sábado, 30 de junio de 2012

Miquel Barceló (No confundar con el artista, por favor)

Pues sí, no me refiero al controvertido pintor Mallorquí, sino al Miquel Barceló especializado en el género de la ciencia ficción en sus múltiples facetas de editor, traductor y escritor (por orden de importancia). Es la primera entrada que dedico en este blog a una persona nacida en España, pero considero que está totalmente justificada, pues en mi humilde opinión es la figura que de manera más decisiva ha contribuido a la difusión de la ciencia-ficción en nuestro país, y por ende, en toda hispanoamérica.

Ingeniero Aeronáutico por la Universidad Politécnica de Madrid y diplomado en Ingeniería Nuclear por la Junta de Energía Nuclear de Madrid, Barceló incorporó estos vastos conocimientos técnicos y científicos de primer nivel a su afición por la literatura, convirtiéndose con los años en todo un experto en lo que él gusta en denominar el "guetto" de la ciencia-ficción. Hasta el extremo que fue el primer miembro español de la SFWA (Sociedad Norteamericana de Escritores de Ciencia-Ficción). Pero lo que realmente le ha granjeado el reconocimiento de esta entrada ha sido su constante labor como editor.

En los primeros tiempos, del extinto fanzine "Kandama", en el que ya empezó a incorporar al género enfoques no vistos hasta entonces en nuestro país. Pero sobre todo a partir de su labor en ediciones B, donde ha dirigido durante muchos años la colección NOVA-ciencia ficción, especializada en relatos y novelas de ciencia-ficción. Aparte de prologar los libros que edita en esta colección con un artículo introductorio francamente interesante, su verdadera relevancia se explica gracias a la selección de títulos editados. De hecho, varios títulos de mi lista de 15 títulos imprescindibles para entender el género ("La nube negra" de Fred Hoyle, "Huevo del dragón" de Robert L. Forward, "Las torres del olvido" de George Turner) habían permanecido inéditos en español hasta que él, con gran acierto, se animó a hacerlo. Además, fue el introductor de otros nombres del género que, sin tener tan alta calidad como los citados, sí que se han convertido en autenticos best-sellers en España (Orson Scott Card, George R.R. Martin).

De hecho, el éxito continuado de Barceló como editor le permitió instaurar los que durante muchos años fueron los galardones de ciencia-ficción más relevantes en España: los Premios UPC (Universidad Politécnica de Cataluña). Que no sólo reconocieron a autores españoles, sino que gracias a su difusión y prestigio recibieron y premieron obras originales de escritores contemporáneos de primer nivel, como Robert J. Sawyer.

Pero si debemos quedarnos con un único hito en su trayectoria, ese es sin duda su ensayo "Ciencia Ficción. Guía de lectura". Publicado en 1990, es para el lector español la auténtica obra de referencia del género: centrada solamente en las colecciones patrias, en los libros del género que pueden encontrarse en nuestras librerías, y añadiendo a su exhaustivo recorrido por los escritores internacionales una buena revisión de los escritores españoles, es sin ningún género de dudas un libro imprescindible para todos los aficionados al género de habla hispana.

Tuve la suerte de que ese libro cayera en mis manos coincidiendo con mi mayoría de edad, y el abanico de corrientes, autores, subgéneros, pubicaciones, estilos y un largo etcétera fue de tal calibre que, a pesar de los años transcurridos, aún recurro a ella a menudo para contrastar impresiones o zambullirme en nuevos universos. Y además, me convenció de una idea que ya llevaba tiempo madurando en su interior: las grandes obras de ciencia-ficción no tienen nada que envidiar, literariamente hablando, a las grandes obras de la literatura generalista (mainstream), y su marginación no se justifica por cuestiones de calidad sino de falta de preparación científica y técnica del público generalista para su disfrute. Lástima que no haya sido actualizada desde su publicación, pues todo lo que ha ocurrido en el género en los últimos 22 años queda fuera de su alcance.

Me dirán sus detractores que en ocasiones Barceló deja traslucir en exceso unos gustos un tanto peculiares (por ejemplo, A.A. Attanasio), que con frecuencia critica ácidamente novelas por el mero hecho de ser "de derechas" (olvidando que la ciencia-ficción es el ámbito ideal para que escritores de cualquier espectro político usen sus creaciones para intentar defender sus ideas), o que conforme han transcurrido los años sus colecciones han reducido su encomiable amplitud de miras inicial a un puñado de escritores de menos unánime reconocimiento (Neil Stephenson, Vernor Vinge, el mismo Card).

