miércoles, 25 de diciembre de 2013

Un guijarro en el cielo (1950). Isaac Asimov

Con la reseña de hoy completo la revisión de las novelas que recomiendo leer de la saga del Imperio, de Isaac Asimov. Todas, en realidad. "Un guijarro en el cielo" es la tercera novela de la saga por orden de lectura, si bien tiene el honor de ser la primera novela que escribió el Buen Doctor. En 1950 Asimov contaba con 30 años y ya se había ganado una notable reputación como escritor de relatos y novelas cortas, algunos de los cuales se recopilaron en formato libro a partir de 1951, dando lugar a la trilogía original de la Fundación. Sin embargo, "Un guijarro en el cielo" fue su primera incursión real en el género de la novela. Con lo cual, junto a muchas de sus virtudes más reconocibles, en esta novela son apreciables algunos detalles de novelista primerizo. El resultado es una novela alejada de las mejores de su producción, pero de un nivel similar al de "En la arena estelar" y, por tanto, recomendable.

En esta ocasión Asimov deja un tanto de lado las intrigas políticas habituales en otras muchas de sus obras (aunque la trama ya está completamente ambientada en el descomunal Imperio Galáctico) y se fija en vidas aparentemente anodinas para el devenir del Imperio, como su protagonista principal (el sexagenario Joseph Schwartz), el doctor Shekt o los Moran. Pero lo que cautiva al instante al lector es el singularísmo ambiente que proporciona Asimov a la Tierra: radiactiva, despoblada, con un dramático límite para la vida humana en los sesenta años, con organizaciones como la Sociedad de Ancianos, los asimilacionistas... Asimov presenta a la Tierra como el último planeta del Imperio (de hecho el título es una metáfora para designar a la Tierra según su relevancia en el contexto del mismo). Y sin embargo, al mismo tiempo, plantea la por aquel entonces "hipotética" posibilidad de que en ella surgiera la humanidad. Es una muy interesante propuesta especulativa, al tiempo que consigue que el lector se sienta inmediatamente identificado con el punto de vista terrestre, permitiéndole además reflexionar sobre los fanatismos y en general aquello a lo que los nacionalismos extremos pueden dar lugar.

En dicha Tierra radiactiva Asimov sitúa, como en él es habitual, una trama estupendamente estructurada, en la que todo encaja con naturalidad. El Buen Doctor nos muestra la conspiración del planeta Tierra por volver a ser el centro de la Galaxia frente a un Imperio Galáctico con presencia militar en la Tierra, y nos hace ver la desorientación y la mirada crítica de Schwartz al ser trasladado siete mil años adelante desde el siglo XX a ese complejo futuro. Incluso los personajes aparentemente más irrelevantes, como el teniente Claudy, tienen un instante en la novela en el que son determinantes.

Como anticipaba antes, la novela adolece de ciertas lagunas, algunas propias de un escritor inmaduro. El "viaje al futuro" de Schwartz es un artificio literario efectivo, pero la justificación de su viaje en el tiempo es claramente insuficiente. Bel Alvardan, quizá el verdadero protagonista, es un arqueólogo poco convincente, por impulsivo y por desafiante. El recurso a los poderes extrasensoriales de Schwartz es, además de un remedo de la "Segunda Fundación", cuestionable en un escritor al que se le presupone una base científica sólida. Y la personificación de la máxima autoridad terráquea en el binomio Primer Ministro/Balkis, una idea habitual en la obra asimoviana (llevada por cierto a todo su esplendor en "Preludio a la Fundación"), es cuestionable por la figura de Balkis, el auténtico poder en la sombra, que está dominado por un exceso de maldad poco creíble. Si bien es cierto que esta dualidad aporta otra curiosa y plausible interpretación de los acontecimientos.

No obstante, el balance final de la novela es positivo gracias a las habilidades de Asimov como fabulador: emplea una prosa muy concisa (por momentos, demasiado) y crea episodios de gran tensión, como el del encuentro en Chica. Pasajes que, cierto es, no llegaron a un nivel de excelencia tal que los editores le pidieran continuar esta saga en los ochenta (como sí hicieron con sus sagas más reconocidas, las de la Fundación y la de los Robots), pero que justifican de sobra su lectura. Les espero en la revisión de mi próxima saga.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Las corrientes del espacio (1952): Isaac Asimov

Prosigo en esta entrada con la reseña de las novelas de la saga del Imperio, de Isaac Asimov. Sin duda su saga menos conocida, y también la de menor calidad, aunque en mi opinión con un nivel medio más que interesante. Le toca el turno en esta ocasión a "Las corrientes del espacio", última novela escrita para la trilogía aunque segunda en orden de lectura. Una novela indudablemente superior a su predecesora ("En la arena estelar") y en la cual el Imperio Galáctico ya sí es el trasfondo principal (en concreto, durante el ascenso de Trántor desde su carácter potencia regional hasta convertirse en la capital del Imperio Galáctico). Sin la fama de las novelas de la Fundación o de los Robots, "Las corrientes del espacio" es una novela con un nivel similar al de varias de las que constituyen las otras sagas, alejada por tanto del grupo de "obras menores" de Asimov, y con diferencia la mejor de la saga del Imperio.

Son muchas las virtudes de esta obra, si bien a mi entender son dos los las que la hacen especialmente atractiva: su atmósfera de intriga y su ritmo trepidante. Una vez más, Asimov nos muestra su visión del futuro mediante una trama más propia de novela de misterio, con todas sus piezas perfectamente encajadas y sin un párrafo de tregua. Con lo cual es imposible aburrirse.

En cuanto a las reflexiones de alto nivel, la dualidad opresores-oprimidos que se plantea, no por conocida y cercana a los conceptos de racismo y xenofobia pierde su crudeza: el planeta Florina es literalmente un juguete en manos del planeta Sark, el cual lo mantiene ignorante para aprovecharse de su única riqueza: el preciado Kyrt. Un elemento éste, el Kyrt, que condiciona la existencia de toda la Galaxia (y dicho sea de paso, del que Frank Herbert se apropió años más tarde en "Dune", cambiando su nombre por el de melange). Ambos mundos, Florina y Sark, están estupendamente ambientados, con una sabia combinación de elemenotrs rústicos y elementos tecnológicamente avanzados, si bien es cierto que Florina pudo servir de base para los suburbios de Trántor, que Asimov describió con detalle décadas más tarde en "Preludio a la Fundación". Por otra parte, y a pesar de que a menudo se le reprocha a Asimov lo contrario, en mi opinión los personajes principales (Rik, Valona, Terens) están bien caracterizados psicológicamente. Y los "Cinco Señores" le sirven a Asimov para poner de manifiesto las intrigas, los engaños y la vileza que acarrea siempre el poder.

Algunos defectos son los causantes de que "Las corrientes del espacio" no alcance el nivel de clásico. En general son pequeños detalles que no condicionan el desarrollo de la novela, pero que la afean en momentos puntuales. Entre ellos, el excesivo grado de violencia de Terens, quien comete varios asesinatos sin piedad, algo poco habitual en Asimov. También la existencia de personajes con un papel un tanto ambiguo en la historia (Junz, Samia, Bort...). O el recurso a artilugios demasiado inverosímiles, en su afán por recalcar el carácte futurista de la novela. De hecho, a pesar de ese esfuerzo claramente perceptible por dotar de verosimilitud al elemento científico, la propia idea que da lugar al título (la existencia de corrientes de espacio que causan la explosión de estrellas) fue plausible en su momento, pero hace décadas que fue descartada por la astronomía.

Otros aspectos cuestionables son la introducción de un nuevo personaje, Genro, a sólo 75 páginas del final, el extraño arrebato de pasión entre Terens y Samia, que ni siquiera es determinante para el desenlace, cierta previsibilidad en las intenciones ocultas de parte de los personajes, y algunos giros en la historia que pueden parecer un tanto forzados.

No obstante, también son apreciables las virtudes narrativas, no siempre apreciadas por la crítica en la prosa "conceptista" de Asimov. A saber, el recurso en los primeros capítulos a concisos flashbacks que sitúan perfectamente al lector, el relato minucioso de los momentos de mayor tensión, plenos de sorpresas, e incluso varias referencias perfectaemente integradas en la historia al incipiente Imperio Galáctico.

El final es, a mi modo de ver, excelente, conforme a lo que nos tiene acostumbrados el Buen Doctor: todo es presentado en términos de derrota para las distintas partes, pero sin realmente sentenciar a ninguna parte. Una manera ingeniosa de rematar una novela disfrutable, que mantiene la atención hasta el final, y que deja con ganas de leer la última entrega de la trilogía. Que reseñaré en mi próxima entrada.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

En la arena estelar (1951). Isaac Asimov

Con esta entrada empiezo a reseñar la saga del Imperio de Isaac Asimov. Se trata de la menos conocida de sus tres grandes sagas, y en mi oponión, la menos brillante. Lo que sucede es que soy tan ferviente admirador de Isaac Asimov que me parece que tiene un nivel medio más que suficiente como para recomendarla al lector en español. De hecho mi recomendación es leer las tres novelas que conforman esta trilogía, y que en orden de lectura son:

En la arena estelar (1951)
Las corrientes del espacio (1952)
Un guijarro en el cielo (1950)

Dentro de la historia del futuro concebida por Asimov, la saga del Imperio Galáctico se sitúa entre la de los Robots (que reseñaré más adelante) y la de la Fundación (ya reseñada anteriormente), cuyo enfrentamiento con el por aquel entonces ya decadente Imperio es precisamente uno de sus pilares. Sólo por este correcto encaje de la historia futura ya recomendaría su lectura, pero es que además estas tres novelas son las primeras que publicó el Buen Doctor (conviene recordar aquí que la trilogía original de la Fundación, también conocida como el ciclo de Trántor, está constituida en realidad por un conjunto de relatos y novelas cortas publicadas previamente en la revista Astounding). Al respecto de esas primeras novelas, Asimov decía en sus recomendables memorias que, por influencia de su editor, las escribió en un estilo sencillo, pero que sin embargo le reportaron desde su publicación ingresos regulares y le animaron a dedicarse profesionalmente a la escritura.

