lunes, 17 de abril de 2017

La luna y el sol (1998). Vonda N. McIntyre

Con "La luna y el sol" prosigo mi revisión en orden cronológico de las novelas que he seleccionado como representativas del subgénero de las ucronías o historias alternativas, uno de los más sugestivos de la literatura de ciencia-ficción. La de hoy es una de las ucronías más premiadas de la historia del género: esta novela de la estadounidense Vonda N. McIntyre se alzó en 1998 con el Premio Nébula (para mí el de más calidad del género) a la mejor novela del año. Derrotando por cierto a la hoy archiconocida "Juego de tronos", de George R.R. Martin. A pesar de lo cual no es en mi opinión una de las mejores ucronías de esta selección. Eso sí, la considero ligeramente superior a la obra de cabecera de McIntyre, esa "Serpiente del sueño" que ya reseñé en su momento como parte de mi lista de novelas decepcionantes. Y es que nunca he terminado de encontrar las supuestas bondades de esta autora.

"La luna y el sol" es una historia alternativa con un marco histórico atrayente (los últimos años del reinado de Luis XIV, el Rey Sol) y un punto de partida ilusionante (la captura de un desconocido monstruo marino, que constituye además el hecho divergente que da pie a la ucronía). Pero se trata de una novela excesivamente larga, con varias licencias difícilmente asumibles en el género de la ciencia-ficción, una vocación feminista un tanto exagerada, y sólo un par de momentos realmente brillantes, ya cerca del final.

No obstante lo anterior, lo cierto es que el comienzo es alentador, con ese oportuno listado de personajes históricos e inventados que permitirá al lector ubicar la narración en todo momento, y la captura del monstruo marino en el prólogo. Pero en seguida la lectura se vuelve pesada: excesiva atención a los personajes secundarios, inacabables descripciones sobre las vestimentas de los cortesanos, capítulos que reflejan la frívola vida en la Corte sin que en ellos suceda prácticamente nada... La visita del Papa a Versalles y el gradual estrechamiento de la relación entre el monstruo marino y Marie-Josèphe de la Croix son dos motores argumentales demasiado débiles para mantener la atención durante casi trescientas páginas.

Porque ese es el volumen de novela que hay que superar para que realmente empiecen a suceder los acontecimientos: la relación amorosa entre Marie-Josèphe y el conde Lucien, los enfrentamientos con el Rey Sol, el ultimátum al monstruo marino, el intento de huida, la travesía por el mar... Y las páginas en las que se encuentran los dos únicos capítulos dignos a mi modo de ver del Nébula: el veintiséis, con el trepidante intento de huida y la posterior captura; y el veintinueve, con el desenlace en el Océano primero y en la Corte después. Un tercio final que sorprende por su notable cambio de ritmo narrativo frente a los dos primeros tercios de la novela (demasiado acelerada al final; demasiado pausada hasta entonces).

Otros defectos adicionales lastran el resultado final: el hecho de que el monstruo marino "hable" con sus cánticos pero sólo Marie-Josèphe sea capaz de entenderlos; las ensoñaciones que a menudo sufre Marie-Josèphe, sin explicación ni continuidad; el recurso a todo tipo de filiaciones entre los personajes para justificar determinadas situaciones e intentar aumentar la carga dramática; la referencia a mitos tan obvios y manidos como el de la Atlántida; la ausencia de cualquier referencia temporal (por ejemplo, es imposible estimar el tiempo que el Papa Inocencio pasa en Versalles); la morfología del monstruo marino, muy poco científica; y el retorcimiento de determinadas situaciones para hacer más patente la posición en segundo plano que ocupaban las mujeres en el siglo XVII.