Todo eso es cierto a mi modo de ver, pero ello no empaña su constante esfuerzo en la promoción del género. Por lo cual en 1996 la Asociación Española de Fantasía y Ciencia Ficción le concedió con todo merecimiento el Premio Gabriel A la labor de una vida.

Por último, debo mencionar que no he tenido la oportunidad de leer nada de su producción literaria (constituidad esencialmente por un puñado de novelas cortas), por lo cual no puedo valorar sus méritos como escritor. Pero en cualquier caso con sus méritos como editor ya ha logrado un puesto de privilegio en mi pasión por el género.

domingo, 17 de junio de 2012

La odisea del mañana (1997). Charles Sheffield

Charles Sheffield fue durante las décadas de los 80 y 90 uno de los grandes nombres del género, junto con David Brin, Orson Scott Card, Dan Simmons y alguno más (incluyendo a su propia esposa, Nancy Kress). La mayor parte de su producción comparte los mismos rasgos de aquellos: son novelas correctas, literariamente actuales, bien caracterizadas, científicamente respetuosas y, sin embargo, escasas de ese aspecto esencial en la mejor ciencia-ficción: el sentido de la maravilla. Sin embargo, después de haber leído prácticamente toda su obra en español, puedo afirmar que "La odisea del mañana" (o mejor "Tomorrow and tomorrow", un título más ajustado a lo narrado) no adolece de dicho defecto y es, de largo, su mejor novela.

Sheffield parte de un argumento relativamente sencillo: Drake Merlin, músico de talento, observa impotente cómo su esposa Ana se está muriendo por culpa de una extraña enfermedad incurable, hasta que urde un plan consistente en congelar a su mujer justo antes de su muerte, y diez años después, convertido ya en uno de los grandes expertos en la música de su tiempo, congelarse él también. Su esperanza es que en el futuro alguien se sienta intrigado por sus conocimientos musicales hasta el extremo de despertarlo, dándole así la oportunidad de hacer él lo mismo con su esposa Ana, y quizá curar su enfermedad. Evidentemente el interés por su obra 500 años después existe, y Drake es despertado. A partir de ese punto, Sheffield teje una trama de proporciones universales, y la va enriqueciendo con toda suerte de detalles e ideas inteligentes.

Y es que la novela abarca desde el siglo XXI hasta el final del universo, pero conservando la unidad narrativa y dándole al lector un punto de referencia sencillo y comprensible para facilitarle el disfrute de lo narrado: el amor de Drake por Ana. Referencia que le permite presentar los distintos acontecimientos de manera lógica, siempre con inteligencia, buscando en la medida de lo posible la verosimilitud y con una dosis inesperada de acción y aventura en diversos pasajes. A diferencia de lo habitual en novelas que cubren un tema tan escabroso como la crionización y posterior retorno a la vida, Sheffield no rehúye las posibilidades del asunto, dando saltos temporales cada vez más largos (32.000 años, 14 millones de años), a través de los cuales muestra una ambiciosa y disfrutable panorámica del futuro: las representaciones virtuales de la realidad, los recorridos por el espacio conocido, los mecanismos de viaje interestelar e incluso las modificaciones sociales que se describen son ciertamente interesantes.

Como era de esperar, el tratamiento científico de la crionización es riguroso, prolijo en detalles y capaz de evolucionar plausiblemente en épocas futuras (como lo prueban conceptos como la descarga electrónica de la personalidad en un nuevo cuerpo, las múltiples duplicaciones de Drake como medio para alcanzar la inmortalidad, o su aún más impactate encarnación en distintas formas físicas para su adaptación y superviviencia en distintos y atrayentes mundos alienígenas como Graybill y Lukoris). Por otra parte, para cubrir tan inmenso marco temporal e incluir la creacción/destrucción del universo, Sheffield recurre a la Teoría del Punto Omega (el denominado escatón), que más allá de las dificultades teóricas que pueda plantear, le posibilita a Sheffield una forma plausible de cerrar el círculo de su creación. Y por supuesto insertarlo elegantemente en el marco de sus profundos conocimientos astronómicos, a los que incorpora el para él imprescindible concepto de cesura (esto es, un espacio en el que todo objeto que entra en ella es eyectado a otro universo).

Otros aciertos que no deseo pasar por alto son el estilo directo, el sorprendente ritmo de los acontecimientos, la concisión de la novela para la riqueza de lo narrado (menos de 350 páginas), la caracterización psicológica del protagonista, la cautivadora sensación que genera en el lector al explorar alguno de los lugares visitados (al estilo de "La ciudad y las estrellas", de Arthur C. Clarke), las reflexiones de hondo calado, o el gratificante tono optimista respecto al futuro de la humanidad en la galaxia.