"En la arena estelar" es la primera novela de la trilogía, aunque en realidad es la segunda novela que escribió Asimov en su carrera, puesto que la primera fue la última de esta saga ("Un guijarro en el cielo"). Se trata, como es habitual en Asimov, de una novela muy bien concebida y mejor llevada, pero con tres defectos: una cierta frialdad narrativa, una excesiva similitud a los pasajes más genuinamente enrevesados de la Fundación (que como digo por entonces aún no se había publicado en formato libro) y, si me permiten la expresión, la hollywoodiana idea de darle vueltas durante toda la novela a un documento que resulta ser la Constitución de los E.E.U.U. Defectos que hacen que en mi opinión sea una de los libros "menos buenos" de Asimov, al mismo nivel que, por ejemplo, "Fundación" (tercer libro de la saga del mismo nombre).

Empezando en esta oportunidad por los defectos, la concisión de la prosa de Asimov, que concentra gran cantidad de peripecias en sólo 200 páginas, provoca una incómoda sensación de alejanía, de acontecimientos que sorprenden pero que no cautivan, e incluso de que todo gira alrededor de una intriga que realmente no termina por resolver gran cosa. Además, da la impresión de que para lanzarse en el género de la novela, Asimov optó por recrear en este formato varios de los hallazgos de las historias cortas de la Fundación (abundan los paralelismos, por ejemplo entre el Mulo y Hinrik Hinriad, o entre el Mundo de la Rebelión y la Segunda Fundación). Por otra parte, resulta obvio que pretende ganarse la simpatía del lector estadounidense mediante la sorpresa final de la Constitución. Y ni siquiera una sola vez aparece citado el Imperio Galáctico, supuestamente la razón de ser de esta trilogía.

Pero por supuesto también abundan las virtudes. Especialmente, la trama: como es costumbre en el Buen Doctor, es preciso jugar al juego de leer entre líneas y dudar de la identidad de cualquier personaje. También el desenlace raya a gran altura: lleno de intensidad, el lector va de revelación en revelación, de instante crítico a instante determinante. A ello se suma un personaje que se aleja del protagonista convencional de Asimov: Biron Farrill es un estudiante universitario demasiado impulsivo, extrañamente violento, románticamente apasionado... Aunque no es menos cierto que el resto de los personajes contribuye a enriquecer los acontecimientos, con un papel destacado de los aparentemente secundarios (caso de Gillbret Hinriad o del coronel Tedor Rizzett).

Merece asimismo destacarse el marco donde transcurre la novela: aunque en el periodo en que transcurre la historia "apenas" hay 1.000 planetas colonizados en la galaxia, el lector disfruta de planetas con personalidades propias, palacios electrónicamente artísticos, naves que potencian la vertiente de aventura del libro... Todo ello enriquecido por unas explicaciones científicas plenamente rigurosas a la luz de la ciencia de hace 70 años (a destacar las concernientes a la búsqueda del mundo rebelión, plenas de lógica astronómico-biologica).

Mi reflexión final es que es una lástima la parquedad en palabras del primer Asimov y la elaboración de una trama un tanto tangencial al auge del Imperio. Con un mejor foco y una mayor morosidad verbal, se trataría de otro clásico y no sólo de una interesante novela.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Los jugadores de No-A (1948): Alfred E. Van Vogt

La siguiente entrada está dedicada a "Los jugadores de No-A", segunda y última novela que merece la pena leer de la saga de los No-A del estadounidense Alfred Elton Van Vogt. En esta ocasión casi más que de saga podríamos hablar de continuación, por dos razones: primera, porque Van Vogt editó en formato libro en 1948, es decir, tan sólo 3 años después de "El mundo de los No-A"; y segunda, porque no sólo el protagonista sigue siendo el mismo (Gilbert Gosseyn), sino porque el escritor mantiene muchos de los personajes y algunos marcos escénicos. De hecho, la trama arranca prácticamente donde terminó "El mundo", y aquel lector que lea esta novela a continuación de la original se beneficiará de una automática mejor comprensión de lo narrado.

En cuanto a la novela en sí, debo comenzar diciendo que pese a su menor fama respecto a la original, y a algunas reseñas negativas, se trata de una meritoria obra sobre un futuro no muy lejano en el que la disciplina de la Semántica General, ya dada a conocer en la anterior entrega, permite un subyugante juego de poder a escala galáctica. Aunque en mi opinión sí que se sitúa un escalón por debajo de la original.

Lo curioso es que durante los primeros capítulos compartí la misma impresión que muchas de estas reseñas negativas: a pesar de algunos conceptos interesantes relacionados con la teletransportación y que Van Vogt ya había presentado en el tramo final de "El mundo" (los Distorsionadores, la técnica de similarización), la novela es en ese tramo un batiburrillo de entidades y situaciones confusas, que requiren retornar frecuentemente a las páginas ya leídas para intentar no perderse demasiado pronto. Y durante las que tanto la disciplina de la Semántica General como el adiestramiento No-A distan mucho de constituir los pilares de la novela, presentándose más bien como un componente meramente introductorio en los No-Extractos con los que se inicia cada capítulo. Incluso la alternancia de la mente de Gosseyn entre su propio cuerpo y el del temeroso príncipe Ashargin descoloca y puede llegar a incomodar al lector.

Sin embargo, si Vd. resiste y se esfuerza por orientarse en este marasmo que para Van Vogt constituye la sociedad futura, repentinamente todo lo narrado (o casi) empieza a tomar sentido y la novela se torna disfrutable de manera inesperada. En mi caso eso sucedió en el capítulo XXII: por primera vez la confrontación entre el Supremo Imperio y la Liga Galáctica, y la dependencia de dicha confrontación de los ardides preparados por los venusinos No-A cobra realismo, y el elemento de dominación político-religiosa que constituye el Templo del Dios Durmiente añade una nueva dimensión a la novela, que le permite funcionar a varios niveles. Los Pronosticadores de Yalerta se revelan entonces como el elemento originalmente no contemplado en el plan de los No-A, y el papel de varios personajes enigmáticos y sin embargo atrayentes (con el detective Eldred Crang y el sacerdote guardián del templo Secoh a la cabeza) va creciendo y aclarándose gradualemente. Se llega así a la originalísima confrontación entre la flota del Imperio y las robodefensas de Venus, en las que (ahora sí) las técnicas no-A son parte esencial. Una vez resuelta la trama a ese nivel, Van Vogt devuelve la acción a la capital del imperio y desvela gradualmente todos los misterios planteados, al tiempo que justifica elegantemente las razones que dieron lugar a la religión del Dios Durmiente y permite a Gosseyn realizar su última y más importante misión.

Es cierto que algunos elementos de la novela no han envejecido bien, como los árboles de Venus o la tecnología usada en la teletransportación, que hay aspectos poco justificables (como el hecho de que Enro el Rojo conviva en el Palacio Imperial con sus principales enemigos), que algunos elementos científicos son bastante cuestionables... Pero par ser una novela con cerca de 70 años los personajes están bien caracterizados, el estilo literario es agradablemente maduro, el elemento de intriga está bien cuidado y la sensación de cuestionamiento de la realidad (que posteriormente Philip K. Dick aumentaría y convertiría en su seña de identidad) justifican más que de sobra su lectura.

domingo, 3 de noviembre de 2013

El mundo de los No-A (1945): Alfred E. Van Vogt

Prosigo con mi revisión de las en mi opinión 20 sagas más relevantes para el lector de ciencia-ficción en español. Tras haber revisado la saga de la Fundación, le llega el turno a la saga de los No-A, del estadounidense Alfred Elton Van Vogt. Que aunque según mi ordenación cronológica es la segunda saga por orden de antigüedad, si tenemos en cuenta que los relatos del denominado ciclo de Trántor no se publicaron en formato libro hasta la década de los cincuenta, es en realidad la primera saga de la ciencia-ficción que se publicó en formato libro, hace nada menos que 65 años. Desde entonces el género ha evolucionado un montón, por lo que las reseñas que había leído de la misma antes de hacerme con ella la presentaban como una historia más elitista que lograda, y claramente superada argumentalmente. No obstante, no me dejé guiar por esas reseñas y no paré hasta que me hice con los dos títulos que, hasta donde yo sé, la conforman para el lector en español y que son los que recomiendo leer:

El mundo de los No-A (1945)
Los jugadores de No-A (1948)

Debo reseñar que el autor publicó una tercera parte (Null-A Three) en 1984, que no he podido leer y que por tanto no voy a reseñar. Aunque en este caso la unanimidad sobre la escasa calidad de la misma es total, por lo que creo que no merece la pena el esfuerzo de adquirirla en inglés.

Centrándome ya en "El Mundo de los No-A" diré a modo de introducción que es un loable "tour de force", a pesar de sus contradicciones, sus puntos oscuros y cierta endeblez de la fisolofía No-A. Con No-A Van Vogt se refería a una concepción filosófica No-Aristotélica. En otras palabras, aquella que no se rige por los silogismos y que considera que un análisis de una situación que se base únicamente en experiencias anteriores por el mero hecho de que se parezcan a la actual es erróneo, como lo es todo sistema nervioso humano que reduzca dicho análisis a un único término que lo identifique. En realidad estos conceptos derivan de la "Semántica general", una corriente filosófica de la primera mitad del siglo XX que hoy ha perdido tirón pero que supone un aliciente incuestionable a la hora de escribir una saga de ciencia-ficción. Aunque debo decir que en "El Mundo de los No-A" el elemento filosófico no está del todo engarzado en la narración.

Van Vogt sitúa la narración en el siglo XXVI, a medio camino entre una Tierra evolucionada pero aristotélica y una colonia venusiana mucho menos poblada pero no aristotélica. Y dota a su protagonista absoluto (Gilbert Gosseyn, un juego de palabras por aquello de Gosseyn = "go sane" = ir sano) de la cualidad de trascender la muerte física, pues como irá mostrando a lo largo de la novela su propuesta es que la identidad humana está constituida únicamente por sus recuerdos. Este panorama permite comprender que la narración exige un notable esfuerzo por parte del lector, y aun así en ocasiones es mejor dejarse llevar y no ser demasiado riguroso con la valoración del elemento científico para poder sacarle todo el jugo a la narración (algo similar a lo que sucede con las novelas de Philip K. Dick, del que Van Vogt fue su máximo precursor). En ese sentido conviene aceptar el punto de partida que nos presenta el escritor, en la que aquellos que tienen una mejor comprensión y mayor control mental controlan el resto de la humanidad, y en el cual existe una denominada Máquina de los Juegos (no del todo bien caracterizada) para determinar qué humanos poseen esas cualidades poco comunes.

