domingo, 21 de diciembre de 2014

Hyperion (1989). Dan Simmons

Una nueva entrada prosigo con las novelas que recomiendo leer de las principales sagas de ciencia-ficción disponibles para el lector en español. Hoy voy a reseñar "Hyperion", primera de las novelas que conforman la tetrología conocida como "Los cantos de Hyperion", la obra más conocida y reputada del estadounidense Dan Simmons. La saga la conforman las siguientes novelas:

Hyperion (1989)
La caída de Hyperion (1990)
Endymion (1996)
El Ascenso de Endymion (1997)

En primer lugar debo decir que "Hyperion" y "La caída de Hyperion" son en realidad una única novela partida en dos para su publicación, a causa de su enorme extensión. Por lo cual es muy recomendable no empezar a leer "Hyperion" sin tener a mano "La caída de Hyperion". Y en segundo lugar, y a pesar de la fama de la que disfruta toda la saga en España, únicamente recomiendo leer las dos primeras novelas de la misma, que son las que al fin y al cabo recibieron los mayores galardones. Porque aunque la mezcla de ciencia-ficción y terror (encarnada por El Alcaudón) que nos propone Simmons me parece interesante y relativamente original, y a que tanto "Hyperion" como "La caída de Hyperion" contienen pasajes muy brillantes, me parecen novelas con demasiados altibajos para el número de galardones que recibieron.

Quizá la mayor virtud de "Hyperion" sea su capacidad para mantener la atención del lector. Pese a su notable extensión, la lectura de la novela, con breves episodios descriptivos de la peregrinación y seis historias personales contadas con todo detalle (al estilo de los "Cuentos de Canterbury" de Geoffrey Chaucer), permite a Simmons mantener la narración bajo control y aumentar o disminuir su intensidad en cada momento. Además, es justo reconocer la gran inventiva que muestra el autor: la estructuración de la galaxia en el siglo XXVIII, el correcto uso de los avances científicos más relevantes, y el equilibrio de poderes entre los distintas fuerzas (Hegemonía, red de mundos, FUERZA, Éxters...) están muy conseguidos, y el planeta Hyperion cautiva por su variedad, ya que se describen con detalle sus parajes más relevantes. Por cierto que en estas descripciones Simmons hace gala de un vocabulario rico, empleado con precisión, aunque con una prosa en ocasiones demasiado poética.

El problema de presentar seis historias independientes es que cuando alguna de ellas flaquea, el lector ansía que concluya y dé paso a otra más atrayente. Tal problema afecta en mi opinión a las narraciones del coronel de FUERZA Fedhman Kassad, confusa e irreal, con sus batallas y su relación con Moneta, y de la detective Brawne Lamia, demasiado complicada para su disfrute (cíbridos, IA's, TecnoNúcleo...). Otro defecto que arrastra toda la novela es el excesivo número de referencias a la Tierra del s. XX (hasta el SIDA, los nazis alemanes o una canción del Mago de Oz) y a la obra del poeta romántico inglés John Keats, poco conocido para el lector medio español. En otro orden de cosas, posiblemente sobran algunas escenas eróticas, que hacen a veces parecer a "Hyperion" más un best-seller que una novela de ciencia-ficción.

Obviamente, en el otro lado de la balanza se encuentran las narraciones personales que rayan a gran altura. Para mi gusto, dos: la del sacerdote católico Lenar Hoyt, estratégicamente situada en primer lugar, llena de aventuras, enigmas y misticimo religioso encarnado por Paul Duré y su búsqueda de los bikura, y la del profesor judío Sol Weintraub, de una desesperación y un dramatismo incontestables. Esta última además aprovecha hábilmente una idea brillante, como es la de las Tumbas del Tiempo y su retroceso temporal desde un punto futuro, que afecta a su hija Rachel. Y la primera lleva a su máxima expresión las referencias a las distintas religiones monoteístas (católica, musulmana, judía), que jalonan toda la novela y que se emplean como parte destacada de la misma.

Para concluir, un par de defectos más: el papel de agente doble del cónsul con el que Simmons pretende sorprendernos se intuye desde un principio, y no funciona como efecto sorpresa (menos cuando su narración es la que Simmons coloca en último lugar); y el final, decepcionante por inexistente: se trata de un mero punto y seguido que no aclara nada, y sólo puede juzgarse benévolamente si de inmediato se comienza la lectura de "La caída de Hyperion". Que es lo que les recomiendo hacer de aquí a que publique su reseña.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Naufragio en el tiempo real (1986). Vernor Vinge

Una entrada más continúo con las novelas que recomiendo leer de las principales sagas de ciencia-ficción disponibles para el lector en español. En esta oportunidad voy a reseñar "Naufragio en el tiempo real", segunda y última de las novelas que conforman la saga de las burbujas, del estadounidense Vernor Vinge. Una novela que, como ya anticipé al reseñar la primera novela de la saga ("La guerra de la paz") es claramente superior a su predecesora, y mucho más recomendable. Aunque de nuevo su coherencia y maestría argumental superan tanto a su claridad expositiva como a su perfección literaria.

En esta novela Vinge nos desplaza nada menos que cincuenta millones de años en el futuro, postulando que es entonces cuando los pocos humanos encerrados en los campos de estasis generados por las burbujas y que por tanto sobrevivieron a la singularidad tecnológica en el siglo XXIII emprenden gradualmente la reconstrucción de una sociedad viable. A pesar del desplazamiento temporal y de poderse leer como novela independiente, Vinge mantiene, junto a las propias burbujas, a una de las principales protagonistas de la novela anterior (Della Lu). Que en esta ocasión comparte protagonismo con Yelén Korolev, instigadora de la reconstrucción y Wil Brierson, encargado de investigar la desaparación de la hermana de Yelén, Marta (y por tanto de otorgar un componente policiaco a la novela).

Al igual que sucedió en "La guerra de la paz", el comienzo es dificultoso: el lector tarda en situar geográficamente la acción, en asimilar muchas de las facciones presentadas (tecno-min, tecno-max, Nuevo México), y en general en ponerse en situación con un panorama tan desplazado en el tiempo y unos saltos temporales tan grandes. Aunque afortunadamente en esta novela todos los capítulos sí que siguen una misma línea narrativa, por lo que con un poco de buena voluntad puede comprenderse lo que va sucediendo. Así, se van descubriendo los numerosos artilugios característicos del lejano futuro ideado por Vinge, se van conociendo algunos de los personajes creados (aunque no todos estén bien delineados, puesto que es fácil confundir a Jason Mudge con Chanson o a Philippe Genet con Tung Blumenthal), se va asimilando la complejidad de los saltos temporales y se van postulando diversas hipótesis que podrían justificar la singularidad tecnológica. Todo ello permite el disfrute de la novela.

Las partes más recomendables de la novela son en mi opinión las del diario de Marta Korolev: los cuarenta años encerrados en sus páginas reflejan con habilidad la soledad que vivió al quedar fuera de las áreas protegidas durante un emburbujamiento, lo agreste del terreno que recorre, la aventura continua... Por otra parte, el intento de combinar ciencia-ficción hard con una novela detectivesca es loable y parte de un elemento científico bien trabajado, pero no se terminan de perfilar las hipótesis ni las pesquisas que permitan que la novela gire convenientemente en torno al misterio. Merece la pena reseñar también las luchas entabladas por las distintas facciones (reflejadas con acierto en el episodio del picnic), lo elaboradas que están las dos protagonistas femeninas: Della, fría y capaz, y Yelén, autoritaria pero sensible en lo más hondo de su interior, y la especulación sobre la necesidad de algunos humanos de conquistar a toda costa el liderazgo de un grupo.

En el debe de la novela se sitúan las descripciones, más que nada por su ausencia o su falta de precisión. Tampoco me gustaron la complejidad de roles y personajes a los que necesita recurrir Vinge: la obra requiere una lectura muy atenta y de varios capítulos diarios para no perderse en el maremágnum argumental, lo que no siempre es factible. Y el final recae en la ambigüedad: está muy bien concebido argumentalmente, pero el desenmascaramiento de los culpables en el anfiteatro no termina de cautivar, y el pretendido emparejamiento entre Wil y Della, claramente buscando el idílico "final feliz", resulta algo forzado.

sábado, 29 de noviembre de 2014

La guerra de la paz (1984). Vernor Vinge

Una entrada más sigo reseñando las novelas que recomiendo leer de las sagas de ciencia-ficción más importantes disponibles en español. En esta ocasión le ha llegado el turno a "La guerra de la paz", primera de las novelas de la saga de las burbujas, del estadounidense Vernor Vinge. Una saga que está compuesta por las siguientes novelas:

La guerra de la paz (1984)
Naufragio en el tiempo real (1986)

Debo empezar reconociendo que Vernor Vinge no es uno de mis escritores favoritos, como ya dejé patente al incluir su novela "Al final del arco iris" dentro de mi lista de 15 novelas decepcionantes. A pesar de lo cual pienso que "Naufragio en el tiempo real" es una novela que merece la pena ser leída. Y, claro, no voy a reseñar la secuela sin reseñar antes la novela que dio lugar a la saga, "La guerra de la paz", aunque en mi opinión no esté a la misma altura. Porque a pesar de partir de una excelente idea y un no menos brillante argumento, Vinge no logró con la novela con la que dio a conocer esta saga crear una excelente novela.

La primera evidencia de lo que comento es que el comienzo es desalentador: los saltos de acción (flashbacks y flashforwards) con los que Vinge nos intenta introducir en materia son excesivamente confusos; de hecho, una lectura de los mismos una vez finalizado el libro puede contribuir a clarificar lo que posteriormente se ha relatado en la novela, lo cual no ensalza el talento como narrador del autor. Además, los capítulos "ordinarios" son excesivamete lentos y meticulosos: muchos detalles se recalcan en exceso (el afán de Wili Wáchendon por robar, la reunión de los Quincalleros, el Celeste...) y en cambio faltan las explicaciones más elementales para terminarnos de poner en situación. Por ejemplo, es complicado que el lector logre saber qué son los Jonques, los Ndelante, Aztlán, Livermore; ni siquiera se explica la transición en el apellido del protagonista, de Paul Hoehler a Naismith. No obstante, estos capítulos se sobrellevan gracias al atractivo panorama que conforma el siglo XXI presentado por Vinge, con su sabia combinación de tecnología (encabezada por las burbujas que dan nombre a la saga, unos campos de fuerza esféricos completamente infranqueables y cuyas propiedades dan lugar a efectos secundarios desconocidos) y arcaismo (prevalencia del machismo).

