miércoles, 28 de diciembre de 2011

Soy leyenda (1954). Richard Matheson



Comienzo esta selección de 15 títulos personalísimamente favoritos por la que es probablemente la novela más famosa de Richard Matheson: un arriesgado aunque bien resuelto intento de racionalizar el vampirismo, alejándolo del género de terror y acercándolo a la ciencia-ficción.

Desde mi punto de vista el mayor acierto de la novela sea la habilidad narrativa de la que hace gala Matheson: según transcurren los meses sabe acentuar las tensiones interiores de Richards Neville (el protagonista absoluto), sus arrebatos autodestructivos, su pavorosa desesperanza, su aceptación final de la situación... Y las acciones y medidas defensivas y de seguridad que toman confirman la sensación de coherencia narrativa que tan necesaria es en una novela de estas características. Sensación que el autor refuerza certeramente mediante los encuentros de Neville con otros seres vivos, primero el perro vagabundo y luego la enigmática Ruth.

Un aspecto muy positivo es que, en su intento de racionalización del vampirismo, el autor no eluda ni uno solo de los mitos y leyendas asociados al mismo. Para todos ellos ensaya justificaciones científicas más o menos plausibles, si bien personalmente me resulta difícil aceptar que el vampirismo pueda ser consecuencia de una epidemia bacteriológica.

Otros aciertos que no me gustaría pasar por alto son las frecuentes reflexiones, plenas de inteligencia, sobre el bien y el mal y su vinculación directa con los conceptos estadísticos de "lo mayoritario" y "lo minoritario", el personaje de Ben Cortman, un complemento perfecto de Neville con su tenacidad torturadora, y varios capítulos de gran impacto, como aquel en el que a Neville se le para el reloj y regresa a casa después de anochecer.

No hay muchos defectos que criticar, pero uno de ellos es relativamente grave: en mi opinión falta un elemento de intriga que haga vibrar al lector: éste conoce desde el principio el escenario presentado por Matheson, se acostumbra a él y asiste con relativa indiferencia al derrumbe final de la sociedad humana y al auge de los vampiros.

Otros defectos menores son que los flashbacks a los que recurre Matheson para relatarnos los padecimientos previos de Neville (con su mujer y su hija) y caracterizarlo más profundamente no se distinguen lo suficiente del tiempo ordinario de la narración, y que el abuso continuado del alcohol por parte de Neville llega a fatigar al lector.

Mencionar, para terminar, el dramático final, con la hasta cierto punto inesperada muerte de Neville, la cual sirve paradójicamente para que el autor extraiga conclusiones positivas sobre el establecimiento de un nuevo orden. Y un último comentario: por favor aléjense de la adaptación cinematográfica protagonizada hace unos años por Will Smith. Como suele suceder, la película traiciona injustificadamente la novela, convirtiéndola en una historia menor al peor estilo Hollywood.

sábado, 24 de diciembre de 2011

15 títulos personalísimamente favoritos

Al poco de iniciar este blog propuse una lista de 15 títulos esenciales que pudieran acercar, al lector ajeno al género, a una panorámica representativa y de calidad del mismo. Por supuesto, son títulos que recomendé porque además de representativos, su lectura me resultó sumamente placentera. Pero al seleccionarlos me "auto-impuse" una serie de criterios que hicieran la lista lo menos subjetiva posible.

Ahora propongo una nueva lista de 15 novelas bastante más personal. Es cierto que muchos de los títulos en mi lista de esenciales podrían formar parte de esta nueva lista. Pero ahora no me ha preocupado tanto la cobertura de distintos subgéneros, ni de novelas de distintos países, ni de más de 100 años de creación. No, la que sigue es sólo una serie de novelas cuya lectura me resultó gratificante, y que por tanto quiero dar a conocer en este blog, independientemente de que puedan ser incluso consideradas obras menores de sus respectivos autores. La única restricción que he mantenido es la de presentar una sola obra de cada autor, pues afortunadamente en la ciencia-ficción han abundado y abundan los escritores disfrutables.

La lista en cuestión, ordenada cronológicamente, es la siguiente:

1. Soy leyenda (1954). Richard Matheson
2. Mercaderes del espacio (1954). Frederik Pohl y C. M. Kornbluth
3. Un caso de conciencia (1958). James Blish
4. Cántico por San Leibowitz (1959). Walter M. Miller Jr.
5. A de Andrómeda (1962). Fred Hoyle & John Elliot
6. Estación de tránsito (1963). Clifford D. Simak
7. Los tres estigmas de Palmer Eldritch (1964). Philip K. Dick
8. Viaje alucinante (1966). Isaac Asimov
9. Las máscaras del tiempo (1968). Robert Silverberg
10. Mundo anillo (1970). Larry Niven
11. El mundo invertido. Christopher Priest (1974)
12. Homo plus (1976). Frederik Pohl
13. El mundo de Roche (1990). Robert L. Forward
14. Hijo del tiempo (1992). Isaac Asimov y Robert Silverberg
15. La odisea del mañana (1997). Charles Sheffield

Desde luego es una lista menos representativa del género que los títulos esenciales a los que aludía antes, pero sí más representativa de mis gustos. En próximas entradas las iré revisando, por orden cronológico.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Novelas relevantes pero inéditas en español




Ahora que estoy disfrutando con la lectura de la legendaria y sin embargo aún inédita en español "Cities in flight", del no menos insigne James Blish, una de las space opera más importantes de la historia del género a la que espero poder dedicar una entrada cuando termine su lectura, he pensado dedicar mi siguiente entrada a libros de ciencia-ficción que desgraciadamente aún no se han traducido a nuestro idioma, a ver si por un casual entre mis lectores se encuentra algún editor, y mis sugerencias le parecen acertadas.

Aparte de la ya citada obra de Blish, mi primera propuesta es "A for Anything" de Damon Knight. Miembro fundador de "The Futurians" (donde también se incluían Isaac Asimov y Frederik Pohl), estupendo editor y acerado crítico, es una pena que su obra sea totalmente desconocida en nuestro idioma. La novela en cuestión pasa por ser su mejor trabajo, y sería pues una buena forma de presentarlo en nuestro mercado.

Otra novela que echo en falta en su versión en español es "October the first is too late", de Sir Fred Hoyle. Cuando reseñe la "Nube negra" del propio Hoyle, ya indiqué que se trataba de mi novela favorita de ciencia-ficción de todos los tiempos. Pero es que su bibliografía cuenta con otros títulos apasionantes como "A de andrómeda", que sí está traducida y que espero poder reseñar algún día. Así que es una pena que otro de sus mejores clásicos permanezca aún inédito en español.

Mi siguiente sugerencia es "The new springtime", de Robert Silverberg. Es la segunda parte de una trilogía que comenzó el insigne escritor estadounidense a finales de los años 80, y de la que sí se tradujo la primera parte, "Al final del invierno", publicada por Miquel Barceló en su colección Nova Ciencia Ficción. Es cierto que Al final del invierno no es la mejor obra de su autor (cosa por otra parte imposible con tantas novelas inolvidables), ni tampoco tan escueta como sus obras más famosas. Pero con todo me parece una novela defendible, disfrutable y de una calidad por encima de la media, y aventuro a que no fuimos pocos quienes nos quedamos ganas de saber cómo continuaba la historia.

Mi siguiente propuesta es "Beloved son", de George Turner, el inolvidable autor de "Las Torres del olvido", la formisable distopía ya reseñada en este mismo blog. La visión que tiene ahora mismo el lector en español es que se trata de un autor de una única gran obra, al estilo de Daniel Keyes o Frank Herbert. Sin embargo, aunque es cierto que el escritor australiano inició su carrera a una edad muy tardía, no lo es menos que su producción merecería una mayor difusión en nuestro idioma, y la novela propuesta, por su temática, me parece la más adecuada para iniciar esa tarea.

Una propuesta de rabiosa actualidad es "Axis", la continuación de "Spin", del norteamericano Robert C. Wilson, una novela de apenas un lustro de antigüedad y que sin embargo en mi humilde opinión ya se ha ganado la condición de clásico, como puse de manifiesto cuando la reseñé en este mismo blog. Es posible que "Axis" no tenga la misma calidad que su antecesora, pues no cosechó los mismos premios, pero no es menos cierto que toda novela de Wilson tiene un nivel más que aceptable, así que es una pena que aún no la podamos disfrutar en nuestro idioma.

Y por concluir esta entrada con un ámbito tan relevante para la ciencia-ficción como los relatos cortos, sugiero la publicación en España de "Again, dangerous visions", compilación editada por el controvertido Harlan Ellison. Ya hace varias décadas que se publicó en España "Visiones peligrosas" (1967), con seguridad una de las compilaciones más importantes de la historia de la ciencia-ficción y a la que espero dedicar una entrada independiente cuando aborde el asunto de mis selecciones de relatos favoritas. Pues bien, un lustro después de la compilación original (en 1972), Ellison repitió fórmula (aquellas historias que ningún editor se atrevería a publicar) con un puñado de escritores prestigiosos. Desgraciadamente nunca hemos podido disfrutar del resultado en nuestro idioma, así que espero que este humilde foro pueda estimular la publicación completa de tan revolucionaria compilación.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Los premios de referencia en la ciencia ficción


Premio Nebula


Premio Hugo

.....Como cualquier otra manifestación artística, el género de la ciencia-ficción cuenta con diversos premios que se suelen entregar anualmente en diversas partes del mundo. Aunque lógicamente el predominio histórico de los EEUU en la creación de obras de ciencia-ficción provoca que sean los premios entregados en aquel país los de mayor relevancia internacional. Debo decir que en general soy bastante escéptico a los premios entregados por los estadounidenses en otros artes como el cine o la música contemporánea (entiéndase Oscars o Grammies), puesto que el afán comercial que los mueve dificulta en gran medida que puedan premiarse obras de calidad y/o innovadoras, por marginales o difíciles que puedan resultar para el público no especializado. Afortunadamente este recelo no aplica en la misma medida a los principales premios estadounidenses de ciencia-ficción, pues la selección y votación de los nominados se efectúa al año siguiente de la publicación de sus obras, es decir, el impacto comercial es en todo caso a posteriori, nunca a priori.