Contra lo que cabría pensar, el autor no tarda demasiado en situar al lector y plantear el elemento de intriga que dinamizará toda la novela. Si bien la muerte de Gosseyn antes de que la narración haya atrapado al lector es un recurso literario muy arriesgado. Aún peor, a partir de ese momento y prácticamente hasta la mitad de la novela, la trama se va volviendo cada vez más confusa, los acontecimientos se sumergen en el campo del "todo vale", más propio de la fantasía, y lo más interesante son los marcos escénicos un tanto infantiles y muy propios de la Edad de Oro de la ciencia-ficción. Pero a raíz de que a Gosseyn se le revelen sus verdaderas características físicas, la novela empieza a ganar en interés, a pesar de lo enrevesado de la historia. Así, aunque Gosseyn siga cambiando frecuentemente de rumbo, descubrimos gradualmente que los personajes principales (Thompson, Crang, Hardie) están bien caractarizados psicológicamente, y ello contribuye a que alguno de los conceptos No-A empiece a adquirir peso en los acontecimientos y las páginas se pasen con rapidez.

En el tramo final Van Vogt presenta el concepto de similarización y por tanto el empleo de "distorsionadores", recursos que explotaría en toda su magnitud en los "Jugadores de los No-A". Además de crear escenarios vistosos para sus episodios de acción y jugar conscientemente con el lector, pues durante el último cuarto de la novela da la impresión de que el desenlace va a ser inminente, aunque en realidad aún queden varios capítulos para sorprenderle. Es entonces cuando la novela adquiere, coincidendo con la aparición de Enro el Rojo, una inesperada dimensión galáctica, y se radicaliza mediante unos episodios de violencia no del todo necesarios. Así, hasta llegar al verdadero desenlace, que aun sin ser totalmente coherente, resuelve muchos más cabos sueltos de lo esperable, y deja al lector con buen sabor de boca.

Por tanto, a pesar de que no ha envejecido bien en algunos aspectos y de que peca de pretenciosa en otros, una novela singular, disfrutable si el lector no se deja vencer por los obstáculos, menos incoherente de lo que parece, y hasta digna de reflexión si se consiguen abstraer los conceptos principales.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Fundación y Tierra (1986). Isaac Asimov

Con esta entrada termino la reseña de las novelas de la Fundación que merecen ser leídas (todas, en realidad). "Fundación y Tierra" fue la quinta novela que escribió Asimov para la saga, si bien cronológicamente es la séptima y última. Como su propio título indica, Asimov propone un guiño al lector ambientando el desenlace de la saga en la búsqueda del planeta matriz, la legendaria Tierra. Aunque en realidad el rasgo más característico de la misma es el peso que en ella adquieren los robots, un elemento que Asimov incorporó a la saga durante su segunda época, pero que sólo aquí adquieren una nítida función de conexión con su saga de los robots, personificada en la figura de R. Daneel Oliwav y la consecuente ley cero de la robótica ("Un robot no puede causar daño a la humanidad o, por inacción, permitir que la humanidad sufra daño.").

Aunque no debería ser así, la impresión general de una saga suele venir determinada por la de la última novela que hemos leído de la misma. Afortunadamente, "Fundación y Tierra" es una más que digna manera de rematarla: sin ser la mejor novela de la saga, tampoco es la peor; en mi opinión se encuentra al mismo nivel que "Hacia la Fundación" o "Fundación e imperio", que ya es bastante. A ello contribuye sin duda que Asimov respetó las principales señas de identidad que caracerizan la saga: fiel a la estructuración ya conocida, Asimov la estructuró en siete partes, cada una de ellas titulada a partir del lugar en el que transcurre la acción. Los protagonistas principales siguen siendo los mismos que en "Los límites de la Fundación" (Golan Trevize y Janov Pelorat), lo que garantiza que la novela sigue sosteniéndose principalmente en los característicos y amenos diálogos del Buen Doctor.

Lo cierto es que las primeras páginas del libro (ubicadas en el planeta Gaia) hacen temer una calida similar a la de "Los límites de la Fundación", que como ya comenté hace unos días entretiene pero no apasiona. Asimov intenta en ellas justificar el final un tanto cuestionable de su anterior novela mediante un tema un tanto recurrente: la exaltación de la Galaxia como concepto frente a los seres individuales. Este hecho, junto con un evidente intento de poner en situación al lector, las convierten en las peores de la novela, siendo lo más interesante de las mismas la incoporación de un habitante de Gaia (Bliss), como tercer protagonista de pleno derecho.

Sin embargo, a raíz de la partida hacia Comporellon (segunda parte, hacia la página 50 aproximadamente) vuelve el Asimov de altos vuelos: la trama gana en interés, y además se ubica en unos marcos escénicos fantásticamente concebidos y estratégicamente distribuidos para dar dinamismo a la obra, de manera similar a como haría un par de años después en "Preludio a la Fundación". Así, el lector irá entrando en contacto con el planeta Aurora (del cual proviene Daneel), Solaria, Melpomenia, Alfa, y en última instancia (cómo no), la Tierra. El continuo devenir por los mundos aporta, además, situaciones inesperadas y personajes cautivadores, haciendo que la interrupción de la lectura resulte cada vez más difícil. Además, los periodos de vuelo de un mundo a otro sirven para enriquecer la narración con interesantes elementos del máximo rigor científico en general y astronómico en particular. En otras palabras, auténtica ciencia-ficción.

Así, el lector devora las páginas hasta llegar al final, que no propone un desenlace dramático como otras entregas de la saga, pero sí razonablemente convincente y cohesionado para una serie tan fastuosa. No obstante debo hacer dos precisiones al respecto: primera, que para una mejor comprensión del mismo es recomendable haber leído antes las dos últimas novelas de la saga de los robots ("Los robots del amanecer" y "Robots e Imperio"), y segunda, que en dicho final yo eché de menos una mayor transcendencia final de toda la labor realizada por las dos Fundaciones, pues en mi opinión da la impresión de que la mayoría de las actividades que realizaron ambas a lo largo de las distintas novelas hubieran caído finalmente en saco roto. De hecho, se dice que Asimov siempre tuvo en mente una posible continuación, pero que nunca encontró la manera de hacerla realidad y por eso sus dos últimas entregas fueron precuelas. A raíz de la calidad que en mi opinión desprenden "Preludio a la Fundación" y "Hacia la Fundación", me alegro de que fuera ése el caso.

Les espero en mi próxima entrada con la reseña de la primera novela de una nueva saga.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Los límites de la Fundación (1982). Isaac Asimov

Continúo con mi reseña de las novelas que conforman la saga de la Fundación. Le toca en esta oportunidad a "Los límites de la Fundación". Ocupa el sexto lugar según la cronología de la saga, aunque es la cuarta la novela por orden de publicación, además de la obra con la que el autor la retomó en 1982, más de 30 años después de haber completado el "ciclo de Trántor". Se trata, pues, de una novela especial, que permite comprender muchas de las impresiones que ya he trasladado en revisiones anteriores de la saga. Con lo cual si me permiten voy a empezar la reseña de una manera diferente, recurriendo a las reflexiones que a raíz de la misma escribió Asimov en sus excelentes "Memorias", y dejando para más adelante el contenido de la novela.

Lo primero es confirmar que Asimov no retomó la saga por iniciativa propia, sino por un jugoso adelanto de Doubleday (una de sus editoriales), y que ni siquiera recordaba con exactitud el contenido de lo narrado. Tuvo que proceder a su relectura, venciendo su terror a enfrentarse a lo que le "parecería un texto tosco e inmaduro después de todos estos años". Pero al finalizar la misma experimentó "exactamente lo que los lectores me habían dicho durante décadas, una sensación de furia porque se había acabado y no había más". Por lo cual aceptó el desafío, aun reconociendo que a la trilogía original "le faltaba acción, los problemas y soluciones estaban expuestos fundamentalmente en forma de diálogo, de discusiones racionales planteadas desde distintos puntos de vista, sin indicaciones claras para el lector de qué opinión era la válida y cuál la errónea.". ¿Les suena a lo que han leído en este mismo blog, o a su experiencia personal al leer el ciclo de Trántor?

Así que cuando Asimov empezó a escribir lo que terminaría siendo "Los límites de la Fundación", trató "de conservar el estilo y la atmósfera de las primeras narraciones", se esforzó por "mantener un bajo nivel de acción y subir la fuerza de los diálogos (los críticos se quejan a menudo de esto pero no me importa en absoluto)" y tuvo que "presentar perspectivas racionales equiparables". Es decir, Asimov asumió el estilo de su trilogía con su bueno y con su malo, y lo respetó en la nueva época, aun sabiendo que en la trilogía original lo podría "haber hecho mejor después de haberme tomado unos cuantos años más para aprender mi oficio". El Buen Doctor resume con maestría las características principales de esta segunda etapa, si bien no cita la nueva estructuración en una única historia, ni el mayor volumen de la novela para una mejor caracterización de personajes, lugares y acontecimientos.

Les puedo anticipar que el resultado no es el mejor título de la saga, y sí el más flojo de la segunda época, aunque no llega a defraudar. Quizá lo más flojo sea su primer tercio: de manera inconsciente, Asimov intenta que el lector asimile la "situación actual" de su saga como consecuencia de todo lo ocurrido en los volúmenes anteriores, y por eso los acontecimientos se suceden de forma un tanto lenta y con excesivas referencias. Si bien es cierto que este tramo nos permite familiarizarnos con los dos últimos personajes clave de la saga: Golan Trevize, consejero de la Primera Fundación, y Janov Pelorat, el historiador que lo acompañará en su búsqueda de la Segunda Fundación.

Con las intrigas que surgen en torno a la Segunda Fundación, vuelve a aparecer el mejor Asimov, el de los desarrollos entrelazados, los diferentes puntos de vista y la permanente incertidumbre. Al mismo tiempo que el lector se rinde irremisiblemente ante la evidencia de una trama cada vez más compleja que abarca nada menos que seis siglos y que, sin embargo, sigue resultando sorprendentemente coherente. Es cierto, no obstante, que hacia el segundo tercio la acción llega a un punto en el que no se sabe muy bien por dónde puede continuar, lo que hace que el libro vuelve a perder algo de interés. Afortunadamente en los capítulos finales, y a pesar de que tal vez falte algo de dramatismo, nos encontramos con otro desenlace brillante, en la línea de "Segunda Fundación": una fantástica serie de revelaciones e interpretaciones que, además, dejan la situación preparada para futuros sucesos coherentes. Que Asimov remataría en "Fundación y Tierra".

