viernes, 28 de octubre de 2011

George R.R. Martin y la ciencia-ficción: Los viajes de Tuf (1986)



Hace unas semanas uno de mis amigos-lectores me proponía dedicar una entrada relativa a George R. R. Martin. Ya he comentado en alguna ocasión que no sigo de cerca el género fantástico, pues me parece inferior conceptualmente a la ciencia-ficción aunque comparta revistas, colecciones y premios con éste, pero al parecer en los dos o tres últimos años se ha hecho muy popular en España la serie "Canción de hielo y fuego" de dicho autor (también conocida por su primera entrega, "Juego de Tronos").

Así, investigando un poco en internet, me enteré que aunque ninguna de las entregas de dicha saga ha llegado a ser premiada con un premio Hugo o un premio Nébula, dos de dichas entregas fueron finalistas del Hugo, y tres del Nébula, y que la saga comenzó en realidad hace ya 15 años, aunque sea ahora cuando ha alcanzado la popularidad en nuestro país. Es decir, que sin llegar al reconocimiento de las novelas galardonadas en dichos años por los aficionados y por los escritores que entregan dichos premios, deben de tratarse de entregas con un nivel muy superior a la mediocre fantasía que abunda en nuestras librerías.

Lo que muchos de esos lectores de "Canción de hielo y fuego" ignoran es que antes de empezar a cultivar el género fantástico, George R. R. Martin ya era un asiduo coleccionista de premios por su producción de ciencia-ficción, fundamentalmente gracias a sus relatos y relatos cortos. Por eso, puestos a seleccionar una obra representativa de su producción de ciencia-ficción, me he decantado por "Los viajes de Tuf", de 1986. Que no sólo es su obra más fácilmente accesible de dicho género para el lector en español, sino que también constituye en realidad una recopilación de novelas cortas y relatos (el punto fuerte de Martin) con un protagonista común.

En efecto, Los viajes de Tuf es un buen ejemplo de una modalidad muy típica de la ciencia-ficción: los fix-up de historias que fueron publicadas originalmente por separado, e inicialmente sin la pretensión de constituir un todo conexo. En este caso lo que une las siete historias de Tuf no es sólo su protagonista, sino también su cohesión argumental, su ambientación y su propósito, como de si de una novela escrita del tirón (si se me admite la expresión) se tratara: Haviland Tuf debutó en 1978 con un relato titulado Llamadme Moisés, que forma la sexta entrega de esta recopilación. Pero probablemente fue a partir de la obtención del premio Locus por Guardianes (1981), segunda aparación de Tuf y quizá su historia más lograda, cuando Martin concibió toda una serie de relatos coherentemente relacionados para su protagonista.

Los viajes de Tuf es, pues, un fix-up de relatos original, homogéneo, muy ameno. Con una idea de partida atrayente, que se presta a multitud de posibilidades: el extinto Cuerpo de Ingeniería Ecológica y sus formidables capacidades de recreación biológica, tanto para la guerra como para la paz, intactas en el Arca de la que se apodera Tuf en el primer relato. Éste, auténtico alter ego indisimulado de Martin, cautiva al lector por su marcada personalidad, su desapasionamiento, su apego a la exactitud del lenguaje en grado casi cómico, su filia felina, su modo de vida solitario. Ingredientes con los que se sustentan una serie de relatos bien estructurados, y en ocasiones enriquecidos con interesantes reflexiones (en especial los tres que co-protagoniza Tolly Mune).

En cuanto a los defectos, quizá al conjunto le falte algo más de profundidad, un tono más adulto (en el mejor sentido de la palabra), y una mayor carga de acción y de escenas más variadas entre sí. Inconvenientes que hacen que a esta obra no se la pueda llegar a catalogar de clásico, pero sí considerarla lo suficientemente interesante como para esperar una futura continuación que Martin no parece muy dispuesto a escribir. Una lástima, porque en Los viajes de Tuf ya se citan tangencialmente aventuras suficientes como para dar lugar al menos a otra entrega de similares dimensiones.

miércoles, 19 de octubre de 2011

A posteriori: una pequeña reflexión sobre los 15 títulos esenciales para entender el género

Quizá alguno de los hipotéticos lectores de este blog no sólo haya leído las 15 novelas que proponía en mi lista de títulos esenciales, sino que incluso haya leído las reseñas y las haya usado para cuestionarse la validez de esta lista como iniciación al género. Me permito, pues, una pequeña reflexión sobre la misma.

