miércoles, 28 de septiembre de 2011

#12 Las torres del olvido (1987). George Turner



Las Torres del Olvido es la segunda distopía que incluyo en mi lista. Sin ser tan famosa como "Un mundo feliz", considero que es si cabe más impactante para el lector contemporáneo, a causa de su mayor cercanía temporal a la sociedad del año 2011: no sólo es una novela ominosa sobre las catástrofes que acechan al género humano más cerca de lo que pensamos, sino un auténtico tratado de la naturaleza humana en circunstancias desesperadas. Sin ningún género de dudas es la obra cumbre del escritor australiano.

Desde el comienzo sobrecoge la enorme familiaridad de lo que empieza a relatar Turner en el año 2041: superpoblación, cambio climático, una clase media cada vez más limitada, viviendas minúsculas... Mas todo ello no sostendría esta extensa obra si no fuera porque el autor exhibe su talento a la hora de mostrar las inquietudes, la evolución de sus opiniones y las vivencias de cada personaje. De hecho, estructurar una novela mediante distintos personajes que hablan a un hipotético lector es un recurso literario de gran dificultad, pero si se domina proporciona excelentes resultados.

Otro acierto de Turner es el gradual proceso de acercamiento al mundo infra, hasta que el lector alcanza a comprenderlo: pasa de ser simplemente el más lúgubre infierno en el que puede caer un ser humano, a transformarse en un entorno lleno de una peculiar manera de vivir, con sus normas, sus leyes y hasta su escondida influencia al mundo supra. Acercamiento en el que desempeña un papel esencial el acertado elenco de protagonistas: Billy Kovacs, el férreo líder con su doble vida y su rincón de humanidad, Nola Parkers, la supra que delinque para aferrarse a su condición y Allison Conway, desterrada en la sordidez de la Periferia por sus hijos para, paradójicamente, encontrar allí su felicidad.

Debo resaltar asimismo que el escritor logra que los acontecimientos fluyan de manera natural conforme avanzan los años. Así, nos muestra la defensa a ultranza de las últimas comodidades del s. XX, la supresión del dinero, la amenaza que supone el aumento del nivel del mar... Todo ello constituye un angustioso telón de fondo que añade dramatismo a la obra, dando pie además a continuas reflexiones sobre la inquietante dirección en que se encamina la sociedad actual.

No hay que reseñar graves defectos, pero aviso aquí sobre uno que puede condicionar la lectura: Turner parece hacer ver al principio que Francis va a ser el protagonista, pero conforme avanza la novela irá disminuyendo su peso, así que no se deje desorientar por este giro. Otros defectos son a mi modo de ver el excesivo espacio dedicado a la "novela dentro de la novela" escrita por Leena Wilson, el un tanto tedioso año de formación de Teddy en el campamento SIP, las en ocasiones excesivas interrelaciones de un número limitado de personajes en un marco escénico tan grande como Melbourne, y unas críticas al cristianismo en el año 3.000 que están probablemente fuera de lugar.

Para finalizar, dedicar unas últimas palabras al certero desenlace, gestado a partir de ese intento de extender la esterilidad entre los infra. Una idea brutal que no llega a desterrarse, para terminar de consolidar el desasosiego del lector. Optimistas abstenterse.

sábado, 17 de septiembre de 2011

#11 Huevo del dragón (1980). Robert L. Forward



Robert L. Forward fue un físico de primerísimo nivel, lo cual no fue obstáculo para que en el último tramo de su vida se dedicara profesionalmente a una de sus pasiones: la ciencia-ficción. Obviamente su aportación al género se encaminó a la rama conocida como ciencia-ficción hard, en la que pudo desplegar sus amplísimos conocimientos científicos. Huevo del dragón fue su primera incursión en el géneto. Una excelente muestra de todo lo que pueda dar de sí una novela de ciencia-ficción hard: un entorno fascinante, una utilización rigurosa de la física, dosis abundantes de sociología, episodios de aventura y un inesperado espejo en el que reflejar la evolución de la humanidad.