Termino con un detalle elocuente: tras prácticamente 30 años de sequía "fundacional", "Los límites de la Fundación" supusieron algo inesperado para Asimov: por primera y única vez en su carrera, sus miles de seguidores lograron que su nombre figurara en la lista de los libros más vendidos del New York Times (me refiero a listas globales, no específicas de ficción, o ciencia-ficción). Alcanzó el número 3 nada menos, codeándose con los mayores best-sellers de la época, y estuvo casi medio año entre los más vendidos. Él mismo admitió que, a partir de ese momento, tan incuestionable éxito nunca más le permitiría dejar de escribir novelas. Afortunadamente, añado yo.

sábado, 12 de octubre de 2013

Segunda Fundación (1953): Isaac Asimov

Retomo en esta entrada mi reseña de las novelas de la saga de la Fundación que deben ser leídas (en realidad, todas). Le toca el turno a Segunda Fundación, tercera novela por orden de publicación aunque quinta según la cronología de la saga. Al igual que la anterior novela (Fundación e Imperio), está constituida por dos relatos bastante extensos que se publicaron originalmente de manera independiente: "El mulo inicia la búsqueda" y "La búsqueda la Fundación". Queda claro, pues, que el eje argumental de los dos relatos es esencialmente el mismo: la búsqueda de la misteriosa Segunda Fundación, toda vez que los planes trazados por Hari Seldon mediante la psicohistoria se han visto alterados por el impacto que ha tenido en el devenir de la Fundación el ser mutante conocido como "El mulo".

De las tres novelas que conformaban la saga cuando ésta era solamente "el ciclo de Trántor", ésta es sin duda mi favorita. Y de hecho para mí constituye, junto con "Preludio a la Fundación", las dos mejores entregas de la misma, si bien cada una con las particularidades derivadas de la época en las que las escribió Asimov (los años cuarenta y los años ochenta, respectivamente). Tan alta valoración es consecuencia de su calidad argumental, su capacidad para combinar en una misma novela ciencia-ficción y misterio, y su brillantez a la hora de entrelazar y dar coherencia a tantos años de historia novelada. A ello contribuye el que en esta entrega la narración comience en el mismo punto en el que concluyó Fundación e Imperio. Si bien lo que es realmente irreprochable es la perfección con la que encajan todos los acontecimientos: personajes, actividades... incluso frases que en su momento parecen irrelevantes, son aprovechadas posteriormente como parte determinante de la narración. Basta con recordar aquí a modo de ejemplo la frase "en el otro extremo de la galaxia", que da lugar a que la "La búsqueda de la Fundación" concluya con el desenlace más complejo y fascinante que he leído jamás y probablemente leeré jamás (dentro y fuera de la ciencia-ficción).

Ya la primera novela corta cautiva por la ambientación y por el enfrentamiento (no sólo ideológico) entre el general Han Pritcher y el ambicioso Bail Channis, ambos puestos en escena por mediación de El Mulo. Y aunque hay algún que otro pasaje un tanto errático, todo queda olvidado por el soberbio capítulo final. En cuanto a la segunda novela corta, bastante más larga que la primera, arranca tal vez con algo más de indecisión, y hay unos pocos capítulos en los que sobrevuela el fantasma del desencanto. Pero gradualmente el interés va aumentando en la misma proporción que la complejidad de las acciones de los personajes, cautivando así al lector y conduciendo al clímax ya mencionado en el desenlace. Podría detenerme más en las bondades de la misma, pero inevitablemente estaría restando intriga y desvelando siquiera parte de las conspiraciones que guardan sus páginas, así que me he obligado a mí mismo a dejar la reseña así de genérica por si Vd., amigo lector, aún no ha leído esta maravilla.

Únicamente se me ocurren dos elementos criticables a tan fenomenal novela: el primero es que la protagonista de la segunda novela corta sea la adolescente y en ocasiones un tanto infantiloide Arcadia Darrel, lo que le resta un punto de madurez; y el segundo (que es extensivo a los otros dos libros de la trilogía original) es el innegable esquematismo en el desarrollo. En ocasiones parece que Asimov prima la voluntad de síntesis sobre la creación literararia con mayúsculas. Como ya he comentado en otras reseñas de esta saga, en su defensa hay que entender que por aquel entonces la ciencia-ficción era un género incipiente, que esencialmente sólo se publicaba en unas cuantas revistas especializadas, y que su adaptación al formato novelado se produjo durante la década posterior. En todo caso, sirva esta reseña para prevenir al lector de esta pequeña dificultad de la trilogía original para que, conociéndola, le permita adaptarse a ese esquematismo y disfrutarla en toda su extensión. Sin duda lo merece.

sábado, 5 de octubre de 2013

Fundación e Imperio (1952): Isaac Asimov

Prosigo en esta entrada con las novelas que recomiendo leer de la saga de la Fundación, una de las más relevantes de toda la historia de la ciencia-ficción. Es el turno de "Fundación e imperio", segunda novela por orden cronológico, aunque cuarta argumentalmente hablando. Si recuerdan, en mi anterior entrada ("Fundación"), avisaba de los efectos negativos que en la novela causaba su carácter de fix-up de cinco relatos cortos. Pues bien, el mismo argumento pero en sentido inverso basta a mi modo de ver para que la impresión global de "Fundación e imperio" sea muy superior a la de "Fundación": sólo consta de dos historias.

En efecto, la presente novela la constituyen "El general", que relata en algo menos de 80 páginas el enfrentamiento entre la Fundación y el último gran general del todavía poderoso Imperio Galáctico, y "El mulo", una historia mucho más extensa (casi 150 páginas) sobre un mutante de poderes paranormales que logra crear un imperio con los reinos que bordean la Fundación e inicia una guerra contra la misma. Estas dos únicas historias le permiten a Asimov presentar una narración completa y pensada en su conjunto, con unos personajes fijos y un hilo argumental coherente. Por lo cual se puede profundizar un poco más en las circunstancias, los hechos no se suceden tan vertiginosamente como en la novela anterior, y el lector tiene tiempo de adaptarse a los cambios. Además, en esta novela Asimov da un giro argumental magistral (y no inmediatamente perceptible) al cancelar la hasta entonces innegable sensación de "éxito asegurado" que las predicciones de la psicohistoria y los actos derivados de la misma habían tenido. En otras palabras, el aparentemente perfecto plan de Hari Seldon resulta ser en "Fundación e imperio" falible, lo que enriquece sin duda la trama.

No obstante lo anterior, la primera parte tiene cierto regusto a "cuento", en el sentido mas liviano del término: el desarrollo sigue siendo mucho más esquemático que en las dos primeras novelas de la saga, y los personajes no están tan bien caracterizados como en ellas. Es un relato bien planteado, pero hay detalles como la propia resolución que dan la sensación de estar un poco improvisados. En cambio, el segundo relato, probablemente a causa de su mayor longitud, aporta una mayor riqueza argumental y una mejor caracterización de los personajes. Estas son las dos razones principales por las que, poco a poco, el interés del lector va aumentando, al tiempo que el desmoronamiento gradual de la Fundación le hace plantearse qué tiene en mente Asimov para reflotar su historia. Preguntas que se ven fantásticamente respondidas por Asimov en el deselance: ese elemento de misterio, tan habitual a la vez que tan bien guardado por el Buen Doctor, que se conjuga a la perfección con los ingredientes habituales de la space opera para terminar la lectura con una sensación inmediata de haber leído un clásico.

Es cierto que el estilo literario que emplea Asimov en esat novela, principalmente basado en amenas pero largas conversaciones, es ameno pero carece de la calidad literaria que sí reflejan las novelas con las que completó la saga en su última década de vida (piénsese en su defensa que cuando terminó la segunda historia de esta novela tan sólo tenía 25 años). O que a pesar de basarse en unos pilares razonablemente sólidos desde el punto de vista científico (con la formidable psicohistoria a la cabeza) no hay asomo de ordenadores u otros elementos informáticos. Incluso es cuestionable el recurso a los poderes psíquicos que plantea en "El mulo" (y a los cuales seguiría recurriendo para escribir "Segunda Fundación"), si bien estoy convencido de que tales avances serían indudablemente plausibles si la humanidad llegara a durar tanto tiempo como supone Asimov en su creación. Pero no debemos olvidar que cuando estos relatos se publicaron el hábitat natural del género aún eran las revistas pulp, y que por tanto el género apenas había empezado a hacer hueco para la novela, por lo que esos defectos pierden fuerza frente a una trama que sigue siendo original, fresca, sólida, amena y excelentemente resuelta.

Les espero en la revisión de la siguiente novela de la saga.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Fundación (1951). Isaac Asimov

Prosigo en esta entrada con mis reseñas sobre las novelas que merecen la pena de la saga de la "Fundación" (en realidad, todas, si recuerdan mi entrada original sobre las sagas). En esta ocasión le toca a la novela que da título a la saga: fue la primera publicada como tal por el autor, y aquella con la que se iniciaba el conocido como "ciclo de Trántor" cuando la saga era tan sólo una trilogía. Aunque con las novelas que añadió Asimov a la misma en su última década de vida, ahora se sitúa argumentalmente en tercer lugar.

Voy a empezar con una opinión que será poco menos que una blasfemia para muchos de los aficionados al género: para mí "Fundación" es sin duda la novela más floja de la saga. Empleo el término blasfemia porque para la mayoría de los críticos es un hito en la historia de la ciencia-ficción, y además consideran que la trilogía original es la AUTÉNTICA SAGA (con mayúsulas), siendo las cuatro novelas que añadió a posteriori Asimov meros sucedáneos. Como ya he tenido oportunidad de indicar, discrepo completamente de esa interpretación, y así como "Preludio a la Fundación" y "Hacia la Fundación" me parecen novelas contemporáneas que expanden el ciclo de manera necesaria y sin sensación de relleno, "Fundación" es una novela original pero por la que se nota que el tiempo sí ha pasado.

El principal motivo para esta impresión es su carácter de fix-up de relatos: la "Fundación" es una colección de cinco relatos cortos que se publicaron por primera vez en un libro de forma conjunta en 1951. Como sabe el buen aficionado del género, esto era algo muy habitual en las primeras décadas del género. Así, cuatro de las historias ("Los enciclopedistas", "Los alcaldes", "Los comerciantes" y "Los príncipes comerciantes") habían sido ya publicadas entre 1942 y 1944 en el mismo orden cronológico que argumental. Y el quinto relato ("Los psicohistoriadores", que es con el que comienza el libro) fue añadido por Asimov para su recopilación en forma de libro.