Debo empezar diciendo que podría haber varias listas más de esenciales: la ciencia-ficción es un género muy prolijo, que ha dado lugar a decenas (incluso algún que otro centenar) de novelas memorables. Pero dado que por algunas hay que decantarse, creo que la propuesta cubre un amplio espectro de autores, épocas, géneros y tendencias.

Debo continuar resaltando que ésta no es una lista de mis 15 novelas favoritas. Por supuesto todas las novelas seleccionadas me gustaron mucho, pero como todo lector tengo mis debilidades, mis escritores y subgéneros favoritos. Tal vez en alguna entrada posterior proponga una lista más personal, pero ésta ha sido elaborada con la intención de atrapar al mayor abanico de lectores potenciales posible.

Y debo terminar reseñando que no he rehuido a ninguno de los autores clásicos del género: empezando por Los Tres Grandes (Heinlein, Asimov y Clarke, la auténtica trilogía esencial para entender la Edad de Oro), siguiendo por los que lo han configurado en su forma actual (Silverberg, LeGuin, Herbert, que dieron al género su impulso definitivo durante la época de la New Wave), reseñando algunos autores no estadounidenses de gran calidad (Turner, Hoyle, Baxter) y no olvidando a los mejores exponentes que, en mi humilde opinión, tiene el género en la actualidad.

Un último apunte: al lector ya familiarizado con el género tal vez le haya sorprendido la ausencia de novelas entre 1988 y 2003 (nada menos que 15 años). Debo decir que aunque he leído con placer novelas de muchos de los grandes nombres de ese periodo (Nancy Kress, Connie Willis, Dan Simmons...), siempre he tenido la sensación de que andaban un escalón por debajo de los grandes nombres del género. En posteriores entradas podré revisar novelas de alguno de estos autores y ampliar esta reflexión.

domingo, 16 de octubre de 2011

#15 Spin (2005). Robert C. Wilson



Con esta novela de apenas un lustro de antigüedad concluyo mi selección de quince títulos esenciales. Spin tiene muchas de las virtudes (y también, por qué no decirlo, alguno de los defectos) de la ciencia-ficción más actual. Se enmarca, al igual que otras novelas suyas similares y sin embargo recomendables como Mysterium (1994) y Darwinia (1998), dentro de una temática muy habitual en el autor: la modificación de la realidad en una Tierra más o menos contemporánea a causa de algún fenómeno inexplicable. Spin es su incursión más lograda en este terreno, una obra voluminosa en la que Wilson hace gala de sus habilidades especulativas y narrativas.

Hay muchos aspectos que resaltar de esta novela. Empezando obviamente por el Spin que una noche fría recubre la Tierra: una idea ingeniosa y que abre la puerta a multitud de ideas y conceptos tratados siempre con rigor. No sólo los meramente científicas (si bien es cierto que este elemento está muy cuidado en todo momento), sino también las reacciones políticas, sociales y religiosas. Ideas que Wilson hace evolucionar de manera natural conforme avanzan los capítulos, dando lugar a respuestas tales como la terraformación de Marte, la denominada Cuarta edad y los replicadores de Von Neumann (capaces de fabricar, de forma autónoma, una copia de sí mismos). En suma, un despliegue apabullante con un tratamiento digno de la mejor ciencia-ficción clásica.

Además de por lo anterior, la novela gana riqueza por el recurso a dos líneas temporales diferentes que van confluyendo paulatinamente. Obviamiente lo acontecido en el siglo XXI es lo que más cautiva, pero la línea de 4x10^9 va enganchando poco a poco, lo cual no siempre ocurre cuando se utiliza este tipo de recurso. Pero aquí el hecho de que los protagonistas sean los mismos (Tyles y Diane) contribuye a su éxito, pues gradualmente el lector va comprendiendo cómo han llegado a esa situación. Es de agradecer, además, que pese a lo desbordante de las ideas y situaciones presentadas, Wilson logre mantener un número de personajes contenido.

Quizá el último gran acierto de la novela sea la sensación de credibilidad: pese al continuo "más difícil todavía" al que somete al lector, éste siempre puede aprehender primero y aceptar después lo que Wilson le va proponiendo. Incluso la propuesta final de un Arco que conecta a la Tierra con otros mundos logra parecer verosímil, de lo bien que la defiende el escritor.

En el debe, solamente dos cuestiones: la primera, que pienso que a la novela le sobran 80 o 100 páginas, una sensación por desgracia cada vez más frecuente en las novelas actuales: excesivos detalles, pasajes insustanciales, alguna situación reiterativa... Y, emparentada con la anterior, la profundización excesiva en detalles irrelevantes (cito a modo de ejemplo la homosexualidad de la madre de Diane, y su amor nunca correspondido por la madre de Tyler), bajo la convicción, a mi modo de ver equivocada, de que van a dotar a la novela de una "mayor calidad".