De la considerable variedad de premios relacionados con la ciencia-ficción que se entregan actualmente en EEUU (Locus, John W. Campbell Memorial, Philip K. Dick Memorial...), dos siguen predominando por encima del resto: los premios Hugo y los premios Nebula. Aunque ya los he citado a raiz de algunas reseñas en entradas anteriores, me propongo ahora hablar de ellos con un poco más de detalle. Antes que nada debo reseñar que ambos premios se entregan en muchas categorías (novela corta, relato, relato corto...), pero lógicamente es el premio a la novela el de mayor relevancia de los entregados. Y que ambos premios admiten no sólo obras de ciencia-ficción sino también de fantasía, pues como ya he citado en ambas ocasiones ambos géneros suelen ir de la mano en muchos ámbitos y son muchos los escritores que se dedican indistintamente a uno u otro género.

Los premios Hugo (denominados así en honor de Hugo Gernsback, creador del término ciencia-ficción) se entregan en el seno de la Convención Mundial de Ciencia-Ficción por un colectivo perteneciente al mismo y seleccionado previamente al que se denomina Sociedad Mundial de Ciencia-Ficción. Es, pues, uno de los premios más antiguos, y en parte eso explica que fueran tremendamente populares durante los años 60 y 70. Desde entonces poco a poco han perdido liderazgo, y en la actualidad se ven claramente influidos por otros premios que se entregan meses antes. De todas formas, su sola mención potencia las ventas de una obra premiada, pues el carácter de aficionados con gran conocimiento del género de la sociedad que los entrega es un excelente barómetro del potencial comercial de una obra. Por ello no debe extrañar que premiara a auténticos best-sellers del género de indiscutible calidad como "Dune", "La mano izquierda de la oscuridad" o "Spin", ya reseñadas en este blog. Pero precisamente esa vertiente comercial ha causado que, sobre todo en estos últimos tiempos se haya entregado a novelas evidentemente más flojas como "Al final del arco iris", de Vernor Vinge, de fantasía como "Paladín de almas" de Louis McMaster Bujold o "La reina de la nieve" de Joan D. Vinge, o de fantasía y flojas simultáneamente, como "Harry Potter y el cáliz de fuego", de J.K. Rowling. Con lo cual mi consejo es que sigan usando los premios Hugo como referencia, pero con cierta cautela si buscan algo más que entretenimiento.

Los otros grandes premios entregados anualmente en EEUU son los Premios Nebula, concedidos desde 1965 por la Asociación de Escritores de Ciencia-Ficción y Fantasía. En este caso son, pues, los propios escritores quienes premian sus obras favoritas del año anterior, lo que evidentemente provoca que la calidad literaria de estos premios sea en término medio superior a la de los premios Hugo, aunque ello pueda ir en contra (no siempre) de la comercialidad de los mismos. Por ello no debe sorprendernos que en su lista de novelas premiadas figuren auténticos clásicos del género ya reseñados (o a punto de serlo) en este mismo blog pero que sin embargo no se alzaron con el premio Hugo, como "Tiempo de cambios" u "Homo plus", de Frederik Pohl, pero sin eludir clásicos tan disfrutables como logrados, caso de "Dune" o "La mano izquierda de la oscuridad". También en los últimos tiempos han concedido una mayor relevancia al género fantástico, como corresponde al creciente impacto comercial de este género en todo el mundo, pero sin tener que lamentar premio alguno a la saga Harry Potter... Y es que en mi humilde opinión los premios Nebula son los más importantes del género, los que mejor reflejan cómo el género va evolucionando cada año, garantizando normalmente disfrute y calidad. Así que ya saben, si una obra ha recibido el premio Nebula, no duden en hacerse con ella, lo normal es que merezca la pena...

sábado, 26 de noviembre de 2011

Biblioteca de Ciencia Ficción Orbis



En esta entrada voy a tratar un tema radicalmente diferente de los cubiertos hasta ahora: las colecciones especializadas. O más precisamente, una de dichas colecciones. Por desgracia, la ciencia-ficción continúa siendo a día de hoy en España (y me atrevería a decir, en la mayoría de los países de habla hispana) un género netamente marginal, con pocas colecciones y tiradas modestas, pero hubo una época, coincidiendo con la apertura a la modernidad que supuso la consolidación de la democracia en la primera mitad de los años 80, que dio la impresión de que tal marginalidad podía tocar a su fin.

Sólo así se explica que pudiera llegar a ver la luz la Biblioteca de Ciencia Ficción, entre 1985 y 1987, editada por la editorial Orbis. Un auténtico hito de la época, pues se trataba de una colección de las llamadas "de quiosco", con un título nuevo cada semana, gran tirada y un precio tremendamente reducido. Tres ingredientes que explican su rotundo éxito comercial, y lo que es más importante, su impacto a la hora de acercar la ciencia ficción a un público mucho más amplio de lo habitual hasta ese momento en España.

Dirigida por Virgilio Ortega con el asesoramiento del insigne Domingo Santos, explotó con acierto una fórmula sencilla: la reedición de un gran número de títulos publicados con anterioridad en español en otras colecciones de difusión más restringida. Una reedición en la que el sabio criterio de Santos permitió cubrir un amplísimo espectro de la ciencia-ficción publicada a nivel mundial hasta dicha fecha. Baste señalar que la oferta de lanzamiento (que incluía dos volúmenes por el precio de uno) estaba formada por "El fin de la eternidad", una de las mejores novelas de Isaac Asimov, y por "2001, una odisea en el espacio", la adaptación que Arthur C. Clarke preparó a partir del guión de la famosísima película de Stanley Kubrik. Y que el tercer título fue "Tropas del espacio", la premiada novela de Robert A. Heinlein. En otras palabras, los Tres Grandes representados cada uno de ellos por uno de sus títulos más relevantes.

Pero es que la colección seguía con "Estación de tránsito", de Clifford D. Simak, y con "Mundo Anillo", de Larry Niven, ambos hitos indiscutibles del género... Y así hasta completar cien títulos de altísimo nivel, con lo mejor de autores mundialmente reconocidos como Fredric Brown, Ray Bradbury, Philip K. Dick, Robert Silverberg, Poul Anderson, Ian Watson, Alfred Bester... Con espacio también para algunas de las mejores selecciones de relatos de la historia del género (entre ellas, las revolucionarias "Visiones peligrosas" compiladas por Harlan Ellison). Añadiendo selecciones de algunas de las mejores publicaciones del género (The Magazine of Fantasy & Science Fiction, Isaac Asimov Magazine). Y sin olvidar una pequeña pero certera presencia de autores españoles o que escriben en español (Rafael Marín Trechera, Gabriel Bermúdez Castillo, Angélica Gorodischer...).

Aun hoy las ediciones de segunda mano de esta inolvidable colección son la mejor forma de acceder a clásicos indiscutibles del género como "Flores para Algernon" de Daniel Keyes o "Un caso de conciencia" de James Blish. Así que no lo duden, si cae en sus manos algún título de esta colección, guárdenlo en un lugar preferente de su biblioteca, pues además de una forma de entretenimiento de calidad tendrán consigo una pequeña pieza de la historia de la ciencia-ficción española.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Jose Saramago vs. John Wyndham





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Hoy mi entrada va a ser diferente de lo habitual. Decía Robert Silverberg que "una manera de encontrar ideas para cuentos (de ciencia-ficción, aclaro yo) es recoger las que otros escritores tiran", a propósito de un relato suyo (Para ver al hombre invisible) escrito a raíz de una frase de Jorge Luis Borges. Pues bien, hoy propongo un ejemplo de una apropiación en sentido inverso: desde la ciencia-ficción a la literatura general, con resultados en mi opinión más que dudosos.

En 1995 el Premio Nobel de Literatura Jose Samarago publicó "Ensayo sobre la ceguera", uno de sus libros más populares. En ella se relata cómo una inexplicada epidemia de ceguera azota todo un país indeterminado, extendiéndose implacablemente por toda la población (con la excepción de un único personaje) y dando lugar, cómo no, al colapso de la civilización. ¿Les parece original? Si son relativamente aficionados al género de ciencia-ficción, con seguridad su respuesta será un "no" rotundo.

Al menos esa fue mi impresión cuando tuve oportunidad de leerla. Porque en el año 1951 (nada menos que 41 años antes) John Wyndham, uno de los mejores autores británicos de ciencia-ficción de todos los tiempos publicó "El día de los trífidos". En ella, su autor relata como una lluvia de meteoritos que atraviesa el cielo deja ciegos a todos los londinenses que la observa, y dando lugar al subsiguiente colapso de la civilización. Como me sucedió a mí habiendo leído la novela de Wyndham unos pocos años antes, seguro que ahora el argumento de Saramago les parece menos original...

Con lo cual, debemos descargar la originalidad y fijarnos en los méritos literarios. Empezando por la forma en la que precursor y seguidor enriquecen su trama. Un ámbito en el que Wyndham gana por goleada: el desastre universal que sugiere permite que los trífidos, unas plantas altas y peligrosas cultivadas originalmente por su valioso aceite, pasen de ser económicamente útiles a transformarse en una terrible amenaza para la población ciega, hasta el punto de erigirse en los nuevos dominadores del mundo. Y muestra cómo su dominio se va extendiendo gradualmente más allá de la capital, cubriendo múltiples rincones del Reino Unido y reseñando en varias ocasiones cómo se está produciendo dicho dominio en otras partes del mundo. Por contra, para Saramago todo es mucho más limitado: sólo existe la ceguera humana, sin ninguna otra repercusión en el mundo animal o vegetal, y sólo su ciudad, como si en el resto del mundo la vida no hubiera sufrido alteración alguna.

Otro ámbito es el de la justificación de lo narrado. Podría parecer que en este ámbito "gana" Saramago, que presenta un marco más realista. Sin embargo, si analizamos un poco más, veremos que Wyndham propone una explicación plausible para cegar a la población (un cometa cuyos efectos subestiman los astrónomos), que todos aquellos que no se han visto expuestos al cometa conservan la vista, que el mundo vegetal cobra, sin la supervisión humana, una dimensión amenazante, que los supervivientes aprovechan los recursos disponibles bajo un criterio racional, y que el panorama no se revierte al final de la novela. Mientras que Saramago no intenta justificar la ceguera, no se menciona ninguna posible repercusión en el mundo animal o vegetal (¿qué menos que una plaga?), no se explica el porqué justamente una única persona no ha sido afectada por la ceguera, y ¡por arte de magia la ceguera desaparece al final de la novela!.