Afortunamente, dado que se trata de una novela larga (casi 400 páginas con un tipo de letra bastante pequeño), da tiempo a que el lector acabe por comprender la situación. Cuando eso sucede y es capaz de anticipar qué puede deparar la lectura, la novela mejora mucho, pero aún presenta varios puntos débiles. En especial, lo muy embarulladas que resultan las descripciones, ya sea para presentarnos un lugar, relatar unos acontecimientos o simplemente interrelacionar pasado y presente. Pero la historia, tanto especulativamente como en su desarrollo, es buena, y poco a poco se va imponiendo a este defecto, de suerte que cuando la lectura ya está bastante avanzada el lector finalmente "intima" con los personajes y disfruta con lo que va sucendiendo. Es entonces cuando se ponen de manifiesto las mayores virtues de la novela: las acciones, intrigas y especulaciones que realizan los dos bandos enfrentados por el autor, y el antagonismo Willi Wáchendon/Della Lu, quienes van previniendo y contrarrestando capítulo a capítulo las acciones el otro, obligándoles a rizar el rizo pero sin perder el control de la situación.

El desenlace juega con el efecto del fracaso de los propósitos de las guerrillas y del paradójico éxito en la consecución de sus objetivos. Raya a muy buen nivel, y mejora la impresión del conjunto de la novela, dejando además claramente abierta la puerta a una secuela. La cual reseñaré en mi siguiente entrada de este humilde blog.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Mundos aparte (1983). Joe Haldeman

Una entrada más continúo reseñando las novelas que recomiendo leer de las sagas de ciencia-ficción disponibles para el lector en español. En esta ocasión le ha llegado el turno a "Mundos aparte", segunda y última novela que recomiendo leer de la saga de los Mundos, del estadounidense Joe Haldeman. Reeditada recientemente como "Mundos separados" es, como ya anticipaba al hablar de la primera entrega de la saga, la novela que más he dudado si reseñar o no en este humilde blog. La razón es clara: se trata de una novela muy irregular, repleta de buenas ideas muy mal aprovechadas. Aunque finalmente me he animado a reseñarla porque contiene algunos pasajes brillantes, que además me van a servir para ilustrar lo que yo considero podría haber hecho de "Mundos aparte" una gran novela.

Esos pasajes brillantes a los que me refiero en su mayoría no derivan de la línea argumental principal de la novela, la cual a lo largo de los doce años durante los que se desarrolla, se centra en la trayectoria personal de Marianne O'Hara, la misma protagonista de la primera entrega. En ese sentido la novela es totalmente consecuente con su predecesora. Ahora bien, la de O'Hara es una trayectoria errática, con la que es muy complicado que el lector se identifique (animo a que alguien intente listar todas las profesiones que ejerce en esta novela). Que usa el original y teóricamente fascinante marco escénico de Nueva Nueva York, con todas sus singularidades y oportunidades, de manera muy tangencial. Que parece que va a remontar cuando O'Hara es enviada a contactar con unos supervivientes potencialmente peligrosos en Zaire, en una expedición muy apresurada y mal digerida, que rápidamente queda atrás en la narración. Trasladando a menudo la impresión de que el libro es más un ensayo sobre los condicionantes en los Mundos exteriores y su relación con una Tierra retornada a la barbarie que una auténtica novela (de hecho, el lector puede comparar la cantidad de párrafos "de ensayo" frente a párrafos "novelados", en especial durante las primeras cien páginas). Y perjudicando aún más esa percepción con la frecuente sensación de narración improvisada, escrita a tirones.

Afortunadamente, en una de esas improvisaciones Haldeman descubre "la voluntad de Charlie", una línea de acción paralela que transcurre en la Florida pos-biológica, protagonizada por un antiguo amante de O'Hara ya conocido de la primera novela de la saga (Jeff Hawings). Y en la que Haldeman por fin logra conectar con el lector presentándole la barbarie que ejercen los supervivientes adolescentes (únicos no afectados por la guerra) que controlan las pequeñas comunidades aún con vida, sus precarias condiciones y el titánico esfuerzo que realiza Jeff tanto por su propia supervivencia como por la de estos restos de humanidad. Ahí, además de mezclar el culto a Jesús con el culto a Charlie, y recurrir a los herederos de sectas como los mansonitas para enriquecer la narración, sí hay pasajes brillantes (cuando Jeff logra contactar con O'Hara, cuando recibe ayuda de Nueva Nueva York, cuando logra acceso a un terminal informático...), aunque Haldeman ni hace confluir ambas líneas narrativas al regresar O'Hara a la Tierra, ni nos muestra el desenlace de estas andanzas. Desaprovechando así una excelente oportunidad de convertir una novela discreta en una obra memorable, plena de espíritu de supervivencia, valores humanos y escenas impactantes. Una lástima.

Otros defectos de menor entidad son: un ritmo narrativo vertiginoso, que no dimensiona adecuadamente los acontecimientos ni los realza; la falta de naturalidad con la que el navío estelera destinado a Épsilon Eridani se convierte en el eje de la línea narrativa principal; lo poco que se profundiza en los personajes principales (los dos esposos e incluso O'Hara no empiezan a merecer unas líneas en las que reflexionen sobre sus comportamientos y motivaciones hasta bien avanzada la novela); o el recurso a nada menos que 20 personajes nuevos en el último cuarto del libro, para acompañara a O'Hara en su segunda expedición a la Tierra. Y otros aciertos dignos de ser destacados (aparte de las propias colonias que orbitan la Tierra, un marco ya conocido de la primera entrega pero no por ello menos fascinante) son: la naturalidad y la moderación con la que el elemento científico es introducido (las cuestiones astronómicas o las relativas a la construcción de una nave generacional son tratadas con total solvencia); los originales contratos matrimoniales que se generan; y un tratamiento del sexo mucho menos desaforado que en la primera entrega, lo que aumenta su verosimilitud de la historia.

Como reseñaba en "Mundos", al final las sensaciones predominantes al terminar "Mundos aparte" son la de oportunidad perdida y al mismo tiempo falta de curiosidad por conocer cómo culminarán las peripecias de O'Hara. Curiosidad que durante décadas no pudo verse zanjada, dado que hasta hace apenas un par de años no vio finalmente la luz en español "Mundos en expansión". Y que ahora que sí puede zanjarse, tampoco es mucho mayor. Aunque quién sabe, quizás un día esta novela caiga en mis manos y me anime a darle una oportunidad.

sábado, 25 de octubre de 2014

Mundos (1981). Joe Haldeman

Una entrada más continúo con las reseñas de las novelas que recomiendo leer de las principales sagas de ciencia-ficción disponibles para el lector en español. En esta ocasión le ha llegado el turno a la Saga de los Mundos, del estadounidense Joe Haldeman. Se trata de una trilogía compuesta por las siguientes novelas:

Mundos (1981)
Mundos aparte (recientemente reeditada como "Mundos separados", 1983)
Mundos en expansión (1992)

Durante más de veinte años el lector en español sólo pudo disfrutar de las dos primeras novelas de la serie (gracias a la colección de bolsillo de Ultramar), hasta que La Factoría de Ideas recientemente publicó "Mundos en expansión", completando así la trilogía original. Este hecho condicionó la lectura de la saga a varios miles de lectores, entre ellos a mí mismo. Razón por la cual a la hora de recomendar las distintas novelas que conforman la trilogía, no puedo emitir un juicio sobre si leer o no sus tres entregas, pues sólo he leído las dos primeras novelas. No obstante, es fácil entender que si la publicación de "Mundos en expansión" se retrasó tanto debió de ser porque la repercusión comercial de las dos primeras novelas de la saga fue menor. Repercusión que coincide con mi impresión general de la saga; de hecho, hasta el último minuto he dudado si recomendar "Mundos separados" además de "Mundos", pero al final me he animado a reseñarla por una razón que expondré en la siguiente entrada.

De momento centrémonos en "Mundos", la novela que inició la saga y le da título. Una novela entretenida, cargada de ideas interesantes, que si pretendía ser algo más que un entretenimiento, me temo que no lo termina de conseguir. Aunque no es la primera vez (ni probablemente sea la última) que tengo la misma impresión con una novela de Haldeman. Puesto que para mí el defecto que condiciona esta vertiginosa novela es claro y en buena medida aplicable a toda la saga: en ningún momento el lector capta el eje de la trama. No es que esté en contra de los tour de force en la literatura de ciencia-ficción, pero es que con "Mundos" el lector no sabrá si está leyendo una novela introspectiva, de amor, sobre una catástrofe... Y claro, esa carencia merma el interés de la novela.

De hecho un título del estilo "Marianne O'Hara, primera parte", en alusión a la protagonista absoluta de la saga, podría ser incluso más revelador de lo que encierran sus páginas. Pues es lo que el lector saca en claro de un comienzo frío, en el cual se nos presenta a la protagonista sin poner demasiado esfuerzo en su caracterización psicológica y, sin más explicación, se empieza a relatar lo que le sucede. No obstante, la estructuración en capítulos cortos (nada menos que 50 en una novela de 300 páginas), director y de títulos sugerentes mantiene alejada la fatiga. Además, el mapa de la segunda mitad del siglo XXI, con decenas de colonias aritificiales orbitando en torno a la Tierra, está logrado conceptualmente, resulta plausible tecnológicamente, y está aliñado con una pizca de irónico ingenio, lo que lo hace parecer más real. Y por otra parte el ritmo narrativo, alternando diarios, narraciones en tercera persona y cartas enviadas por los personajes, componen un panorama agradable.

A lo largo de la novela me ha parecido sobredimensionado el tratamiento que Haldeman le da al sexo, tanto por su exagerada importancia en la vida de los personajes, como por su enfoque frívolo, de mero pasatiempo. Salvo en el tramo final de la novela, en el que Jeff Hawkings adquiere un papel más estable, los acompañantes/amantes de Marianne se suceden sin cesar, y aunque cada uno contribuye en una pequeña dosis a enriquecer la narración, su previsible importancia desaparece pasadas unas páginas. Lo que debe añadirse a otro defecto serio: la nada justificada involucración de Marianne el grupo revolucionario; de pronto, se entera, se introduce en él y, de pronto, decide alejarse del mismo. Sin que quede clara, además, la implicación del grupo en la Revolución presentada por Haldeman. Aunque al menos esta implicación da un nuevo impulso a la novela.

Pero aún sin ser una novela redonda es justo reconocerle a Haldeman sus aciertos. Sobre todo, el trepidante recorrido por la Tierra de finales del siglo XXI. Capítulos atrayentes por Nueva York, Nueva Orleans, Londres o incluso España (la localidad malagueña de Nerja, por la que aún circulaba la peseta como moneda oficial...). Contrariamente a lo habitual en el género, sin proponer un cambio excesivo respecto a la sociedad del siglo XX, lo que redunda en su verosimilitud. Tratando el elemento científico con rigor y solvencia, y no sólo en las estimulantes colonias. Y con el acierto final de unos capítulos finales que poseen la correcta dosis de acción, suspense y dramatismo. Aunque dejando los suficientes cabos abiertos para posteriores secuelas.

