jueves, 21 de julio de 2011

#1: La máquina del tiempo (1895). Herbert George Wells



Aunque el término ciencia-ficción aún no se había acuñado, para mí la ciencia-ficción empezó con H.G. Wells a finales del s. XIX. Wells conocía las novelas de anticipación del francés Jules Verne, pero le dio una vuelta de tuerca al planteamiento al preocuparse no sólo de la aparente viabilidad técnica del viaje, sino por las reflexiones sociales y políticas de la sociedad del futuro. Y es que aunque con esta obra se inicia la temática del viaje a través del tiempo, lo que la convierte en un clásico aún disfrutable en el siglo XXI es la convivencia entre dos tipos de criaturas: los edonistas Eloi y los feroces morlocks.

Tuve la suerte de leer esta novela en la edición que figura en la imagen cuando tenía sólo 14 años. Entonces, habituado más a las novelas de aventuras, no me disgustó, pero me quedé con la sensación de que me había perdido algo. Afortunadamente sus personajes sobrevivieron varios años en el fondo de mi mente, hasta que con 19 años me animé a leerla de nuevo. Entonces sí pude comprender su pesimismo, su excepticismo sobre el progreso tecnológico, el peso que concede a la responsabilidad de los hombres en el futuro de la humanidad... A raíz de ahí se desató definitivamente mi pasión por la ciencia-ficción, hasta el día de hoy.

En suma, todo un clásico imprescindible. Si Vd. aún no la ha leído, considero que es la novela más adecuada de las 15 de mi lista para empezar.

Y una última anécdota: coincidiendo con su primer centenario, Stephen Baxter publicó una continuación autorizada oficialmente: "Las naves del tiempo". Una novela que, sin llegar a las cotas que alcanzó el original, es una digna sucesora y una lectura muy recomendable.

viernes, 15 de julio de 2011

Al grano: 15 títulos esenciales para entender el género

En anteriores posts he reflexionado sobre algunas cuestiones relativas a la ciencia-ficción, pero sin entrar al meollo de la cuestión: sus obras. ¡Es hora de ir al grano!

No he olvidado, a la hora de elaborar esta lista, que el formato por excelencia de la ciencia-ficción (en el que surgió y en el que alcanzó cotas mayores de popularidad) fue el relato corto. Pero en la literatura del s. XXI el género que domina por aplastante mayoría es la novela, así que he decidido fijarme primero en él.

Los 15 títulos que aparecen a continuación NO son mis quince novelas favoritas. Muchas de ellas figurarían en esa selección, y de ninguna tengo una opinión negativa, pero mi criterio a la hora de seleccionarlas ha sido ofrecer una selección "manejable" de clásicos e hitos del género desde sus orígenes hasta la actualidad. Con una doble pretensión: por un lado, motivar al lector habitual de ciencia-ficción a mejorar su conocimiento del género, completándolo con títulos que tal vez no haya tenido la oportunidad de leer; y por otro y más relevante, ofrecer a quien se adentra por primera vez en este apasionante género una panorámica completa de todo lo que puede ofrecer.

Considero que 15 títulos es una cifra razonable para, en un año más o menos, poder calibrar las bonanzas del género: si después de haber leído estos 15 títulos no se ha sentido poderosamente enganchado por varios de ellos, al menos siempre podrá decir que tiene un conocimiento más que aceptable de este género. Pero más bien creo que tras descubrirlos uno a uno se convertirá en un aficionado tan apasionado como yo.

Señalar además que sólo he incluido una novela por autor, y que he optado más por obras de autores con una trayectoria destacable en el género que por obras puntuales de gran calidad pero de autores que sólo se han adentrado en la ciencia-ficción ocasionalmente. Con lo cual para el lector habitual no va a haber grandes sorpresas en cuanto a los 15 escritores elegidos. Asimismo señalar que me ha parecido absurdo ordenarlos por una lista de "el mejor, el segundo mejor, etc.": entraríamos de lleno en el ámbito de lo subjetivo, y por ahora es bastante decir que todos ellos son hitos incuestionables en el género. Así que he recurrido al orden cronológico.