Es, sin duda, una estructuración muy rigurosa y característica de su autor, además de adecuada para cubrir más de 200 años de la lejana historia futura ideada por Asimov. Asimismo permite, sin entrar en contradicciones de importancia, reflejar la "evolución" de la primera Fundación. Sin embargo, al condensar tantos avatares en poco más de 200 páginas, los relatos pecan de una excesiva abundancia de personajes un tanto esquemáticos y de situaciones expuestas sin mucho detalle, lo que les resta homogeneidad y dificulta un tanto su disfrute, especialmente al ser yuxtapuestos a las dos novelas anteriores de la saga. Por ejemplo, en el primer relato transcurre en Trántor y su protagonista sigue siendo Hari Seldon como en "Preludio a la Fundación" y "Hacia la Fundación", pero con una superficialidad que dista mucho de la cuidada elaboración con que se nos habían mostrado antes.

No obstante, la novela sigue siendo recomendable porque Asimov consigue que su ciencia de su psicohistoria quede razonablemente bien elaborada, y que las predicciones de Seldon sobre el derrumbe del Imperio Galáctico y la necesidad de establecer fundaciones que contribuyan a acortar el periodo de barbarie posterior aparezcan creíbles e influyentes en el desarrollo de la historia que nos presenta. Además, su habilidad narrativa no sólo facilita la lectura, sino que hace que muchos de los relatos obliguen a "leer entre los acontecimientos" para llegar a las conclusiones correctas, siendo así apreciable la auténtica maestría con la que están resueltos. Es el caso de "Los alcaldes" y, en especial, de "Los príncipes comerciantes", cuya mayor longitud (80 páginas) le ayudan a ser en mi opinión el relato más disfrutable de la novela. Y la magnitud espacial y temporal del Imperio Galáctico sigue siendo uno de los mayores elementos de fascinación, con mención especial para el planeta Términus, al que se trasladan los primeros miembros de la Fundación para empezar a recopilar la imprescindible "Enciclopedia Galáctica" con la que inevitablemente se inician cada uno de los relatos (o partes, según la novela) de toda la saga.

Es interesante, además, reseñar que la segunda Fundación, a la que Asimov dedicó atención preferente durante "Hacia la Fundación" no aparece como eje de ninguno de los relatos de este libro, en lo que a mi modo de ver es más una muestra de que Asimov fue enriqueciendo la saga conforme la fue escribiendo, que un olvido intencionado. Afortunadamente, como veremos en próximas entregas, esa sensación de saga en evolución y no del todo elaborada es exclusiva de esta novela, pues en todas las posteriores la sensación que Asimov traslada al lector es la de un (fascinante) todo perfectamente enlazado.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Hacia la Fundación (1993). Isaac Asimov

Tras el paréntesis vacacional, retorno mi actividad en este humilde blog con una de mis sagas favoritas: "la Fundació"n. Que consta de las siguientes 7 novelas (ordenadas tal y como Asimov esperaba que se leyeran):

1) Preludio a la Fundación (1988)
2) Hacia la Fundación (1993)
3) Fundación (1951, aunque el primer relato que la constituye se publicó en 1942)
4) Fundación e Imperio (1952)
5) Segunda Fundación (1953)
6) Los límites de la Fundación (1982)
7) Fundación y Tierra (1986)

Me parece una saga recomendable de principio a fin; ningún título desmerece al conjunto. Y varios de ellos forman parte de mi lista de novelas favoritas del género. Por esa razón ya reseñé la primera novela de la saga, "Preludio a la Fundación" en este mismo blog. Y por eso comienzo ahora el resto de las reseñas de la saga por "Hacia la Fundación".

Aunque argumentalmente es la segunda novela, inmediatamente anterior a la triología que durante 3 décadas conformó exclusivamente la saga (también llamada el ciclo de Trántor), cronológicamente fue la última en ser escrita por el Buen Doctor. De hecho, se publicó como novela póstuma, al año de su muerte, como un sensacional regalo para sus millones de seguidores en todo el mundo. Tuve la inmensa suerte de que cuando vio la luz en España acababa de terminar la lectura de "Preludio a la Fundación", por lo que fui de los primeros en leerla justo en el orden deseado por el escritor. Y debo decir que la lectura no me decepcionó.

La novela está excelentemente estructurada en cuatro partes ligeramente separadas en el tiempo, y mantiene a Hari Seldon, verdadero alter ego de Asimov, como protagonista absoluto a lo largo de la misma, si bien cada una de las partes recibe el título del principal co-protagonista en ellas: Eto Demerzel, Cleon I, Dors Venabili y Wanda Seldon. Trántor, la capital del Imperio Galáctico (y en mi opinión uno de los lugares más fascinantes de la historia de la ciencia-ficción) sigue siendo el marco escénico en el que se desarrollan los acontecimientos, para regocijo del lector.

La primera parte es una auténtica maravilla sobre los ardides de Eto Demerzel (verdadero poder en la sombra del imperio y en realidad el legendario robot asimoviano R Daneel Olivaw) para facilitar que el desarrollo de los acontecimientos se alinee al máximo con la Ley 0 de la Robótica que rige su comportamiento ("Un robot no puede causar daño a la humanidad o, por inacción, permitir que la humanidad sufra daño."). En manos de un escritor menos talentoso, lo que se narra en esta primera parte hubiera servido para llenar las más de 400 páginas de esta novela, pero aquí los acontecimientos se suceden con tanta agilidad que en apenas 100 páginas Demerzel concluye su función y desaparece misteriosamente.

La segunda parte nos muestra cómo Hari Seldon reemplaza a Demerzel como valido del emperador Cleon I durante sus últimos años de vida. Seldon continúa el desarrollo de su teoría de la psicohistoria, pero le toca vivir en primera persona las evidencias del declive del Imperio Galáctico. Las reflexiones agridulces sobre la pérdida gradual de todo cuanto amamos en la vida se incrementan en la tercera parte, centrada en Dors, la esposa de Seldon, cuya naturaleza no humana se revela finalmente. Así, en la cuarta parte, un anciano Seldon, que también ha perdido a su hijo adoptivo Raych y afronta los últimos años de su vida, se vuelca en su nieta Wanda, quien resulta tener unos poderes mentales que le permiten leer la mente de las personas y en cierta forma empujarlas a hacer algo. Una idea que Asimov desarrollará varias novelas después en "Segunda Fundación".

En "Hacia la Fundación" se pone claramente de manifiesto que varias décadas en el oficio han hecho a Asimov mejor escritor: la caracterización de los personajes principales es muy buena, los párrafos explicativos complementan con mayor vigor sus habituales y amenas conversaciones, la sensación de verosimilitud en la sociedad futura que nos muestra es apabullante y los hallazgos para dotar a su psicohistoria del carácter de verdadera ciencia social, incuestionables. Pero no sólo eso: con "Hacia la Fundación" Asimov da una auténtica exhibición a la hora de atar cabos sueltos y dar coherencia a 50 años de trabajo, emparentando incluso con éxito la saga de "la Fundación" con la de "los Robots". Además, es una acertada visión de la evolución física y mental de un ser humano (Seldon) a lo largo de su vida. Que culmina con un maravilloso epílogo escrito en primera persona por Seldon previa a su fallecimiento, y se cierra con la reseña de la Enciclopedia Galáctica sobre su vida y obra. Una reseña particularmente emotiva, pues es fácil establecer el paralelismo con el propio Asimov y su por entonces inminente muerte.

Es cierto que la última parte pierde algo de fuerza con respecto a las otras tres, hasta el extremo que puede sospecharse que Asimov dejara estructurada esta parte sin llegar a terminarla, y fueran su esposa o su hija quien lo hicieran (o quizá fuera él pero en condiciones de deterioro muy grande). Asimismo, tampoco hay un elemento de intriga que se aclare en el desenlace como es costumbre en muchas de las obras del Buen Doctor. Por eso y por algún otro pequeño detalle en mi opinión esta novela no llega a las excelencias de "Preludio a la Fundación", pero se queda sólo un escalón por debajo, y facilita en gran medida la comprensión y el disfrute del resto de las novelas de la saga. Así que no se la pierdan.

lunes, 22 de julio de 2013

Las sagas en la ciencia-ficción

Tras haber intentado dar en las entradas anteriores unas pinceladas sobre los relatos dentro del género de ciencia-ficción, en esta entrada y en las posteriores pretendo revisar con cierto detalle una de las expresiones más características del mismo: las sagas. Por sagas me refiero a una serie de al menos dos novelas que comparten no sólo una ambientación y un marco histórico común, sino también un marcado carácter de continuidad argumental entre las mismas. Como en toda definición, puede que haya obras de escritores que no se circunscriban estrictamente dentro de la misma, pero creo que las dos sagas que ilustran esta entrada ("Dune" y "La Fundación") son suficientemente elocuentes de a qué me refiero.

Probablemente la razón por la que la cual las sagas sean tan comunes en la ciencia-ficción sea por la propia complejidad del género. Y es que crear un marco científicamente plausible que permita especular sobre el devenir de la humanidad o de otras especies en tiempos futuos (o alternativos) a partir de un seleccionado elenco de personajes es una tarea tan compleja que, una vez llevada a buen puerto, el escritor de ciencia-ficción puede caer en la cuenta de que su creación le permite desarrollar otras historias tanto o más apasionantes. Historias que guardarán relación más o menos directa con la primegina, pero que se benificiará de los parámetros de la novela original.

Abundan los críticos que son detractores del concepto de saga. Interpretan que un escritor recurre a las sagas por dos razones principales: por estancamiento creativo o por fines crematísticos. Evidentemente es más fácil partir de un universo ya creado que volver a crear otro a partir de premisas diferentes. Y evidentemente es más fácil aprovechar el tirón comercial creado por una novela de éxito escribiendo una secuela/precuela que exponerse al rechazo del público con una creación completamente original. Pero siendo ciertos ambos argumentos, hay muchos escritores en el género que han conseguido, además, enriquecer lo suficiente su novela original mediante su transformación en saga, dando lugar a un universo con vida propia, capaz de perdurar en el tiempo incluso a su creador.

Teniendo en cuenta lo anterior, mi acercamiento a las sagas en la ciencia-ficción va a intentar resaltar lo mejor de su aportación. Para ello, voy a presentar las que en mi opinión son las 20 sagas más relevantes para el lector en español, pero no voy a reseñar con vocación enciclopédica todas y cada una de las novelas (y en algunos casos, incluso relatos) que las componen, sino solamente aquellas que en mi humilde opinión merezcan la pena ser leídas. Y es que el tiempo del lector de ciencia-ficción es escaso, y mejor que lo dedique a una buena obra original que a la enésima entrega de una saga innecesariamente alargada.

