domingo, 21 de abril de 2013

Al final del arco iris (2006). Vernor Vinge

El siguiente título en mi lista de novelas decepcionantes es "Al final del arco iris", del estadounidense Vernor Vinge. Estuve tentado de seleccionar alguna otra novela suya para esta lista, pues debo reconocer que a pesar de tratarse de un escritor poco prolífico había varias candidatas. Pero opté por esta porque, por razones para mí totalmente incomprensibles, se alzó con el Premio Hugo del año 2007. Y es que, a pesar de que Vinge tiene todo a favor para formar parte de mi elenco de escritores favoritos (científico profesional, tramas de aventuras, sólido conocimiento del género, toques hard), siempre me sucede lo mismo con sus novelas: por mucho que las ensalce Miquel Barceló, o por muchos premios que reciban, a mí me decepcionan inevitablemente. Pero con "Al final del Arco iris" (de manera más acentuada que por ejemplo con "La guerra de la paz" o "Naufragio en el tiempo real") me aburrí con frecuencia, y a menudo tuve que resistir la tentación de abandonar la lectura.

Y es que el concepto de Epifanía (una informática vestible que permite a los jóvenes de nuestro futuro cercano crear unas realidades paralelas sólo visible con unas lentillas especiales y perceptibles sólo con ropa especialmente diseñada para ello) puede ser original y hasta premonitorio, pero desde mi punto de vista nunca puede ser el pilar sobre el que se sustente una novela de nada menos que 400 páginas. Y menos aún cuando toda la trama se antoja poco más que una mera excusa para que Vinge exhiba todos sus gadgets e inserte todas sus reflexiones (en especial sobre la Singularidad Tecnológica, según la cual la creación de inteligencias artificiales más capaces que las humanas, y su posterior evolución conduciría a una "singularidad" en el desarrollo tecnológico, de consecuencias inimaginables). Puede que la humanidad se esté encaminando hacia eso, pero para eso hubiera sido mejor que escribiera un ensayo, la verdad.

Porque no hay más que fijarse en el elenco de personajes, más propio en mi opinión de un cómic de fantasía: Robert Gu, el protagonista absoluto, es un anciano que padecía Alzheimer, recibió un tratamiento experimental al borde de la muerte que lo recuperó (de manera poco convincente) no sólo mentalmente sino con un cuerpo rejuvenecido y un aspecto preadolescente; el Señor Conejo (una especie de hacker social y superespía internacional de trazos netamente infantiles); la repelente adolescente Miri, y un grupo auxiliar realmente naif: Alfred, Winston, Keiko... Personajes directamente planos, cuando no inconsistentes o, peor aún, increíbles. Y con motivaciones poco comprensibles, de suerte que el lector nunca tiene claro hacia dónde se dirige la novela, ni, lo que es peor, la razón para pasar las páginas.

Así que todo confluye en un supuesto complot de alcance mundial que en realidad queda reducido al enfrentamiento en la biblioteca de la universidad de San Diego (la “secuenciación” destructiva de las bibliotecas está en el núcleo del conflicto virtual ideado por Vinge): un inverosímil combate entre los "Hacek" y los "Scoochis", adornado con las intrigas de un grupo de bibliotecarios y los autoengaños (si llegan a leer la novela me entenderán) de Alfred. Y encima con una técnica literaria discutible, rica en vulgarismos, de escasa profundidad y carente de cualquier detalle de calidad.

En suma, poco más de una enumeración del estado del arte de internet y un puñado de ideas que puede que en treinta años logren que esta obra se convierta en un referente por todo lo que anticipó (al estilo de la también decepcionante Neuromante). Pero hasta entonces, mi consejo es que se ahorren su lectura.

domingo, 14 de abril de 2013

El torreón del cosmonauta (2000). Ken MacLeod

El siguiente título dentro de mi lista de novelas decepcionantes es "El Torreón del Cosmonauta". Cuando debutó hace cerca de dos décadas, el británico Ken MacLeod se presentaba como un tercer miembro de pleno derecho de la nueva hornada de escritores británicos capitaneada por Stephen Baxter y Iain M. Banks. Me imagino que bajo esa premisa la colección Solaris Ficción de La Factoría de Ideas se animó a editar en el año 2.002 esta novela, su más conocida y reputada hasta entonces. Desgraciadamente lo que me encontré distaba mucho de esas expectativas: un escritor limitado técnicamente que nos presenta dos líneas narrativas: una "actual", confusa y fría, y otra futura, también confusa y sólo ligeramente más interesante.