Secuelas, eso sí, que probablemente contarán con un número menor de lectores que "Mundos", ya que, como explicaba al comienzo, comprendo que a un número considerable de lectores no le habrá gustado lo suficiente esta primera entrega como para continuar con el resto de la saga.

sábado, 11 de octubre de 2014

Estrellamoto (1985). Robert L. Forward

Una entrada más continúo con mi reseña de las novelas que recomiendo leer de las principales sagas de ciencia-ficción disponibles para el lector en español. En esta oportunidad le toca a la saga de los cheela, del eminente Robert L. Forward. Una saga que no resultará desconocida a los seguidores de este humilde blog, puesto que ya reseñé la primera de las dos novelas que la constituyen como parte de mi lista de 15 títulos esenciales para conocer el género. En efecto, la saga está constituida por:

Huevo del dragón (1980)
Estrellamoto (1985)

Ambas novelas son absolutamente recomendables y constituyen uno de los mayores hitos en el subgénero de la ciencia-ficción hard. En concreto, "Estrellamoto", la novela que voy a reseñar hoy, se sitúa en mi opinión un pequeño escalón por debajo de su predecesora, pero sigue siendo una novela de gran calidad, profundidad y disfrute, tres elementos muy difíciles de conjugar.

Eso sí, debo comenzar señalando que, para disfrutarla en toda su dimensión, la novela requiere una dedicación especial por parte del lector: salvo que se haya leído previamente "Huevo del dragón", una lectura minuciosa es imprescindible para valorar la excelente explotación de todas las posibilidades científicas que presenta la estrella de neutrones. Un marco escénico ya conocido de la primera novela, inverosímil, hostil, pero en el que los cheela han construido una sociedad rica, compleja, con muchas inteligentes y aceradas referencias a la vida en la Tierra del s. XX. El paralelismo entre la evolución social de los cheela y la de nuestra especie posibilita una perfecta integración entre lo que sería una novela de ciencia-ficción hard "convencional" y una novela de ciencia-ficción especulativa y de aventuras. De hecho, el primer tramo de la novela, en el que la salvación de los humanos participantes en la expedición a la estrella de neutrones, es realmente delicioso.

Para mantener el interés y justificar la extensión de esta segunda novela, Forward da una vuelta de tuerca al argumento introduciendo en este punto un "estrellamoto", es decir, el equivalente a un terremoto en el hábitat cheela, que dramáticamente arruinará su reciente civilización. Tras él, el libro toma otros derroteros más inquietantes, sobre los que Forward crea un mosaico de personajes cuidados. Obviamente el vertiginoso ritmo evolutivo cheela impone rígidas restricciones a la hora de profundizar mínimamente en la personalidad de los cheela. Sin embargo, Forward recurre a la técnica del rejuvenecimiento para desentrañar las naturalezas de Estrella-Fugaz/Rebana-Acero/Gatea-Corteza, o de Red-Risco. Con aciertos omo la relevancia que cobra un personaje en apariencia tan intrascendente como Qui-Qui. Incluso el elemento discortante que propicia la lucha de poderes en la superficie del Huevo lo introduce de manera natural a través de Cara-Pecosa. Aunque quizás lo más emocionante sea el hecho de que, tras la hecatombe, toda la continuidad de los cheela dependa exclusivamente de un único macho, para más inri ciego: Huevo-Pesado. Y es que el lector no termina de intuir cómo podrán los cheela restaurar su civilización. Más aún cuando los esfuerzos de Cero-Gauss y Qui-Qui resultan baldíos: la incertidumbre es casi total, y el interés, por tanto, no decae.

Es conveniente resaltar que la novela no se limita a reusar los hallazgos de su predecesora. Una buena evidencia es la determinacion de los cheela del espacio, que en el tramo final consiguen regresar a Huevo tras incontables generaciones, en un episodio fascinante y emotivo. Ahí se encuentran un ambiente "medieval", muy propio de los tiempos de barbarie que habitualmente suceden a una catástrofre. Y que posibilita el pasaje mas noble del libro: el sacrificio de los humanos para la supervivencia de los cheela. Sacrificio que será parcialmente recompensado con la salvación por parte de los cheela de varios de ellos.

Los defectos de una novela tan lograda caben en un único párrafo. Por encima de todos, la propia complejidad de Huevo, que requiere un importante esfuerzo del lector. A ello se añade una cierta aceleración en el ritmo narrativo en determinados tramos. Además, los personajes humanos (Pierre, Abdul...) son algo esquemáticos en comparación con los cheela. Y el desenlace, muy brillante en términos narrativos, es tal vez demasiado complejo en el aspecto científico. Sin olvidarse de algunos de defectos de traducción (sobre todo, la colocación de muchas comas).

No puedo concluir esta reseña sin una mención especial para el excepcional apéndice técnico del final, que describe con detalle la estrella de neutrones y las formas de vida que posibilita, así como los estrellamotos, la máquina de tiempo de dos sentidos, la catapulta gravitatoria, la distorsión espacial métrica de Kerr... Una maravilla, rematada además (cosa muy infrecuente en el género) con una minuciosa bibliografía. Lo que evidencia por una parte el gran conocimiento del autor sobre los temas que cubre en esta novela, y por otra que aparte de entretener y fascinar, la novela funciona como una exhibición de aplicaciones prácticas de la física de finales del s. XX. Aunque posiblemente podria haber estado ubicado, al menos en parte, al comienzo de la novela. apéndice, bibliografía

viernes, 26 de septiembre de 2014

Tras el incierto horizonte (1980). Frederik Pohl

Una entrada más continúo con mis reseñas de las novelas que recomiendo leer de las sagas de ciencia-ficción disponibles para el lector en español. En esta oportunidad voy a escribir sobre "Tras el incierto horizonte", segunda y última novela que recomiendo leer de la saga de los Heechee, del recientemente fallecido Frederik Pohl. Una novela que, tras todos los galardones y el prestigio que alcanzó "Pórtico" en 1977, fue recibida con gran expectación cuando vio la luz tres años más tarde. Y que, aunque con los mismos defectos que ya comenté en este mismo blog al hablar de su predecesora, se trata de una continuación que no la desmerece, pues no se limita a vivir de los hallazgos de aquella, sino que va varios pasos más allá. De hecho, aunque no repitió galardones, fue finalista de los Premios Hugo y Nébula, lo que habla favorablemente de su interés como novela independiente.

Más larga que la primera y desplazada apenas unos cuantos años hacia el futuro, la novela rezuma una calidad claramente por encima de la media, si bien dos defectos lastran la impresión global de la obra: el primero, la insistencia de Pohl en intercalar la línea narrativa situada en los artefactos Heeche (la Factoría Alimentaria y el Paraíso) con la línea narrativa de Robin Broadhead en la Tierra, equiparándolas en relevancia a pesar de que la primera es infinitamente más interesante para el lector (es algo que caracterizó a "Pórtico" y que aquí decidió mantener); y el segundo, el tratamiento excesivamente humano que le da a los programas informáticos, enfatizando recurrentemente su gestualidad, pretendiendo hacer que dudan, o incluso que atraviesan estados de ánimo.

Si el lector está dispuesto a pasar de puntillas por esos tramos de la novela, recibirá en recompensa una excelente evolución de las aventuras de prospección e investigación de la cultura y el legado Heeche ya iniciadas en "Pórtico". El elenco de personajes que lidera esta línea narrativa con su visita la Factoría Alimentaria en la Nube de Oort es un tanto inverosímil, pero le permite a Pohl realizar un encomiable tratado de caracterización de los mismos (hasta el punto de que cada personaje tiene un capítulo "en exclusiva"), y una vez se produce el encuentro de Janine con Wan, introducirnos en una espiral de revelaciones que mantiene a buen nivel el sentido de la maravilla. Con la llegada al Paraíso Heeche la intensidad aumenta, y con la captura de los protagonistas Pohl pasa a desvelarnos el antiquísimo plan de preservación y evolución de la especie más inteligente de la Tierra prehistórica puesto en marcha por los Heeche.

La novela tiene muy presente el elemento científico: la astrofísica está especialmente cuidada, e incluso la informática que nos muestra Pohl presenta con bastante acierto (y pese a algunas lagunas), conceptos que hace cerca de cuarenta años acababan de fraguarse. Por otra parte, la preservación en memorias informatizadas de los cerebros de especies inteligentes es una idea atrayente y bien expuesta. Aunque no debo pasar por alto detalles cuestionables como la fiebre que por arte de magia provoca en la Tierra el uso del Diván de los Sueños en la Factoría, o la inverosimilitud del número y complejidad de transplantes que el Certificado Médico (un concepto por lo demás inquietante) permite en Essie.

En los capítulos finales Pohl integra las dos líneas narrativas y logra lógicamente un ritmo narrativo mucho más convincente. Aunque antes del final llega un último pero: el capítulo que cierra la novela, aun siendo el más interesante de la misma, transmite la impresión de que el autor no ha conseguido encajar todas las revelaciones que pretendía en la narración, y opta por vez primera por presentarnos a un Heeche, quien explica el plan a largo plazo de su especie para el universo. Lo que indudablemente resta mucho a la interés a la siguiente novela de la saga, siendo la razón por la que hasta ahora no me he animado a leerla. Aunque al mismo tiempo contribuye a mejorar la impresión global de "Tras el incierto horizonte" y la sitúa en la categoría de recomendable.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Pórtico (1977). Frederik Pohl

Continúo una entrada más con mi personal reseña de las sagas de ciencia-ficción más importantes a disposición del lector en español. Le toca en esta oportunidad a la saga de los Heechee, del insigne escritor estadounidense Frederik Pohl. Una saga que está compuesta por las siguientes cuatro novelas:

Pórtico (1977)
Tras el incierto horizonte (1980)
El encuentro (1984)
Los anales de los heechee (1987)

A ellas que hay que añadirles una colección de relatos situada en el universo de Pórtico ("Los exploradores de Pórtico", 1990) y una novela corta ("El muchacho que viviría para siempre", 2004) contenida en la recomendable antologia de relatos de Robert Silverberg "Horizontes lejanos".

De todas las novelas que conforman la saga recomiendo leer las dos primeras solamente. Aunque no es una recomendación tajante como las que en alguna ocasión anterior he hecho en este mismo blog. De hecho, no descarto leer en alguna oportunidad "El encuentro", pues "Tras el incierto horizonte" no me dejó un mal sabor de boca: cuando la reseñe dentro de unos días, intentaré explicar las razones por las que aún no me he animado a leerla.

Centrándonos en "Pórtico", la obra que dio comienzo a la saga, debo señalar que se trata de una de las novelas más galardonadas de la historia de la ciencia-ficción (incluyendo por supuesto los premios Hugo y Nébula). Lo cual a mi modo de ver juega en su contra: no se trata ni mucho menos de una mala novela, pero considerando el prestigio que le otorgaron tantos galardones, cuando la terminé de leer tuve que admitir que me esperaba algo más.