A continución figura la lista de sagas que voy a revisar en mis próximas entradas, ordenadas cronológicamente:

Isaac Asimov - La Fundación (1942 - 1993)

Alfred E. Van Vogt - Saga de Los No-A (1945 - 1984)

Isaac Asimov - El imperio (1950 - 1952)

Frederik Pohl - Saga de los Mercaderes (1952 - 1984)

Isaac Asimov - Los robots (1954 - 1985)

Walter M. Miller Jr. - San Leibowitz (1960 - 1997)

Frank Herbert - Las crónicas de Dune (1966 - 1985)

Larry Niven - Saga de Mundo Anillo (1970 - 2004)

Philip José Farmer - El Mundo del Río (1971 - 1983)

Larry Niven y Jerry Pournelle - Saga de los pajeños (1974 - 1993)

Gregory Benford - Saga del Centro Galáctico (1976 - 1995)

Frederik Pohl - Saga de los heechee (1977 - 1990)

Robert L. Forward - Saga de los Cheela (1980 - 1985)

Joe Haldeman - Trilogía de los Mundos (1981 - 1992)

Vernor Vinge - Saga de las burbujas (1984 - 1986)

Dan Simmons - Los cantos de Hyperion (1989 - 1997)

Nancy Kress - Saga de los Insomnes (1991 - 1996)

Kim Stanley Robinson - Marte rojo (1992 - 1996)

Jack McDevitt - Saga de Las Máquinas de Dios (1994 - 2013)

Gregory Benford, Greg Bear, David Brin - Segunda trilogía de la Fundación (1997 - 1999)

John Scalzi - Saga de La Vieja Guardia (2005 - 2015)

Es una lista muy representativa, pues cubre casi 70 años de sagas. Como decía, dedicaré una entrada para cada una de las novelas que según mi punto de vista merezca leer de las mismas. Y dado que en algunos casos ya las he reseñado, añadiré un hiper-enlace a la entrada original, para facilitarle el acceso mi revisión integral de la saga. Así que espero que Vd. me acompañe a descubrir muchos de los universos más fascinantes del género.

domingo, 7 de julio de 2013

Visiones peligrosas (III) (1967): Harlan Ellison

Procedo con la presente entrada a completar la revisión de "Visiones peligrosas", ocupándome en esta oportunidad del tercer volumen de la que en mi opinión sigue siendo la mejor antología de relatos para dar a conocer este formato literario al lector de ciencia-ficción. Volumen que comienza con una nueva introducción de Harlan Elison, redactada casi tres años después de la primera edición de la antología, y en la que con su falsa modestia característica no sólo glosa las virtudes de la antología y su esperado éxito, sino que aprovecha para anticipar que ya está trabajando en una nueva recopilación de "visiones peligrosas", anticipándonos algunos de los escritores que iban a formar parte de ella y atreviéndose a afirmar que "la próxima vez no vamos a ir en busca de una simple revolución; vamos a cambiar el rostro entero del género". Dicha antología, por cierto, se publicó finalmente en 1972 bajo el título de "Again, dangerous visions" y sigue aún inédita en español.

El volumen consta de nada menos que catorce relatos (más que cualquiera de las dos entregas anteriores), de los cuales siete corresponden a grandes escritores del género. Comenzando por el para mí sobrevalorado Theodore Sturgeon, que con "Si todos los hombres fueran hermanos, ¿dejarías que alguno se casara con tu hermana?" retornó a la ciencia-ficción tras varios años de inactividad. Un relato bien escrito, polémico, pero previsible en su contenido, inverosímil y demasiado largo. Siguiendo por R. A. Lafferty, que en "La Región de los Grandes Caballos" nos ofrece un relato sin cohesión, ni un auténtico desenlace, y del que sólo se salva la reflexión principal. Aunque tampoco es que J. G. Ballard mejore el nivel con "El reconocimiento", un relato que se inscribe sin dificultad en su característico estilo, bien narrado y con una buena atmósfera pero decepcionante y de confuso final.

Pudiera parecer por lo anterior que los escritores consagrados no estuvieron a la altura esperada en este tercer volumen, pero hubo excepciones. Por ejemplo, John Brunner, que en "Judas" propuso una idea bastante inverosímil, pero original, bien escrita y mejor terminada. O el incorregible Norman Spinrad, que nos ofrece un relato de título inquietante ("Ángeles del carcinoma") y contenido marca de la casa (hiperbólico, excesivo, cautivador, ingenioso). O el desconcertante Roger Zelazny, que con "Auto-da-fe" logra sin duda la visión más original de toda la antología, una "corrida de autos" (en vez de toros), tan imposible como bien caracterizada y reflexiva. Aunque Samuel R. Delany no mantuvo el tipo en la historia que cierra la antología, un "Por siempre y Gomorra" bien narrado, pero inverosímil y de desenlace decepcionante.

En cuanto a los escritores poco conocidos en español, para mí la palma se la lleva John T. Sladek: "La raza feliz" es con diferencia el mejor relato del volumen, una brillante utopía sobre un futuro en el que los seres humanos son dependientes de las máquinas, narrada con habilidad y bien rematada. A un nivel algo inferior pero aún apreciable se sitúa "Encuentro con un rústico", de Jonathan Brand, una visión provocativa, directa y proclive a la reflexión, aunque en exceso inverosímil. Y un escalón por debajo pero aún en un buen nivel estaría "Corre, corre, corre, dijo el pájaro", de Sonya Dorman, un relato trepidante, replato de información pero un tanto simple.

Las cuatro visiones restantes de los escritores poco conocidos son más o menos prescindibles. La peor es indudablemente "Prueba para la destrucción", de Keith Laumer, una historia científicamente muy floja, reiterativa, con mucha acción mal digerida y sólo un par de buenas reflexiones. No es mucho mejor "¿Qué le ocurrió a Auguste Clarot?" de Larry Eisenberg, que para mí al menos no cumple los requisitos para considerarse siquiera un relato de ciencia-ficción, tan sólo una visión irreal e histriónica (aunque afortunadamente corta). Y en el límite de lo correcto se encuentran "Ersatz", de Henry Slesar, una historia rica en contenido para su corta duración pero con un final totalmente decepcionante, y "Desde la imprenta oficial del gobierno", de Kris Neville, fallida argumentalmente aunque con algunas interesantes reflexiones sobre las personas adultas.

Con esto termino mi reseña de "Visiones peligrosas". Como habrán podido comprobar si han llegado hasta aquí, a pesar de haber transcurrido casi medio siglo contienen más de una docena de relatos absolutamente recomendables y que permiten obtener una panorámica amplia de lo rico que puede llegar a ser el género de ciencia-ficción incluso en el formato relato. Espero que disfruten con su lectura y que ello les anime a profundizar en otras antologías de relatos. Les espero en mi próxima entrada.

domingo, 2 de junio de 2013

Visiones peligrosas II (1967): Harlan Ellison

Prosigo en esta entrada con la revisión de "Visiones peligrosas", la en mi opinión más relevante e influyente antología de relatos de la historia de la ciencia-ficción. Recopiladas por el transgresor Harlan Ellison en 1967, casi 50 años después siguen en su mayoría vigentes en su forma y en su contenido.

En esta entrada hablaré del segundo de los tres volúmenes en los que se fraccionó en su edición en español. Y que para mi gusto es el de mayor calidad. Se trata de 11 relatos, con un nuevo prólogo de Ellison escrito en 1969, que en esta ocasión ya no se limita a anticipar la revolución que en la primera entrega auguraba iba a suponer su publicación, sino que reflexiona sobre lo acertado de sus previsiones con una frase lapidaria: "hemos conseguido finalmente esa revolución". Además, nos descubre cómo "el libro abrió la puerta, con su popularidad y controversia, a todo un torrente de antologías originales, con la intención de eludir las estrecheces de miras de muchos directores de revistas de ciencia-ficción". Aparte de mencionar el orgullo con el que todos los escritores que participaron se referían a su colaboración en este proyecto.

Entre los 11 escritores de este segundo volumen se incluyeb 5 autores clásicos del género y 6 nombres menos conocidos por el lector de ciencia-ficción en español. De los conocidos, el primero que nos encontramos es el carismático Philip K. Dick, un autor capaz de desenvolverse también en los relatos como en las novelas, que en "La fe de nuestros padres" proporciona uno de los mejores momentos de la antología, partiendo de un mundo en el que los países de más allá del Telón de Acero han ganado la guerra fría y el Partido controla todos los aspectos de la vida de sus ciudadanos. Un relato irreal, onírico, con su sello personal y, sobre todo, inquietante. Al que sigue el que a mi modo de ver es el mejor relato de la antología: en "El rompecabezas humano" el por entonces jovencísimo Larry Niven anticipa con una precisión escalofriante las implicaciones más sórdidas del tráfico de órganos, planteando una sociedad en la que a los condenados a muerte se les obliga a donar todos sus órganos como manera de compensar la deuda supuestamente contraída con la sociedad.

A continuación figura la aportación de otro clásico del género, el injustamente olvidado Fritz Leiber. "Voy a probar suerte" recibió los premios Hugo y Nébula al año siguiente de su publicación, premios en mi opinión un tanto gratuitos, pues es un relato sensiblemente inferior a los dos anteriores cuya mejor virtud es su cautivante atmósfera. El sexto relato es "Eutopía" de Poul Anderson, otro de los grandes momentos de esta entrega, en la cual el autor mezcla con éxito los conceptos de ucronía y universos paralelos, en un relato difícil a veces pero cautivador. Y el que cierra la antología es el que firma el quinto escritor clásico: Damon Knight ofrece en "¿Cantará el polvo tus alabanzas?" una visión irregular, pero sin duda la más peligrosa del volumen.

En cuanto a los escritores menos conocidos, Howard Rodman abre la antología con "El hombre que fue a la luna... dos veces", uno de los relatos más flojos de esta segunda entrega, infantil y un tanto endeble. Joe L. Hensley aporta el quinto relato, "El Señor Randy, mi hijo", un cuento con demasiados saltos y sólo algunos retazos de calidad. David R. Bunch contribuye con dos relatos dispuestos consecutivamente: "Incidente en Moderan", el séptimo relato de la entrega, es sin duda el peor, totalmente disparatado y carente de sentido. Aunque apenas nada mejor se puede decir de "La escapada", también rozando el absurdo. Afortunadamente el siguiente relato, "La casa de muñecas", de James Cross (un escritor ajeno al ámbito de la ciencia-ficción) es la sorpresa de la entrega, una interesante actualización de un mito antiguo, desde luego poco científica pero absorbente y muy bien escrita. Y Carol Emshwhiller aporta la visión femenina en "El sexo y/o el Señor Morrison", un relato extraño y carente de ciencia pero atrevido en cuanto al tratamiento del sexo.