Y una última puntualización: no soy un erudito del género, ni pretendo haber leído todas sus novelas en los últimos 115 años, así que puede haber habido omisiones no deliberadas. Pero sí puedo decir que he leído novelas de más de 70 escritores de ciencia-ficción diferentes, con lo cual creo que la selección tiene su peso específico. Ahí va:

1. La máquina del tiempo (1895). Herbert George Wells
2. Un mundo feliz (1932). Aldous Huxley
3. Amos de títeres (1951). Robert A. Heinlein
4. El fin de la infancia (1953). Arthur C. Clarke
5. La nube negra (1957). Fred Hoyle
6. Dune (1965). Frank Herbert
7. Matadero cinco (1969) Kurt Vonnegut Jr.
8. Ubik (1969). Philip K. Dick
9. La mano izquierda de la oscuridad (1969). Ursula K. LeGuin
10. Tiempo de cambios (1971). Robert Silverberg
11. Huevo de dragón (1980). Robert L. Forward
12. Las torres del olvido (1987). George Turner
13. Preludio a la Fundación (1988). Isaac Asimov
14. Evolución (2002). Stephen Baxter
15. Spin (2005). Robert C. Wilson

Casi nada, ¿eh? En próximos posts daré mi visión personal de cada uno de ellos, justificando su presencia en esta lista.

Un último apunte: no me he preocupado por revisar si todas estas novelas se pueden adquirir fácilmente en las librerías actualmente. Si en algún caso no fuera así, siga Vd. mi consejo, haga el esfuerzo de localizarla por internet, y dispongase a disfrutar como pocas veces en su vida...

jueves, 14 de julio de 2011

Por qué la ciencia-ficción sigue siendo un género marginal

Quizá para algunos aficionados a la ciencia-ficción su marginalidad constituya un atractivo adicional. Pero para mí es una pena que su conocimiento sea patrimonio de una minoría, y que el mero hecho de reconocerme aficionado provoque un arqueo de cejas en más de uno de mis interlocutores. Reflexionando sobre ello he llegado a la conclusión de que son varias razones han contribuido a este estado.

En primer lugar, la propia definición del género: ciencia-ficción. Y es que la palabra ciencia ya supone un freno para muchos potenciales lectores, de forma similar a otras palabras que provocan rechazo actualmente como ejército o religión. Por más avances tecnológicos que se incorporen a nuestras vidas, y por más que dichos avances se fundamenten en el conocimiento científico, una amplia mayoría de la población es profundamente ignorante de cualquier rama científica (desde la Física hasta la Economía). E incluso se disculpan con el manido "es que soy de letras", cuando no se jactan de ello. Y claro, el que haya unas "letras" (entiéndase, una literatura) que se basa en los conocimientos científico / tecnológicos escapa a su percepción del género literario.

Otra es la nefasta influencia del mundo del cine. Sin llegar al extremo de Isaac Asimov (quien protegió sus novelas de ciencia-ficción con todos los medios a su alcance para evitar que se adaptaran a la gran pantalla), pienso que "el séptimo arte" ha ofrecido una imagen desoladora de la ciencia-ficción. Con alguna excepción reseñable (2001, Blade runner), sus adaptaciones han oscilado entre lo ridículo y lo trivial (de Yo, Robot a Tropas del Espacio), se han focalizado en los efectos especiales frente a su faceta especulativa, y han optado por el subgénero más liviano de cuantos conviven dentro de la ciencia-ficción: la space-opera de buenos y malos (piénsese en La Guerra de las Galaxias o en Star Trek). De tal manera han escorado su visión que pienso que una mayoría del género femenino lo considera un género para hombres, obviando que muchas mujeres han alcanzado auténticos hitos con sus obras de ciencia-ficción (de Ursula K. LeGuin a Connie Willis).