Un tercer ámbito es el relativo a la forma: Wyndham sorprende por su concisión a la hora de narrar un gran número de visicitudes. Sus protagonistas, Bill Masen y Josella Playton, están bien caracterizados, los personajes secundarios están aceptablemente bien perfilados, la intriga está a menudo presente, y los diálogos son precisos y amenos. En cambio, Saramago es excesivamente reiterativo, con personajes arquetípicos en su bondad o en su maldad, recurre a la pretenciosa técnica de no dar nombres a sus personajes y a la menos artificiosa artimaña de limitar al máximo los signos de puntuación, llegando al extremo de insertar los diálogos en párrafos narrativos, lo que dificulta su comprensión.

Y un cuarto ámbito es el referente al fondo: Wyndham muestra lo inestable que puede ser la sociedad actual, y no rehúye su vertiente más cruel, pero plantea posibles esquemas sociales en caso de una tragedia estas características: pequeños grupos autónomos con líderes de rasgos extremos, poligamia, la inteligencia al servicio de la supervivencia... pero Saramago, aun adoptando una postura de análisis científico de la situación, se limita a enseñarnos la degradación del ser humano, su depravación, un enfoque que, en términos coloquiales podríamos denominar de prensa amarilla.

No conozco ninguna otra obra del escritor portugués, así que supongo que su producción en conjunto sí es digna del reconocimiento mundial que ha recibido, pero desde luego en el caso de "Ensayo sobre la ceguera" se ha beneficiado claramente de la marginalidad de la ciencia-ficción, que si no...

Un último apunte: "El día de los trífidos" puede que les recuerde a "La Tierra permanece" de George R. Stewart. Y es que al final todo tiene su precursor, ¿cierto?

viernes, 28 de octubre de 2011

George R.R. Martin y la ciencia-ficción: Los viajes de Tuf (1986)



Hace unas semanas uno de mis amigos-lectores me proponía dedicar una entrada relativa a George R. R. Martin. Ya he comentado en alguna ocasión que no sigo de cerca el género fantástico, pues me parece inferior conceptualmente a la ciencia-ficción aunque comparta revistas, colecciones y premios con éste, pero al parecer en los dos o tres últimos años se ha hecho muy popular en España la serie "Canción de hielo y fuego" de dicho autor (también conocida por su primera entrega, "Juego de Tronos").

Así, investigando un poco en internet, me enteré que aunque ninguna de las entregas de dicha saga ha llegado a ser premiada con un premio Hugo o un premio Nébula, dos de dichas entregas fueron finalistas del Hugo, y tres del Nébula, y que la saga comenzó en realidad hace ya 15 años, aunque sea ahora cuando ha alcanzado la popularidad en nuestro país. Es decir, que sin llegar al reconocimiento de las novelas galardonadas en dichos años por los aficionados y por los escritores que entregan dichos premios, deben de tratarse de entregas con un nivel muy superior a la mediocre fantasía que abunda en nuestras librerías.

Lo que muchos de esos lectores de "Canción de hielo y fuego" ignoran es que antes de empezar a cultivar el género fantástico, George R. R. Martin ya era un asiduo coleccionista de premios por su producción de ciencia-ficción, fundamentalmente gracias a sus relatos y relatos cortos. Por eso, puestos a seleccionar una obra representativa de su producción de ciencia-ficción, me he decantado por "Los viajes de Tuf", de 1986. Que no sólo es su obra más fácilmente accesible de dicho género para el lector en español, sino que también constituye en realidad una recopilación de novelas cortas y relatos (el punto fuerte de Martin) con un protagonista común.

En efecto, Los viajes de Tuf es un buen ejemplo de una modalidad muy típica de la ciencia-ficción: los fix-up de historias que fueron publicadas originalmente por separado, e inicialmente sin la pretensión de constituir un todo conexo. En este caso lo que une las siete historias de Tuf no es sólo su protagonista, sino también su cohesión argumental, su ambientación y su propósito, como de si de una novela escrita del tirón (si se me admite la expresión) se tratara: Haviland Tuf debutó en 1978 con un relato titulado Llamadme Moisés, que forma la sexta entrega de esta recopilación. Pero probablemente fue a partir de la obtención del premio Locus por Guardianes (1981), segunda aparación de Tuf y quizá su historia más lograda, cuando Martin concibió toda una serie de relatos coherentemente relacionados para su protagonista.

Los viajes de Tuf es, pues, un fix-up de relatos original, homogéneo, muy ameno. Con una idea de partida atrayente, que se presta a multitud de posibilidades: el extinto Cuerpo de Ingeniería Ecológica y sus formidables capacidades de recreación biológica, tanto para la guerra como para la paz, intactas en el Arca de la que se apodera Tuf en el primer relato. Éste, auténtico alter ego indisimulado de Martin, cautiva al lector por su marcada personalidad, su desapasionamiento, su apego a la exactitud del lenguaje en grado casi cómico, su filia felina, su modo de vida solitario. Ingredientes con los que se sustentan una serie de relatos bien estructurados, y en ocasiones enriquecidos con interesantes reflexiones (en especial los tres que co-protagoniza Tolly Mune).

En cuanto a los defectos, quizá al conjunto le falte algo más de profundidad, un tono más adulto (en el mejor sentido de la palabra), y una mayor carga de acción y de escenas más variadas entre sí. Inconvenientes que hacen que a esta obra no se la pueda llegar a catalogar de clásico, pero sí considerarla lo suficientemente interesante como para esperar una futura continuación que Martin no parece muy dispuesto a escribir. Una lástima, porque en Los viajes de Tuf ya se citan tangencialmente aventuras suficientes como para dar lugar al menos a otra entrega de similares dimensiones.

miércoles, 19 de octubre de 2011

A posteriori: una pequeña reflexión sobre los 15 títulos esenciales para entender el género

Quizá alguno de los hipotéticos lectores de este blog no sólo haya leído las 15 novelas que proponía en mi lista de títulos esenciales, sino que incluso haya leído las reseñas y las haya usado para cuestionarse la validez de esta lista como iniciación al género. Me permito, pues, una pequeña reflexión sobre la misma.

Debo empezar diciendo que podría haber varias listas más de esenciales: la ciencia-ficción es un género muy prolijo, que ha dado lugar a decenas (incluso algún que otro centenar) de novelas memorables. Pero dado que por algunas hay que decantarse, creo que la propuesta cubre un amplio espectro de autores, épocas, géneros y tendencias.

Debo continuar resaltando que ésta no es una lista de mis 15 novelas favoritas. Por supuesto todas las novelas seleccionadas me gustaron mucho, pero como todo lector tengo mis debilidades, mis escritores y subgéneros favoritos. Tal vez en alguna entrada posterior proponga una lista más personal, pero ésta ha sido elaborada con la intención de atrapar al mayor abanico de lectores potenciales posible.

Y debo terminar reseñando que no he rehuido a ninguno de los autores clásicos del género: empezando por Los Tres Grandes (Heinlein, Asimov y Clarke, la auténtica trilogía esencial para entender la Edad de Oro), siguiendo por los que lo han configurado en su forma actual (Silverberg, LeGuin, Herbert, que dieron al género su impulso definitivo durante la época de la New Wave), reseñando algunos autores no estadounidenses de gran calidad (Turner, Hoyle, Baxter) y no olvidando a los mejores exponentes que, en mi humilde opinión, tiene el género en la actualidad.

Un último apunte: al lector ya familiarizado con el género tal vez le haya sorprendido la ausencia de novelas entre 1988 y 2003 (nada menos que 15 años). Debo decir que aunque he leído con placer novelas de muchos de los grandes nombres de ese periodo (Nancy Kress, Connie Willis, Dan Simmons...), siempre he tenido la sensación de que andaban un escalón por debajo de los grandes nombres del género. En posteriores entradas podré revisar novelas de alguno de estos autores y ampliar esta reflexión.

domingo, 16 de octubre de 2011

#15 Spin (2005). Robert C. Wilson



Con esta novela de apenas un lustro de antigüedad concluyo mi selección de quince títulos esenciales. Spin tiene muchas de las virtudes (y también, por qué no decirlo, alguno de los defectos) de la ciencia-ficción más actual. Se enmarca, al igual que otras novelas suyas similares y sin embargo recomendables como Mysterium (1994) y Darwinia (1998), dentro de una temática muy habitual en el autor: la modificación de la realidad en una Tierra más o menos contemporánea a causa de algún fenómeno inexplicable. Spin es su incursión más lograda en este terreno, una obra voluminosa en la que Wilson hace gala de sus habilidades especulativas y narrativas.

Hay muchos aspectos que resaltar de esta novela. Empezando obviamente por el Spin que una noche fría recubre la Tierra: una idea ingeniosa y que abre la puerta a multitud de ideas y conceptos tratados siempre con rigor. No sólo los meramente científicas (si bien es cierto que este elemento está muy cuidado en todo momento), sino también las reacciones políticas, sociales y religiosas. Ideas que Wilson hace evolucionar de manera natural conforme avanzan los capítulos, dando lugar a respuestas tales como la terraformación de Marte, la denominada Cuarta edad y los replicadores de Von Neumann (capaces de fabricar, de forma autónoma, una copia de sí mismos). En suma, un despliegue apabullante con un tratamiento digno de la mejor ciencia-ficción clásica.

Además de por lo anterior, la novela gana riqueza por el recurso a dos líneas temporales diferentes que van confluyendo paulatinamente. Obviamiente lo acontecido en el siglo XXI es lo que más cautiva, pero la línea de 4x10^9 va enganchando poco a poco, lo cual no siempre ocurre cuando se utiliza este tipo de recurso. Pero aquí el hecho de que los protagonistas sean los mismos (Tyles y Diane) contribuye a su éxito, pues gradualmente el lector va comprendiendo cómo han llegado a esa situación. Es de agradecer, además, que pese a lo desbordante de las ideas y situaciones presentadas, Wilson logre mantener un número de personajes contenido.

Quizá el último gran acierto de la novela sea la sensación de credibilidad: pese al continuo "más difícil todavía" al que somete al lector, éste siempre puede aprehender primero y aceptar después lo que Wilson le va proponiendo. Incluso la propuesta final de un Arco que conecta a la Tierra con otros mundos logra parecer verosímil, de lo bien que la defiende el escritor.