En suma, cuatro relatos maravillosos y otros cuatro inferiores pero de un nivel más que aceptable para los parámetros del género hacen de esta entrega una lectura recomendable. Les espero en mi revisión del tercer volumen de la antología.

domingo, 26 de mayo de 2013

Visiones peligrosas I (1967): Harlan Ellison

Como ya anticipaba en mi anterior entrada, "Visiones peligrosas" es probablemente la antología más famosa del género. Por un doble motivo: en primer lugar, por cuándo se concibió; y en segundo lugar, por su contenido. Lo intentaré explicar en los siguientes párrafos.

Cuando se concibió en 1966 habían transcurrido 40 años desde la aparición de la primera revista del género, y casi 30 desde que John W. Campbell había establecido los parámetros básicos del género. Que por aquel entonces ya estaba consolidado, pero que empezaba a mostrar una tendencia al conservadurismo impropia de un ámbito tan fértil, en especial en editores y directores de revistas. En respuesta a ello estaba surgiendo la para mí irregular "New Wave". Pero no era el único intento por renovar el género. El joven Harlan Ellison llevaba por aquel entonces 10 años en el género, granjeándose una justa fama de niño terrible, e instigado por mi admirado Robert Silverberg acometió una tarea que iba a desencadenar una auténtica revolución: la novedosa tarea de solicitar a los escritores menos encasillados del género relatos que nunca antes hubieran sido publicados (bien por el rechazo de los editores, bien por haber sido escritas a propósito para esta antología), y recopilarlos en tapa dura como muestra de lo mucho que todavía podía dar de sí el género. En palabras del propio Ellison "pretendía ser un cuadro de los nuevos estilos de literatura, osados lanzamientos, pensamientos poco populares". Cuando ya estuvo lista, Ellison aprovechó para denunciar en su jugosa introducción cómo la "ficción especulativa" (el término es suyo) estaba siendo absorbida por la literatura mainstream por sus enormes posibilidades, pero sin embargo dentro del género parecía haber llegado a un callejón sin salida y animaba al escritor del género: "Elimina todas las barreras, no te dejes frenar con nada, ¡di lo que tengas que decir!".

El resultado de esta tarea fue una antología de 32 relatos, repartidos en tres volúmenes, de los cuales hoy pretendo descubrirles los momentos de mayor calidad del primero. Que al incluir dos prólogos y una introducción, sólo está compuesto por ocho visiones, con sus correspondientes reseñas por parte de Ellison y del propio escritor.

Además de la introducción a la que ya he aludido, este volumen contiene dos prólogos firmados por Isaac Asimov. Ellison pidió al Buen Doctor una visión peligrosa para su inclusión en la antología, pero consciente del cambio que se estaba produciendo y de las implicaciones que acarrearía, Asimov aclaraba: "cualquier historia que yo escribiera iba a dar la nota falsa. Sería demasiado solemne, demasiado respetable y, por decirlo claramente, demasiado conservadora. Así que en vez de ello acepté escribir una introducción: una solemne, respetable y completamente conservadora introducción". En la cual no obstante aprovechó para referirse al cambio que se estaba produciendo como la "Segunda Revolución" del género y para dar las razones que en su opinión estaban dando lugar al mismo. El segundo prólogo, mucho más breve, es típicamente asimoviano: una mordaz e ingeniosa reseña sobre Harlan Ellison, replicada por el propio Ellison a pie de página.

Y en cuanto al contenido, esta primera parte alberga relatos de cinco escritores clásicos del género, una broma a dos bandas en la que también participa Ellison como escritor, y otro relato irrelevante de la para mí desconocida Miriam Allen deFord. Lester del Rey, Robert Silverberg y Philip José Farmer contribuyen con visiones ciertamente peligrosas pero no del todo inspiradas: del Rey abre boca con un relato bien construido, alegórico, pero demasiado previsible; Silverberg, que para mi gusto está más cómodo en la novela que en el relato, aporta una historia con su sello personal pero injustificadamente cruel; y Farmer vuelve a su defecto más habitual: antepone el escándalo a la calidad, con un relato muy largo (más de 60 páginas), complejo, provocador, pero falto de estructura y fondo, y realmente difícil de leer.

Usar a un personaje como Jack el Destripador no parece una buena idea para un relato de ciencia-ficción, pero es lo que hace con corrección Robert Bloch y es con lo que corresponde a un nivel inferior Harlan Ellison, en sendos relatos de los que lo más interesante es en mi opinión la descripción del proceso que dio lugar a los mismos.

Obviamente me he reservado para el final los dos mejores relatos de la antología, que no sólo cumplen con su premisa de visión peligrosa, sino que para mi gusto son dignos de figurar en cualquier selección de relatos de género. "El día siguiente a la llegada de los marcianos" muestra por qué Frederik Pohl ha sido uno de los referentes del género durante tantas décadas de actividad: el sugerente título anticipa un relato originalmente ambientado, distendido, pero hirientemente moralizante. Y el que cierra este primer volumen es sin duda el mejor: "La noche en que todo el tiempo escapó", del británico Brian W. Aldiss, toca uno de los conceptos de los que más y mejor se ha ocupado la ciencia-ficción, el tiempo, pero de una forma inverosímil, a la vez que cautivadora y bien escrita y estructurada. Les animo a disfrutar con él, y les emplazo a mi revisión del segundo volumen de estas visiones peligrosas.

domingo, 19 de mayo de 2013

Los relatos en la literatura de ciencia-ficción

En los casi dos años de trayectoria de este humilde blog apenas he dedicado atención al relato como forma de narración. Y es que el peso de la novela en toda la literatura es desde hace casi 200 años inmenso, hasta el extremo de que los términos libro y novela se han convertido en sinónimos. Incluso en el género de la ciencia-ficción. Y empleo el adverbio incluso a propósito, porque conviene recordar que la ciencia-ficción surgió casi exclusivamente bajo la forma narrativa de relatos: durante los años 20 y 30 del siglo pasado aparecieron en los E.E.U.U. las primeras revistas de ciencia-ficción, cuyo contenido era en esencia relatos de los autores que empezaban a labrarse un nombre en el género. Hugo Gernsback (del cual los premios Hugo toman su nombre) fundó en 1926 Amazing Stories, y en esa revista publicaron su primer relato autores tan determinantes para el género como Isaac Asimov, Ursula K. LeGuin o Thomas Disch. Menos de cuatro años después surgió Astounding Science-Fiction, que bajo la dirección del legendario John W. Campbell cambió la orientación del género, eliminando su vertiente pulp y exigiendo el respeto por la vertiente científica. Y el resto es ya es parte de la historia de este maravilloso género.

A partir de los años 40 y sobre todo de los 50 la novela empezó a competir con el relato como forma de narración del género. Pero probablemente a causa de esta evolución histórica, durante las décadas siguientes se siguió considerando al relato el vehículo más adecuado para extraer lo mejor del género: la facilidad para crear y ambientar una breve viñeta de lo que puede depararnos el futuro, y la posibilidad de dar a dicha viñeta una reflexión aplicable a nuestra sociedad actual, parecía inalcanzable para el formato novelado, con unas mayores restricciones en cuanto a elaboración de una trama, caracterización de unos personajes, justificación del componente científico, etc. No faltaban, además, los escritores que habían cultivado el relato con asiduidad, por lo que abundaban las historias de reconocido prestigio.

Sin embargo, en los últimos 30 años el influjo de la novela se ha hecho irresistible, y el relato ha quedado arrinconado como una forma de expresión menor, algo así como un laboratorio donde los escritores noveles puedan perfeccionar sus habilidades, o un entretenimiento para escritores consagrados que necesitan oxigenarse entre novela y novela. Con lo cual muchos de los actuales aficionados al género apenas han tenido contacto alguno con los relatos. Y las propias revistas de ciencia-ficción han tenido que recurrir cada vez más frecuentemente a presentar en sus páginas novelas serializadas por capítulos, previamente a su publicación "oficial" en "tapa dura".

Comparto hasta cierto punto este arrinconamiento del relato por las mayores posibilidades creativas de la novela, que para mí son innegables. Hasta el punto de que ninguno de los relatos que he leído jamás me ha satisfecho, por ejemplo, al mismo nivel que cualquiera de los títulos de mi lista de novelas personalísimamente favoritas. Sin embargo, me parece que el buen aficionado al género no debe renunciar de antemano a conocer siquiera someramente algunos de los relatos que han conformado la historia del mismo. Es cierto que intentar acercarse al relato es más complicado, por la ingente cantidad de obras publicadas y la dificultad de encontrar entre ellas aquellas tendencias o corrientes que más puedan ser de nuestro gusto. Algunos optan por iniciarse recurriendo a recopilaciones de relatos de sus autores predilectos (caso por ejemplo de Isaac Asimov o Philip K. Dick); otros por antologías con un eje o temática común, y muchas veces elaboradas por un antologista de prestigio (por ejemplo Robert Silverberg u Orson Scott Card).

En mi caso voy a optar por una tercera vía para intentar descubrir al lector en español lo que pueden dar de sí los relatos de ciencia-ficción: voy a revisar en mis próximas tres entradas las "Visiones peligrosas" de Harlan Ellison. Que es posiblemente la recopilación de relatos más famosa de la historia del género. Y que además no fue una antología al uso, sino una recopilación de relatos que nunca antes habían sido publicados, y que Ellison seleccionó para formar parte de esta antología bajo criterios muy específicos. Debo anticiparles que no todos los relatos de "Visiones peligrosas" rayan a la misma altura, pero sí que hay un número suficiente de relatos reseñables para intentar atraer a algunos lectores al ámbito de los relatos. O al menos es lo que yo pienso, así que les espero en mi próxima entrada.

domingo, 5 de mayo de 2013

Cielos reflejados (2008). David J. Williams

El decimoquinto y último título en mi lista de novelas decepcionantes es "Cielos reflejados", del británico David J. Williams. Que no sólo es casualmente el más decepcionante de todas las novelas de la lista, sino que para mí es con diferencia la peor novela de ciencia-ficción que he leído jamás: deslavazada, confusa, extenuantemente larga, repleta de vulgarismos y con abundantes episodios reiterativos. Veamos las causas.

