viernes, 26 de septiembre de 2014

Tras el incierto horizonte (1980). Frederik Pohl

Una entrada más continúo con mis reseñas de las novelas que recomiendo leer de las sagas de ciencia-ficción disponibles para el lector en español. En esta oportunidad voy a escribir sobre "Tras el incierto horizonte", segunda y última novela que recomiendo leer de la saga de los Heechee, del recientemente fallecido Frederik Pohl. Una novela que, tras todos los galardones y el prestigio que alcanzó "Pórtico" en 1977, fue recibida con gran expectación cuando vio la luz tres años más tarde. Y que, aunque con los mismos defectos que ya comenté en este mismo blog al hablar de su predecesora, se trata de una continuación que no la desmerece, pues no se limita a vivir de los hallazgos de aquella, sino que va varios pasos más allá. De hecho, aunque no repitió galardones, fue finalista de los Premios Hugo y Nébula, lo que habla favorablemente de su interés como novela independiente.

Más larga que la primera y desplazada apenas unos cuantos años hacia el futuro, la novela rezuma una calidad claramente por encima de la media, si bien dos defectos lastran la impresión global de la obra: el primero, la insistencia de Pohl en intercalar la línea narrativa situada en los artefactos Heeche (la Factoría Alimentaria y el Paraíso) con la línea narrativa de Robin Broadhead en la Tierra, equiparándolas en relevancia a pesar de que la primera es infinitamente más interesante para el lector (es algo que caracterizó a "Pórtico" y que aquí decidió mantener); y el segundo, el tratamiento excesivamente humano que le da a los programas informáticos, enfatizando recurrentemente su gestualidad, pretendiendo hacer que dudan, o incluso que atraviesan estados de ánimo.

Si el lector está dispuesto a pasar de puntillas por esos tramos de la novela, recibirá en recompensa una excelente evolución de las aventuras de prospección e investigación de la cultura y el legado Heeche ya iniciadas en "Pórtico". El elenco de personajes que lidera esta línea narrativa con su visita la Factoría Alimentaria en la Nube de Oort es un tanto inverosímil, pero le permite a Pohl realizar un encomiable tratado de caracterización de los mismos (hasta el punto de que cada personaje tiene un capítulo "en exclusiva"), y una vez se produce el encuentro de Janine con Wan, introducirnos en una espiral de revelaciones que mantiene a buen nivel el sentido de la maravilla. Con la llegada al Paraíso Heeche la intensidad aumenta, y con la captura de los protagonistas Pohl pasa a desvelarnos el antiquísimo plan de preservación y evolución de la especie más inteligente de la Tierra prehistórica puesto en marcha por los Heeche.

La novela tiene muy presente el elemento científico: la astrofísica está especialmente cuidada, e incluso la informática que nos muestra Pohl presenta con bastante acierto (y pese a algunas lagunas), conceptos que hace cerca de cuarenta años acababan de fraguarse. Por otra parte, la preservación en memorias informatizadas de los cerebros de especies inteligentes es una idea atrayente y bien expuesta. Aunque no debo pasar por alto detalles cuestionables como la fiebre que por arte de magia provoca en la Tierra el uso del Diván de los Sueños en la Factoría, o la inverosimilitud del número y complejidad de transplantes que el Certificado Médico (un concepto por lo demás inquietante) permite en Essie.

En los capítulos finales Pohl integra las dos líneas narrativas y logra lógicamente un ritmo narrativo mucho más convincente. Aunque antes del final llega un último pero: el capítulo que cierra la novela, aun siendo el más interesante de la misma, transmite la impresión de que el autor no ha conseguido encajar todas las revelaciones que pretendía en la narración, y opta por vez primera por presentarnos a un Heeche, quien explica el plan a largo plazo de su especie para el universo. Lo que indudablemente resta mucho a la interés a la siguiente novela de la saga, siendo la razón por la que hasta ahora no me he animado a leerla. Aunque al mismo tiempo contribuye a mejorar la impresión global de "Tras el incierto horizonte" y la sitúa en la categoría de recomendable.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Pórtico (1977). Frederik Pohl

Continúo una entrada más con mi personal reseña de las sagas de ciencia-ficción más importantes a disposición del lector en español. Le toca en esta oportunidad a la saga de los Heechee, del insigne escritor estadounidense Frederik Pohl. Una saga que está compuesta por las siguientes cuatro novelas:

Pórtico (1977)
Tras el incierto horizonte (1980)
El encuentro (1984)
Los anales de los heechee (1987)

A ellas que hay que añadirles una colección de relatos situada en el universo de Pórtico ("Los exploradores de Pórtico", 1990) y una novela corta ("El muchacho que viviría para siempre", 2004) contenida en la recomendable antologia de relatos de Robert Silverberg "Horizontes lejanos".