En el debe, solamente dos cuestiones: la primera, que pienso que a la novela le sobran 80 o 100 páginas, una sensación por desgracia cada vez más frecuente en las novelas actuales: excesivos detalles, pasajes insustanciales, alguna situación reiterativa... Y, emparentada con la anterior, la profundización excesiva en detalles irrelevantes (cito a modo de ejemplo la homosexualidad de la madre de Diane, y su amor nunca correspondido por la madre de Tyler), bajo la convicción, a mi modo de ver equivocada, de que van a dotar a la novela de una "mayor calidad".

Un último apunte: en 2007 Wilson publicó en EEUU una continuación de Spin, titulada Axis, no tan premiada como la aquí reseñada. Aún no la he leído, con lo cual no tengo opinión al respecto. Y hace apenas unas semanas se ha editado una secuela de Axis, titulada Vortex, igualmente inédita en español. ¡Esperemos que algún editor se anime a publicarlas pronto!

sábado, 8 de octubre de 2011

#14 Evolución (2003). Stephen Baxter



Recomendar títulos que sólo tienen unos pocos años de antigüedad es siempre más arriesgado que proponer clásicos reconocidos con varias décadas, pero aun así no espero equivocarme con esta larga pero atrayente novela: Stephen Baxter nos presenta una lograda y rigurosa visión de la evolución humana en la Tierra, desde sus más remotos antepasados hasta su último y definitivo heredero.

Lo que más sorprende al lector que se enfrenta a una obra tan ambiciosa y extensa es lo bien estructurada que está: Baxter logra mantener esa ilusión permanente por averiguar qué encierran las siguientes páginas. La sensación de fascinación, tan necesaria en la ciencia-ficción, está siempre garantizada. Además, los distintos episodios que conforman la novela están hábilmente conectados, bien medienta citas o referencias, bien por el aprovechamiento en episodios posteriores de lo narrado en episodios anteriores.

Otro logro es la habilidad del autor a la hora de crear un elenco de personajes cercano (y hasta entrañable) partiendo de una serie de antepasados lejanos y recurriendo a nombres descriptivos para facilitarle la tarea de retenerlos al lector: Purga, Plesi, Cava, Guijarro, Madre... Resulta subyugante observar cómo poco a poco van aumentando su inteligencia, enriqueciendo sus sociedades, manifestando los primeros fenómenos religiosos... Tanto, que parece una tarea fácil.

Por supuesto, todo lo anterior perdería su fuerza si no estuviera respaldado por los amplios conocimientos (biológicos, geológicos, climaticos) sobre las distintas épocas de los que hace gala Baxter, presentando con el máximo rigor las últimas averiguaciones de los expertos en las distintas materias. Para ello se sirve de una prosa que mezcla sabiamente párrafos de acción con otros de carácter casi divulgativo, los cuales permiten al lector comprender los ccambios medioambientales y la adaptación a los mismos de las criaturas de la época. Pero sin descuidar el componente de aventura (travesías por el Atlántico, desembarcos...), que Baxter mantiene a gran nivel a pesar de la dificultad de trabajar con seres tan lejanos para el lector del s. XXI.

No he mencionado hasta ahora lo que realmente constituye la parte de ciencia-ficción de la novela: desde el último cuarto del s. XXI en adelante, comenzando con el cataclismo económico/medioambiental con que Baxter da por terminada la civilización actual. El cual actúa no sólo como denuncia de lo que podría ocurrir en unos pocos decenios, sino también como desenlace verosímil en el contecto de la novela. A partir de ese momento lo que nos muestra el autor no desmerece lo narrado anteriormente y mantiene en la medida de lo posible el "rigor" científico: desde los últimos post-humanos africanos en un mundo dominado por las ratas, hasta la sobrecogedora extinción de los últimos seres vivos.

En el capítulo de los defectos, principalmente dos: el primero, la existencia del algún capítulo innecesario por redundante (un mal endémico de la literatura de los últimos años, del que no escapa tampoco este género literario); y el segundo, la excesiva voluntad didáctica de algunos tramos. Dos hechos que, en una novela con tantos cambios de personajes y escenarios puede hacer brotar una ligera fatiga en el lector. Por lo demás, algún pero muy leve como la aparición de seres inverosímiles (ballenas áreas, hombres topo).

En suma, algunos de los momentos de esta obra forman ya parte de mi pequeña selección de pasajes memorables de la ciencia-ficción. Espero, amigo lector, que pronto también pasen a formar parte de los suyos.

sábado, 1 de octubre de 2011

#13 Preludio a la Fundación (1988). Isaac Asimov



Hasta ahora creo que ninguno de los títulos incluidos en mi lista de esenciales habrá sorprendido al lector habitual de ciencia-ficción, pues más o menos todos entran dentro de la categoría de clásicos. Sin embargo, soy consciente de que la inclusión de Preludio a la Fundación levantará en esta clase de lectores no pocos comentarios. Y es que la opinión generalizada acerca de esta novela, la sexta en orden de publicación de la Saga de la Fundación y la primera según los hechos que en lla se relatan es que es una obra menor, parte de la extensión de la saga que realizó Asimov en los ochenta impulsado más que nada por fines crematísticos. Evidentemente no puedo estar más en desacuerdo con tal opinión.

La trilogía inicial de la Fundación se publicó a comienzos de los cincuenta, reuniendo una serie de relatos y novelas cortas publicadas en la década anterior. Ésta es la trilogía que siempre ha recibido toda clase de parabienes por parte de público y crítica. Hasta tal punto que aunque en al menos dos ocasiones Asimov llegó a escribir que nunca la continuaría, después de 30 años cedió a las presiones de muchos millones de lectores y la continuó con Los Límites de la Fundación, agregando después tres volúmenes más hasta completar los siete que la formaron finalmente.

A pesar de que Asimov mantuvo la ambientación y el trasfondo en general, estas cuatro novelas presentan un estilo diferente de la trilogía original, y como anticipaba antes, se agrega inmediatamente la cuña "y de menor calidad". Sin embargo, para mí lo que ocurre con tal valoración es lo siguiente: la inmensa mayoría de la crítica leyó la trilogía inicial cuando solamente existía ésta, y al leer tiempo después las continuaciones, ya tenían grabada en sus mentes lo excelso de la trilogía original y por tanto formada la opinión de que nada podía superarlas.

De hecho, cuando yo iba a empezar a leer esta saga hace casi 20 años, me propuse hacerlo de esa misma manera: primero la trilogía inicial y después las adicionales. Pero justo por aquel entonces cayó en mis manos Hacia la Fundación, última novela en orden de publicación de la saga, comercializada a título póstumo en 1993, y decidí leerlas en el orden definitivo decidido por Asimov. Así pude juzgar las siete entregas en igualdad de condiciones.

Tras completar la lectura de la saga soy de la opinión de que todas ellas merecen la pena, pero contrariamente a lo establecido, me parece que la trilogía original ha envejecido relativamente mal: demasiado escueta, personajes esquemáticos, grandes saltos narrativos... De hecho, agárrense críticos ortodoxos, Fundación me parece la más floja de las siete. Y en cambio, después de haberla leído completamente en dos ocasiones (y algunos pasajes varias veces más), Preludio a la Fundación me sigue pareciendo formidable.

Después de tanta parrafada subjetiva Vd. probablemente se esté preguntando, ¿pero de qué va esta novela? ¿Y por qué la considero esencial?

En ella se narra la llegada del joven matemático Hari Seldon a Trantor, la capital del Imperio Galáctico, cuya existencia abarca los últimos 12.000 años de historia de la humanidad. Y de cómo bajo la protección de Eto Demerzel forjará la teoría de la psicohistoria, una combinación de historia, psicología y estadística matemática que permite predecir el comportamiento estadístico de poblaciones tan grandes como el propio imperio, y que Seldon utilizará para anticipar su declive y posterior caída y minimizar el periodo de oscurantismo posterior.

Y la considero esencial porque aparte de crear un marco coherente para que Seldon geste la teoría en que se basará el resto de la saga, Asimov atrapa al lector con Trantor, una ciudad-planeta que en mi opinión es uno de los lugares más fascinantes de la historia de ciencia-ficción, con un elenco de protagonistas estupendamente caracterizados (no sólo Seldon, sino su primero protectora y luego amante Dors Venabili, el pequeño pero forzosamente maduro Raych, el atormentado emperador Cleon I, y sobre todo el enigmático Eto Demerzel), con unos personajes secundarios en muchos casos inolvidables (basta recordar a Amo del Sol Catorce), y con acción, especulación, atención a muchas de las ciencias que la ciencia-ficción tiende a dejar de lado (matemáticas, psicología, sociología), y la dosis habitual de misterio que siempre le gustaba introducir al Buen Doctor.

Sus detractores dirán que la prosa de Asimov es añeja, que abusa de los diálogos, que esta novela no incluye apenas sexo ni violencia gratuita, y que está excesivamente alargada. Asimov no es que no fuera consciente de estas objeciones, es que se enorgullecía de muchas de ellas. Y lo entiendo, porque para mí el resultado es como ya he dicho formidable. Tanto que quizá sólo El fin de la eternidad, la segunda parte de Los Propios Dioses y la segunda parte de Segunda Fundación estén a la altura de este Preludio a la Fundación que les recomiendo encarecidamente.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

#12 Las torres del olvido (1987). George Turner



Las Torres del Olvido es la segunda distopía que incluyo en mi lista. Sin ser tan famosa como "Un mundo feliz", considero que es si cabe más impactante para el lector contemporáneo, a causa de su mayor cercanía temporal a la sociedad del año 2011: no sólo es una novela ominosa sobre las catástrofes que acechan al género humano más cerca de lo que pensamos, sino un auténtico tratado de la naturaleza humana en circunstancias desesperadas. Sin ningún género de dudas es la obra cumbre del escritor australiano.

