sábado, 26 de noviembre de 2011

Biblioteca de Ciencia Ficción Orbis



En esta entrada voy a tratar un tema radicalmente diferente de los cubiertos hasta ahora: las colecciones especializadas. O más precisamente, una de dichas colecciones. Por desgracia, la ciencia-ficción continúa siendo a día de hoy en España (y me atrevería a decir, en la mayoría de los países de habla hispana) un género netamente marginal, con pocas colecciones y tiradas modestas, pero hubo una época, coincidiendo con la apertura a la modernidad que supuso la consolidación de la democracia en la primera mitad de los años 80, que dio la impresión de que tal marginalidad podía tocar a su fin.

Sólo así se explica que pudiera llegar a ver la luz la Biblioteca de Ciencia Ficción, entre 1985 y 1987, editada por la editorial Orbis. Un auténtico hito de la época, pues se trataba de una colección de las llamadas "de quiosco", con un título nuevo cada semana, gran tirada y un precio tremendamente reducido. Tres ingredientes que explican su rotundo éxito comercial, y lo que es más importante, su impacto a la hora de acercar la ciencia ficción a un público mucho más amplio de lo habitual hasta ese momento en España.

Dirigida por Virgilio Ortega con el asesoramiento del insigne Domingo Santos, explotó con acierto una fórmula sencilla: la reedición de un gran número de títulos publicados con anterioridad en español en otras colecciones de difusión más restringida. Una reedición en la que el sabio criterio de Santos permitió cubrir un amplísimo espectro de la ciencia-ficción publicada a nivel mundial hasta dicha fecha. Baste señalar que la oferta de lanzamiento (que incluía dos volúmenes por el precio de uno) estaba formada por "El fin de la eternidad", una de las mejores novelas de Isaac Asimov, y por "2001, una odisea en el espacio", la adaptación que Arthur C. Clarke preparó a partir del guión de la famosísima película de Stanley Kubrik. Y que el tercer título fue "Tropas del espacio", la premiada novela de Robert A. Heinlein. En otras palabras, los Tres Grandes representados cada uno de ellos por uno de sus títulos más relevantes.

Pero es que la colección seguía con "Estación de tránsito", de Clifford D. Simak, y con "Mundo Anillo", de Larry Niven, ambos hitos indiscutibles del género... Y así hasta completar cien títulos de altísimo nivel, con lo mejor de autores mundialmente reconocidos como Fredric Brown, Ray Bradbury, Philip K. Dick, Robert Silverberg, Poul Anderson, Ian Watson, Alfred Bester... Con espacio también para algunas de las mejores selecciones de relatos de la historia del género (entre ellas, las revolucionarias "Visiones peligrosas" compiladas por Harlan Ellison). Añadiendo selecciones de algunas de las mejores publicaciones del género (The Magazine of Fantasy & Science Fiction, Isaac Asimov Magazine). Y sin olvidar una pequeña pero certera presencia de autores españoles o que escriben en español (Rafael Marín Trechera, Gabriel Bermúdez Castillo, Angélica Gorodischer...).

Aun hoy las ediciones de segunda mano de esta inolvidable colección son la mejor forma de acceder a clásicos indiscutibles del género como "Flores para Algernon" de Daniel Keyes o "Un caso de conciencia" de James Blish. Así que no lo duden, si cae en sus manos algún título de esta colección, guárdenlo en un lugar preferente de su biblioteca, pues además de una forma de entretenimiento de calidad tendrán consigo una pequeña pieza de la historia de la ciencia-ficción española.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Jose Saramago vs. John Wyndham





____________________________________________________

Hoy mi entrada va a ser diferente de lo habitual. Decía Robert Silverberg que "una manera de encontrar ideas para cuentos (de ciencia-ficción, aclaro yo) es recoger las que otros escritores tiran", a propósito de un relato suyo (Para ver al hombre invisible) escrito a raíz de una frase de Jorge Luis Borges. Pues bien, hoy propongo un ejemplo de una apropiación en sentido inverso: desde la ciencia-ficción a la literatura general, con resultados en mi opinión más que dudosos.

En 1995 el Premio Nobel de Literatura Jose Samarago publicó "Ensayo sobre la ceguera", uno de sus libros más populares. En ella se relata cómo una inexplicada epidemia de ceguera azota todo un país indeterminado, extendiéndose implacablemente por toda la población (con la excepción de un único personaje) y dando lugar, cómo no, al colapso de la civilización. ¿Les parece original? Si son relativamente aficionados al género de ciencia-ficción, con seguridad su respuesta será un "no" rotundo.

