectas como los mansonitas para enriquecer la narración, sí hay pasajes brillantes (cuando Jeff logra contactar con O'Hara, cuando recibe ayuda de Nueva Nueva York, cuando logra acceso a un terminal informático...), aunque Haldeman ni hace confluir ambas líneas narrativas al regresar O'Hara a la Tierra, ni nos muestra el desenlace de estas andanzas. Desaprovechando así una excelente oportunidad de convertir una novela discreta en una obra memorable, plena de espíritu de supervivencia, valores humanos y escenas impactantes. Una lástima.

Otros defectos de menor entidad son: un ritmo narrativo vertiginoso, que no dimensiona adecuadamente los acontecimientos ni los realza; la falta de naturalidad con la que el navío estelera destinado a Épsilon Eridani se convierte en el eje de la línea narrativa principal; lo poco que se profundiza en los personajes principales (los dos esposos e incluso O'Hara no empiezan a merecer unas líneas en las que reflexionen sobre sus comportamientos y motivaciones hasta bien avanzada la novela); o el recurso a nada menos que 20 personajes nuevos en el último cuarto del libro, para acompañara a O'Hara en su segunda expedición a la Tierra. Y otros aciertos dignos de ser destacados (aparte de las propias colonias que orbitan la Tierra, un marco ya conocido de la primera entrega pero no por ello menos fascinante) son: la naturalidad y la moderación con la que el elemento científico es introducido (las cuestiones astronómicas o las relativas a la construcción de una nave generacional son tratadas con total solvencia); los originales contratos matrimoniales que se generan; y un tratamiento del sexo mucho menos desaforado que en la primera entrega, lo que aumenta su verosimilitud de la historia.

Como reseñaba en "Mundos", al final las sensaciones predominantes al terminar "Mundos aparte" son la de oportunidad perdida y al mismo tiempo falta de curiosidad por conocer cómo culminarán las peripecias de O'Hara. Curiosidad que durante décadas no pudo verse zanjada, dado que hasta hace apenas un par de años no vio finalmente la luz en español "Mundos en expansión". Y que ahora que sí puede zanjarse, tampoco es mucho mayor. Aunque quién sabe, quizás un día esta novela caiga en mis manos y me anime a darle una oportunidad.