A cambio McIntyre logra cerrar el círculo planteado en esta ucronía al relatar la petición expresa que el Papa realiza al padre Yves para que borre toda referencia a los monstruos marinos, lo que explicaría por qué esta historia alternativa nunca llegó hasta nuestros días. Este acierto, junto con una adecuada recreación histórica de la vida en Versalles (a pesar de episodios tan poco trascendentes como la partida de caza y el carrusel), con cierta inquietud científica de algunos personajes, y con la abundancia de diálogos frente a las descripciones, permiten que la lectura no sea completamente en vano. Aunque me consta que en 1998 se publicaron novelas mucho más recomendables que ésta (sin ir más lejos la que reseñé en mi anterior entrada: "Darwinia").

sábado, 8 de abril de 2017

Darwinia (1998). Robert C. Wilson

Una entrada más continúo reseñando en orden cronológico las novelas que he seleccionado como representativas del subgénero de las ucronías. Voy a reseñar en esta oportunidad "Darwinia", del estadounidense Robert Charles Wilson. Una novela que a mi modo de ver encaja en este subgénero, aunque por su temática y su ambición es cierto que podría haber encajado en otros cuantos. Y es que partiendo de un sugerente cambio en la antigua Europa a comienzos del siglo XX, Wilson construye una disfrutable novela, en su mayor parte de aventuras e investigación, sin por ello descuidar a sus personajes, ni olvidarse de construir una teoría especulativa "plausible" que justifique todos los cambios narrados.

El hecho divergente que nos propone Wilson en su ucronía se aleja de lo habitual en el subgénero, ya que no se trata de uno o más acontecimientos históricos que sucedieron de manera diferente, sino del denominado Milagro, que en 1912 reemplazó la mayor parte de Europa por Darwinia, un continente salvaje, habitado por las más extrañas criaturas y sin vestigios de la civilización que la poblaba. Una propuesta ambiciosa que permite una doble visión: la mayoría cree que es un castigo de Dios en respuesta a las teorías de Charles Darwin, mientras que una minoría se limita a interpretarlo como una oportunidad para construir un nuevo Imperio. En todo caso este hecho divergente le permite al escritor jugar con subgéneros presumiblemente dispares, conjugando la ucronía, la novela de aventura y la tecnológica, al tiempo que especula con una Historia en la que no existió Primera Guerra Mundial.

Para ello Wilson estructura la novela en cuatro partes con un interluido al final de cada una de ellas, las dos primeras situadas entre 1919 y 1921, la tercera en 1945, y la cuarta de vuelta a 1920. Con un total de 39 capítulos a lo larg de los que Wilson propone varias líneas narrativas, pero siempre de longitud contenida, hasta el punto de que la concisión es una de las grandes virtudes de la novela. La línea principal de la novela (los avatares de Guilford Law) siempre raya a un alto nivel. Pero está permanentemente complementada por una o dos líneas secundarias (Colin Watson, Carolyne, Lyly...) que no siempre son tan interesantes, o que incluso a veces se alejan de lo admisible en la ciencia-ficción para adentrarse en el cuestionable terreno de lo fantástico (caso de las peripicias de Elias Wale), lo que le resta puntos a la impresión final. No obstante, es indudable la habilidad de Wilson para captar los puntos de vista de muchos personajes, sabiendo captar el ambiente y reforzar la intensidad de los acontecimientos cuando es necesario.

También juega a favor de "Darwinia" lo elaborado de su literatura, una narrativa fluida en tercera persona que es sabiamente enriquecida en ocasiones con trozos del diario de Guilford, o de cartas a su familia. Con una incuestionable capacidad para ponernos rápidamente en situación, con capítulos excelentes (como el 14, en el que la expedición llega al lago Constanza y es atacada por los partisanos), con el recurso a la emotividad al recorrer lugares alterados radicalmente (como la desembocadura del Rhin o Londres), y con un perceptible esfuerzo por darle toda la verosimilitud posible a su mezcla de ciencia y religión (recurriendo a conceptos como Sentiencia, psivida, el Campo de Higgs, La Guerra en el Cielo...).

En cuanto al capítulo de los defectos, además del exceso de fantasía injustificada ya mencionado debo reseñar que, tras una primera parte en la que el autor recrea con habilidad el aroma de la literatura de viajes de principios del siglo XX, aclara "de más" en el primer interludio, y hace que el interés en el resto de la novela sea menor. También falla la manera en la que los personajes logran el conocimiento, que mayormente es revelado por potencias superiores, dando al traste con la supuesta investigación. No es menos cierto que la novela es tan grandilocuente que por momentos parece capaz de satisfacer lo mejor de diversos géneros, pero al final se queda a medio camino entre varios de ellos. Y por último debo citar el recurso siempre cuestionable a la utilización de un nuevo personaje (Matthew Crane) en los capítulos que conforman el desenlace (un personaje cuya aportación no está demasiado clara).