Al menos esa fue mi impresión cuando tuve oportunidad de leerla. Porque en el año 1951 (nada menos que 41 años antes) John Wyndham, uno de los mejores autores británicos de ciencia-ficción de todos los tiempos publicó "El día de los trífidos". En ella, su autor relata como una lluvia de meteoritos que atraviesa el cielo deja ciegos a todos los londinenses que la observa, y dando lugar al subsiguiente colapso de la civilización. Como me sucedió a mí habiendo leído la novela de Wyndham unos pocos años antes, seguro que ahora el argumento de Saramago les parece menos original...

Con lo cual, debemos descargar la originalidad y fijarnos en los méritos literarios. Empezando por la forma en la que precursor y seguidor enriquecen su trama. Un ámbito en el que Wyndham gana por goleada: el desastre universal que sugiere permite que los trífidos, unas plantas altas y peligrosas cultivadas originalmente por su valioso aceite, pasen de ser económicamente útiles a transformarse en una terrible amenaza para la población ciega, hasta el punto de erigirse en los nuevos dominadores del mundo. Y muestra cómo su dominio se va extendiendo gradualmente más allá de la capital, cubriendo múltiples rincones del Reino Unido y reseñando en varias ocasiones cómo se está produciendo dicho dominio en otras partes del mundo. Por contra, para Saramago todo es mucho más limitado: sólo existe la ceguera humana, sin ninguna otra repercusión en el mundo animal o vegetal, y sólo su ciudad, como si en el resto del mundo la vida no hubiera sufrido alteración alguna.

Otro ámbito es el de la justificación de lo narrado. Podría parecer que en este ámbito "gana" Saramago, que presenta un marco más realista. Sin embargo, si analizamos un poco más, veremos que Wyndham propone una explicación plausible para cegar a la población (un cometa cuyos efectos subestiman los astrónomos), que todos aquellos que no se han visto expuestos al cometa conservan la vista, que el mundo vegetal cobra, sin la supervisión humana, una dimensión amenazante, que los supervivientes aprovechan los recursos disponibles bajo un criterio racional, y que el panorama no se revierte al final de la novela. Mientras que Saramago no intenta justificar la ceguera, no se menciona ninguna posible repercusión en el mundo animal o vegetal (¿qué menos que una plaga?), no se explica el porqué justamente una única persona no ha sido afectada por la ceguera, y ¡por arte de magia la ceguera desaparece al final de la novela!.

Un tercer ámbito es el relativo a la forma: Wyndham sorprende por su concisión a la hora de narrar un gran número de visicitudes. Sus protagonistas, Bill Masen y Josella Playton, están bien caracterizados, los personajes secundarios están aceptablemente bien perfilados, la intriga está a menudo presente, y los diálogos son precisos y amenos. En cambio, Saramago es excesivamente reiterativo, con personajes arquetípicos en su bondad o en su maldad, recurre a la pretenciosa técnica de no dar nombres a sus personajes y a la menos artificiosa artimaña de limitar al máximo los signos de puntuación, llegando al extremo de insertar los diálogos en párrafos narrativos, lo que dificulta su comprensión.

Y un cuarto ámbito es el referente al fondo: Wyndham muestra lo inestable que puede ser la sociedad actual, y no rehúye su vertiente más cruel, pero plantea posibles esquemas sociales en caso de una tragedia estas características: pequeños grupos autónomos con líderes de rasgos extremos, poligamia, la inteligencia al servicio de la supervivencia... pero Saramago, aun adoptando una postura de análisis científico de la situación, se limita a enseñarnos la degradación del ser humano, su depravación, un enfoque que, en términos coloquiales podríamos denominar de prensa amarilla.

No conozco ninguna otra obra del escritor portugués, así que supongo que su producción en conjunto sí es digna del reconocimiento mundial que ha recibido, pero desde luego en el caso de "Ensayo sobre la ceguera" se ha beneficiado claramente de la marginalidad de la ciencia-ficción, que si no...

Un último apunte: "El día de los trífidos" puede que les recuerde a "La Tierra permanece" de George R. Stewart. Y es que al final todo tiene su precursor, ¿cierto?