Desde mi punto de vista, la novela adolece de un defecto inesperado que la lastra en parte: la falta de acción, de aventura, incluso de dinamismo. Es comprensible que no todas las novelas de ciencia-ficción deban basarse en una sucesión de peripecias de sus protagonistas, pero Pohl nos hace entrever, durante los primeros capítulos, una trama de este tipo. Con lo cual paulatinamente el lector va perdiendo la esperanza de sobrecogerse, de admirarse, de sorprenderse con lo que relate el escritor. Y el desánimo aparece, llegándose a perder parte del interés. Una verdadera lástima, porque la novela parte de una idea brillante y atrayente: la humanidad ha encontrado una base espacial alienígena abandonada en un asteroide llamado Pórtico, y ello le da acceso a una parte de su tecnología, incluyendo unas pequeñas naves espaciales preprogramadas para transportar a grupos reducidos de prospectores a destinos desconocidos en otros lugares del universo. Una idea de la que Pohl no termina de sacar partido, pues básicamente se contenta con proporcionar pequeños detalles y aspectos psicológicos de su protagonista absoluto, Robinette Broadhead.

Tampoco quisiera parecer excesivamente defraudado, porque la novela ofrece numerosos atractivos. Aunque no es el objetivo principal de la novela, Pohl sitúa su idea central en un marco distópico, presentándonos una Tierra arrasada por su excesiva explotación y con buena parte de la humanidad en condiciones precarias, por lo que los cazafortunas de Pórtico y la fortuna que logran aquellos que retornan con algún descubrimiento relevante de una misión, está más que justificada. Ello le permte además exhibir, como ya hiciera en la saga de Los Mercaderes (reseñada en este mismo blog), su talento como especulador socio-económico, relatando todo lo que surge en torno a Pórtico: la Corporación, los prospectores como Robin, el sistema de recompensas, los servicios sociales o la convivencia de las diferentes culturas. Todo ello tratado con seriedad, rigor, y sin desdeñar las explicaciones científicas sobre galaxias, nebulosas, agujeros negros o lo que sea pertinente... A esta incuestionable virtud contribuyen los recuadros que acompañan a cada uno de los capítulos, en su mayoría enriquecedores de lo que se cuenta en la narración convencional. No obstante, a veces incomoda leer tantos anuncios como incluye, y en mi opinión las poesías carecen de todo interés.

Otra de las particularidades de Pórtico es la minuciosidad con la que refleja el tratamiento psicológico de Robin, con el añadido de que el psicólogo (Sigfrid) es en realidad una computadora. Pero todos aquellos lectores que hayan tenido un mínimo contacto con la psicología, será fácil que como yo piensen que muchas de sus reacciones están excesivamente exageradas, volcadas en demasía en las connotaciones sexuales y en las reacciones irracionales. Más de una vez leí esos interludios a la ligera, casi sin prestar atención, a la espera de llegar a la línea narrativa que da título a la novela. Con la desagradable sorpresa, además, de que en ocasiones anticipaban lo que sucedería en las páginas siguientes. En definitiva, creo que es un error poner al mismo nivel narrativo el tratamiento psicológico de Robin que las prospecciones de Pórtico, que es lo que hace Pohl.

Afortundamente es una novela no excesivamente larga y está bien estructurada, lo que facilita su lectura. Y el final, aunque un tanto premioso y entrecortado, logra mejorar la impresión global del libro, porque se comprende mejor la personalidad de Rob, se hace un inteligente alegato en favor de la vida, y se dejan los suficientes puntos abiertos como para justificar al menos una secuela.

lunes, 18 de agosto de 2014

En el océano de la noche (1976). Gregory Benford

Una entrada más, continúo con mi revisión de las novelas que recomiendo leer de las principales sagas de ciencia-ficción publicadas en español. Le toca el turno en esta oportunidad a la Saga del Centro Galáctico, del estadounidense Gregory Benford. La saga está constituida por las siguientes seis novelas, todas ellas publicadas en nuestro idioma:

En el océano de la noche (1976)
A través del mar de soles (1986)
Gran río del espacio (1987)
Mareas de luz (1989)
Abismo frenético (1994)
Navegante de la luminosa eternidad (1995)

Por primera vez desde que empezara este ejercicio de revisión de sagas, solamente recomiendo leer la primera de dichas novelas, "En el océano de la noche". De hecho, no puedo recomendar ninguna otra novela de la saga pues tras finalizar la lectura de la primera entrega la impresión que me causó fue tal que nunca me he animado a continuar la lectura de la saga. Y eso que supuestamente es una obra de ciencia-ficción hard, una de mis corrientes favoritas dentro del género. Pero no por encuadrarse en esa corriente me enganchó, cosa que creo que le sucederá o habrá sucedido a muchos de los lectores de este blog. Y es que en mi opinión, a pesar de las nominaciones que cosechó a los premios Nébula y Locus, se trata de una novela demasiado irregular, que combina algunos pasajes de gran brillantez e intensidad con muchos otros anodinos y hasta confusos.

Dividida en seis partes (más un largo epílogo), la primera de ellas ambientada en el año 1999 y las cinco restantes entre los años 2014 y 2018, la novela comienza con un planteamiento cautivador: en el año 1999 Nigel Walmsley, un astronauta de la NASA, es enviado a un cometa llamado Ícaro, con el fin de instalarle una bomba termonuclear que lo pueda sacar de su ruta directa de colisión con la India si finalmente resulta ser un asteroide y no un simple cometa. Una propuesta a partir de la cual, con oficio literario y conocimientos científicos, Benford hace presagiar unas apasionantes cuatrocientas páginas. Más aún cuando unos capítulos más tarde Nigel descubre que en el asterioide hay tiras de metal trabajadas obviamente por seres inteligentes.

Sin embargo, a partir de la segunda parte la novela da un salto repentino de quince años para mostrarnos que tras todo ese tiempo poco se ha sacado del descubrimiento (habría que preguntarle a Benford si esta es la mejor manera de explotar ese planteamiento), por lo que el foco de la novela se desvía gradualmente de esa brillante idea y se recrea en el exceso en el hábitat familiar de Nigel, y en especial en la enfermedad supuestamente terminal que afecta a su compañera Alexandria. Tales altibajos y pérdidas de foco se repiten varias veces desde ese momento hasta el final, con lo cual la percepción global de la novela se resiente: demasiadas partes poco relacionadas entre sí, demasiados objetivos planteados, demasiados cambios escénicos... Todo ello causa que muchos personajes (Kevin Lubkin, Evers, la propia Alexandria) queden reducidos a meras excusas narrativas, sin que los lleguemos a apreciar "con vida propia".

Miquel Barceló, gran defensor de la obra de Benford y editor de esta novela en su excelente colección Nova Ciencia-Ficción, resalta a menudo que la calidad literia del norteamericano es muy superior a la de una novela de la Edad de Oro. Lo cual es cierto, pero no lo es menos que el estilo de "En el océano de la noche" tampoco está muy conseguido: demasiado gráfico en ocasiones, y estilísticamente forzado en otras. Además, en mi opinión su prosa refleja con frecuencia un regusto pretencioso, incluso autocomplaciente. Especialmente en el final, que resulta muy espeso y a la vez poco convincente.

No obstante, algunas virtudes innegables me han animado a reseñar al menos esta primera entrega de la Saga del Centro Galáctico en mi blog. Sobre todas ellas destacan los pasajes más dinámicos, de mayor acción (tales como los episodios de Nigel en el Ícaro y con el Snark, o de Nikka con la semiesfera). Tanto la forma como el fondo de esas páginas sí rayan a gran altura, sin desdeñar a los grandes clásicos de la ciencia-ficción y empleando la ciencia como condimento riguroso y determinante. Otra virtud reseñable es la recurrente yuxtaposición entre los intereses científicos y los socio-políticos; las reflexiones en ambos sentidos son profundamente interesantes. Además, toda la trama está aderezada con múltiples guiños y referencias culturales: sobre avances tecnológicos, creaciones musicales, formas sociales... Por último, el lector disfruta contemplando la evolución de los viajes especiales que nos propone un reputado astrofísico, la paulatina colonización del espacio exterior llevada a cabo por la NASA y las consecuencias de los primeros contactos con civilizaciones de otros mundos. Alicientes que me permitieron terminar la lectura de la novela, mas nunca continuarla en las siguientes cinco entregas.

domingo, 10 de agosto de 2014

El tercer brazo (1993). Larry Niven y Jerry Pournelle

Continúo con la revisión de las sagas de ciencia-ficción más importantes disponibles para el lector en español. Le toca en esta oportunidad a "El tercer brazo", segunda y última novela de la saga de los pajeños, de los estadounidenses Larry Niven y Jerry Pournelle. Se trata de una novela cuya concepción no estaba prevista inicialmente, y que vio la luz nada menos que 19 años después de "La paja en el ojo de Dios", con el fin de dar continuidad a una de las novelas de más éxito comercial de las últimas décadas. Tan largo lapso de tiempo se traduce en el resultado: "El tercer brazo" queda lejos de las excelencias de su predecesora, pero resulta menos decepcionante de lo que me esperaba tras haber leído múltiples comentarios sobre ella; es una novela digna, coherente y respetuosa con los aciertos de la original.

Eso sí, el comienzo deja mucho que desear, por desconectado de la primera entrega y por carente de hilazón con el resto de ésta: se nos presenta la situación actual de dos de los muchos protagonistas de "La paja en el ojo de Dios" (el magnate Horace Bury y el ex-piloto Kevin Renner), que están haciendo no se sabe muy bien qué en el planeta llamado La compra de Maxroy. Y que de manera nada fluida se obsesionan con la posible existencia de pajeños en el Imperio (a pesar del bloqueo que se estableció tras la primera expedición), hasta concluir necesario ir a Esparta a compartir sus temores con las autoridades. Una primera parte absolutamente prescindible. De hecho, estoy convencido de que no haber sido por la necesidad de entregar a sus editores una novela (casi) tan voluminosa como la original, probablemente esta parte nunca hubiera visto la luz. Con lo que no se pierden nada si se la saltan.

Pero si asumimos que la novela comienza con la segunda parte (denominada "Esparta", ya que transcurre en la capital imperial), la impresión mejora notablemente. Aunque la descripción de la capital es un tanto farragosa y resulta evidente que Niven y Pournelle están lejos de su mejor forma a la hora de elaborar unos diálogos creíbles que favorezcan la revelación de las distintas "sorpresas", estos capítulos permiten refrescar todo lo que los humanos aprendieron de los pajeños durante la primera expedición, pero también todo lo que no pudieron averiguar. Por lo que cuando las investigaciones astronómicas confirman que la inminente aparición de un nuevo punto de salto Alderson va a poder permitir a los pajeños escapar del bloqueo humano, la necesidad de una nueva expedición queda plenamente justificada y sus preparativos, aunque un tanto lentos, ilusionan al lector.