Pero si a cambio contraponemos el exquisito gusto del autor por lo antiguo, la perceptible influencia del steampunk tan de moda en 1998, y un estupendo epílogo (que propone un bonito final a la vez que deja la puerta abierta a una posible continuación que no ha llegado hasta la fecha), coincidiremos en situar a "Darwinia" en la parte alta de la lista de novelas de historia alternativa que les he propuesto.

lunes, 20 de marzo de 2017

Antihielo (1993). Stephen Baxter

Una entrada más prosigo reseñando en orden cronológico las novelas que he seleccionado como representativas del subgénero de las ucronías, uno de los más conocidos de la literatura de ciencia-ficción. Voy a hablarles en esta oportunidad de "Antihielo", del británico Stephen Baxter. Que además de ser uno de mis escritores favoritos en activo, es el único que aparece por partida doble en la lista de ucronías que les propuse hace unas cuantas entradas. La razón es la disparidad estilística y argumental de las dos ucronías seleccionadas. En concreto, "Antihielo" se encuadra con naturalidad en uno de los "sub-subgéneros" (si me permiten el abuso del término) de las ucronías: el steampunk.

El steampunk se caracteriza por proponer unas historias alternativas del siglo XIX en las que las maquinarias a vapor de la época evolucionaron hasta dotar a la sociedad de unos avances tecnológicos de los que en realidad careció. A esta categoría pertenece "La máquina diferencial" (1990), de William Gibson y Bruce Sterling, que en mi lista de ucronías sugeridas situé justo antes de la novela que hoy les presento, y que probablemente fue la que dio a conocer el steampunk al gran público. Aunque como ya comenté en su momento a mí me resultó relativamente decepcionante. Y lógicamente "Antihielo", publicada tres años más tarde y para mí mucho más satisfactoria: un excelente ejercicio de historia alternativa que adopta la forma de un "viaje extraordinario" de Jules Verne pero lo enriquece con brillantes reflexiones políticas y sociales.

La longitud contenida de la novela y su certera estructuración anticipan su calidad: el prólogo de Hedley Vicars a su padre y el epílogo de Ned Vicars a su hijo encuadran, con su contenido bélico en dos periodos separados por cincuenta y seis años, una trama esencialmente de aventuras, con el antihielo como elemento facilitador, que funciona también como revisión de la situación política en la segunda mitad del siglo XIX. Una trama en la que Baxter recrea con esmero los principales protagonistas políticos y científicos de la historia real, pero con papeles ligeramente alterados para estimular la mente del lector. Además, la sociedad derivada del uso del antihielo es la consecuencia de una Revolución Industrial acelerada pero razonablemente plausible, con gadgets y servicios muy atractivos (y como es lógico algunos evidentemente cuestionables, por ejemplo el tren sobre el Canal de la Mancha).

En honor a la verdad debo reconocer que la novela tarda en "arrancar", ya que las conversaciones entre el protagonista absoluto (Ned Vicars) y el periodista Holden primero, y el recorrido posterior por el crucero terrestre Príncipe Alberto están faltos de acción. Pero con el sabotaje de la Faetón comienza paradójicamente su periplo por el espacio exterior, momento a partir del cual la novela cobra una nueva dimensión, tremendamente disfrutable. Con un elenco de personajes reducido (Ned, Holden, el ingeniero Traveller (una estupenda recreación del Cyrus Smith de Verne) y su sirviente Pocket), en un espacio también reducido y pleno de avances construidos con la tecnología del siglo XIX, en el que la supervivencia primero, la captura del saboteador Bourne después, y el desembarco y la posterior exploración de la luna al final, atrapan al lector irremisiblemente.

De manera un tanto discutible, Baxter renuncia a una mayor exploración de la Luna y a narrar el retorno a la Tierra, y a cambio se reserva el último cuarto de la novela para otras funciones menos obvias pero más importantes para cohesionar la novela: revisa el impacto del antihielo en el principal conflicto bélico de la época, concluye el elemento de romance de la novela (menos relevanta de lo que sugieren las reseñas que he leído), y sobre todo traslada un mensaje negativo sobre la supremacía que Gran Bretaña logra en Europa mediante el antihielo.

