jueves, 29 de marzo de 2012

Viaje alucinante (1966). Isaac Asimov



Posiblemente esta pueda ser la novela más controvertida de las que he reseñado hasta ahora en mi lista de 15 libros personalísimamente favoritos. El motivo no es otro que casi ningún crítico incluye esta obra entre las mejores de Isaac Asimov. Lo cual no es de extrañar, porque ni siquiera el Buen Doctor estaba totalmente satisfecho con ella, como dejó reflejado en sus "Memorias". Y es que no es una novela originalmente suya, sino una novelización a posteriori del guión que dio lugar a la película del mismo título, con guión original de Harry Kleiner, adaptado posteriormente por David Duncan.

Ahora bien, a la hora de seleccionarla he dejado al margen la consideeración sobre a quiénes debemos agradecerles esta obra: si la novela la firma Isaac Asimov, para mí es suficiente. Pues lo que realmente cuenta es el resultado: da la impresión de que la participación de tantas personas la ha magnificado hasta convertirla en una novela tan "alucinante" como su título declara.

Empezando por el argumento: Un científico soviético desertado a los Estados Unidos y especialista en la miniaturización de objetos es objeto de un intento de asesinato que lo reduce a un estado de coma. Esto motiva que por vez primera se aplique la miniaturización a seres humanos para a bordo del submarino Proteus viajar hasta su cerebro, encontrar y destruir la trombosis que amenaza con provocarle la muerte. Continuando por la elección de los personajes: un agente de la CIA, un piloto, dos científicos y una mujer, asistente de cirugía, que enriquece y aprovecha las ideas del argumento. Extendiéndose a la estructuración de los capítulos, que permite incluir de modo natural el elemento científico (y aprovechando, además, para enriquecer el marco escénico). Alcanzando a la secuencia de acontecimientos, con una acertadísima combinación de aventura y especulación. Culminando en el clímax final, resuelto con habilidad y brevedad. Y todo ello impregnado con la habituales virtudes del Buen Doctor: una prosa atrayente que dificulta la interrupción de la lectura, las elocuentes explicaciones técnicas, los espléndidos diálogos...

A mi modo de ver, escasean los defectos. Tal vez la profusión de personajes en las primeras páginas es difícil de asimilar, y algún que otro pasaje que más que una conversación requeriría una hilvanada narración.

En suma, una novela que demuestra todo lo que puede aportar la ciencia-ficción, si se trata con mesura e inteligencia una brillante idea inicial.

Y un último apunte: 21 años después Asimov publicó "Viaje alucinante II: Destino cerebro", que aunque abunda en la miniaturización no es una secuela de esta novela, sino un intento del Buen Doctor por elaborar una novela "enteramente suya" sobre el tema. Tal vez en su momento le dedique una entrada, pero por ahora baste reseñar que es sensiblemente inferior a la novela que les he presentado hoy, y no recomiendo leerla con las mismas expectativas.

domingo, 25 de marzo de 2012

Los tres estigmas de Palmer Eldritch (1964). Philip K. Dick K. Dick



En mi selección de 15 títulos esenciales ya incluí una novela de Philip K. Dick, uno de los escritores imprescindibles para entender el género. Se trataba de "Ubik", quizá una de sus dos o tres novelas más famosas. La que les presento hoy es también conocida, pero no suele mencionarse como uno de sus grandes clásicos. Sin embargo, en mi opinión es probablemente su novela más sólida. Por supuesto, llena de sus habituales cuestionamientos de la realidad y su obsesión por el uso de las drogas, pero al mismo tiempo comprensible, disfrutable y (hasta cierto punto) racionalmente aceptable hasta el mismo final.

Desde el comienzo me sorprendió esa coherencia: los primeros capítulos muestran que la Tierra en el siglo XXI es un lugar extremadamente cálido, regido por las Naciones Unidas y que ha colonizado todos los planetas y lunas habitables del Sistema Solar. La premisa de la que parte Dick es que la vida para muchos colonos es desalentadoramente monótona, de manera que la ONU debe imponer la colonización a los individuos. Y para que dicha colonización resulte más llevadera se les permite a los colonos el consumo de Can-Di, un alucinógeno ilegal que les permite "trasladarse" temporalmente al mundo de un personaje llamado Perky Pat. Obviamente hay lugar para las excentricidades de Dick ("precogs" que son contratados por las empresas para predecir las ventas de nuevos productos, psiquiatras en maletines portátiles...), pero los principales protagonistas (Barney Mayerson, el jefe de los precogs de Equipos P.P. en Nueva York y Leo Bulero, el CEO de Equipos P.P.), así como sus ocupaciones y sus motivaciones son razonablemente comprensibles.