Las dos últimas partes son las que realmente dan sentido a la novela, puesto que relatan la segunda expedición a la Paja, lideradas por la Simbad de Bury y Renner, y complementada por la Hécate de Glenda Ruth Blaine (hija de Rod Blaine y Sally Fowler, ya conocidos de la primera entraga) y la periodista Joyce Trujillo, en un claro intento de dotar a la saga de un género femenino más relevante que en la primera entrega. Sin importarles aumentar la dificultad de lectura de la novela, los autores no optan por explotar la sociedad pajeña ya presentada entonces, sino que se centran en los múltiples clanes pajeños que pueblan los distintos asteroides del sistema de la Paja. Abundan así en una de las principales virtudes de la saga: la heterogeneidad de la sociedad alienígena, y las distintas reacciones que en ella provoca el nuevo punto de salto y la irrupción de la pequeña flota imperial. Asistimos entonces a los mejores tramos de la novela, que funciona correctamente a dos niveles: el bélico (estilo space opera), con los movimientos, persecuciones y luchas entre los distintos actores, y el especulativo, con humanos y pajeños calibrando la evolución de los acontecimientos y evaluando las implicaciones del nuevo punto de salto y de la lombriz Anticonceptivo-Longevidad desarrollada por el Imperio. Hasta desembocar en un final relativamente previsible pero coherente con lo expuesto, y que cierra correctamente la saga.

No obstante, la novela adolece de varios defectos además de su prescindible primera parte. Uno de ellos es el escaso esfuerzo por poner al lector en la saga en situación, lo que hace aconsejable leerla justo después de "La paja en el Ojo de Dios". Otra es la poca habilidad a la hora de caracterizar a los personajes, más planos que en su predecesora (especialmente los pajeños, apenas esbozados: Victoria, Omar, Eudoxo...). La prosa es tan sólo discreta y los diálogos a menudo carecen de la puntualización necesaria para saber qué ha dicho quién. Incluso la sociedad imperial se ha vuelto mucho más informatizada en tan sólo un cuarto de siglo. Y la cuestionable traducción del título original en inglés ("The gripping hand", algo así como "la mano que aprieta", por "El tercer brazo") difumina la relevancia los pajeños y le hace un flaco favor a la injusta imagen de belicismo de la saga. Defectos en todo caso que no pesan tanto como para no recomendar su lectura: una novela tan brillante como "La paja en el Ojo de Dios" no podía dejar de merecer su conversión en saga.

domingo, 20 de julio de 2014

La paja en el ojo de Dios (1974). Larry Niven y Jerry Pournelle

Prosigo con mi serie de entradas dedicadas a revisar las sagas más relevantes publicadas para el lector de ciencia-ficción en español. Por orden cronológico le toca el turno a la saga de los pajeños, escrita a cuatro manos entre los estadounidenses Larry Niven (que ya ha aparecido varias veces en este mismo blog con su saga del Mundo Anillo) y Jerry Pournelle. La saga está compuesta por dos novelas, la primera las cuales voy a reseñar en esta misma entrada:

La paja en el ojo de Dios (1974)
El tercer brazo (1993)

"La paja en el ojo de Dios" es todo un clásico del género, a pesar de que no ganó ninguno de sus premios más prestigiosos cuando fue publicada. De hecho, se quedó fuera por muy poco de mi lista de 15 títulos personalísimamente favoritos. Aunque curiosamente tan alta valoración no respondió en absoluto a la idea que me había forjado de esta novela tras muchos años intentando conseguirla...

Y eso que tras la metáfora no demasiado afortunada que da título a la novela, y la menos aún afortunada denominación de los alienígenas creados por los escritores (los pajeños), yo esperaba encontrar la habitual dosis de aventuras de Niven, orientada hacia constantes conflictos bélicos por la intervención del promilitarista Pournelle. Y sin embargo me encontré una novela sin apenas muertes, con poquísima violencia, y plena por el contrario de especulaciones, reflexiones y maniobras políticas de primer nivel, todas ellas provocadas por el primer contacto de la humanidad con una especie alienígena inteligente.

Para que las especulaciones de la humanidad del siglo XXXI puedan resultar realistas, además de la acertada cronología con que inician la novela, los autores recurren a dos elementos cuasi-científicos muy interesantes: el campo Langston, que protege a naves y ciudades absorbiendo y distribuyendo uniformemente la energía que se irradie sobre él, y el impulsor Alderson, que permite el viaje instantáneo entre puntos muy concretos del Universo de manera similar a los agujeros de gusano preconizados por la física contemporánea. Ambos elementos son determinantes para justificar la expensión del ser humano por centenares de estrellas que presentan Niven y Pournelle, y los conflictos entre el Imperio y los Exteriores (planetas humanos no asimilados al Imperio), pero también el confinamiento de los pajeños a Paja Uno, y su necesidad de negociar con los seres humanos para garantizar su continuidad.

Pero todos estos propósitos se quedarían en nada de no ser por una excelente estructuración de la novela, que logra mantener a buen nivel el pulso narrativo a pesar de sus más de 500 páginas: cuatro partes claramente definidas, capítulos cortos, cohesión argumental, escasas divagaciones... Todo para que la lectura resulte francamente entretenida. En especial la primera parte (La sonda de Eddie el Loco) roza la perfección: a pesar de la complejidad de partida, se nos pone en situación de manera solvente, se van presentando adecuadamente todos los personajes, y se culmina con la resolución de enviar una expedición a Paja Uno.

Uno de los aspectos más llamativo de la novela es el tratamiento de los alienígenas: bien concebidos, lógicamente estructurados, incluso con pensamientos y motivaciones que resultan creíbles pese a sus diferencias con los humanos... Los autores van desvelando paulatinamente sus castas (Mediadores, Guerreros, Relojeros, Amos...), su sorprendemente historia, sus fragmentaciones, sus secretos. Aunque su bisexualidad cíclica recuerde poderosamente a la que presentó Ursula K. LeGuin en "La mano izquierda de la oscuridad", esa perenne necesidad reproductiva les dota de originalidad y justifica sus colapsos cíclicos.

A lo anterior se une un grupo humano más rico y trabajado de lo que cabría esperar: con protagonistas diferentes en cada parte (Whitbread, Rod Blaine, Ben Fauler), algunos resultante sorprendemente sólidos (el almirante Kutuzov de la Lenin, el piloto Kevin Renner de la MacArthur), o enriquecedores para el panorama que se nos presenta (el capellán Hardy). Puede que la historia de amor entre Blaine y Sally Fowler (la única mujer en toda la novela) sea previsible, que cueste seguir los rangos militares en la MacArthur, o que la sociedad militar del futuro esté poco informatizada, pero son defectos pequeños. De hecho, pienso que la novela sólo tiene dos defectos realmente considerables: una segunda parte (el contacto con los pajeños) interesante pero excesivamente lenta y una falsa sensación de que el conflicto bélico está a la vuelta de la esquina, que los autores impregnan a menudo en la imaginación del lector.

A cambio disfrutaremos de una rigurosísima expedición científico-militar, de pasajes formidables (para mí los mejores son los del descubrimiento de la invasión silenciosa realizada por los Relojeros y los de la visita al museo pajeño), y de grandes dosis de ciencia, política, acción, intriga, incluso humor. Todo ello tratado de manera inteligente y con una dosis considerable de inspiración a la hora de plasmarlo. Absolutamente recomendable.

sábado, 5 de julio de 2014

El fabuloso barco fluvial (1971). Philip José Farmer

Con esta entrada procedo a reseñar la segunda y ultima de las novelas que recomiendo leer de la saga del Mundo del Río, del estadounidense Philip José Farmer. "El fabuloso barco fluvial" fue publicada a los pocos meses de que viera la luz "A vuestros cuerpos dispersos", por lo que juega con la ventaja de un estilo y una atmósfera totalmente respetuosos con los de su predecesora, y con el beneficio de la duda creativo, puesto que aún no había dado tiempo a que la primera novela cosechara los éxitos de público y crítica que obtuvo cuando esta novela ya estaba siendo escrita. A pesar de lo cual se trata de una obra irregular, excesivamente fantasiosa, que baja un escalón respecto a su predecesora y que termina de desaprovechar una idea de partida y un marco escénico formidables.

El principal motivo para mi valoración es la superficialidad con la que está presentada la novela: da la sensacion de que Farmer está aún definiendo (sobre la marcha) algunas de las características del Mundo del Río, así como muchas de sus implicaciones. Además, los personajes aparecen y desaparecen más por los vaivenes de la trama que por una clara idea preconcebida, lo que dificulta su caracterización y descoloca en cierta medida al lector. Por añadidura, la tremenda sucesión de acontecimientos contribuye a una impresión de desorden acelerado e inusitadamente violento, que desemboca en periodos de desinterés nada recomendables.

Y es una pena, porque el marco escénico que constituye el Mundo del Río y sus miles de millones de seres humanos simultáneamente resucitados no es sólo fascinante, sino que le da pie a Farmer para un inusitado número de reflexiones sobre la vida en general, y en particular sobre la conveniencia de una resurrección en masa y bajo qué condiciones (de las que la Iglesia de la Segunda Oportunidad preconizada por Hermann Goering es un ingenioso ejemplo). Además, el componente técnico está muy bien trabajado (todo lo que va requiriendo la construcciñon del barco resulta creíble) y los conocimientos históricos a la hora de interrelacionar personajes de épocas totalmente antagónicas muy amplios (aunque no siempre bien aprovechados).

Pero es que la construcción del barco con el que poder navegar muchísimos miles de kilómetros río arriba con la esperanza de localizar sus fuentes y descubrir así a los creadores del ecosistema (los denominados Éticos) es un asidero insuficiente ante tanta inestabilidad argumental. Con lo que la novela se desliza a menudo por las peligrosas curvas de la fantasía menos solvente (con las injustificables piedras de cilindros a la cabeza). De manera que la primera mitad de la novela se pierde en los periplos del protagonista absoluto (Mark Twain reemplaza en ese rol a Richard Burton, aunque algún personaje secundario de la primera entrega repite), mientras que la segunda, algo más entonada, y asentada ya en el reino de Parolando (un nombre basado en el Esperanto, que Farmer postula como idioma universal en el Mundo del Río), no alcanza tampoco la excelencia a causa de un complejísimo y cuestionable entramado de "política internacional" (las intrigas y batallas de Parolando con los reinos adyacentes).