De todas las novelas que conforman la saga recomiendo leer las dos primeras solamente. Aunque no es una recomendación tajante como las que en alguna ocasión anterior he hecho en este mismo blog. De hecho, no descarto leer en alguna oportunidad "El encuentro", pues "Tras el incierto horizonte" no me dejó un mal sabor de boca: cuando la reseñe dentro de unos días, intentaré explicar las razones por las que aún no me he animado a leerla.

Centrándonos en "Pórtico", la obra que dio comienzo a la saga, debo señalar que se trata de una de las novelas más galardonadas de la historia de la ciencia-ficción (incluyendo por supuesto los premios Hugo y Nébula). Lo cual a mi modo de ver juega en su contra: no se trata ni mucho menos de una mala novela, pero considerando el prestigio que le otorgaron tantos galardones, cuando la terminé de leer tuve que admitir que me esperaba algo más.

Desde mi punto de vista, la novela adolece de un defecto inesperado que la lastra en parte: la falta de acción, de aventura, incluso de dinamismo. Es comprensible que no todas las novelas de ciencia-ficción deban basarse en una sucesión de peripecias de sus protagonistas, pero Pohl nos hace entrever, durante los primeros capítulos, una trama de este tipo. Con lo cual paulatinamente el lector va perdiendo la esperanza de sobrecogerse, de admirarse, de sorprenderse con lo que relate el escritor. Y el desánimo aparece, llegándose a perder parte del interés. Una verdadera lástima, porque la novela parte de una idea brillante y atrayente: la humanidad ha encontrado una base espacial alienígena abandonada en un asteroide llamado Pórtico, y ello le da acceso a una parte de su tecnología, incluyendo unas pequeñas naves espaciales preprogramadas para transportar a grupos reducidos de prospectores a destinos desconocidos en otros lugares del universo. Una idea de la que Pohl no termina de sacar partido, pues básicamente se contenta con proporcionar pequeños detalles y aspectos psicológicos de su protagonista absoluto, Robinette Broadhead.

Tampoco quisiera parecer excesivamente defraudado, porque la novela ofrece numerosos atractivos. Aunque no es el objetivo principal de la novela, Pohl sitúa su idea central en un marco distópico, presentándonos una Tierra arrasada por su excesiva explotación y con buena parte de la humanidad en condiciones precarias, por lo que los cazafortunas de Pórtico y la fortuna que logran aquellos que retornan con algún descubrimiento relevante de una misión, está más que justificada. Ello le permte además exhibir, como ya hiciera en la saga de Los Mercaderes (reseñada en este mismo blog), su talento como especulador socio-económico, relatando todo lo que surge en torno a Pórtico: la Corporación, los prospectores como Robin, el sistema de recompensas, los servicios sociales o la convivencia de las diferentes culturas. Todo ello tratado con seriedad, rigor, y sin desdeñar las explicaciones científicas sobre galaxias, nebulosas, agujeros negros o lo que sea pertinente... A esta incuestionable virtud contribuyen los recuadros que acompañan a cada uno de los capítulos, en su mayoría enriquecedores de lo que se cuenta en la narración convencional. No obstante, a veces incomoda leer tantos anuncios como incluye, y en mi opinión las poesías carecen de todo interés.

Otra de las particularidades de Pórtico es la minuciosidad con la que refleja el tratamiento psicológico de Robin, con el añadido de que el psicólogo (Sigfrid) es en realidad una computadora. Pero todos aquellos lectores que hayan tenido un mínimo contacto con la psicología, será fácil que como yo piensen que muchas de sus reacciones están excesivamente exageradas, volcadas en demasía en las connotaciones sexuales y en las reacciones irracionales. Más de una vez leí esos interludios a la ligera, casi sin prestar atención, a la espera de llegar a la línea narrativa que da título a la novela. Con la desagradable sorpresa, además, de que en ocasiones anticipaban lo que sucedería en las páginas siguientes. En definitiva, creo que es un error poner al mismo nivel narrativo el tratamiento psicológico de Robin que las prospecciones de Pórtico, que es lo que hace Pohl.

Afortundamente es una novela no excesivamente larga y está bien estructurada, lo que facilita su lectura. Y el final, aunque un tanto premioso y entrecortado, logra mejorar la impresión global del libro, porque se comprende mejor la personalidad de Rob, se hace un inteligente alegato en favor de la vida, y se dejan los suficientes puntos abiertos como para justificar al menos una secuela.