sábado, 19 de mayo de 2012

El mundo de Roche (1990). Robert L. Forward

Ya cuando les intenté introducir al maravilloso mundo de la literatura de ciencia-ficción a través de mi lista de 15 títulos esenciales les presenté una novela de Robert L. Forward: "Huevo del dragón". Pero dado que en mi opinión Forward fue uno de los mejores autores de ciencia-ficción hard de todos los tiempos, les presento ahora otra de sus mejores novelas. Y es que sin llegar a la excelencia de la saga de los cheela, "El mundo de Roche" es una novela estupenda sonre la primera expedición humana fuera del sistema solar, con la verosimilitud como objetivo principal y la ciencia como el medio para alcanzarla.
La elección de la relativamente cercana estrella de Barnard (una pequeña enana roja con un planeta doble co-rotatorio) permite a Forward concebir un viaje factible con los conocimientos actuales, y al mismo tiempo empezar a fascinar al lector con muchos de sus gadgets (la vela en forma de anillo de Mercurio, las lentes de transmisión...). De hecho, ya en este primer tramo de la novela se agradece su perfecta estructuración (la elección y el reclutamiento de la tripulación, su periodo de instrucción, la partida, la travesía, el aterrizaje, etc.). Y la sensación de verosimilitud es total.
Da la impresión de que el autor es consciente de que la ciencia-ficción hard corre el riesgo de descuidar a sus personajes, porque su esfuerzo en este aspecto es considerable: desde los frecuentes detalles sobre la convivencia a bordo de las naves, pasando por la reducción de los distintos grupos a los elementos estrictamente precisos para cada episodio, hasta llegar al minucioso "reparto" que se nos presenta al final a modo de apéndice. Como resultado, tanto los cabecillas (Jinjur, Gudunov) como el resto de la tripulación (Arielle, Shirley, Richard...) resultan familiares para el lector. Si bien algún personaje (en particular Red Vengeance) peca de excesiva extravagancia.
Como era de esperar, todos los aspectos científicos se presentan con la naturalidad derivada del profundo conocimiento de Forward, incidiendo una vez más en el realismo de la obra. Muchos de ellos se aprecian durante la travesía (la técnica "mixta" de obtención de combustible, la "no-muerte"), pero es al llegar a su destino cuando conquistan definitivamente al lector. Los aciertos se suceden: los efectos que genera el sistema dual Eau/Roche (días y noches minúsculos, mareas, vientos, tormentas...), la manera como los distintos protagonistas se adaptan a los mismos, la cantidad y calidad de las aventuras que se derivan de ellos, y por encima de todo, y perdón por desvelar este aspecto, las formas de vida de Roche.
Y es que los flowen están a la altura de los mejores alienígenas imaginados por la ciencia-ficción. Caracterizados a la par que designados gracias a la original yuxtaposición de tres adjetivos cuidadosamente definidos (Claro*Blanco*Silbido, Cálido*Ámbar*Resonancia...), todo en ellos es fascinante: el realismo de su modo de vida, sus objetivos como especie (a medio camino entre las matemáticas y la natación), su biología molecular, sus técnicas de reproducción...
Junto a todo esto, un ingrediente inesperado enriquece la trama: el senador Winthrop, un antagonista que está a punto de arruinar la expedición, contibuyendo así a la omnipresente verosimilitud.
No quisiera dejarme en el tintero otros aspectos positivos: los vehículos utilizados en la exploración (el Prometeo, los módulos de aterrizaje y el módulo de exploración de superficie) tan interesantes como relevantes en los acontecimientos; los muchos momentos emocionantes que refuerzan el carácter de aventuras de la novela (el sacrificio de Wang para curar a sus compañeros, el accidente de la Libélula Mágica, las primeras comunicaciones con los alienígenas, el pilotaje de Arielle para liberar a la Libélula...); el desenlace en sí (con las muertes a bordo que tanto merman la exploración, hasta la llegada de una segunda); y un utilísmo apéndice científico, por otra parte habitual en Forward.
Para concluir, un pequeño repaso de los pequeños defectos que le he encontrado: la rivalidad EEUU/URSS a la que recurre Forward en el principio, tan habitual en la ciencia-ficción norteamericana como anacrónica en estos días; los comentarios en ocasiones demasiado humanos de las distintas computadoras (James, Jack, Jill), si bien es cierto que Forward se cuida de no exagerar sus capacidades; la superflua representación a bordo del Prometeo antes de llegar a Barnard; la confusión que se puede generar en el lector con respecto al sistema de satélites en torno a Gargantúa (en general, su exploración resulta un tanto pesada); y los episodios menores que Forward relata al pcco de llegar a Roche. Defectos que en ningún caso alteran la impresión final de la novela. Altamente recomendable.