Al final, de los aspectos que más me gustaron sobresale la constatación de que los seres humanos resucitan ya condicionados por su otra vida y en general son incapaces de adaptarse mentalmente a la nueva. Aunque también me ha gustado cómo Farmer riza el rizo al hacer interactuar a personajes insospechados (el gobierno de Parolando entre Juan Sin Tierra y Mark Twain es un buen ejemplo), un tramo final entretenido e inesperadamente solvente para el caos anterior y un desenlace "doble" y sin embargo negativo en ambas ocasiones. Demasiado poco para una novela que debería haber dado bastante más de sí.

viernes, 20 de junio de 2014

A vuestros cuerpos dispersos (1971). Philip José Farmer

Con la presente entrada comienzo la reseña de una de las sagas más conocidas del género: el "Mundo del Río", la obra más famosa del siempre controvertido escritor estadounidense Philip José Farmer. Una saga que, relatos aparte, está constituida por las siguientes cinco novelas:

A vuestros cuerpos dispersos (1971)
El fabuloso barco fluvial (1971)
El oscuro designio (1977)
El laberinto mágico (1980)
Dioses del Mundo del Río (1983)

Como intentaré explicar en las próximas entradas, el Mundo del Río es una saga que resulta más interesante conceptualmente que por sus resultados, por lo que recomiendo leer únicamente las dos primeras novelas. Aunque debo advertir que no soy un gran defensor de la obra de Farmer, por lo que mi apreciación tal vez sea excesivamente parcial. Centrándonos en la novela que dio lugar a la saga y que reseño hoy, debo empezar señalando que fue recibida con entusiasmo por parte del público, como lo prueba el hecho de que fue galardonada con el Premio Hugo de 1971. Y es que se trata de una novela con una fascinante idea de partida, llena de aventuras, entretenida y aderezada con apreciables dosis especulativas, pero carente de calado. Y esa trivialidad es su principal defecto.

Incuestionablemente la idea de partida es originalísima y bien presentada: el mundo del Río es un marco inacabable en el que todos los seres humanos que jamás existieron hasta el s. XXI son resucitados simultáneamente, ofreciéndoseles una segunda oportunidad vital. Un marco que resulta, además, agradablemente realista y cuidado en los detalles: desde las piedras de cilindros que sistemáticamente proveen de alimentos a sus habitantes hasta las altísimas montañas que los retienen. Y en el cual surgen de manera natural especulaciones interesantes: el significado de la muerte tras la resucitación por un tercero (Farmer lo llama el Expreso de los Suicidios), la interacción de gentes de todas las épocas y culturas de la humanidad, las alianzas que se forman...

Este escenario principal propicia el tono de aventuras que predomina en la novela: desde la botadura del Hadji se suceden los viajes, las disputas, las muertes: es imposible aburrirse. Por cierto, que Farmer exhibe un notable conocimiento de todas las épocas y culturas de la historia de la humanidad, lo que favorace que las reacciones de los distintos grupos y facciones en su adaptación a la nueva realidad resulten naturales. Reacciones tales como la incomodidad ante la desnudez, las pasiones irrefrenadas, el afán por la propiedad o los continuos enfrentamientos. Otro acierto es el grupo de personajes, bien compensado, que acompaña al explorador del s. XIX y protagonista absoluto Richard Burton durante la mayor parte de la narración: Monat el extraterrestre, Kazz el neandertal, Frigate, Ruach y en menor medida, las mujeres (Alice, Loghu, Gwenafra, Wilfreda). Asimismo, se agradecen las explicaciones tangenciales sobre la historia de la humanidad a partir del s. XXI (su aniquilación por Monat, el racionamiento...).

Sin embargo, dos defectos lastran la obra. En primer lugar, aunque es lógico que el escritor fije su atención en una mínima parte de los pobladores de este mundo, se centra demasiado en Burton y sus inquietudes, dejando de lado muchísimos aspectos que podría aprovechar para enriquecer la narración. Y en segundo lugar, porque salvo por las explicaciones geológicas y biológicas, el elemento científico no está demasiado cuidado: abundan las arbitrariedades, la sensación de improvisación sobre las implicaciones no previstas, y se roza la fantasía menos convincente. Además, la continuada interacción de Burton y Hermann Goering no resulta justificable, y llegar a cansar al lector. Y el final no es nada resolutivo (el encuentro con los Éticos queda un tanto forzado). Lo cual, sumado a esa trivialidad a la que aludía al principio, hacen que la novela deja escaso poso una vez leída. Aunque sí gran cantidad de flecos abiertos para sucesivas entregas, como Farmer hábilmente supo explotar en años posteriores.

viernes, 6 de junio de 2014

Hijos de Mundo Anillo (2004). Larry Niven

Con la presente entrada concluyo la reseña de las novelas que recomiendo leer de la saga de Mundo Anillo. Como ya comenté en mi reseña de "Ingenieros de Mundo Anillo", esta última novela supera, tanto por orientación argumental como por afán aclaratorio, la decepcionante "Trono de Mundo Anillo", y es la principal razón por la que me inclino por recomendar la lectura de las cuatro novelas de la saga, aunque leer sólo las dos primeras también es una opción válida. No obstante, hay que tener presente que desde la publicación de "Mundo Anillo" hasta este "Hijos de Mundo Anillo" transcurrieron nada menos que 34 años, y que los escritores no crean siempre al mismo nivel, lo que explica que estemos ante una novela solamente correcta de Niven, y que no recomendaría si fuera una novela independiente.

Por orientación argumental me refiero al hecho de que el autor recupera un papel activo (y no de mero observador) para su trío protagonista (Acólito, El Ser Último y, por supuesto, Luis Wu): desde el principio forman parte esencial de la trama, que por otra parte se sitúa acertadamente en el punto en el que terminó la novela anterior. Además, durante buena parte del libro la estructuración de los capítulos es clara y razonable, como lo evidencia que mediante los títulos de los mismos podamos construir un resumen apresurado de lo acontecido. Lo cual, unido a una longitud total razonable (300 páginas), contribuye a no desorientar al lector.

Y por afán aclaratorio me refiero al hecho de que, quizá consciente de que ésta iba a ser la última entrega de la saga, Niven aprovecha para revisar las razones y los medios con los que los Protectores de Pak construyeron el Mundo Anillo, y también por qué se estructuró de la manera que lo conocemos. Incluso por qué los homínidos ocupan los nichos biológicos que deberían corresponder a otras especies animales. No sólo eso: el escritor también aprovecha para aclarar algunas lagunas de la relación de Luis Wu y Teela Brown en Mundo Anillo, del desenlace de ésta, e introduce (aunque de manera un tanto fallida) el factor sorpesa de un hijo común (Wembleth) y la conversión en protector de Luis.

Además, la novela sigue proporcionando detalles atrayentes sobre el Mundo Anillo (en especial la forma para desplazarlo a lo largo de la galaxia) y algunos gadgets útiles (aunque sobreexplotados) como los discos de paso o los cinturones de vuelo. Lo que añadido a la propia fascinación que genera el Mundo Anillo (prefacio incluido) sirve para contentar a los aficionados que, como yo, confieren importancia al elemento científico en la ciencia-ficción.

Pero la novela flaquea en muchos aspectos básicos. Especialmente en la prosa de Niven: confisa, tendente al equívoco, insuficientemente elaborada respecto a las motivaciones de los personajes y falta de referencias espaciales y temporales (si me permiten el comentario, se echa de menos a su colaborador habitual, el también escritor Jerry Pournelle, para mitigar estos defectos). Siguiendo por una Guerra del Margen citada como recurso pero no bien elaborada ni aclarada. Como tampoco abundan las reflexiones que den algún tipo de profundidad a la novela, convirtiéndose ésta en una serie de aventuras plana, casi juvenil. Aunque quizá más que de aventuras deberíamos hablar de saltos espaciales ininterrumpidos de desigual interés. Tampoco la traducción juega a su favor, pues algunos personajes y artefactos cambian sus nombres respecto a anteriores entregas de la saga.

Todo ello provoca que el lector termine por dejarse llevar, perdiéndose así el factor sorpresa y el sentido de la maravilla. Incluso en un desenlace que intenta aclarar los roles de Tunesmith, Proserpina y el Penúltimo, pero que acaba convirtiéndose en un batiburrillo bastante incoherente. Una saga tan relevante en el género merecería un final mejor, pero salvo que Niven sucumba a la tentación de ampliar la saga será el que la cierre, reflejando perfectamente los altibajos en la misma.

domingo, 4 de mayo de 2014

Ingenieros de Mundo Anillo (1980). Larry Niven

Con la presente entrada empiezo a reseñar las novelas que recomiendo leer de la saga del "Mundo Anillo", una de las más famosas del género y desde luego la obra más popular del estadounidense Larry Niven. Si bien no es la primera vez que hablo de alguna de las novelas que la conforman en este mismo blog, puesto que ya he reseñado dos de ellas. A día de hoy está formada por los siguientes cuatro títulos:

Mundo Anillo (1970)
Ingenieros de Mundo Anillo (1980)
Trono de Mundo Anillo (1996)
Hijos de Mundo Anillo (2004)

De "Mundo Anillo" ya escribí una reseña completa al presentar mi lista de 15 títulos personalísimamente favoritos; se trata de un clásico que sigue vigente, como lo evidencia que es una de las entradas más leídas de este humilde blog. Y también he reseñado ya "Trono de Mundo Anillo", aunque en este caso como parte de mi lista de 15 novelas decepcionantes. Ambos hechos muestran que se trata de una saga que da para lo mejor y para lo peor. No obstante, dado que la última entrega de la saga ("Hijos de Mundo Anillo") mejora la impresión de "Trono de Mundo Anillo", mi sugerencia es que lean las cuatro novelas que conforman la saga. O al menos, las dos primeras.

Ciñéndonos ya a "Ingenieros de Mundo Anillo", debo empezar señalando que se trata de una digna secuela, pero carente del gancho de la primera novela. Si creemos a Niven, él sostiene que nunca quiso escribir una continuación de su novela más premiada, pero que lo hizo por una doble razón: por una parte, corregir los errores (técnicos) de la primera entrada (hay una anécdota curiosa respecto al hecho de que, tal cual estaba concebido Mundo Anillo, era inestable; pueden buscarla por internet), y por otra, dar satisfacción a los millones de lectores que se la demandaban. Desde el primer punto de vista, la novela es todo un éxito; desde el segundo, la novela baja un par de escalones respecto a su predecesora.

Esta impresión global probablemente se deba a que Niven respeta los acontecimientos pretéritos pero no justifica como debe la necesidad de este segundo viaje. De hecho, la puesta en situación peca de escueta (a pesar de la considerable extensión del libro), y el objetivo principal de esos primeros capítulos es corregir "detalles cuestionables" de la primera novela, como la suerte de Teela Brown, el nombre de "Interlocutor de Animales" o las aerocicletas. En cambio es elogiable el esfuerzo que realiza el autor por situar físicamente al lector, fijando para ello unas coordenadas claras a las que hace referencia constantemente. Así éste puede profundizar y captar más nítidamente las dimensiones, la complejidad y la riqueza científica y social del Mundo Anillo, tan sobrecogedor como en la primera parte. Y llegar a familiarizarse con conceptos tan complejos como las placas de sombra, el rishatra o los superconductores.