Como pueden adivinar por mi valoración global, se trata de una novela con pocos defectos. Resaltaría los siguientes: una visión excesivamente centrada en lo británico (algunos detalles son difíciles de captar para el lector en español), unos franceses de personalidades excesivamente simples (orgullosos y testarudos), unas formas de vida selenitas claramente fantásticas, y una excesiva predilección por el componente político en determinadas situaciones. Defectos que no ensombrecen una novela de una calidad sorprendente para un autor que en 1993 acababa de empezar en el género. Y que afortunadamente sigue siendo una de sus principales referencias.

domingo, 5 de marzo de 2017

Agente de Bizancio (1987). Harry Turtledove

Una nueva entrada continúo reseñando en orden cronológico las novelas que he seleccionado como representativas del subgénero de las ucronías, uno de los más conocidos de la literatura de ciencia-ficción. Voy a escribir en esta oportunidad sobre "Agente de Bizancio", del estadounidense Harry Turtledove. Un escritor que tal vez resulte desconocido para muchos de ustedes, pero que pasa por ser el máximo representante del subgénero, ya que se ha dedicado prácticamente en exclusiva a las ucronías durante toda su carrera. De hecho, en el prólogo de esta novela Turtledove se define como "escritor de ciencia-ficción e historiador", y menciona a "Que no desciendan las tinieblas" de Lyon Sprague de Camp (reseñada en este mismo blog y seleccionada como primera novela de esta lista) como la novela que le animó a dedicarse a este subgénero. No sólo eso: "Agente de Bizancio" está ambientada también en el Imperio Bizantino, en lo que constituye un claro homenaje. Cuyo resultado es, además, igual o incluso superior a su homenajeada. Y es que estamos ante una ucronía amena, bien documentada, fácil de leer, que utiliza con inteligencia algunos de los inventos más relevantes de la historia de la humanidad para construir siete relatos que forman un todo coherente y equilibrado.

Como digo en realidad no se trata de una novela como tal, sino de un fix-up de siete relatos. Pero a todos efectos se puede leer como si se tratara de una novela, pues está perfectamente cohesionada. A ello contribuye decisivamente que todos los relatos estén protagonizados por Basilios Argyros, el magistrianos del anormalmente duradero Imperio Romano de Oriente. También ayuda que los acontecimientos de un relato se utilicen como base para el siguiente. Y por supuesto que el intervalo temporal abarcado sea relativamente corto (apenas quince años del siglo XIV) y que todos los relatos tengan una estructura análoga (un nudo que Basilios deberá desenredar sirviéndose de un invento concreto, hasta conseguir un desenlace feliz), así como una longitud similar. Es decir, que el escritor toma una serie de decisiones razonables, si se quiere poco arriesgadas, pero que permiten llevar la novela a buen puerto.

Como suele suceder en las ucronías escritas por historiadores, el panorama alternativo que imaginan resulta relativamente "conservador", con variaciones menos acusadas que las que probablemente habrían sucedido en el devenir propuesto. Es el caso del Imperio Bizantino de Turtledove, al que la conversión al cristianismo de Mahoma y el rechazo de los seguidores de Zoroastro en Persia le permitió perdurar al menos un milenio, sin que en sus autoridades, creencias, ni ciudades principales se observe un cambio sustancial respecto al de la época de Justiniano. Aunque si se observa con detalle se percibirá una cierta decadencia, claramente reflejada por ejemplo en que sólo uno de los inventos que contribuyen a resolver las situaciones surge en Constantinopla.

Aciertos innegables de la novela son la ambientación de la época y los lugares que nos presenta Turtledove (Alejandría, Constantinopla, el Danubio, Saint Gall, Daras, Dariel), así como la elaboración de los personajes principales, con mención especial para Mirrane, la bella espía persa que el escritor "descubrió" en el quinto relato y ya no dejó de utilizar hasta el final para lograr un final convincente. La prosa del autor es precisa pero sencilla, fácil de digerir y con la dosis suficiente de reflexiones y de guiños humorísticos para que pasar las páginas no suponga ninguna dificultad. Y algunos relatos en concreto están muy conseguidos (en mi opinión los dos primeros, y el ambientado en Daras).