Desde el comienzo sobrecoge la enorme familiaridad de lo que empieza a relatar Turner en el año 2041: superpoblación, cambio climático, una clase media cada vez más limitada, viviendas minúsculas... Mas todo ello no sostendría esta extensa obra si no fuera porque el autor exhibe su talento a la hora de mostrar las inquietudes, la evolución de sus opiniones y las vivencias de cada personaje. De hecho, estructurar una novela mediante distintos personajes que hablan a un hipotético lector es un recurso literario de gran dificultad, pero si se domina proporciona excelentes resultados.

Otro acierto de Turner es el gradual proceso de acercamiento al mundo infra, hasta que el lector alcanza a comprenderlo: pasa de ser simplemente el más lúgubre infierno en el que puede caer un ser humano, a transformarse en un entorno lleno de una peculiar manera de vivir, con sus normas, sus leyes y hasta su escondida influencia al mundo supra. Acercamiento en el que desempeña un papel esencial el acertado elenco de protagonistas: Billy Kovacs, el férreo líder con su doble vida y su rincón de humanidad, Nola Parkers, la supra que delinque para aferrarse a su condición y Allison Conway, desterrada en la sordidez de la Periferia por sus hijos para, paradójicamente, encontrar allí su felicidad.

Debo resaltar asimismo que el escritor logra que los acontecimientos fluyan de manera natural conforme avanzan los años. Así, nos muestra la defensa a ultranza de las últimas comodidades del s. XX, la supresión del dinero, la amenaza que supone el aumento del nivel del mar... Todo ello constituye un angustioso telón de fondo que añade dramatismo a la obra, dando pie además a continuas reflexiones sobre la inquietante dirección en que se encamina la sociedad actual.

No hay que reseñar graves defectos, pero aviso aquí sobre uno que puede condicionar la lectura: Turner parece hacer ver al principio que Francis va a ser el protagonista, pero conforme avanza la novela irá disminuyendo su peso, así que no se deje desorientar por este giro. Otros defectos son a mi modo de ver el excesivo espacio dedicado a la "novela dentro de la novela" escrita por Leena Wilson, el un tanto tedioso año de formación de Teddy en el campamento SIP, las en ocasiones excesivas interrelaciones de un número limitado de personajes en un marco escénico tan grande como Melbourne, y unas críticas al cristianismo en el año 3.000 que están probablemente fuera de lugar.

Para finalizar, dedicar unas últimas palabras al certero desenlace, gestado a partir de ese intento de extender la esterilidad entre los infra. Una idea brutal que no llega a desterrarse, para terminar de consolidar el desasosiego del lector. Optimistas abstenterse.

sábado, 17 de septiembre de 2011

#11 Huevo del dragón (1980). Robert L. Forward



Robert L. Forward fue un físico de primerísimo nivel, lo cual no fue obstáculo para que en el último tramo de su vida se dedicara profesionalmente a una de sus pasiones: la ciencia-ficción. Obviamente su aportación al género se encaminó a la rama conocida como ciencia-ficción hard, en la que pudo desplegar sus amplísimos conocimientos científicos. Huevo del dragón fue su primera incursión en el géneto. Una excelente muestra de todo lo que pueda dar de sí una novela de ciencia-ficción hard: un entorno fascinante, una utilización rigurosa de la física, dosis abundantes de sociología, episodios de aventura y un inesperado espejo en el que reflejar la evolución de la humanidad.

El acercamiento de una estrella de neutrones a la Tierra en el año 2020 le sirve a Forward para poner en marcha la exploración de la misma. Una aventura harto difícil de llevar a buen término a causa de las singularísimas condiciones de vida de la estrella, que Forward consigue hacer atrayente mediante la designación de un protagonista claro en cada una de las fases de la evolución de los cheela, que así se llaman los extraterrestres que viven en la estrella.

Por supuesto, el proceso evolutivo es otra de las grandes virtudes del libro: desde sus inicios en forma de clanes cazadores que compiten por su supervivencia, pasando por su establecimiento en Paraíso de Brillante, sin olvidar su evangelización, hasta llegar a su avanzada sociedad científica. Fiel reflejo de la evolución humana, consigue que la obra trascienda el ámbito de la ciencia-ficción y se adentre en terrenos filosóficos. Y con el aliciente de que la evolución cheela está catalizada en todo momento por los movimientos de aproximación de la expedición humana. Es fascinante la maestría con la que Forward encaja exploración científica y evolución religiosa, más aún teniendo en cuenta los marcos temporales tan diferentes de ambas sociedades.

Los detalles del proceso gradual de adquisición de conocimientos por parte de los cheela son excelentes: desde la numeración en base 12, pasando por el viaje del artefacto cheela a las cercanías de Matadragones, hasta el envío masivo de información a los humanos. Hitos que forman parte de un elemento científico de gran solidez (basta recordar el pasaje en el que los cheela reflexionan sobre la naturaleza de Huevo o el imprescindible apéndice técnico). Y que tiene también su reflejo en la biología y la sexualidad alienígenas.

No conviene obviar las virtudes literarias de la obra, que también las tiene: su estilo literario ameno, fácil de seguir, con pequeños guiños humorísticos y un tono optimista; pasajes realmente emocionantes, de subyugante aventura tanto en el lado cheela como en el humano; la gran cantidad de cheela que son caracterizados a lo largo de la misma (entre los más relevantes, Pétalo-Roto, Ojos-Rosados y Mata-Ligero); y que las primeras interacciones entre humanos y cheela comiencen cuando aún queda media novela por delante.

Por contra, ninguno de sus defectos es grave: la cuestionable situación política en la Tierra del s. XXI (aún dominada por la Guerra Fría); unos personajes humanos algo esquemáticos (evidenciando que al autor le importa más la exploración humana en sí que sus ejecutores); descripciones a veces un tanto imprecisas de los accidentes geológicos más relevantes; la pérdida de impacto emocional que supone tanto cambio de protagonista; y la resurreción de Mata-Ligero a partir de su metamorfosis-contrametamorfosis. Detalles menores comparados con la abundancia de aciertos ya detallada.

Un último apunte: Huevo del Dragón inauguró la que más adelante se denominó Saga de los cheela, pues un lustro más tarde Forward publicó Estrellamoto, una novela casi tan brillante como su predecesora.

domingo, 11 de septiembre de 2011

#10 Tiempo de cambios (1971). Robert Silverberg



Ninguna lista de novelas esenciales para entender la ciencia-ficción puede estar completa sin una obra de Robert Silverberg. La dificultad es escoger solamente una, entre tantas obras memorables. Para mi selección he optado por Tiempo de Cambios porque es una incuestionable demostración de todo lo que su talento puede ofrecer, pertenece a su mejor época y es una de las más premiadas.

Tiempo de cambios transcurre en un planeta, Borthan, en el que se ha establecido una cultura complementamente diferente a la occidental: una cultura en la que se ha alcanzado la paz, pero a cambio la primera persona de singular está prohibida, la intimidad no existe, y la sola mención de la palabra "yo" se considera una obscenidad. Un argumento de gran interés, y que en manos de Silverberg da lugar a multitud de análisis, de especulaciones, de puntos de vista, que el autor nos ofrece mediante el diario de Kinnall Darival, su principal protagonista.

Desde el primer momento cautiva el marco escénico creado, con su orografía, sus contrastes, su inagotable riqueza. A ello se une la habilidad literaria de Siverberg a la hora de profundizar en sus protagonistas, los cuales cautivan por su "humanidad", su credibilidad, su naturalidad a la hora de comportarse. Es tal su habilidad a este respecto que en ocasiones el lector llega incluso a plantearse si realmente llegó a conocer a los personajes a los que da vida en estas páginas.

Todo ello se logra mediante una traslación gramática brillante, sugerente, en especial para un desafío literario tan complejo como el planteado. Y ensalzado con las continuas reflexiones sobre la condición humana que Silverberg inserta con naturalidad (muchas de las cuales subrayé, fascinado). Por supuesto, tales aciertos se maximizan en la figura de Darival, quien nos ofrece un abanico muy amplio de ideas y valoraciones según su situación personal, tan complejo como el que podría extraerse de cualquier obra autobiográfica. Una riqueza que sin embargo no es obstáculo para una concisión sorprendente: al finalizar la lectura es cuando mejor se aprecia cuánto ha sido capaz de profundizar Silverberg en la individualidad y en la condición humana en general en apenas 200 páginas.

Sinceramente, creo que es muy difícil ponerle algún pero a Tiempo de cambios. Si acaso, una cierta falta de inquietud que aguijonee al lector a devorar las páginas durante la primera mitad de la novela. Y tal vez ciertas referencias demasiado obvias a épocas y lugares de la historia humana. Pero, insisto, esos detalles en ningún caso desmerecen la coherencia de la novela, las interrelaciones de personajes que la presiden y la sensación estar leyendo un clásico imperecedero. Tan logrado como disfrutable.

viernes, 9 de septiembre de 2011

#9 La mano izquierda de la oscuridad (1969). Ursula K. LeGuin


Tercer título de la lista publicado en el año 1969 (en mi opinión, la mejor cosecha de la historia de la ciencia-ficción), La mano izquierda de la oscuridad es la primera novela de las que componen mi lista escrita por una mujer, lo que se deja sentir incuestionablemente a lo largo de la lectura.

La mano izquierda de la oscuridad es una novela honda, muy bien construida sobre dos pilares inusuales: la ambisexualidad y el frío. La fisiología sexual guedeniana (el hecho de que los humanos sean asexuales la mayor parte del tiempo y puedan adoptar uno u otro sexo durante el breve periodo que dura el kémmer, explicado estupendamente por cierto en un capítulo monográfico) condiciona completamente las relaciones personales. Aunque más determinante, si cabe, resulta Invierno/Gueden, el planeta creado por LeGuin. No sólo por la contraposición entre el feudal y vitalista Karhide y el burócrata y anodino Orgoreyn, sino también porque sus condiciones climáticas extremas se reflejan con habilidad en el modo de vida de sus habitantes.

Otras dos virtudes se descubren conforme se avanza en la lectura. Por una parte, los encuentros y desencuentros de sus dos protagonistas, Genly Ai y Estraven: fascina la visión que van ofreciendo el uno del otro en cada instante, la cual desemboca en una inesperada amistad (aunque no siempre se comprenda el interés que suscita en Estraven "El enviado"). Y por otra, la base social y científica que sustenta un mundo a priori más propio del género fantástico: desde la justificación del clima del planeta hasta la propia misión de Ai en nombre del Ecumen (lograr que Gueden se una mediante esta institución al resto de la humanidad).