Otro acierto innegable es que la sensación de aventura, de encuentro con lo desconocido, se mantiene igual que en la primera parte. Lo cual, unido a las reflexiones sobre las razones por las que ciertas características del Mundo Anillo son de una manera y no de otra, y a la rapidez con la que los protagonistas alcanzan el Mundo Anillo y comienza la acción, favorecen el placer la lectura.

No obstante, durante la mayoría de sus capítulos la novela parece una mera sucesión de anécdotas, sin un eje claro (y sin que se aclare, por ejemplo, dónde está el módulo, o la sonda). A ello hay que añadirle las habituales deficiencias narrativas de Niven: imprecisión semántica, situaciones explicadas de manera confusa, falta de hilazón entre párrafos (tanto, que a veces ni siquiera está claro si los protagonistas han logrado su propósito). Otros defectos menores son la frecuente impresión de que Niven aclara todos los temas pendientes demasiado pronto, la presencia de algunos elementos claramente cuestionables en una novela de ciencia-ficción (hombres chacales, la ciudad de los vampiros...) y unos episodios de sexo en mi opinión innecesarios. Por otra parte, no sé si considerar como acierto o como desacierto los diferentes personajes y pueblos que va encontrando el lector durante la novela (Gingerofer, el Rey de los Gigantes, Valavirgillin, Harkabeeparolyn, Fortaralisplyar; el pueblo de la máquina, el pueblo colgante, los gigantes de la sabana, etc.). Mi duda es porque su caracterización es ciertamente escueta, pero ¿podría no serlo en una novela tan descomunal?

Tampoco quiero trasladar una impresión equivocada: aunque el tono de aventuras prevalezca sobre la profundidad de la historia, la novela se deja leer razonablemente bien. Además, conforme avanza la lectura se resuelven algunos enigmas (la raza causante de la destrucción del Mundo Anillo, la raza creadora del mismo...). Y se visitan lugares ciertamente fascinantes, como el pantano, la ciudad flotante (mi parte favorita), o el centro de mantenimiento en el que los Protercores de Pak cultivaban el Árbol de la Vida.

Para terminar, una pequeña reflexión negativa sobre el final. Que a mi modo de ver Niven resuelve de manera confusa (recurriendo la dualidad "gana/pierde" de Teela), y con demasiadas cosas que asimilar.

jueves, 1 de mayo de 2014

Hijos de Dune (1976). Frank Herbert

Tras interrumpir mi reseña de las novelas que recomiendo leer de las sagas más relevantes para el lector de ciencia-ficción en español, por la celebración de las primeras 10.000 visitas al blog, retomo con esta entrada dicha tarea, centrándome en la revisión de "Hijos de Dune", tercera novela en orden cronológico y orden de lectura de la archiconocida saga de Frank Herbert. Es la última novela que recomiendo leer de dicha saga; de hecho, he dudado hasta el último momento si recomendarla o no, puesto que en mi humilde opinión marca el declive claro de la saga. Intentaré explicar las razones.

No se trata de que la novela se la "vaya de las manos" a Herbert (es cierto que ambientalmente la novela es consistente con sus predecesoras), sino de que echa por tierra los logros de los principales protagonistas de Dune. Baste el ejemplo de Paul Muad'Dib: tras desaparecer al final de "El mesías de Dune", su reconversión en un predicador de premociones apocalípticas como respuesta a lo que él mismo contribuyó a construir, desconcierta sobremanera al lector. Por otra parte, en su búsqueda de un antagonista definido, Herbert deforma a Alia, la hermana de Paul y Regente Imperial en el trono de Arrakis, que se convierte en una pobre parodia de sí misma (incluyendo su inesperado matrimonio). Sobre Duncan Idaho ya quedó todo dicho cuando reseñé "El Mesías de Dune". Y también despierta rechazo la evolución del ecosistema de Dune, si bien es cierto que fue iniciada ya en la primera novela, al prever Leto sus trágicas consecuencias.

Otro aspecto lastra la impresión global del libro: la excesiva complejidad de la trama. Apuesto a que ni un solo lector podría explicar las motivaciones, los deseos, los pactos entre los distintos protagonistas. Con el agravante de que todo se resuelve en un breve capítulo en el que fallecen los dos hermanos. Esa complejidad extrema inmuniza al lector, para el cual ya ninguna revelación o acontecimiento es motivo de sorpresa, a pesar de la notable extensión de la novela. Otros defectos son las primeras referencias a personajes de la Tierra, indudablemente innecesarias para la trama y menos a estas alturas de la saga. Así como el recurso a unos conceptos de pretendida relevancia pero que sin embargo no habían aparecido hasta ahora: Jacurutu, Kralizec... Que suenan a artimaña para poder seguir.

Afortunadamente, la novela se deja leer. Ante todo, por el interés que siempre despierta averiguar hacia dónde dirige Herbert su obra más famosa. Pero también por su habilidad para mantener la atmósfera de Arrakis, para enseñarnos su paulatina evolución, para mostrarnos de nuevo la cultura Fremen, los nuevos sacerdotes, el exilio de los Corrino... Y quizá por reencontrarnos con algunos de sus personajes más conocidos: Stilgar, Jessica, el propio Paul. Aunque debo reconocer que las más de 1.200 páginas de las tres primeras novelas me parecen más que suficientes para esta mítica saga, por lo que les recomiendo no seguir con las entregas siguientes y dedicarse a cualquier otra de los varios miles de novelas recomendables que ha dado el género.

lunes, 21 de abril de 2014

¡Más de 10.000 páginas vistas!

Interrumpo momentáneamente mi serie de entradas dedicadas a las sagas más importantes disponibles para el lector de ciencia-fición en español, pues quiero compartir con todos mis seguidores y lectores ocasionales un hecho que me resulta muy gratificante: este humilde blog ha superado ayer las 10.000 páginas vistas.

Hace algo menos de tres años que inicié esta andadura por la red sin otro propósito que mantener una de mis aficiones favoritas. Por circunstancias personales el contacto con las personas con que habitualmente compartía esta pasión por la ciencia-ficción se había visto entonces sensiblemente mermado, y como medida paliativa se me ocurrió compartirla con todos los lectores on-line/anónimos que podían estar interesados en este maravilloso género. En ningún momento tuve en mente ningún aspecto crematístico, como lo evidencia que a pesar de los constantes recordatorios de blogger he seguido sin incluir publicidad en el blog. El resultado es que en apenas 1.000 días el blog ha superado las 10.000 visitas, lo que supone nada menos que 10 visitas diarias de media. Una cantidad muy elevada si se tiene en cuenta lo reducido de este mundillo y que el número de entradas ha ido creciendo gradualmente en la medida de mis posibilidades hasta alcanzar las 85 entradas actuales.

Así que lo principal es agradecer a todos los lectores el tiempo que han pasado en este blog. Más aún a aquellos que se han animado a comentar mis entradas. Y muy especialmente a los 17 seguidores que se han animado a formar parte del mismo. Todos estos hechos me animan a seguir sacando tiempo de donde sea para mantener un ritmo aceptable de nuevas entradas.

Revisando las estadísticas disponibles, lo más llamativo es que la entrada más vista sigue siendo (y con mucha diferencia) "La nube negra", del británico Fred Hoyle. Es un hecho que me enorgullece, pues sigue siendo mi novela favorita de ciencia-ficción de todos los tiempos. Lo siguente más llamativo entre el top 10 de las entradas más visitadas, es que nada menos que cuatro de ellas corresponden a obras de Isaac Asimov ("Viaje alucinante", "En la arena estelar", "Fundación y Tierra" y "Fundación e Imperio"). Lo que refleja el continuo interés que siguen despertando en el lector en español las obras del Buen Doctor, interés que por otra parte comparto completamente puesto que sigue siendo uno de los pilares fundamentales del género. También hay hueco para entradas genéricas (la que dio pie a la revisión de las sagas o la de la entrañable biblioteca Orbis), o para clásicos del género como "Mundo anillo", y así hasta completar la lista.

Por países, España sigue siendo el que más visitas ha aportado (más de 5.500), pero me agrada especialmente ver la gran cantidad de visitas de otros países (EEUU, Argentina y México tiene más de 500). E incluso la de aquellos países en los que el español no es idioma oficial (200 visitas de Alemania, 170 de Rusia...). Es interesante ver cómo nuestro idioma gana gradualmente adeptos en todo el mundo, y este blog es una mínuscula muestra de ello. En la medida de mis posibilidades trataré de hacer más valiosas mis revisiones para los lectores de todos estos países.

No quiero terminar esta entrada sin abrir la puerta (tanto a mis seguidores como a mis lectores ocasionales) a que me propongan todas las sugerencias que estimen oportunas (obras que reseñar, formato, otros temas relacionados con la literatura de ciencia-ficción). Al fin y al cabo el propósito del blog sigue siendo el mismo: compartir con todos Vds. este apasionante ámbito.

Gracias de nuevo.

domingo, 6 de abril de 2014

El mesías de Dune (1969). Frank Herbert

Con esta nueva entrada prosigo la revisión de las principales sagas de ciencia-ficción disponibles para el lector en español. Le toca el turno en este caso a la saga de Dune, obra cumbre del norteamericano Frank Herbert y una de las más leídas en la historia del género. Su popularidad es tal que, incluso después de la muerte de Herbert, su hijo Brian ha seguido completándola con varias novelas adicionales, escritas en colaboración con el escritor Kevin J. Anderson. Pero ciñéndonos a las novelas que para la saga escribió su creador, ésta consta de los siguientes títulos:

"Dune" (1965)
"El mesías de Dune" (1969)
"Hijos de Dune" (1976)
"Dios emperador de Dune" (1981)
"Herejes de Dune" (1984)
"Casa Capitular Dune" (1985)

A diferencia de otras sagas ya reseñadas en este mismo blog, no recomiendo leer todas las novelas de la misma, ni mucho menos las precuelas publicadas por su hijo. Y ello a pesar de que en su momento ya reseñé "Dune" como parte de mi lista de 15 títulos esenciales para iniciarse en el género. Sin duda "Dune" es una excelente novela, y crea un universo riquísimo en posibilidades. Es lógico pues, que Frank Herbert, consciente de ese filón, empleara las siguientes dos décadas en explotar esas posibilidades. Pero no logró estar a la altura: simplemente fue complicando la trama con cada entrega hasta niveles insospechados, administrando cuidadosamente los acontecimientos y afectando a la calidad global de la saga. Por todo lo cual recomiendo leer solamente hasta "Hijos de Dune", la tercera entrega de la saga y la última que reseñaré en este mismo blog.