Quizá el mayor defecto de la novela sea que todos los inventos sobre los que Turtledove construye sus relatos son muy conocidos (el catalejo, la vacuna, la pólvora, la imprenta...), con lo que es sencillo anticipar el impacto que van a tener, y las historias pierden capacidad de sorpresa. También puede llegar a fatigar la estructuración análoga de los relatos a la que antes me refería. A menudo se echa en falta un poco más de profundidad (casi parece una novela para young adults). Y lógicamente resulta cuestionable que todos esos hallazgos caigan siempre en manos de la misma persona, a pesar de que Basilios nunca llegó a alcanzar un rol verdaderamente preeminente en el Imperio. Defectos que en ningún caso se dejan sentir en exceso en una obra que puede servir para introducir al lector lego en el sugestivo subgénero de las ucronías.

domingo, 19 de febrero de 2017

Gloriana o la reina insatisfecha (1978). Michael Moorcock

Una nueva entrada prosigo reseñando en orden cronológico las novelas que he seleccionado como representativas para el lector en español del subgénero de las ucronías, uno de los más fascinantes dentro de la literatura de ciencia-ficción. Voy a reseñar en esta oportunidad "Gloriana o la reina insatisfecha", del escrito británico Michael Moorcock. Una novela con casi cuarenta años de antigüedad, pero que no vio la luz en nuestro idioma hasta hace apenas un lustro, por lo que probablemente sea la ucronia menos conocida de las que he reseñado hasta ahora en este blog. Se trata de una en mi opinión excesivamente extensa (más de quinientas páginas) e innecesariamente fantasiosa historia alternativa sobre la Inglaterra del siglo XVII. Pero con el suficiente número de acontecimientos entre sus páginas, y con unos personajes principales lo suficientemente atrayentes como para justificar su lectura.

"Gloriana" es una novela difícil de categorizar, que exige una mente abierta y un esfuerzo consciente por parte del lector. Para mí es sobre todo una ucronía, y por eso la he incluido en la presente selección. Incuso aunque Moorcock no se moleste en presentar el hecho divergente que alteró el curso de la historia inglesa hasta llegar al rey Hern y su sucesora Gloriana, evidentemente inspirados en Enrique VIII e Isabel I (de hecho, Moorcock sólo intenta una tímida justificación mediante la teoría de las esferas múltiples que se comunican en determinados puntos del devenir histórico). También trata con el rigor suficiente su historia alternativa (con avances tecnológicos, vestimentas, tradiciones y ceremonias muy similares a las de la historia real) como para poder considerarla una novela de ciencia-ficción más que una simple novela de fantasía (conviene recordar que se alzó con el prestigioso premio John W. Campbell de 1978 a la mejor novela de ciencia-ficción de ese año). Aunque también se apoya en unos pocos elementos fantásticos que pueden incomodar a lectores rigurosos (algunos intrascendentes para el desarrollo, como los autómatas o el Thane de Herminston, pero uno en concreto muy relevante para la misma: un submundo oculto entre las paredes del Palacio Real francamente inverosímil por extenso y por desconocido desde el exterior). Incluso puede parecer por momentos una novela erótica o de aventuras. Se trata, en suma, de una obra muy original.

Como decía, un puñado de personajes logrados contribuye decisivamente a mantener el interés de esta larga novela. Aunque no es el caso de Gloriana, la supuesta protagonista, conceptualmente provocativa pero con vaivenes de comportamiento demasiado bruscos que le restan credibiidad. Pero sí el del vil capitán Quire, quizá el auténtico protagonista, que considera su vileza un arte, y el del canciller Montfallcon, verdadero poder en la sombra de Albión. Y el de otros personajes más secundarios como Thomas Ffynne, la condesa de Scaith o el doctor John Dee. Si bien es cierto que la novela empieza explorando estos y otros tantos personajes y tarda en dar con la línea narrativa más adecuada.