Otros aspectos positivos de la obra son la prosa cálida a la vez que rigurosa de LeGuin, que cambia de registro según lo requiere la acción; las abundantes reflexiones tanto sobre las vivencias puntuales de los personajes como sobre la vida en general; unos personajes secundarios bien caracterizados; unos capítulos siempre bien estructurados; y varios pasajes realmente formidables (la prisión de Ai en la granja Pulefen, el tramo final de la travesía en trineo por el Norte...).

Los defectos son escasos y de poca envergadura: religiones y cultos un tanto abstrusos y de limitada relevancia dentro de la narración (handdara, yomesh); el alto número de orgotas con intenciones dispares, lo que facilita perderse entre sus intrigas; alguna referencia innecesaria al planeta Tierra (¡¿Papá Noel?!); y la inesperada utilización al final de una prescindible comunicación telepática. Ninguno de ellos empeña, no obstante, los méritos de esta novela intemporal, un clásico imprescindible en cualquier selección del género.

miércoles, 31 de agosto de 2011

#8 Ubik (1969). Philip K. Dick



Si por casualidad Vd. no conoce a Philip K. Dick, es obligatorio empezar señalando que fue uno de los escritores con más personalidad no ya de la ciencia-ficción, sino de toda la literatura del s. XX. Una literatura compleja, que en mi opinión cumple todos los requisitos para ser considerada ciencia-ficción (ambientación en sociedades futuras o extraterrestres, presencia de avances científicos, elucubraciones sobre la evolución del género humano, fascinación por las novedades...), pero que lleva al género un paso más allá al cuestionar habilmente la realidad mediante alucinaciones, sueños, drogas y un largo etcétera.

Esta novela es el mejor exponente de ese cuestionamiento de la realidad. Su punto de partida es que los muertos pueden alargar artificialmente su existencia en una especie de semivida, en la que comparten una misma realidad. Así, cuando uno de los protagonistas (Glenn Runciter) fallece víctima de una trampa en la luna, el otro (Joe Chip) comienza progresivamente a cuestionarse quién ha fallecido realmente, y conforme la atmósfera que lo rodea se vuelve cada vez más opresiva la utilización del Ubik se erige en la única salida posible.

Desde el comienzo Dick hace gala de sus incuestionables cualidades literarias, pues a pesar de lo complicado del argumento es capaz de ponernos rápidamente en situación y de mantener nuestra atención con un acertado equilibrio entre diálogos y narración. A ello contribuye tanto la idea de comenzar cada capítulo con un enigmático anuncio de los productos Ubik, como la fisonomía surrealista, casi naif, de los personajes. Además, la especulación sobre la vida después de la muerte y las formas que tal vida podría adoptar es muy interesante.

Es cierto que cuando con el paso de los capítulos la trama se complica más y más, Dick renuncia a aclarar todos los frentes abiertos y opta por sumirnos en un maremágnum de imprevisibles consecuencias (y que aparentemente sólo él es capaz de comprender), el cual concluye con un final "a tono". Por lo cual es comprensible que haya quienes consideran excesivos los parabienes recibidos por esta novela. Mi opinión es que se trata, sin duda, de una obra delirante, pero también cautivadora, siempre y cuando el lector esté dispuesto a dejarse llevar y no a intentar comprender en su totalidad lo narrado por el escritor. Quizá me parezca más reseñable otro defecto: lo formidablemente avanzada que está la sociedad de 1992, incluso con colonias en la luna. Pero en todo caso pienso que es una lectura imprescindible, y que si es del gusto del lector le abrirá la puerta al personalísimo mundo dickiano.

lunes, 29 de agosto de 2011

#7 Matadero cinco (1969). Kurt Vonnegut



También conocida como La Cruzada de los Niños, Matadero Cinco supuso la cima creativa de Kurt Vonnegut, un escritor de ciencia-ficción que, en parte por voluntad propia y en parte por su gran calidad, consiguió superar las barreras del género, consiguiendo publicar sus obras en colecciones de literatura mainstream.

Matadero Cinco es ante todo una novela de ciencia-ficción de una originalidad sorprendente, que consigue mezclar, por increíble que parezca, cinco elementos aparentemente incompatibles: la Segunda Guerra Mundial, el viaje en el tiempo, el contacto con una especie extraterrestre, unas grandes dosis de humor y numerosas reflexiones críticas de gran calado. ¡Ahí es nada!

La justificación que determina la estructura literaria de la novela es el contacto del protagonista, Billy Pilgrim, con los habitantes de Trafalmadore, unos extraños seres de un planeta que también aparece en otras novelas de Vonnegut y cuya percepción en cuatro dimensiones hace que para ellos un evento determinado sucedió, siempre ha sucedido, y siempre sucederá, como si el tiempo fuera un libro que puede ser abierto en cualquier página y ser leído y releído. Con esta premisa, y a pesar de que está dividida en 10 capítulos, Vonnegut corta y pega con aparente aleatoriedad distintos pasajes de la vida de Pilgrim, sin relacionarlos entre ellos ni proporcionar referencias temporales. Pese a lo cual el lector en ningún momento se desorienta, lo que refleja la excepcional calidad literaria de la obra.

Lo que es más importante, la novela no se limita a provocar la risa con su ironía o su sarcasmo (baste recordar los episodios de Pilgrim en el zoológico de Trafalmadore) o a sobrecoger al lector (como durante la devastación producida por los bombardeos Aliados sobre Dresde, el episodio más violento de la Segunda Guerra Mundial hasta Hiroshima), sino que realiza un auténtico estudio psicológico del protagonista. Y siempre tiene un acerado trasfondo de crítica sobre la guerra (se escribió en plena guerra de Vietnam), la posición dominante del ser humano en la creación o la futilidad de la existencia.

Quizá los únicos defectos que se le puedan objetar sean que en ocasiones el componente científico no está del todo logrado y que la participación del propio Vonnegut en la novela era probablemente prescindible. Pero son detalles menores: sus citas, sus metáforas, sus situaciones, su humanidad, hacen que estemos ante una novela irrepetible, impactante, surrealista, y por añadidura amena.

jueves, 25 de agosto de 2011

#6 Dune (1965). Frank Herbert



Dune es probablemente la novela de ciencia-ficción más famosa a nivel mundial, y desde luego la más vendida, con más de 12 millones de ejemplares. Y sin embargo ello no es obstáculo para que la crítica (incluyendo mi humildísima opinión) la considere un clásico imprescindible. En efecto, Dune es una novela tan descomunal que incorpora varios apéndices para poder profundizar en su ecología, su religión y su terminología (más de 300 términos específicos), y con tal riqueza de posibilidades que Frank Herbert pudo extender la saga hasta nada menos que 6 libros, más los otros 8 publicados hasta la fecha por su hijo Brian Herbert. Su fama es tal que ha eclipsado a su autor, de quienes muchos aficionados no pueden recordar ninguna otra novela, y por contra ha proporcionado vocablos que han traspasado la frontera de la novela, como por ejemplo el planeta Arrakis.

Debo reconocer que tenía cierto recelo a leerla, pues tiendo a desconfiar de los parabienes exagerados; estaba equivocado. Es, sí, una novela fastuosa, grandilocuente, incluso pretenciosa. Pero Herbert explota al máximo su talento y no se limita a esbozar un futuro con unos cuantos pilares básicos, sino que crea todo un universo, describe un planeta con minuciosidad extrema, lo dota de una compleja variedad de elementos naturales, técnicos y sociológicos, establece diversas culturas y las interrelaciona impecablemente para crear un argumento enormemente rico. Y todo ello mostrando muchas ideas interesantes sobre religión, cultura, quienes controlan el poder, etc.

De los tres libros de que consta esta primera novela de la saga, el que más me gusta es el primero, por su atmósfera, sus intrigas, su riqueza. Herbert es capaz de exponer poco a poco su formidable creación al lector, sin atosigarlo. Además, profundiza con gran habilidad en los pensamientos de cada personaje, facilitando así la comprensión de las múltiples instituciones de la novela (la casa Atreides, los Fremen, la Bene Gesserit y otras muchas que es imposible reseñar en esta breve entrada). Y todo ello estructurado en unos capítulos perfectamente delimitados para mantener la atención del lector, a la vez que interesantes y amenos.

Entre los puntos flojos, el más obvio es que la propia grandiosidad de la novela hace imprescindible una lectura continuada y con gran atención a todos los detalles, para no perderse ante la avalancha de información. Otro es que algunos de los elementos de la novela recuerdan demasiado a la Tierra actual (las Casas, el desierto, incluso la melange recuerda en demasía al petróleo). Y en último lugar la escasez de avances tecnológicos (si bien justificada por el autor).

Un último apunte: mi sugerencia es que lean sólo la novela original, o a lo sumo la segunda novela de la saga (El mesías de Dune, sensiblemente más corta y escrita en la misma época). En vista del enorme éxito y las no menores posibilidades, Herbert fue alargando progresivamente la serie, pero en mi opinión la calidad se vio perjudicada, pues se vio obligado a retorcer una trama ya de por sí muy complicada, incluyendo entre otros recursos resucitaciones de personajes (llamados Gholas), así como otros que pasaron "de buenos a malos" (Alia).

jueves, 18 de agosto de 2011

#5 La nube negra (1957). Fred Hoyle



Sir Fred Hoyle fue un astro-físico de reputación mundial que elaboró teorías controvertidas y sin embargo tan bien elaboradas como la de la Panspermia (que afirma que la vida no surgió en la Tierra, sino que llegó a la misma a bordo de cometas capaces de dispersar el mismo tipo de vida por diferentes mundos). Pero también cultivó con mucho acierto la ciencia ficción, especialmente esa rama de la misma llamada hard, por el predominio que se le da al componente científico-técnico en la obra. Una rama a la que, sin ir más lejos, a menudo también se adscribe a Arthur C. Clarke, a quien dediqué la entrada anterior.

La Nube Negra fue publicada en 1957, pero tardó más de tres décadas hasta que Miquel Barceló (a quien espero dedicar una entrada separada en algún momento, pues tiene una alta responsabilidad en mi pasión por este género literario) acometió su publicación en español en la colección Nova Ciencia-Ficción. Y es que según sus propias palabras era "un clásico indiscutible del género", que no podía permanecer ignorado por los lectores españoles. Más aún (añado yo) teniendo que en cuenta lo bien que ha envejecido.