Un último apunte: en 2007 Wilson publicó en EEUU una continuación de Spin, titulada Axis, no tan premiada como la aquí reseñada. Aún no la he leído, con lo cual no tengo opinión al respecto. Y hace apenas unas semanas se ha editado una secuela de Axis, titulada Vortex, igualmente inédita en español. ¡Esperemos que algún editor se anime a publicarlas pronto!

sábado, 8 de octubre de 2011

#14 Evolución (2003). Stephen Baxter



Recomendar títulos que sólo tienen unos pocos años de antigüedad es siempre más arriesgado que proponer clásicos reconocidos con varias décadas, pero aun así no espero equivocarme con esta larga pero atrayente novela: Stephen Baxter nos presenta una lograda y rigurosa visión de la evolución humana en la Tierra, desde sus más remotos antepasados hasta su último y definitivo heredero.

Lo que más sorprende al lector que se enfrenta a una obra tan ambiciosa y extensa es lo bien estructurada que está: Baxter logra mantener esa ilusión permanente por averiguar qué encierran las siguientes páginas. La sensación de fascinación, tan necesaria en la ciencia-ficción, está siempre garantizada. Además, los distintos episodios que conforman la novela están hábilmente conectados, bien medienta citas o referencias, bien por el aprovechamiento en episodios posteriores de lo narrado en episodios anteriores.

Otro logro es la habilidad del autor a la hora de crear un elenco de personajes cercano (y hasta entrañable) partiendo de una serie de antepasados lejanos y recurriendo a nombres descriptivos para facilitarle la tarea de retenerlos al lector: Purga, Plesi, Cava, Guijarro, Madre... Resulta subyugante observar cómo poco a poco van aumentando su inteligencia, enriqueciendo sus sociedades, manifestando los primeros fenómenos religiosos... Tanto, que parece una tarea fácil.

Por supuesto, todo lo anterior perdería su fuerza si no estuviera respaldado por los amplios conocimientos (biológicos, geológicos, climaticos) sobre las distintas épocas de los que hace gala Baxter, presentando con el máximo rigor las últimas averiguaciones de los expertos en las distintas materias. Para ello se sirve de una prosa que mezcla sabiamente párrafos de acción con otros de carácter casi divulgativo, los cuales permiten al lector comprender los ccambios medioambientales y la adaptación a los mismos de las criaturas de la época. Pero sin descuidar el componente de aventura (travesías por el Atlántico, desembarcos...), que Baxter mantiene a gran nivel a pesar de la dificultad de trabajar con seres tan lejanos para el lector del s. XXI.

No he mencionado hasta ahora lo que realmente constituye la parte de ciencia-ficción de la novela: desde el último cuarto del s. XXI en adelante, comenzando con el cataclismo económico/medioambiental con que Baxter da por terminada la civilización actual. El cual actúa no sólo como denuncia de lo que podría ocurrir en unos pocos decenios, sino también como desenlace verosímil en el contecto de la novela. A partir de ese momento lo que nos muestra el autor no desmerece lo narrado anteriormente y mantiene en la medida de lo posible el "rigor" científico: desde los últimos post-humanos africanos en un mundo dominado por las ratas, hasta la sobrecogedora extinción de los últimos seres vivos.

En el capítulo de los defectos, principalmente dos: el primero, la existencia del algún capítulo innecesario por redundante (un mal endémico de la literatura de los últimos años, del que no escapa tampoco este género literario); y el segundo, la excesiva voluntad didáctica de algunos tramos. Dos hechos que, en una novela con tantos cambios de personajes y escenarios puede hacer brotar una ligera fatiga en el lector. Por lo demás, algún pero muy leve como la aparición de seres inverosímiles (ballenas áreas, hombres topo).

En suma, algunos de los momentos de esta obra forman ya parte de mi pequeña selección de pasajes memorables de la ciencia-ficción. Espero, amigo lector, que pronto también pasen a formar parte de los suyos.

sábado, 1 de octubre de 2011

#13 Preludio a la Fundación (1988). Isaac Asimov



Hasta ahora creo que ninguno de los títulos incluidos en mi lista de esenciales habrá sorprendido al lector habitual de ciencia-ficción, pues más o menos todos entran dentro de la categoría de clásicos. Sin embargo, soy consciente de que la inclusión de Preludio a la Fundación levantará en esta clase de lectores no pocos comentarios. Y es que la opinión generalizada acerca de esta novela, la sexta en orden de publicación de la Saga de la Fundación y la primera según los hechos que en lla se relatan es que es una obra menor, parte de la extensión de la saga que realizó Asimov en los ochenta impulsado más que nada por fines crematísticos. Evidentemente no puedo estar más en desacuerdo con tal opinión.