Porque durante los dos primeros tercios de la novela se alternan capítulos donde estos personajes y sus actos captan nuestra atención con otros muchos irrelevantes, largos, sin sustancia, meramente descriptivos. Debo reconocer que la prosa de Moorcock no es demasiado recargada, por lo que aumentando la velocidad de lectura el lector los puede "vadear" sin desesperarse, pero es incuestionable que con ciento cincuenta o doscientas páginas menos y una mejor orientación de la trama la novela ganaría mucho. Por otra parte, además de los capítulos superfluos, los elementos inverosímiles y la fallida Gloriana, otros defectos menores afectan a la impresión final: el "bombardeo" de personajes en los primeros capitulos, imposible de asimilar; el poco logrado enfrentamiento entre Montfallcon y Quire, tan determinante para la novela; las a menudo pedantes poesías y canciones que intercala Moorcock; y una traducción claramente mejorable.

A cambio, en su historia alternativa Moorcock propone un sugestivo panorama internacional, con Albión al frente del Orbe desde Virginia hasta Catay, y Polonia, Arabia y Tartaria como principales potencias rivales. En el cual las religiones monoteístias carecen por completo de relevancia, al igual que el Imperio Español, y en el que el precario equilibrio internacional se tambalea a consecuencia de las intrigas y muertes que Moorcock relata en Londres. Asimismo proporciona un abundante material especulativo (normalmente subyacente a lo narrado), a través del cual Moorcock desmitifica tanto los logros del reinado de Isabel I como su soltería, además de cuestionar las cloacas del poder que sustentan la supuesta Edad de Oro en la que se sitúa la novela.

Y no debo terminar sin resaltar cómo Moorcock va haciendo converger todos los elementos presentados hasta alcanzar el clímax en el memorable capítulo XXXIV. Violento, controvertido y políticamente incorrecto, pero francamente eficaz como colofón de lo narrado y lo especulado. Con el aliciente adicional de la inclusión por parte de la editorial Marlow del capítulo alternativo que escribió Moorcock años más tarde tras las críticas recibidas. Un capítulo más políticamente correcto que el original pero sin embargo más inverosímil y paradójicamente de igual conclusión. Y que constituye una razón de peso para continuar hasta el final la lectura de esta dilatada y singular novela, a pesar de sus defectos.

domingo, 5 de febrero de 2017

En el día de hoy (1976). Jesús Torbado

Retomo con la presente entrada la reseña de las novelas que he seleccionado como representativas del subgénero de las ucronías, uno de los más interesantes dentro de la ciencia-ficción. Y lo hago con una novela muy especial: "En el día de hoy", del español Jesús Torbado. Por varias razones. La primera, por tratarse de un escritor que a buen seguro no se considerará a sí mismo un autor de ciencia-ficción. La segunda, por tratarse de una novela que no se publicó en el gueto de la ciencia-ficción, sino que vio la luz nada menos que como Premio Planeta (el mejor retribuido en lengua española, y de gran difusión) de 1976. Y la tercera por tratar del tema (o uno de los pocos temas) que posiblemente más interesen al lector en español, sea o no aficionado a la ciencia-ficción: una ucronía en la que la Guerra Civil la ganó el bando republicano. Quizá todas estas razones les hagan cuestionarse qué hace este título en este humilde blog. Pero lo cierto es que la novela encaja en mi selección tanto en lo relativo al rigor cuasi-científico (situaciones y personajes están presentados con la máxima verosimilitud histórica posible), como en el siempre necesario sentido de la maravilla (sabiamente logrado otorgando roles invertidos a vencedores y vencidos en el conflicto bélico). Y además, es la única novela de mi selección que se aleja de las temáticas habituales en las ucronías anglosajonas. Así que creo que lo correcto es hacerle un hueco junto a ellas y dedicar unos párrafos a reseñarla.

Porque además la trama es aún más sugestiva de lo que he explicado hasta ahora: efectivamente Torbado nos presenta una ucronía en la que los republicanos se consolidan en el poder justo tras el final de la Guerra Civil, pero en la que los nazis prosiguen su irrefrenable expansión por Europa, lo que permite a sus personajes interactuar con el fascismo italiano o el nazismo alemán. El problema es que Torbado no logra crear una auténtica novela con su introducción, su nudo y su desenlace. Aunque la obra se deja leer por la cantidad de personajes históricos que pueblan sus páginas y por la abundancia de "postales" sobre la vida en esta historia alternativa de 1939-1940.