El texto de la contraportada de la edición de la Factoría de Ideas influye negativamente en esas expectativas (y no sólo por su cuestionable nominación a los premios Hugo): sus referencias a una sociedad comunista y a las intrigas tecnológicas parecen anticipar una novela con un considerable contenido distópico, a la vez que llena de aventuras. Pero ya desde el fantasioso prólogo (ni releyéndolo tras completar la lectura le veo necesidad o sentido) el lector se encuentra algo completamente diferente: una sociedad futura (de la que la contraportada nada había dicho), con una clara reminiscencia medieval, también confusa en cuanto a los planetas y ciudades que la constituyen y a su jerarquía, e incluso ambigua respecto al rol de los seres que la habitan (humanos, saurios, gigantes, kraken, ¿dioses?). En suma, un panorama radicalmente diferente del previsto.

Mantener la atención en dos líneas narrativas aparentemente independientes y que convergen poco a poco requiere más talento que la obviedad de repetir los mismos apellidos en ambas. Y desgraciadamente MacLeod carece de ese don, por mucho que nos intente engañar recurriendo a la primera persona para la línea del siglo XXI y a la tercera para la futura. Además, el comienzo es muy lento, y el escritor fracasa a la hora de poner en situación al lector en un plazo razonable, impidiéndole así disfrutar aunque sea mínimamente de la lectura hasta casi la mitad de la novela. Con el agravante, además, de que le irrita una y otra vez con su nocivo hábito de interrumpir cualquier diálogo de más de dos frases para proporcionar minuciosos detalles descriptivos que nada aportan. Y con un lenguaje que en ocasiones peca del abuso de adjetivos inconcebibles y en otras de un lenguaje soez, repleto de vulgarismos innecesarios.

Otros aspectos que en nada favorecieron mi impresión final son la recurrente referencia a conceptos y tecnicismos que se suponen de rabiosa actualidad (muy en la línea cyberpunk) pero que es fácil notar que el escritor no domina; la ausencia casi absoluta de cualquier reflexión sobre la condición humana, la vida en general, incluso la filosofía de la sociedad futura o la política de la sociedad comunista "contemporánea"; y un desenlace precipitado, en el que cuando por fin el lector piensa que comienza a entender qué está pasando, se saca de la manga muy forzadamente que toda la intriga planteada ha sido poco más que una pantomina.

Y entre tantas taras, ¿algo bueno que reseñar? Bueno, si el lector pone de su parte y no cede a la tentación de abandonar la lectura, se topará con un par de capítulos entretenidos (el viaje desde Nevada al asteroide y desde Kyohvic a Ciudad Saurio Uno), e intentará corroborar la previsible forma en la que ambas líneas narrativas convergen al final. Eso sí, para desesperarse por el injustificable mutismo sobre los saurios, el porqué de la repentina importancia de los primeros tripulantes , o los ingenuos y repetitivos triángulos amorosos Gregor-Lydia-Elizabeth, Math-Jadey-Camila.

Al concluir la lectura descubrí que "El Torreón del Cosmonauta" pasó a conformar con los años la primera parte de una serie denominada "The engines of light". Serie que no me he animado a seguir leyendo, teniendo en cuenta todos los aspectos negativos ya reseñados. Y probablemente no fui el único lector que decidió lo mismo, pues las siguientes novelas de la serie permanecen aún inéditas en español.