El principal defecto de la novela es precisamente la historia de amor: por momentos la obsesión por salvar a Ana se vuelve tan repetitiva que la lectura puede llegar a ser en cierta medida frustrante. De hecho, puntualmente el amor queda reducido a una parodia de sí mismo, pues cuesta creer que sea tan intenso como para soportar tantos avatares en el espacio y el tiempo. Además, hacia la mitad de la novela Sheffield empieza a tocar conceptos y visiones de difícil aprehensión, lo que puede asustar a ciertos lectores. Y un detalle menor: el título de los capítulos es siempre una frase, que por desgracia a menudo revela más de la cuenta. No obstante, ninguno de estos peros afecta esencialmente al disfrute de una novela brillante, que injustamente no recogió ningún gran premio pero que creo que dejará un buen recuerdo en todo aquel que se anime a leerla.

lunes, 11 de junio de 2012

Hijo del tiempo (1992). Isaac Asimov y Robert Silverberg

Ya he presentado en esta misma sección una novela de Robert Silverberg, "Las máscaras del tiempo". Ahora bien, como ya expliqué en esta misma seccción cuando les presenté "Homo Plus", para mí una asociación de dos escritores es una entidad independiente de cada uno de ellos por separado; de ahí la inclusión en esta lista.

En realidad la historia de esta novela comprende dos etapas claramente diferenciadas: la primera, cuando en el año 1958 Asimov "The ugly little boy", en palabras del propio Asimov uno de los mejores relatos de su carrera. Y la segunda, cuando en el año 1989 al editor Martin H. Greenberg. amigo común de Asimov y Silverberg, se le ocurrió la idea de novelizar los tres relatos más emblemáticos de la bibliografía del Buen Doctor (los otros dos serían "Anochecer" y "El robot humano", cuyo resultado a mi modo de ver es inferior al de la novela que les presento). Silverberg, profesional incansable y gran admirador de Asimov, aceptó el encargo encantado. Según cuenta el propio Asimov en sus Memorias, Silverberg tendría libertad para novelizar este relato, con tres únicas condiciones, por otra parte siempre presentes en la obra de Asimov: "ni sexo gratuito, ni violencia innecesaria, ni lenguaje vulgar". Así, cuando Silverberg le presentó la sinopsis, Asimov la aceptó sin ningún reparo.

Por consiguiente esta novela conjuga el clasicismo y la inteligencia de Asimov con la calidad narrativa y la habilidad en la caracterización de los personajes de Silverberg. Ambientada a finales del s. XX, la trama narra cómo la vida de la enfermera Edith Fellowes se verá profundamente alterada por la irrupción en su vida de un niño... de 40.000 años de edad. Timmie, o Rostro de Fuego Celestial, es el protagonista absoluto de la novela: un niño neanderthal que iba a ser sacrificado en su tiempo y que en el siglo XX, bajo los atentos cuidados de Edith, desarrollará unas capacidades completamente inusuales, y un emotivo vínculo afectivo con su cuidadora. Lo que como puede imaginarse origina una serie de problemas considerables en la sociedad actual, y en la que ambos autores denuncian abiertamente y con criterio la notoria falta de empatía de nuestro mundo por todo aquello que nos resulte diferente.

Silverberg exhibe su habilidad narrativa habitual, pues no sólo estructura la línea de acción principal en capítulos divididos en epígrafes numerados del mismo modo que el Asimov de los años 80, sino que inserta habilmente unos denominados intercapítulos en los cuales desvela con una vividez fascinante la época en la que el homo de neanderthal y el homo sapiens buscaban la supremacía entre las crituras de la tierra. Con detalles tales como unos nombres realmente acertados (Humo Rojo del Amanecer, Nube de Plata...). Y mediante un estilo directo y sin contemplaciones hace que las páginas se devoren con verdadera avidez.

Eso sí, debo aclarar que no se trata de una novela espectacular, que presente complicadas estructuras sociales o aventuras que afecten a toda la humanidad. Y que para aquel lector que conozca con detalle el relato de Asimov la novela puede resultar anodina por ser quizá demasiado respetuosa con el original. Pero a cambio supera con éxito muchos de los problemas habituales en la ciencia-ficción: la falta de humanidad y de calor de los personajes, la coherencia argumental a pesar de recurrir al viaje en el tiempo, la solidez... En suma, y a pesar de que para muchos críticos ambos autores estaban en el declive sus carreras cuando apareció esta novela, para mí es una obra completamente recomendable, y una colaboración inusualmente fructífera.