Sin duda el primer punto fuerta de la novela es la recreación de un buen puñado de personajes históricos que mantienen sus rasgos físicos y de personalidad en esta historia alternativa. Con mención especial para Ernest Hemingway, quizá el más relevante de sus múltiples protagonistas, pero con abundantes episodios por los que desfilan Franco, Carrero Blanco, Indalecio Prieto, La Pasionaria, Besteiro, el general Salazar, Serrano Suñer, Alfonso XIII... incluso Adolf Hitler. Sus actos no son casi nunca demasiado relevantes ni llamativos, pero bastan para entretener al lector con su componente especulativa. Como lo hace el segundo gran acierto de la novela: la gran cantidad de escenas cotidianas en esta posguerra alternativa. Ambientadas sobre todo en un Madrid muy bien caracterizado y con rincones entrañables com el Florida o la Colmena, pero también en Roma, Berlín, Barcelona, La Habana... Reflejando las pequeñas vidas espartanas de la gente anónima, al tiempo que los centros de poder de la época.

Otros aciertos son los esfuerzos por justificar por qué la Guerra se decantó para el bando republicano (la batalla del Ebro), la minuciosidad y el afán de verosimilitud a la hora de mostrar el destino que siguió otro montón de personajes históricos tras el fin de la contienda, la vida de sacrificio y penurias que siguió siendo norma en la gente corriente a pesar de que los vencedores fueran otros, una propuesta muy sensata y hasta esperable, y la ausencia de una defensa clara de uno de los dos bandos (al fin y al cabo en cualquier guerra todos los bandos acaban perdiendo), lo que evita que lectores ideológicamente poco receptivos puedan rechazarla.

Pero todo esto queda eclipsado por la ausencia de una auténtica trama novelada. No es que no sucedan algunas cosas (sobre todo a nivel de política nacional e internacional: desde unas nuevas elecciones hasta la invasión alemana), pero el elenco de personajes principales (Aniceto, Alejo, Sim, Hemingway, Fabiani...) es más espectador de lo que sucede a su alrededor que auténtico protagonista de sus actos. Ninguno de ellos nos plantea un auténtico nudo que haya que desenlazar. Con lo cual no hay intriga, ni apenas acción, ni un auténtico final, sino una sucesión de capítulos sin hilazón clara y de interés muy variable.

Otros defectos de menor entidad que contribuyen a que mi impresión final sea sólo discreta son: el fracaso del autor a la hora de crear episodios realmente humorísticos o sarcásticos; escenas que no aportan absolutamente nada (baste recordar todas las páginas dedicadas a La Habana, o la visita de Franco a Argelés-sur-Mer); la aparición muy tardía de personajes para completar la novela (da la impresión de que Torbado se quedó atascado cerca del final y tuvo que recurrir a Fabiani y Ramón); y una estructuración muy poco clara, con partes no muy delimitadas por su contenido y de títulos a menudo confusos.

sábado, 14 de enero de 2017

Más de 50.000 páginas vistas: más de 50.000 gracias



Interrumpo momentáneamente la revisión de las novelas de ciencia-ficción que he seleccionado como representativas del subgénero de las ucronías para dedicar una entrada a un hito que a nivel personal nunca me planteé alcanzar: haber superado las cincuenta mil páginas vistas en este humilde blog. Así que permítanme una pequeña reflexión al respecto.

Cuando en el año 2011 me animé a iniciar un blog sobre la literatura de ciencia-ficción, mi primera y casi única pretensión era encontrar una forma de seguir compartiendo una de mis muchas pasiones, toda vez que mi nueva vida como padre de familia me había cercenado de manera importante la posibilidad de compartir esta pasión de manera regular con mi círculo habitual de amigos aficionados. Así que, basándome en las notas que había tomado a lo largo de los veinticinco años anteriores sobre algunos cientos de libros de este maravilloso género, fui sin más criterio que mi intuición buscando temas que pudieran aportar un enfoque diferente y accesible tanto a legos como a veteranos, para de esta forma exponer mis reflexiones y puntos de vista sobre un ámbito tan maravilloso y a la vez tan minoritario para el público de habla hispana como la literatura de ciencia-ficción. Poco a poco surgieron diversos temas con los que ir estructurando el contenido del blog (libros esenciales, libros favoritos, libros decepcionantes, sagas, mi escritor favorito...) a la vez que el número de páginas vistas y de seguidores iba aumentando exponencialmente. Hasta llegar al hito de las cincuenta mil páginas en poco más de cinco años.