El acercamiento de una estrella de neutrones a la Tierra en el año 2020 le sirve a Forward para poner en marcha la exploración de la misma. Una aventura harto difícil de llevar a buen término a causa de las singularísimas condiciones de vida de la estrella, que Forward consigue hacer atrayente mediante la designación de un protagonista claro en cada una de las fases de la evolución de los cheela, que así se llaman los extraterrestres que viven en la estrella.

Por supuesto, el proceso evolutivo es otra de las grandes virtudes del libro: desde sus inicios en forma de clanes cazadores que compiten por su supervivencia, pasando por su establecimiento en Paraíso de Brillante, sin olvidar su evangelización, hasta llegar a su avanzada sociedad científica. Fiel reflejo de la evolución humana, consigue que la obra trascienda el ámbito de la ciencia-ficción y se adentre en terrenos filosóficos. Y con el aliciente de que la evolución cheela está catalizada en todo momento por los movimientos de aproximación de la expedición humana. Es fascinante la maestría con la que Forward encaja exploración científica y evolución religiosa, más aún teniendo en cuenta los marcos temporales tan diferentes de ambas sociedades.

Los detalles del proceso gradual de adquisición de conocimientos por parte de los cheela son excelentes: desde la numeración en base 12, pasando por el viaje del artefacto cheela a las cercanías de Matadragones, hasta el envío masivo de información a los humanos. Hitos que forman parte de un elemento científico de gran solidez (basta recordar el pasaje en el que los cheela reflexionan sobre la naturaleza de Huevo o el imprescindible apéndice técnico). Y que tiene también su reflejo en la biología y la sexualidad alienígenas.

No conviene obviar las virtudes literarias de la obra, que también las tiene: su estilo literario ameno, fácil de seguir, con pequeños guiños humorísticos y un tono optimista; pasajes realmente emocionantes, de subyugante aventura tanto en el lado cheela como en el humano; la gran cantidad de cheela que son caracterizados a lo largo de la misma (entre los más relevantes, Pétalo-Roto, Ojos-Rosados y Mata-Ligero); y que las primeras interacciones entre humanos y cheela comiencen cuando aún queda media novela por delante.

Por contra, ninguno de sus defectos es grave: la cuestionable situación política en la Tierra del s. XXI (aún dominada por la Guerra Fría); unos personajes humanos algo esquemáticos (evidenciando que al autor le importa más la exploración humana en sí que sus ejecutores); descripciones a veces un tanto imprecisas de los accidentes geológicos más relevantes; la pérdida de impacto emocional que supone tanto cambio de protagonista; y la resurreción de Mata-Ligero a partir de su metamorfosis-contrametamorfosis. Detalles menores comparados con la abundancia de aciertos ya detallada.

Un último apunte: Huevo del Dragón inauguró la que más adelante se denominó Saga de los cheela, pues un lustro más tarde Forward publicó Estrellamoto, una novela casi tan brillante como su predecesora.

domingo, 11 de septiembre de 2011

#10 Tiempo de cambios (1971). Robert Silverberg



Ninguna lista de novelas esenciales para entender la ciencia-ficción puede estar completa sin una obra de Robert Silverberg. La dificultad es escoger solamente una, entre tantas obras memorables. Para mi selección he optado por Tiempo de Cambios porque es una incuestionable demostración de todo lo que su talento puede ofrecer, pertenece a su mejor época y es una de las más premiadas.

Tiempo de cambios transcurre en un planeta, Borthan, en el que se ha establecido una cultura complementamente diferente a la occidental: una cultura en la que se ha alcanzado la paz, pero a cambio la primera persona de singular está prohibida, la intimidad no existe, y la sola mención de la palabra "yo" se considera una obscenidad. Un argumento de gran interés, y que en manos de Silverberg da lugar a multitud de análisis, de especulaciones, de puntos de vista, que el autor nos ofrece mediante el diario de Kinnall Darival, su principal protagonista.

Desde el primer momento cautiva el marco escénico creado, con su orografía, sus contrastes, su inagotable riqueza. A ello se une la habilidad literaria de Siverberg a la hora de profundizar en sus protagonistas, los cuales cautivan por su "humanidad", su credibilidad, su naturalidad a la hora de comportarse. Es tal su habilidad a este respecto que en ocasiones el lector llega incluso a plantearse si realmente llegó a conocer a los personajes a los que da vida en estas páginas.