No sólo coincido plenamente con Barceló, sino que a día de hoy sigue siendo mi novela de ciencia-ficción favorita. Por si esto parece un juicio demasiado personal, puedo mencionar que siempre que la he recomendado o prestado a algún amigo aficionado (y han sido muchas), he recibido opiniones entusiastas, llegando al caso de un amigo a quien se la presté y... ¡justo a las 24 horas me llamó para decirme que ya se la había terminado! (no sé cómo pudo hacerlo, son 250 páginas). De hecho, después de leerla por segunda vez puedo afirmar que, si mis conocimientos científicos-sociales-filosóficos y mi capacidad literaria me permitiera algún día escribir mi propia novela, La nube negra sería la novela que me gustaría escribir.

El descubrimiento de una misteriosa masa de materia interestelar que se acerca al sistema solar le sirve a Hoyle para dar lo mejor de sí mismo. Empezando por el estilo literario: conciso sin ser parco; inteligente sin ser aburrido. Los párrafos se suceden con naturalidad, y las descripciones se combinan sabiamente con las conversaciones. Siguiendo por la complejidad de los personajes, la puesta en escena de sus lados bueno y malo, su humanidad; incluso sus movimientos y sus actos están precisados con singular maestría. Profundizando en un argumento que roza la perfección, sin una sola página de relleno, y cuyo desarrollo el autor controla en todo momento. Y terminando con una irrepetible exposición de IDEAS (con mayúsculas) sobre los más amplios aspectos científicos, su adecuación a las circunstancias, su contraposición permanente, su evolución, su lógica, su veracidad...

Alguno de mis amigos me han señalado que subyace un cuestionable mensaje sobre la conveniencia de que sean científicos y no políticos quienes gestionen la sociedad, lo cual no necesariamente debe interpretarse como un defecto. Y otro pequeño pero que se le puede poner es la incertidumbre que tal vez surja en el lector cando se están narrando los desastres producidos por la nube y constata que aún quedan 100 páginas. Aunque en realidad lo que queda es tan interesante como lo que ya ha vivido.

En definitiva, si aún no conoce este clásico, y quiere paladear la mejor ciencia-ficción hard, ésta es la mejor novela posible.

martes, 16 de agosto de 2011

#4 El fin de la infancia (1953). Arthur C. Clarke



Sir Arthur C. Clarke ha sido durante muchas décadas el máximo representante de la ciencia-ficción británica, y junto con Robert A. Heinlein e Isaac Asimov, uno de los "Tres Grandes" del género. Con fama de escribir novelas de ciencia-ficción dura, optimista ante los avances tecnológicos pero un tanto fría y enfocada principalmente en el elemento científico, El fin de la infancia demuestra que ésa es una visión sesgada, y me temo que promovida principalmente por sus envidiosos detractores.

Como Amos de Títeres, de la que hablé en mi anterior entrada, El fin de la infancia es una brillante especulación sobre la invasión extraterrestre y sus consecuencias. Pero con un enfoque totalmente diferente al de Heinlein: los Superseñores (una lograda y sin embargo limitada traducción del sensacional Overlords de la edición en inglés para referirse a los extraterrestre de apariencia aterradora e incorrompible bondad) invaden la Tierra en plena Guerra Fría, y con sus abrumadores poderes la controlan rápidamente. Una situación que da lugar a gran número de implicaciones a lo largo de las décadas siguientes (lo que de paso implica una cierta pérdida de contacto entres los personajes de la primera parte y los de las otras dos, algo inevitable cuando el marco temporal es tan amplio).

Clarke logra con maestría que su narración no sólo resuelte amena, sino cercana al lector, algo muy complicado en una obra eminentemente especulativa. Y eso que el elemento científico-tecnológico está especialmente cuidado: desde las implicaciones relativistas del viaje al mundo de los Superseñores a las condiciones de la estación submarina (aunque en mi opinión se otorga una importancia excesiva a la parapsicología, algo que desentona un tanto en una novela de ciencia-ficción). Pero también las ciencias sociales, determinantes en esta obra, están cuidadas con mimo: nada menos que dos capítulos se dedican a desmenuzar todos los cambios derivados del control alienígena. La culminación de todo lo anterior lo constituye, en mi opinión, la visita final al mundo de los Superseñores, que Clarke no sólo no rehúye como haría un escritor menos capaz, sino que supera con nota al mostrarnos alguno de sus aspectos más fascinantes (mención especial para la emotiva visita al Museo de la Tierra).

Otro acierto (no siempre observable en la obra del británico) es el cuidado en la caracterización de los tres personajes principales: Stormberg, el Secretario General de la ONU, en pleno conflicto entre us inquietudes sociales y su responsabilidad, Rodricks, el intrépido visitante estelar que no por ello deja de enviar una conmovedora carta de despedida a su hermana Maia, y Karellen, portavoz principal de los extraterrestres.

En cuanto a los defectos, quizá falta acción en determinadas fases de la segunda parte, y tal vez también falte dramatismo en algunos momentos (por ejemplo, ciertos actos de Stormberg dan la impresión de no ser apenas relevantes para la humanidad). Pero son cuestiones menores, pues incluso el desenlace responde a las expectativas más exigentes, por una parte con la reafirmación de la autodeterminación de los seres humanos que supone el enclave de Nueva Atenas, y por otra con el inesperado e inquietantemente verosímil final de la humanidad, que parece ajustarse a los postulados de las religiones mayoritarias.

En definitiva, un clásico incuestionable, reflexivo y científico pero también humano y emotivo.

domingo, 14 de agosto de 2011

#3 Amos de títeres (1951). Robert A. Heinlein



En una lista de novelas esenciales de ciencia-ficción, por corta que sea, no puede faltar al menos un título de Robert A. Heinlein. Tal vez en los últimos lustros su nombre haya perdido parte de su preeminencia, pero durante décadas fue casi unánimemente reconocido como el escritor más importante del género, con multitud de premios y galardones.

Y puestos a escoger una obra de Heinlein, para mí Amos de títeres es la elección correcta. Sin tanta fama como alguna de sus obras más conocidas (tal vez porque cuando se publicó aún no se habían instaurado los premios que cosecharon muchas de sus obras posteriores), creo que es la mejor y que, además, refleja perfectamente la personalidad literaria de su autor.

El éxito de la novela se cimenta sobre dos pilares complementarios. El primero, la brillante concepción de la invasión alienígena, cuya "invasión" de los cuerpos de los humanos resulta tan coherente y creíble como pavorosa (los amos son criaturas dotadas de una maldad fría y sutil que se adapta a las circustancias). Y el segundo, la cohesión de toda la trama, con una perfecta hilazón de todos sus episodios que permite sacarle el máximo partido a lo concebido por el autor.

A estos dos pilares hay que unir dos virtudes esperables en toda novela de Heinlein: la perfecta caracterización del trío protagonista (Sam, Mary y el Patrón, personajes arquetípicos de lo mejor de su producción) cuyas relaciones personales evolucionan en todo momento conforme a lo narrado; y la brillantez narrativa, con pasajes de gran emoción, reflexiones interesantes y oportunas, y una ambientación excepcional de los lugares poseídos por los extraterrestres, especialmente Kansas City.

Defectos menores son el recurso a unos supuestos habitantes del planeta Venus como parte esencial del desenlace, la endeblez de la secta de los whitmanianos a la que Heinlein recurre en momentos puntuales y lo arcaico del sistema de comunicación basado en "estaciones locales" (téngase en cuenta que la novela tiene ya 60 años). Un último defecto es el excesivo protagonismo otorgado al Presidente, pero ya saben, estamos en EEUU.

Si no han tenido la suerte de leer a Heinlein, con seguridad esta novela les desvelará el talento de uno de los mejores escritores del género. Y si, aun conociéndolo, aún no han descubierto Amos de Títeres, ya verán como les engancha de la primera página a la última.

Dos notas a pie de página para terminar. La primera, que al fallecer Heinlein su viuda permitió la publicación de la novela íntegra, pues la versión conocida hasta entonces había sido reducida y "asexuada" por el editor de Galaxy (la revista en la que originalmente se publicó). No he tenido la oportunidad de leer esta versión, pero habitualmente prefiero las versiones originales de los autores, sin los tijeretazos de los editores, así que me imagino que merecerá la pena. Y la segunda, que a muchos esta novela les recordará (como a mí) a una película, La invasión de los ladrones de cuerpos, o incluso a la novela que dio lugar a la misma, obra de Jack Finney. Novela y película son posteriores a Amos de Títeres, que ya era famosa por aquel entonces. Y me atrevo a afirmar que más inconsistentes argumentalmente y menos disfrutables que la obra de Heinlein. Así que, háganme caso y quédense con el original.

jueves, 11 de agosto de 2011

#2 Un mundo feliz (1932). Aldous Huxley



Aunque Hugo Gernsback ya había acuñado el término "ciencia-ficción" en 1926, muy probablemente Huxley no escribió esta obra capital del siglo XX pensando que se adscribiera al recién nacido género. Sin embargo existe unanimidad casi total a la hora de considerarlo ciencia-ficción, y en particular a uno de los subgéneros más relevantes del mismo: las distopías (es decir, una utopía alterada en la cual la realidad transcurre en términos opuestos a los de una sociedad ideal. En su momento espero dedicar una entrada separada a tan fascinante propuesta literaria.).

Pocas veces la mente de un escritor ha logrado crear una sociedad futura que al menos en apariencia esté tan bien estructurada: ya el primer capítulo por sí solo, describiendo el centro de incubación y acondicionamiento, en el que se crean los seres humanos y se les condiciona para que pertenezcan a una determinada casta, es un prodigio de perspicacia y conocimientos científicos y sociales. Pero a lo largo de toda la novela llaman la atención todas las referencias y valores que Huxley altera en aras de una mayor capacidad de reflexión: el sexo libre e intrascendente, los juegos, las drogas para el control de masas, los estados de trance para forjar doctrinas, las referencias sacrílegas a antiguas costumbres de la humanidad... Todos estos elementos constituyen una sociedad fascinante, sin enfermedad ni sufrimiento aunque a cambio sin religión, filosofía ni relaciones familiares.