Es posible que David J. Williams no les resulte un nombre conocido ni siquiera a los seguidores habituales de la literatura de ciencia-ficción. "Cielos reflejados" fue la novela con la debutó hace tan sólo un lustro. Me animé a adquirirla tras esta prometedora reseña de mi admirado Stephen Baxter en la portada: "Un cyberthriller rompedor. Es como si Tom Clancy se mezclase con Bruce Sterling". Es decir, que ya esperaba un futuro cercano con ambientación cyberpunk (un subgénero que no venero especialmente), aderazada con frecuentes episodios de acción. Pero estas coordenadas exceden con mucho la cruda realidad de esta novela. Que se pone de manifiesto desde la primera página.

Y es que dentro de un conjunto más que mediocre, la primera parte en especial es flojísima: no se introducen los personajes, no se explica la situación al lector (de hecho, cuesta un esfuerzo notable entender que todo gira en torno al Elevador Espacial, un concepto habitual en el género desde que en los 70 lo presentó Charles Sheffield), se suceden los pasajes de violencia extrema sin ninguna hilazón... Y lo peor es que cuando esta parte acaba uno se da cuenta de que ni siquiera era necesaria para lo que se va a narrar a continuación.

Ante semejante despropósito es imposible que la novela no mejore en las demás partes. Y lo hace, pero muy poco: al menos hay tres grupos de protagonistas definidos, tres marcos escénicos concretos, algún capítulo en el que Williams intenta que el lector se sitúe... Pero poco más: violencia extrema, armaduras con tal cantidad de recursos que ni McGuiver daría crédito, grupos de interés que apenas se esbozan, un lenguaje vulgar... Sólo al final Williams parece dar al fin con la tecla correcta, y hay unos cuantos episodios de acción "aceptables".

Pero al acabar la lectura vuelven las inquietantes preguntas: ¿Para qué eran necesarios tantos grupos protagonistas? ¿Qué ha sucedido con la Lluvia? ¿Con el Trono? ¿Con la Tercera Guerra Mundial? Y la más preocupante de todas: ¿Cómo es posible que un libro así se traduzca tan prontamente al español?. Sólo se me ocurre una respuesta: "Cielos reflejados" ha resultado ser la primera parte de una trilogía denominada "Autumn Rain" (also así como lluvia otoñal), y hasta donde me consta nadie se ha animado a traducir las dos restantes novelas de la misma. No me extraña.

Y un consejo, por si a pesar de esta reseña Vds. se animan a leerla: por una vez, lean minuciosamente la sinopsis de la contraportada, continúen por el apéndice cronológico situado al final del libro, e incluso intenten localizar en internet una buena sinopsis del argumento. Sólo entonces den comienzo a la lectura. Creo sinceramente que es la única forma de afrontar esta novela con alguna esperanza de disfrute.

domingo, 21 de abril de 2013

Al final del arco iris (2006). Vernor Vinge

El siguiente título en mi lista de novelas decepcionantes es "Al final del arco iris", del estadounidense Vernor Vinge. Estuve tentado de seleccionar alguna otra novela suya para esta lista, pues debo reconocer que a pesar de tratarse de un escritor poco prolífico había varias candidatas. Pero opté por esta porque, por razones para mí totalmente incomprensibles, se alzó con el Premio Hugo del año 2007. Y es que, a pesar de que Vinge tiene todo a favor para formar parte de mi elenco de escritores favoritos (científico profesional, tramas de aventuras, sólido conocimiento del género, toques hard), siempre me sucede lo mismo con sus novelas: por mucho que las ensalce Miquel Barceló, o por muchos premios que reciban, a mí me decepcionan inevitablemente. Pero con "Al final del Arco iris" (de manera más acentuada que por ejemplo con "La guerra de la paz" o "Naufragio en el tiempo real") me aburrí con frecuencia, y a menudo tuve que resistir la tentación de abandonar la lectura.

Y es que el concepto de Epifanía (una informática vestible que permite a los jóvenes de nuestro futuro cercano crear unas realidades paralelas sólo visible con unas lentillas especiales y perceptibles sólo con ropa especialmente diseñada para ello) puede ser original y hasta premonitorio, pero desde mi punto de vista nunca puede ser el pilar sobre el que se sustente una novela de nada menos que 400 páginas. Y menos aún cuando toda la trama se antoja poco más que una mera excusa para que Vinge exhiba todos sus gadgets e inserte todas sus reflexiones (en especial sobre la Singularidad Tecnológica, según la cual la creación de inteligencias artificiales más capaces que las humanas, y su posterior evolución conduciría a una "singularidad" en el desarrollo tecnológico, de consecuencias inimaginables). Puede que la humanidad se esté encaminando hacia eso, pero para eso hubiera sido mejor que escribiera un ensayo, la verdad.

Porque no hay más que fijarse en el elenco de personajes, más propio en mi opinión de un cómic de fantasía: Robert Gu, el protagonista absoluto, es un anciano que padecía Alzheimer, recibió un tratamiento experimental al borde de la muerte que lo recuperó (de manera poco convincente) no sólo mentalmente sino con un cuerpo rejuvenecido y un aspecto preadolescente; el Señor Conejo (una especie de hacker social y superespía internacional de trazos netamente infantiles); la repelente adolescente Miri, y un grupo auxiliar realmente naif: Alfred, Winston, Keiko... Personajes directamente planos, cuando no inconsistentes o, peor aún, increíbles. Y con motivaciones poco comprensibles, de suerte que el lector nunca tiene claro hacia dónde se dirige la novela, ni, lo que es peor, la razón para pasar las páginas.

Así que todo confluye en un supuesto complot de alcance mundial que en realidad queda reducido al enfrentamiento en la biblioteca de la universidad de San Diego (la “secuenciación” destructiva de las bibliotecas está en el núcleo del conflicto virtual ideado por Vinge): un inverosímil combate entre los "Hacek" y los "Scoochis", adornado con las intrigas de un grupo de bibliotecarios y los autoengaños (si llegan a leer la novela me entenderán) de Alfred. Y encima con una técnica literaria discutible, rica en vulgarismos, de escasa profundidad y carente de cualquier detalle de calidad.

En suma, poco más de una enumeración del estado del arte de internet y un puñado de ideas que puede que en treinta años logren que esta obra se convierta en un referente por todo lo que anticipó (al estilo de la también decepcionante Neuromante). Pero hasta entonces, mi consejo es que se ahorren su lectura.

domingo, 14 de abril de 2013

El torreón del cosmonauta (2000). Ken MacLeod

El siguiente título dentro de mi lista de novelas decepcionantes es "El Torreón del Cosmonauta". Cuando debutó hace cerca de dos décadas, el británico Ken MacLeod se presentaba como un tercer miembro de pleno derecho de la nueva hornada de escritores británicos capitaneada por Stephen Baxter y Iain M. Banks. Me imagino que bajo esa premisa la colección Solaris Ficción de La Factoría de Ideas se animó a editar en el año 2.002 esta novela, su más conocida y reputada hasta entonces. Desgraciadamente lo que me encontré distaba mucho de esas expectativas: un escritor limitado técnicamente que nos presenta dos líneas narrativas: una "actual", confusa y fría, y otra futura, también confusa y sólo ligeramente más interesante.

El texto de la contraportada de la edición de la Factoría de Ideas influye negativamente en esas expectativas (y no sólo por su cuestionable nominación a los premios Hugo): sus referencias a una sociedad comunista y a las intrigas tecnológicas parecen anticipar una novela con un considerable contenido distópico, a la vez que llena de aventuras. Pero ya desde el fantasioso prólogo (ni releyéndolo tras completar la lectura le veo necesidad o sentido) el lector se encuentra algo completamente diferente: una sociedad futura (de la que la contraportada nada había dicho), con una clara reminiscencia medieval, también confusa en cuanto a los planetas y ciudades que la constituyen y a su jerarquía, e incluso ambigua respecto al rol de los seres que la habitan (humanos, saurios, gigantes, kraken, ¿dioses?). En suma, un panorama radicalmente diferente del previsto.

Mantener la atención en dos líneas narrativas aparentemente independientes y que convergen poco a poco requiere más talento que la obviedad de repetir los mismos apellidos en ambas. Y desgraciadamente MacLeod carece de ese don, por mucho que nos intente engañar recurriendo a la primera persona para la línea del siglo XXI y a la tercera para la futura. Además, el comienzo es muy lento, y el escritor fracasa a la hora de poner en situación al lector en un plazo razonable, impidiéndole así disfrutar aunque sea mínimamente de la lectura hasta casi la mitad de la novela. Con el agravante, además, de que le irrita una y otra vez con su nocivo hábito de interrumpir cualquier diálogo de más de dos frases para proporcionar minuciosos detalles descriptivos que nada aportan. Y con un lenguaje que en ocasiones peca del abuso de adjetivos inconcebibles y en otras de un lenguaje soez, repleto de vulgarismos innecesarios.

Otros aspectos que en nada favorecieron mi impresión final son la recurrente referencia a conceptos y tecnicismos que se suponen de rabiosa actualidad (muy en la línea cyberpunk) pero que es fácil notar que el escritor no domina; la ausencia casi absoluta de cualquier reflexión sobre la condición humana, la vida en general, incluso la filosofía de la sociedad futura o la política de la sociedad comunista "contemporánea"; y un desenlace precipitado, en el que cuando por fin el lector piensa que comienza a entender qué está pasando, se saca de la manga muy forzadamente que toda la intriga planteada ha sido poco más que una pantomina.

Y entre tantas taras, ¿algo bueno que reseñar? Bueno, si el lector pone de su parte y no cede a la tentación de abandonar la lectura, se topará con un par de capítulos entretenidos (el viaje desde Nevada al asteroide y desde Kyohvic a Ciudad Saurio Uno), e intentará corroborar la previsible forma en la que ambas líneas narrativas convergen al final. Eso sí, para desesperarse por el injustificable mutismo sobre los saurios, el porqué de la repentina importancia de los primeros tripulantes , o los ingenuos y repetitivos triángulos amorosos Gregor-Lydia-Elizabeth, Math-Jadey-Camila.

Al concluir la lectura descubrí que "El Torreón del Cosmonauta" pasó a conformar con los años la primera parte de una serie denominada "The engines of light". Serie que no me he animado a seguir leyendo, teniendo en cuenta todos los aspectos negativos ya reseñados. Y probablemente no fui el único lector que decidió lo mismo, pues las siguientes novelas de la serie permanecen aún inéditas en español.