Todo ello se logra mediante una traslación gramática brillante, sugerente, en especial para un desafío literario tan complejo como el planteado. Y ensalzado con las continuas reflexiones sobre la condición humana que Silverberg inserta con naturalidad (muchas de las cuales subrayé, fascinado). Por supuesto, tales aciertos se maximizan en la figura de Darival, quien nos ofrece un abanico muy amplio de ideas y valoraciones según su situación personal, tan complejo como el que podría extraerse de cualquier obra autobiográfica. Una riqueza que sin embargo no es obstáculo para una concisión sorprendente: al finalizar la lectura es cuando mejor se aprecia cuánto ha sido capaz de profundizar Silverberg en la individualidad y en la condición humana en general en apenas 200 páginas.

Sinceramente, creo que es muy difícil ponerle algún pero a Tiempo de cambios. Si acaso, una cierta falta de inquietud que aguijonee al lector a devorar las páginas durante la primera mitad de la novela. Y tal vez ciertas referencias demasiado obvias a épocas y lugares de la historia humana. Pero, insisto, esos detalles en ningún caso desmerecen la coherencia de la novela, las interrelaciones de personajes que la presiden y la sensación estar leyendo un clásico imperecedero. Tan logrado como disfrutable.

viernes, 9 de septiembre de 2011

#9 La mano izquierda de la oscuridad (1969). Ursula K. LeGuin


Tercer título de la lista publicado en el año 1969 (en mi opinión, la mejor cosecha de la historia de la ciencia-ficción), La mano izquierda de la oscuridad es la primera novela de las que componen mi lista escrita por una mujer, lo que se deja sentir incuestionablemente a lo largo de la lectura.

La mano izquierda de la oscuridad es una novela honda, muy bien construida sobre dos pilares inusuales: la ambisexualidad y el frío. La fisiología sexual guedeniana (el hecho de que los humanos sean asexuales la mayor parte del tiempo y puedan adoptar uno u otro sexo durante el breve periodo que dura el kémmer, explicado estupendamente por cierto en un capítulo monográfico) condiciona completamente las relaciones personales. Aunque más determinante, si cabe, resulta Invierno/Gueden, el planeta creado por LeGuin. No sólo por la contraposición entre el feudal y vitalista Karhide y el burócrata y anodino Orgoreyn, sino también porque sus condiciones climáticas extremas se reflejan con habilidad en el modo de vida de sus habitantes.

Otras dos virtudes se descubren conforme se avanza en la lectura. Por una parte, los encuentros y desencuentros de sus dos protagonistas, Genly Ai y Estraven: fascina la visión que van ofreciendo el uno del otro en cada instante, la cual desemboca en una inesperada amistad (aunque no siempre se comprenda el interés que suscita en Estraven "El enviado"). Y por otra, la base social y científica que sustenta un mundo a priori más propio del género fantástico: desde la justificación del clima del planeta hasta la propia misión de Ai en nombre del Ecumen (lograr que Gueden se una mediante esta institución al resto de la humanidad).

Otros aspectos positivos de la obra son la prosa cálida a la vez que rigurosa de LeGuin, que cambia de registro según lo requiere la acción; las abundantes reflexiones tanto sobre las vivencias puntuales de los personajes como sobre la vida en general; unos personajes secundarios bien caracterizados; unos capítulos siempre bien estructurados; y varios pasajes realmente formidables (la prisión de Ai en la granja Pulefen, el tramo final de la travesía en trineo por el Norte...).

Los defectos son escasos y de poca envergadura: religiones y cultos un tanto abstrusos y de limitada relevancia dentro de la narración (handdara, yomesh); el alto número de orgotas con intenciones dispares, lo que facilita perderse entre sus intrigas; alguna referencia innecesaria al planeta Tierra (¡¿Papá Noel?!); y la inesperada utilización al final de una prescindible comunicación telepática. Ninguno de ellos empeña, no obstante, los méritos de esta novela intemporal, un clásico imprescindible en cualquier selección del género.