Homo plus (1976). Frederik Pohl

Hace unos meses y dentro de esta misma selección, incluí una novela de Frederik Pohl, "Mercaderes del espacio", escrita en colaboración con Cyril M. Kornbluth. Hoy les presento una novela escrita en exclusiva por Pohl, con lo cual no creo estar rompiendo uno de los principios que me "autoimpuse" a la hora de elaborar mi lista de personalísimamente favoritos, el de la no inclusión de dos o más títulos de un mismo autor. Me imagino que Kornbluth estaría de acuerdo con esta interpretación, si viviera y se le preguntara...

En todo caso "Homo Plus" es una gran novela. Además cuando la leí tuvo el mérito de reconciliarme con Pohl tras las decepciones que para mí supusieron "El final de la tierra" y, sobre todo, "Pórtico". Creo que, a diferencia de las anteriores, "Homo Plus" sí está a la altura de su fama.

El argumento se cimenta casi en exclusiva en la idea del proyecto denominado Homo Plus: un ser humano tecnológicamente modificado para adaptarse a las extremas condiciones de vida marcianas. Indudablemente es ésta una propuesta atractiva, original y suficientemente poderosa como para por una vez situar a toda la Humanidad "en el mismo bando". A esto se le añaden unos primeros capítulos excelentes, concisos, que nos ponen en situación rápidamente.

Es de reconocer el riesgo que acomete Pohl al introducir un sacerdote católico (Don Kayman) como uno de los pilares de un proyecto tan científico. Con él logra enriquecer la novela, pero es cierto que en ocasiones Kayman es demasiado mundano y hasta "progre".

Durante toda la novela se ponen constantemente de manifiesto los profundos conocimientos científicos de Pohl, que son aplicados en multitud de detalles: el ambiente marciano (con sus peligros para los seres humanos), los movimientos orbitales, las operaciones que le realizan a Roger y los sistemas que le implantan, la transmisión de información desde Marte a la Tierra... Otro aspecto meritorio es el esfuerzo de Pohl por mostrar la situación socio-política en distintas partes del planeta (con especial hincapié en el Nuevo País Asiático).

Como puede deducirse de mi valoración, el capítulo de los defectos es corto. Quizás el más grave lo constituyan unos personajes algo esquemáticos: deben transcurrir muchas páginas para que "cobren vida", y no siempre es fácil identificar a los principales. Otro es la proporción entre las páginas de preparativos y las páginas en Marte, mucho menos abundantes de lo que cabría esperar. No faltan algunos de los clichés habituales sobre "el Presidente de los E.E.U.U.". Además, resulta algo brusca y escueta la muerte de Willy Hartnett. Y tanto el concepto como los problemas derivados del simulacro me parecen de interés discutible.

Pese a las taras en muchos personajes que acabo de reseñar, me han agradado las complejas relaciones que se establecen en en el matrimonio Roger - Dorsie Torraway, su curiosa interrelación (amistad-odio-confianza) con Alexander Bradley, y la irrupción de la enigmática Solie Carpenter, que posibilita el feliz desenlace de la novela.

Resaltar, para terminar, el tramo final: ubicado en el planeta Marte, son unas páginas cargadas de tensión, y con la sorpresa de la revelación de la identidad del narrador. Identidad que no les voy revelar, para animarles así a leer y disfrutar hasta el final de esta estupenda novela, que con todo merecimiento recibió el Premio Nébula de 1976.

domingo, 13 de mayo de 2012

El mundo invertido. Christopher Priest (1974)

A pesar de lo que puedan pensar algunos amigos y compañeros de esta aficción tan maravillosa que es la literatura de ciencia-ficción, me gusta pensar que tengo unos gustos razonablemente eclécticos respecto a todas las tendencias y corrientes que han conformado el género en los últimos 100 años. Por eso no debería sorprender que entre mi selección de 15 títulos personalísimamente favoritos figure este clásico de la "New Wave", una corriente que abogaba por un alto grado de experimentación más allá del rigor científico, de amplio seguimiento durante la década de los 70, en especial en el Reino Unido. Y es que a mi modeo de ver "El mundo invertido" (también traducida como "Un mundo invertido") es una lograda creación de New Wave brillantemente revestida de detalles científicos.

El protagonista absoluto es Helward Mann, un joven que vive a bordo de una ciudad construida en madera que se traslada incesamente sobre sus raíles, por motivos no revelados. Movimiento que da lugar a que sus habitantes se organizen en distintos gremios, que son los encargados de velar por el transporte de la urbe (Constructores de Vías, Navegantes, Tráfico, etc.). De lo cual se deriva automáticamente el viaje iniciático en el que Priest pretende sumir al lector, muy en la línea de las obras que unos años antes había publicado Robert Silverberg al otro lado del Atlántico. De hecho, a lo largo de los capítulos asistiremos al proceso de formación de Mann, pasando por distintos gremios, lo que le confiere una visión sobre cuanto le rodea muy superior al de sus conciudadanos. Conviene, pues, dejarse llevar y no cuestionar en demasía cuanto se plantee: no saldremos defraudados.