El contrapunto a esta sociedad lo ejerce Malpaís, la reserva salvaje en la que habitan seres humanos "no civilizados" por los gobiernos. Y de la que surge John el Salvaje, el verdadero protagonista, cuyo encuentro con el "mundo feliz" al otro lado de la reserva le hace pasar progresivamente de la fascinación más infantil al más absoluto desprecio por su vacuidad. De manera que en el tramo final de la novela se contraponen estabilidad y felicidad frente a riesgo y desgracia. Pero hay muchísimas más reflexiones, ataques al comunismo y a la promiscuidad, rechazo de la ciencia como elemento de control de la sociedad... cada lector elegirá las que encuentre más interesantes.

Tal vez el principal problema del libro es que pierde un poco el foco en los personajes y en sus avatares, pues su empeño es cubrir al máximo la parte filosófica y especulativa. Por eso en mi caso no fue hasta la segunda vez que la leí cuando realmente supe disfrutarla, a la par que pasar alguna noche más corta de lo esperado elucubrando sobre lo que acababa de leer. Pero en todo caso, una novela imprescindible: la encontrarán en muchas de las listas sobre las novelas más importantes de todos los tiempos (y todos los géneros).

Un apunte final: décadas más tarde Huxley escribió Nueva Visita a un Mundo Feliz, que no es una secuela, sino una colección de ensayos en la que reflexionaba a la luz de los años sobre hasta qué punto sus especulaciones estaban más o menos cerca de cumplirse.

jueves, 21 de julio de 2011

#1: La máquina del tiempo (1895). Herbert George Wells



Aunque el término ciencia-ficción aún no se había acuñado, para mí la ciencia-ficción empezó con H.G. Wells a finales del s. XIX. Wells conocía las novelas de anticipación del francés Jules Verne, pero le dio una vuelta de tuerca al planteamiento al preocuparse no sólo de la aparente viabilidad técnica del viaje, sino por las reflexiones sociales y políticas de la sociedad del futuro. Y es que aunque con esta obra se inicia la temática del viaje a través del tiempo, lo que la convierte en un clásico aún disfrutable en el siglo XXI es la convivencia entre dos tipos de criaturas: los edonistas Eloi y los feroces morlocks.

Tuve la suerte de leer esta novela en la edición que figura en la imagen cuando tenía sólo 14 años. Entonces, habituado más a las novelas de aventuras, no me disgustó, pero me quedé con la sensación de que me había perdido algo. Afortunadamente sus personajes sobrevivieron varios años en el fondo de mi mente, hasta que con 19 años me animé a leerla de nuevo. Entonces sí pude comprender su pesimismo, su excepticismo sobre el progreso tecnológico, el peso que concede a la responsabilidad de los hombres en el futuro de la humanidad... A raíz de ahí se desató definitivamente mi pasión por la ciencia-ficción, hasta el día de hoy.

En suma, todo un clásico imprescindible. Si Vd. aún no la ha leído, considero que es la novela más adecuada de las 15 de mi lista para empezar.

Y una última anécdota: coincidiendo con su primer centenario, Stephen Baxter publicó una continuación autorizada oficialmente: "Las naves del tiempo". Una novela que, sin llegar a las cotas que alcanzó el original, es una digna sucesora y una lectura muy recomendable.

viernes, 15 de julio de 2011

Al grano: 15 títulos esenciales para entender el género

En anteriores posts he reflexionado sobre algunas cuestiones relativas a la ciencia-ficción, pero sin entrar al meollo de la cuestión: sus obras. ¡Es hora de ir al grano!

No he olvidado, a la hora de elaborar esta lista, que el formato por excelencia de la ciencia-ficción (en el que surgió y en el que alcanzó cotas mayores de popularidad) fue el relato corto. Pero en la literatura del s. XXI el género que domina por aplastante mayoría es la novela, así que he decidido fijarme primero en él.

Los 15 títulos que aparecen a continuación NO son mis quince novelas favoritas. Muchas de ellas figurarían en esa selección, y de ninguna tengo una opinión negativa, pero mi criterio a la hora de seleccionarlas ha sido ofrecer una selección "manejable" de clásicos e hitos del género desde sus orígenes hasta la actualidad. Con una doble pretensión: por un lado, motivar al lector habitual de ciencia-ficción a mejorar su conocimiento del género, completándolo con títulos que tal vez no haya tenido la oportunidad de leer; y por otro y más relevante, ofrecer a quien se adentra por primera vez en este apasionante género una panorámica completa de todo lo que puede ofrecer.

Considero que 15 títulos es una cifra razonable para, en un año más o menos, poder calibrar las bonanzas del género: si después de haber leído estos 15 títulos no se ha sentido poderosamente enganchado por varios de ellos, al menos siempre podrá decir que tiene un conocimiento más que aceptable de este género. Pero más bien creo que tras descubrirlos uno a uno se convertirá en un aficionado tan apasionado como yo.

Señalar además que sólo he incluido una novela por autor, y que he optado más por obras de autores con una trayectoria destacable en el género que por obras puntuales de gran calidad pero de autores que sólo se han adentrado en la ciencia-ficción ocasionalmente. Con lo cual para el lector habitual no va a haber grandes sorpresas en cuanto a los 15 escritores elegidos. Asimismo señalar que me ha parecido absurdo ordenarlos por una lista de "el mejor, el segundo mejor, etc.": entraríamos de lleno en el ámbito de lo subjetivo, y por ahora es bastante decir que todos ellos son hitos incuestionables en el género. Así que he recurrido al orden cronológico.

Y una última puntualización: no soy un erudito del género, ni pretendo haber leído todas sus novelas en los últimos 115 años, así que puede haber habido omisiones no deliberadas. Pero sí puedo decir que he leído novelas de más de 70 escritores de ciencia-ficción diferentes, con lo cual creo que la selección tiene su peso específico. Ahí va:

1. La máquina del tiempo (1895). Herbert George Wells
2. Un mundo feliz (1932). Aldous Huxley
3. Amos de títeres (1951). Robert A. Heinlein
4. El fin de la infancia (1953). Arthur C. Clarke
5. La nube negra (1957). Fred Hoyle
6. Dune (1965). Frank Herbert
7. Matadero cinco (1969) Kurt Vonnegut Jr.
8. Ubik (1969). Philip K. Dick
9. La mano izquierda de la oscuridad (1969). Ursula K. LeGuin
10. Tiempo de cambios (1971). Robert Silverberg
11. Huevo de dragón (1980). Robert L. Forward
12. Las torres del olvido (1987). George Turner
13. Preludio a la Fundación (1988). Isaac Asimov
14. Evolución (2002). Stephen Baxter
15. Spin (2005). Robert C. Wilson

Casi nada, ¿eh? En próximos posts daré mi visión personal de cada uno de ellos, justificando su presencia en esta lista.

Un último apunte: no me he preocupado por revisar si todas estas novelas se pueden adquirir fácilmente en las librerías actualmente. Si en algún caso no fuera así, siga Vd. mi consejo, haga el esfuerzo de localizarla por internet, y dispongase a disfrutar como pocas veces en su vida...

jueves, 14 de julio de 2011

Por qué la ciencia-ficción sigue siendo un género marginal

Quizá para algunos aficionados a la ciencia-ficción su marginalidad constituya un atractivo adicional. Pero para mí es una pena que su conocimiento sea patrimonio de una minoría, y que el mero hecho de reconocerme aficionado provoque un arqueo de cejas en más de uno de mis interlocutores. Reflexionando sobre ello he llegado a la conclusión de que son varias razones han contribuido a este estado.

En primer lugar, la propia definición del género: ciencia-ficción. Y es que la palabra ciencia ya supone un freno para muchos potenciales lectores, de forma similar a otras palabras que provocan rechazo actualmente como ejército o religión. Por más avances tecnológicos que se incorporen a nuestras vidas, y por más que dichos avances se fundamenten en el conocimiento científico, una amplia mayoría de la población es profundamente ignorante de cualquier rama científica (desde la Física hasta la Economía). E incluso se disculpan con el manido "es que soy de letras", cuando no se jactan de ello. Y claro, el que haya unas "letras" (entiéndase, una literatura) que se basa en los conocimientos científico / tecnológicos escapa a su percepción del género literario.

Otra es la nefasta influencia del mundo del cine. Sin llegar al extremo de Isaac Asimov (quien protegió sus novelas de ciencia-ficción con todos los medios a su alcance para evitar que se adaptaran a la gran pantalla), pienso que "el séptimo arte" ha ofrecido una imagen desoladora de la ciencia-ficción. Con alguna excepción reseñable (2001, Blade runner), sus adaptaciones han oscilado entre lo ridículo y lo trivial (de Yo, Robot a Tropas del Espacio), se han focalizado en los efectos especiales frente a su faceta especulativa, y han optado por el subgénero más liviano de cuantos conviven dentro de la ciencia-ficción: la space-opera de buenos y malos (piénsese en La Guerra de las Galaxias o en Star Trek). De tal manera han escorado su visión que pienso que una mayoría del género femenino lo considera un género para hombres, obviando que muchas mujeres han alcanzado auténticos hitos con sus obras de ciencia-ficción (de Ursula K. LeGuin a Connie Willis).

Y otra es la competición por el mismo público que lee novelas de fantasía. Son muchos los escritores de ciencia-ficción que también escriben novelas de fantasía (desde Robert Silverberg a George R.R. Martin). Y en su mayoría lo hacen como una manera de "relajarse" después del esfuerzo que les ha supuesto escribir muchas obras de ciencia-ficción. Es decir, como una creación "menor" que les permite seguir ocupados, como hacía ya hace más de medio siglo Isaac Asimov con sus obras juveniles de Lucky Starr, mientras esperaba la inspiración que años después le permitió completar la excelsa Los Propios Dioses. Ahora bien, paradójicamente esas obras de fantasía gozan habitualmente de un reconocimiento mucho mayor que sus obras de ciencia-ficción, lo que invierte la relación esfuerzo - éxito y pervierte la percepción del escritor.

Como confío en que Vd., amigo lector, es de los que prefiere que la justificación del desenlace sea un agujero de gusano que ha realizado un viaje relativista que una pócima mágica que permite el viaje en el tiempo, le animo a seguir leyendo este blog.