Conforme avanza la lectura vemos cómo la lucha por la supremacía de Can-Di sobre la nueva droga Chew-Zi es lo que vertebra toda la trama, pero hay lugar para tratamientos de mejora cerebral (al que se somete Leo) y hasta para comparaciones con elementos religiosos.

El punto de inflexión lo marca el episodio de Leo atrapado en el satélite de Palmer Eldritch: es ahí cuando aparece claramente el cuestionamiento de la realidad y con él el componente inquietante de la trama. A partir de ese momento los acontecimientos se precipitan, en una sucesión de capas de realidad/irrealidad presentes/futuras altamente disfrutable. Para mi grata sorpresa Dick es capaz de desentrañarlas y darles una especie de justificación, muy de agradecer. Incluso es capaz de rematar la novela con un desenlace moralmente "positivo", en el que "los buenos ganan al malo", pero no sin antes explicarnos qué hay detrás de Eldritch y su supuesta "deidad". Y añadiendo unas páginas finales que podrían haber servido de base para una continuación que nunca llegó a escribir.

Indudablemente hay elementos difíciles de entender (el papel de los colonos en Marte, los episodios en los que Barney se ve e interactúa normalmente consigo mismo), o lo que es peor, de aceptar en una novela de ciencia-ficción (poltergeists, esencias no humanas bajo cuerpos de aspecto humano), mas con todo la novela no defrauda ni a los detractores del californiano. De hecho, desde este blog la recomiendo como primera lectura de todos aquellos que aún desconozcan y quieran adentrarse en el universo dickiano, por encima de "Ubik" o "El hombre en el castillo".

domingo, 18 de marzo de 2012

Estación de tránsito (1963). Clifford D. Simak



Nos encontramos ante otra de las novelas de esta lista que con seguridad forma parte de la lista de novelas personalísimamente favoritas de otros muchos aficionados al género. Premio Hugo de 1963, "Estación de tránsito" es la obra cumbre de Clifford D. Simak, un escritor estadounidense caracterizado por su ciencia-ficción humanista, ecologista, emotiva y optimista respecto al futuro de la humanidad. Valores menospreciados por algunos críticos que sin duda prefieren ignorar la dificultad de defender estos conceptos en un género tan tecnológico y especulativo como éste. Pero que la novela que les presento hoy demuestra que pueden incorporarse perfectamente al mismo.

De hecho, su protagonista absoluto es Enoch Wallace, a quien en apariencia podríamos confundir con un solitario granjero de una granja cualquiera en Wisconsin, pero que en realidad resulta ser un veterano de la guerra civil estadounidense a quien los alienígenas de una compleja civilización galáctica han otorgado el don de la inmortalidad, con el propósito de administrar una estación de tránsito para viajes interplanetarios. Wallace resulta ser durante un siglo el único ser humano que conoce la existencia de dichos alienígenas, hasta que las investigaciones del gobierno de los Estados Unidos ponen en peligro dicha estación.

Simak proporciona en esta novela una estupenda visión de la Humanidad en su conjunto, con una habilidad narrativa incontestable: pese a mostrarnos una civilización alienígena, al localizar la acción en el planeta Tierra logra no sólo un mayor realismo, sino también una mayor solidez psicológica y moral de sus personajes. Con lo cual la obra es a ratos, deliciosa; otras veces, poética; otras, detallista hasta en el elemento científico.

Quizá el único defecto en una novela tan redonda sea cierta falta de dramatismo en el tramo final y de consistencia en el desenlace, cuando llega el momento de desentrañar la ligazón entre las diferentes líneas narrativas. Pero indudablemente se trata de un libro que consigue eliminar una de las mayores dificultades de la ciencia-ficción: la superficialidad de los valores en beneficio de una mayor carga especulativa.