lunes, 1 de abril de 2013

El trono de mundo anillo (1996). Larry Niven

Mi siguiente título en la lista de novelas decepcionantes es "El trono de mundo anillo", tercera parte de la famosa saga "Mundo anillo" escrita por Larry Niven. Para el habitual seguidor de este blog es posible que encontrar este título en mi lista de novelas decepcionantes tal vez sea una sorpresa, puesto que ya reseñé "Mundo anillo" en mi lista de 15 novelas personalísimamente favoritas. Lo que sucede es que desde que Niven publicó "Mundo anillo" en 1970 hasta que vio la luz este "Trono de mundo anillo" transcurrieron nada menos que 26 años. Y ni la ilusión del escritor era la misma, ni su momento de carrera tan inspirado, ni el objetivo de su creación era tan claramente crematístico. Con lo cual, mi impresión tras leer esta novela es que estábamos ante poco más que un mero encargo editorial: sin fuerza, sin un hilo argumental definido, confusa y por momentos hasta descuidada, sólo la ambientación y la curiosidad por saber hacia dónde quiso llevar Niven su saga más famosa mantienen un mínimo de interés.

En esta novela el lector se reencuentra con Luis Wu, protagonista absoluto de la saga, ahora envejecido, y el titerote de Pierson Inferior, que se encarga de "curar" a Wu de su vejez. Además, un tercer protagonista es el hijo de Chmeee (el viajero kzin de la primera expedición), un joven guerrero llamado Acólito. Pero al contrario de lo que cabría esperar, el peso de estos personajes en la narración es muy escaso durante la primera mitad de la novela, en la cual Niven nos muestra cómo varias especies homínidas del Mundo Anillo se han unido para eliminar un gran nido de vampiros que se han estado alimentando de ellos. Mezclar los "vampiros" con el científico "Mundo Anillo" no parece una idea muy acertada sobre el papel, y la lectura se encarga de confirmarlo, pues la novela queda en un estado en el que la parte científica se resiente y la parte de terror que podría reemplazarla es inexistente. De hecho, en muchas situaciones Luis, el Inferior y Acólito son meros observadores, siendo la lucha de poder entre los protectores Pak el principal argumento de la mayor parte de la novela.

Así, aunque la obra se inicia con una entretenida batalla que nos hace concebir esperanzas sobre lo que nos puede deparar, en seguida el lector nota que la historia está narrada de manera bastante confusa, con pérdidas de ritmo constantes, algunos errores sorprendentes por parte de de Niven (por ejemplo, que uno de sus personajes conozca los volcanes cuando en el Mundo Anillo es imposible que los haya) y una traducción plena de errores, que hacen la lectura bastante farragosa. Tanto que hacia el capítulo 6 ya es imposible determinar hacia dónde va la novela; ni siquiera es fácil (a pesar de la lista de personajes intencionadamente incluida como anexo) diferenciar las especies que van apareciendo: tanta riqueza creativa abruma y parece innecesaria como justificación de la alianza para eliminar la amenaza de los vampiros.

Afortunadamente, una vez el lector acepta que la novela se va a quedar en el rango de "obra menor", es posible encontrarse con capítulos interesantes, como son aquellos en los que se exploran nuevas áreas del siempre fascinante Mundo Anillo o algunos pasajes de aventuras característicos de su autor. Eso sí, la siempre cuestionable habilidad literaria de Niven queda en entredicho, con pasajes y episodios mediocremente narrados (como botón de muestra, el capítulo 19 termina con este párrafo de una única frase: "El protector lo empujó a través", todo un ejemplo de cómo no concluir un capítulo). Y para complicar más la cosa, algunos escenarios resultan realmente difíciles de visualizar.

Por lo tanto, cuando finalmente los protagonistas de la saga toman relevancia en los acontecimientos, no queda claro cuál va a ser su rol, lo que provoca que el tramo final de la novela resulta muy poco clarificador (mención especial para el capítulo 29, Minero, que es tremendamente lioso) y el final es poco menos que irritante por intrascendente. Eso sí, es de agradecer el glosario de conceptos y lugares que se adjunta al final, así como el resumen de los parámetros geofísicos del Mundo Anillo. Porque eso es lo más positivo de esta obra: el reencuentro con uno de los lugares más fascinantes de la historia de la ciencia-ficción. Así que sólo les animo a leer "El trono de mundo anillo" si les fascina el universo representado por el Mundo Anillo; si no, es mejor que se abstengan.