Y otra es la competición por el mismo público que lee novelas de fantasía. Son muchos los escritores de ciencia-ficción que también escriben novelas de fantasía (desde Robert Silverberg a George R.R. Martin). Y en su mayoría lo hacen como una manera de "relajarse" después del esfuerzo que les ha supuesto escribir muchas obras de ciencia-ficción. Es decir, como una creación "menor" que les permite seguir ocupados, como hacía ya hace más de medio siglo Isaac Asimov con sus obras juveniles de Lucky Starr, mientras esperaba la inspiración que años después le permitió completar la excelsa Los Propios Dioses. Ahora bien, paradójicamente esas obras de fantasía gozan habitualmente de un reconocimiento mucho mayor que sus obras de ciencia-ficción, lo que invierte la relación esfuerzo - éxito y pervierte la percepción del escritor.

Como confío en que Vd., amigo lector, es de los que prefiere que la justificación del desenlace sea un agujero de gusano que ha realizado un viaje relativista que una pócima mágica que permite el viaje en el tiempo, le animo a seguir leyendo este blog.

domingo, 10 de julio de 2011

Por qué tiene tanto mérito escribir ciencia-ficción

El lector habitual de ciencia-ficción (como es mi caso) encuentra a menudo insuficiente la literatura "generalista" (o mainstream, en inglés), por un número no desdeñable de razones, entre las que suelen descatar dos: un entorno (físico, temporal, histórico) ya conocido y una falta consciente de justificaciones para acontecimientos esenciales en la trama. Así, son cientos las novelas que transcurren en la Nueva York del siglo XX, y es pues difícil que lo que en la obra en cuestión se trate resulte atractivo; y basta con recordar La metamorfosis de Franz Kafka para entender que no hay ni el más mínimo atisbo de justificación para la transformación del protagonista que dé verosimilitud a lo narrado.

Siguiendo con el ejemplo, la literatura de ciencia-ficción ha presentado a menudo la ciudad de Nueva York, pero siempre bajo un prisma diferente, que incluye realidades alternativas, otros regímenes de gobierno, otros marcos temporales... Y en cualquier obra de ciencia-ficción que se precie, la elaboración de una o varias teorías científicas verosímiles que den sentido a los acontecimientos es una condición indispensable. Como vemos, va mucho más allá.

Mirando desde una perspectiva amplia, entenderemos por qué a mi modo de ver la ciencia-ficción es la literatura más compleja de escribir: no basta con conocer en profundidad un país, una serie de ciudades o de parajes en uno o varios periodos temporales presentes o pretéritos, y situar en ellos el devenir de unos personajes más o menos convincentes. No, hay que crear prácticamente desde cero un marco escénico nuevo, en la Tierra o en cualquier otro lugar del universo, y caracterizar científicamente sus diferentes facetas: su biología, su tecnología, su sociedad, sus valores, su filosofía, su gobierno, su climatología... Sólo cuando se tiene ese marco creíble llega el momento de introducir unos personajes, a los que también habrá que tratar desde un punto de vista riguroso y no sólo desde el habitual enfoque literario. ¡Casi nada!

No es de extrañar, pues, que sean muchos los escritores de ciencia-ficción que, una vez creado dicho marco (tras un esfuerzo titánico, a menudo de varios años), y en vista de las numerosas posibilidades narrativo-especulativas que ofrece, vuelvan a él una y otra vez. Y si además cuentan con el beneplácito del público, es casi algo obligado.

Lamentablemente el crítico habitual y el lector estándar de literatura general no llegan en ningún momento a atisbar siquiera el esfuerzo extra que supone crear este tipo de literatura. O lo que es peor, tal vez son conscientes de dichas capacidades adicionales, pero son ellos quienes no se consideran a la altura de tamaño desafío y, ante la perspectiva de no poder comprender lo que se les ofrece, simplemente ignoran todo lo que contenta la etiqueta ciencia-ficción. ¡No saben lo que se pierden!

sábado, 9 de julio de 2011

Bienvenidos al apasionante mundo de la ciencia-ficción

Bienvenido, ignoto lector.

Llevaba tiempo con ganas de compartir con la comunidad virtual una de mis mayores pasiones: la literatura de ciencia-ficción. Llevo 25 años leyendo obras de este género, y debo admitir que mi capacidad de fascinación aún no se ha visto mermada. Espero que sea ése también su caso, amigo lector, y si no lo es, que tal vez pueda descubrir uno de los géneros de la literatura comtemporánea más vibrantes y, sin embargo, más marginados.