La trilogía inicial de la Fundación se publicó a comienzos de los cincuenta, reuniendo una serie de relatos y novelas cortas publicadas en la década anterior. Ésta es la trilogía que siempre ha recibido toda clase de parabienes por parte de público y crítica. Hasta tal punto que aunque en al menos dos ocasiones Asimov llegó a escribir que nunca la continuaría, después de 30 años cedió a las presiones de muchos millones de lectores y la continuó con Los Límites de la Fundación, agregando después tres volúmenes más hasta completar los siete que la formaron finalmente.

A pesar de que Asimov mantuvo la ambientación y el trasfondo en general, estas cuatro novelas presentan un estilo diferente de la trilogía original, y como anticipaba antes, se agrega inmediatamente la cuña "y de menor calidad". Sin embargo, para mí lo que ocurre con tal valoración es lo siguiente: la inmensa mayoría de la crítica leyó la trilogía inicial cuando solamente existía ésta, y al leer tiempo después las continuaciones, ya tenían grabada en sus mentes lo excelso de la trilogía original y por tanto formada la opinión de que nada podía superarlas.

De hecho, cuando yo iba a empezar a leer esta saga hace casi 20 años, me propuse hacerlo de esa misma manera: primero la trilogía inicial y después las adicionales. Pero justo por aquel entonces cayó en mis manos Hacia la Fundación, última novela en orden de publicación de la saga, comercializada a título póstumo en 1993, y decidí leerlas en el orden definitivo decidido por Asimov. Así pude juzgar las siete entregas en igualdad de condiciones.

Tras completar la lectura de la saga soy de la opinión de que todas ellas merecen la pena, pero contrariamente a lo establecido, me parece que la trilogía original ha envejecido relativamente mal: demasiado escueta, personajes esquemáticos, grandes saltos narrativos... De hecho, agárrense críticos ortodoxos, Fundación me parece la más floja de las siete. Y en cambio, después de haberla leído completamente en dos ocasiones (y algunos pasajes varias veces más), Preludio a la Fundación me sigue pareciendo formidable.

Después de tanta parrafada subjetiva Vd. probablemente se esté preguntando, ¿pero de qué va esta novela? ¿Y por qué la considero esencial?

En ella se narra la llegada del joven matemático Hari Seldon a Trantor, la capital del Imperio Galáctico, cuya existencia abarca los últimos 12.000 años de historia de la humanidad. Y de cómo bajo la protección de Eto Demerzel forjará la teoría de la psicohistoria, una combinación de historia, psicología y estadística matemática que permite predecir el comportamiento estadístico de poblaciones tan grandes como el propio imperio, y que Seldon utilizará para anticipar su declive y posterior caída y minimizar el periodo de oscurantismo posterior.

Y la considero esencial porque aparte de crear un marco coherente para que Seldon geste la teoría en que se basará el resto de la saga, Asimov atrapa al lector con Trantor, una ciudad-planeta que en mi opinión es uno de los lugares más fascinantes de la historia de ciencia-ficción, con un elenco de protagonistas estupendamente caracterizados (no sólo Seldon, sino su primero protectora y luego amante Dors Venabili, el pequeño pero forzosamente maduro Raych, el atormentado emperador Cleon I, y sobre todo el enigmático Eto Demerzel), con unos personajes secundarios en muchos casos inolvidables (basta recordar a Amo del Sol Catorce), y con acción, especulación, atención a muchas de las ciencias que la ciencia-ficción tiende a dejar de lado (matemáticas, psicología, sociología), y la dosis habitual de misterio que siempre le gustaba introducir al Buen Doctor.

Sus detractores dirán que la prosa de Asimov es añeja, que abusa de los diálogos, que esta novela no incluye apenas sexo ni violencia gratuita, y que está excesivamente alargada. Asimov no es que no fuera consciente de estas objeciones, es que se enorgullecía de muchas de ellas. Y lo entiendo, porque para mí el resultado es como ya he dicho formidable. Tanto que quizá sólo El fin de la eternidad, la segunda parte de Los Propios Dioses y la segunda parte de Segunda Fundación estén a la altura de este Preludio a la Fundación que les recomiendo encarecidamente.