"El mesías de Dune" se publicó cuatro años después de la novela original, y las expectativas por aquel entonces eran tremendas. Expectativas que en general no se cumplieron: se trataba de una novela mucho menos voluminosa que la original y sin el aliciente de descubrir un nuevo universo. Herbert retoma la historia 12 años después del final de "Dune", con Paul Muad'Dib erigido ya en emperador tras la Batalla de Arrakeen. Por lo cual los elementos principales de la novela son los mismos de Dune (la Bene Gesserit, el Gremio Espacial, los Fremen, las Casas...), pero ya se empieza a intuir que Herbert está dispuesto a hacer de su obra maestra un filón cuando recurre al concepto de los ghola (seres humanos desarrollados a partir de unas pocas células de individuos ya muertos), con el que permite revivir a Duncan Idaho en la figura de Hayt. En otras palabras, abriendo la veda del "todo vale".

Ni siquiera es el único artilugio rebuscado al que recurre Herbert; otros ejemplos son el Danzarín Rostro o los poderes de los mentats. Pero es que además de percibirse esa sensación de alargar la saga "por donde sea", subyace continuamente en la lectura una sensación de penumbra, de falta de hilazón, de capacidad para comprender y dimensionar cuanto sucede. Tampoco ayuda que sea una novela que funcione a menos niveles que su predecesora, ni que esté excesivamente centrada en la figura de Muad'Dib. De hecho, estoy convencido de que los auténticos aficionados de Dune son conscientes de que en esta segunda entrega son varias las incoherencias argumentales en las que incurre su autor.

Entonces, ¿por qué recomiendo la lectura de "El mesías de Dune"? Pues sobre todo porque "Dune" es una novela demasiado excepcional como para negarle siquiera el derecho a una continuación. Aunque también porque aun siendo escasa en episodios de acción, es una novela razonablemente entretenida, que mantiene el marco escénico y la ambientación de su predecesora, y su mezcla de culturas en ese planeta tan fascinante que es Arrakis (para mí, el verdadero protagonista de la saga). Y porque aunque los acontecimientos se ralenticen, hay capítulos que recuperan el nivel de la original, especialmente aquellos en los que se desencadena la conspiración planteada por Herbert. Lástima que sean los menos.

lunes, 24 de marzo de 2014

San Leibowtz y la mujer Caballo Salvaje. Walter M. Miller Jr. (1997)

Prosigo mis entradas dedicadas a las sagas más relevantes disponibles para el lector en español. Le toca en esta oportunidad a la saga de San Leibowitz, de Walter M. Miller Jr. Que está compuesta por dos novelas:

Cántico por San Leibowitz (1959)
San Leibowtz y la mujer Caballo Salvaje (1997)

La primera de ellas es, como ya indiqué cuando la revise hace un par de años en este mismo blog, una de mis novelas favoritas del género, además de una de las obras más singulares y respetadas a las que ha dado lugar. Por ello sus muchos seguidores siempre tuvieron la esperanza de una continuación, aunque en vida de Miller ésta nunca llegó a aparecer. No obstante, a su muerte en 1996 su agente recopiló las más de 500 páginas que Miller había ido escribiendo a lo largo de los años para una supuesta continuación, y pidió al también escritor Terry Bisson que las revisara y completara para dar forma a la esperada segunda parte, apoyándose además en las notas manuscritas que había dejado Miller. Al parecer Bisson no tuvo que añadir demasiado (apenas 50 páginas), por lo que finalmente en 1997 vio la luz "San Leibowtz y la mujer Caballo Salvaje", la esperadísima continuación.

Lamentablemente, aunque se trata de una novela digna e interesante, el resultado quedó lejos de las excelencias de la original. Fundamentalmente por dos razones: algunos paisajes reiterativos y un cuestionable equilibrio entre catolicismo y creencias nómadas. De hecho, se nota que su gestación costó mucho esfuerzo, e incluso que aún no estaba suficientemente pulida como para ser publicada.

A ello contribuye de forma decisiva que Miller escogiera para ambientar esta novela el periodo menos atractivo y menos logrado de los tres que conformaban "Cántico por San Leibowitz": "Fiat Lux". Un periodo en el que la "civilización" empieza a despertar tras siglos de oscurantismo, y que por tanto supone la pérdida del misterio y el misticismo que tan magistralmente había recreado Miller en la novela original. Y es que aunque el escritor sigue dominando tanto el ambiente de las órdenes monásticas como la jerarquía católica en general, su cohabitación con las denominadas Tres Hordas (Perro Salvaje, Saltamontes y Conejo) y con el expansivo imperio de Texark no es del todo convincente. Como tampoco lo es la caracterización de las figuras, ritos e incluso costumbres de los nómadas salvajes (y no sólo las tres hordas, sino también los gleps o los sin madre).

Así, tras un comienzo en la abadía que nos hace concebir grandes esperanzas sobre la calidad de la novela, las dudas comienzan a aparecer a la par que el periplo del hermano Dientenegro / Nimmy al servicio del primero diácono, posteriormente cardenal y finalmente papa Elia Ponymarrón. La pérdida de la virginidad de Dientenegro en su encuentro con AEdra abre un flanco por el que la novela perderá fuelle poco a poco, desde un poco creíble embarazo, pasando por unos hijos que Miller no sabe cómo aprovechar, hasta desembocar en una obsesión que sólo sirve para reencuentros y búsquedas reiterativas. Y la multiplicidad de nombres e incluso títulos que Miller emplea para designar a los principales personajes nómadas (caso por ejemplo de Santa Locura / Chur Hangan) acaba por desorientar al lector.

Con lo cual una buena parte del libro transcurre sin una meta clara, convirtiéndose en poco más que un fresco de la sociedad del Oeste norteamericano del s. XXXIII. Hay episodios más logrados (el cónclave en el que Amén Parajomoteado es nombrado Papa) y otros menos (el ritual por el que Ponymarrón adquiere autoridad sobre las Tres Hordas), pero en general la extensión de muchos pasajes y capítulos no va de la mano con la relevancia de los mismos, lo que refleja el irregular proceso de gestación de la obra. Y el recurso a los "sueños" en determinados momentos se antoja poco adecuado para una novela de ciencia-ficción.

Sólo tras casi 400 páginas la novela adquiere un auténtico propósito (la cruzada de la jerarquía eclesiástica y las hordas nómadas contra el imperio de Texark, el cual controla la antigua sede papal de Nueva Roma) y gana en interés (incluso con algún refrescante episodio de acción). Pero justo entonces Terry Bisson entra en acción y el "meollo" de la cuestión sólo se le presenta al lector por terceras personas y a toro pasado. Aunque al menos es de agradecer su esfuerzo por mostrar el desenlace de cada personaje. Además, el final resignado, sin fe, sombrío, de Dientenegro, que no logra reencontrarse con AEdra, da que pensar al lector, mejorando a última hora la impresión global de la novela, y justificando su lectura.

domingo, 9 de marzo de 2014

Robots e Imperio (1985). Isaac Asimov

Con la entrada de hoy concluyo la reseña de la saga de las novelas de los robots de Isaac Asimov. No sólo eso, concluyo la reseña de todas las novelas de sus tres sagas principales. Asimov sigue siendo uno de mis escritores favoritos y me parece injusto que una parte de la crítica le dé la espalda por su supuestamente baja "calidad literaria" (como si escribir novelas disfrutables, ingeniosas y equilibradas de principio a fin fueran características de los malos escritores). Y de hecho la novela que hoy me ocupa, "Robots e imperio", es con la que Asimov cohesionó sus tres sagas, dando lugar a una única historia del futuro que cubre miles y miles de año del devenir de la humanidad. Lo que ya de por sí haría recomendable su lectura. Pero es que además la novela es una brillante conclusión de la saga de los robots, y en mi opinión la mejor de esta segunda época (y quizá de sus cuatro entregas, en dura pugna con "El sol desnudo").

Ahora bien, debo señalar que por tratarse de una novela de su "segunda época", y como ya he explicado en otras entradas, eso implica una mayor morosidad verbal y cierta desaceleración de los acontecimientos. Posiblemente por eso el comienzo es lo más débil de la novela: en lugar de estar concentradas en unos cuantos años, en "Robots e imperio" han transcurrido 200 años desde "Los robots del amanecer", por lo que Asimov intenta explicar las nuevas situaciones que se han generado en ese tiempo, y para ello tiene que recurrir en varias ocasiones a retrocesos temporales que dificultan un tanto el normal desarrollo de la lectura. Al menos sirven para de esa manera encontrarnos con Elijah Baley, el detectiva protagonista de las tres primeras entregas, durante unas páginas. Porque en su ausencia de Baley las pesquisas detectivescas recaen en dos robots: el sempiterno Daneel Oliwav y el ya conocido Giskard Reventlov. Limitadas por las tres leyes de la robótica y la nueva "ley cero" propuesta por Asimov en esta segunda época, sus investigaciones resultan fascinantes.

Otros aciertos de esta novela son los siguientes: la variedad y calidad de los escenarios, un total de cuatro mundos diferentes (Aurora, Solaria, Baleymundo y Tierra), que dan lugar a las cinco partes de que consta la novela, y que no sólo confirman la habilidad de Asimov a la hora de estructurar sus obras, sino que, con sus rasgos distintivos y las sociedades que los habitan, consituyen por sí mismos un elemento de disfrute de la lectura; la evolución de las tres leyes de la robótica hasta llegar a la psicohistoria, la ciencia que sustenta toda la saga de la Fundación; la incorporación a la saga de nuevos y singulares personajes, que no repiten las personalidades de anteriores protagonistas (como Daneel Giskard Baley, descendiente directo de Elijah Baley, el joven Mandamus...); el excelente episodio del ataque en Solaria; el episodio del discurso, en el que Asimov exhibe su poderoso dominio del lenguaje; el cuidado del elemento científico; la natural evolución de los acontecimientos, que consigue anticipar la aparición del Imperio Galáctico (como el propio título indica, su siguiente saga en orden cronológico) y justificar la perdurabilidad en el tiempo de Daneel, protagonista absoluto de toda la historia futura de Asimov... Toda una serie de virtudes que confirman la gran capacidad como fabulador del Buen Doctor.

Por ponerle algún pero a la novela, quizá quepa reprocharle a Asimov que sus historia futura refleja en demasía la situación global del pasado siglo XX, y cierta tendencia a recrearse en exceso en algunos diálogos meramente analíticos de lo ocurrido en anteriores pasajes. Aunque a veces dichos diálogos sirven para una mejor comprensión de lo narrado por parte del lector.

Debo admitir que conforme avanzaba en la lectura y me aproximaba al final, temía que éste pudiera no estar a la altura del resto de la novela, por la trama tan compleja que Asimov había planteado, pero Asimov la resuelve con maestría, recurriendo, una vez más, al factor sorpresa. Y situando a propósito el final en el planeta Tierra, al igual que haría al año siguiente cuando cerró la saga de la Fundación con "Fundación y Tierra". Un reflejo más de que la novela está cuidada hasta el mínimo detalle, como toda esta estupenda saga que les recomiendo encarecidamente.