Y es que desde el principio sorprende la meticulosidad de la narración: ese tipo de detalles, a menudo irrelevantes para la novela, pero que confieren personalidad a los protagonistas, y los accercan hábilmente al lector. Este hecho, combinado con una prosa concisa, de frases cortas, con una sintaxis sencilla y unos capítulos breves y concretos, provoca que la novela se lea con una facilidad inusitada y un interés sobredimensionado para lo que cabría esperar en un principio. A lo cual se añade que el elemento científico está consistentemente tratado, sobre todo en la propia ciudad, quizá el otro gran protagonista del libro, a la que Priest sabe sacar un gran partido a pesar de su aparente lejanía con respecto a nuestras ciudades.

Conforme avanza en la lectura el lector podrá constatar que toda la trama está muy bien urdida, que Priest mantiene el suspense revelando detalles de manera acertada y consiguiendo que la "idea" básica de la novela le acabe por convencer. Es cierto, no obstante, que cuando la "realidad" es completamente revelada, decepciona un poco, pues todo resulta ser un problema de percepción. Y además el final tampoco arroja mucha luz al asunto. Pero hasta llegar a ese punto, el lector habrá disfrutado de una novela original, atrayente y con una concisión muy de agradecer en los tiempos de morosidad narrativa que vivimos. O al menos eso espero.

sábado, 5 de mayo de 2012

Mundo anillo (1970). Larry Niven

Al seleccionar "Mundo anillo" abandono la elección de novelas más o menos minoritarias y recupero una obra que no figura sólo entre mis favoritas, sino entre las de otros muchos cientos de miles de lectores. Es una novela sobre cualquier aficionado podrá encontrar multitud de referencias positivas, y en mi caso particular debo confirmar que respondió completamente a las expectativas que tenía depositadas en ella: ciencia-ficción plagada de disfrutables aventuras, especulaciones de primer nivel, multitud de aspectos tecnológicos, y un buen estudio de los personajes principales. Me gusta decir que podría pasar perfectamente por una de las mejores novelas del insigne Jules Verne... si éste hubiera vivido para seguir escribiendo en la segunda mitad del s. XX.

El comienzo, centrado en la elección de los personajes con Louis Wu a la cabeza, es no obstante algo lento, y no es fácil comprender los motivos reales de la expedición al enigmático mundo con forma de anillo. Eso sí, ya permite apreciar la valía de Niven a la hora de concebir diversas especies de extraterrestres y de elaborar la radicalmente evolucionada pero coherente Tierra del s. XXIX.

Justo cuando se ha completado el primer cuarto de la novela la expedición inicia su partida hacia el Mundo Anillo y la novela aumenta tremendamente de interés. En primer lugar, por la complejidad, la originalidad y la riqueza del Mundo Anillo, posiblemente el auténtico protagonista del libro. En segundo lugar, por la interrelación de los personajes, perfectamente estudiada para comprender los acontecimientos. Y en tercer lugar, por el continuo recurso a los más ocurrentes gags, explicados con un apabullante rigor científico. En todos estos capítulos hay momentos de gran altura (el descubrimiento de Zignamuclick-click, el Castillo aéreo, la trampa de policía...) junto con otros que sin llegar a resultar anodinos están más enfocados a la reflexión.

En cuanto a los aspectos negativos, además del reseñado del comienzo, no me ha agradado el hecho de que, en una novela tan rigurosamente científica, se recurra a un concepto tan poco riguroso como la suerte de Teela Brown para justificar prácticamente todo. Y también he echado en falta algo más de vocación literaria (más recursos estilísticos, descripciones menos ambiguas, menos dramatismo) que podría haber aumentado la satisfacción del lector.

Para terminar, una breve mención del desenlace: tal vz algo precipitado y con dos nuevos personajes en los que el autor no profundiza demasiado, pero tan moralizante y positivo como cabría esperar en una novela verniana.

Y un último apunte: el éxito y la repercusión de la novela fueron tales que con el paso de los años Niven la ha ido ampliando hasta convertirla en una saga de cuatro volúmenes. Posiblemente en un futuro dedique una entrada separada a cada una de ellas, pero baste ahora anticipar que en mi opinión cada una de ellas baja un peldaño en cuanto a calidad y disfruta respecto a la primigenia. Eso sí, si realmente han disfrutado con Mundo Anillo, les resultarán novelas razonablemente entretenidas.