Alcanzar tal volumen de visitas me parece todo un éxito para un género que, a diferencia de su para mí enormemente inferior equivalente cinematográfico, ha sido y es minoritario. Más si tenemos en cuenta que a menudo me detengo en libros que ni siquiera están disponibles en las librerías y tiendas en línea especializadas. Y todavía más si tenemos en cuenta que simplemente se trata de las reseñas de un aficionado al género, que dista mucho de haber leído el volumen de libros de cualquier especialista en el género. En 2011 tenía claro que seguiría disfrutando del género al margen de la relevancia del blog, pero no me planteaba "aguantar" un número determinado de entradas; algo más de cinco años más tarde la relevancia del blog en mi afición ha crecido hasta llegar a determinar mis próximas adquisiciones literarias, orientadas en muchos casos a las próximas temáticas que tengo en mente. Por lo que espero que mis ganas de continuar enriqueciéndolo perduren al menos tantos años como los ya transcurridos.

No podría cerrar esta breve entrada sin agradecer a todos los que se han detenido en una o más entradas de este blog, se han convertido en seguidores del mismo e incluso lo han enriquecido con sus comentarios. Tanto de España como de otros países, puesto que para mi sorpresa más de la mitad de las visitas han procedido de otras naciones distintas de la mía, con situaciones llamativas como los varios miles de visitas de varios países de habla no hispana (Rusia, Alemania...). A todos Vds. mi más sincero agradecimiento por el tiempo que le han dedicado. Confío en seguir aportando entradas que sean de su interés, y no duden en sugerirme entradas o temas que echen de menos en el inmenso "océano" que incluso en el ámbito de la literatura de ciencia-ficción es internet.

De nuevo, muchas gracias.

domingo, 1 de enero de 2017

El sueño de hierro (1972). Norman Spinrad

Inauguro este 2017 con una nueva reseña de las novelas que he seleccionado como representativas del subgénero de la ucronía, uno de los más fascinantes dentro de la ciencia-ficción. Siguiendo con el orden cronológico le llega el turno a "El sueño de hierro", del estadounidense Norman Spinrad. Spinrad es uno de los escritores más conscientemente provocativos de la historia del género, que siempre ha usado como vehículo para dar cabida a ideas a contra corriente. Aunque personalmente pienso que esa riqueza especulativa casi nunca ha estado acompañada del mismo nivel de habilidad para conducir sus historias al mejor resultado posible. De hecho eso es lo que sucede con "El sueño de hierro": una novela mucho más interesante (por su original planteamiento y su tremenda carga especulativa) que disfrutable (precisamente a consecuencia de lo anterior).

Y es que el planteamiento no puede ser más original: Spinrad nos propone una ucronía en la que Adolf Hitler nunca llegó al poder en Alemania sino que, tras combatir en el ejército aleman durante la Primera Guerra Mundial, emigró de la deprimida Europa a E.E.U.U. en busca de fortuna. Y allí, tras sobrevivir mediante diversos oficios, acabó encontrando el éxito nada menos que como escritor de ciencia-ficción. Así, tras sólo un par de páginas a modo de presentación de la bibliografía de Hitler, Spinrad reproduce la que en esta historia alternativa es su novela más premiada: "El señor de la esvástica", supuesto premio Hugo y que ocupa la práctica totalidad de la extensión de "El sueño de hierro".

Estamos, pues, ante una novela dentro de la propia novela en la que Spinrad se esfuerza en reproducir el ideario de Hitler y la idealización que sobre el mismo nos propone su alter ego, Feric Jaggar, protagonista absoluto de la novela. La cual arranca en un planeta Tierra que varios siglos después de un holocausto nuclear aún se está recuperando de sus heridas, y en la que los "verdaderos seres humanos" (el genotipo ario) son minoritarios frente a un sinnúmero de mutantes deformes y una élite superior de "dominantes" que los mantiene bajo control mediante poderes psíquicos. La novela se inicia con el retorno de Jaggar a Heldon (la única nación donde aún son clara mayoría los seres humanos "no mutados") tras una primera etapa de su vida exiliado en Borgravia, y se desarrolla con el gradual ascenso de Jaggar al poder y la violentísima expansión eugenética que desencadena sobre el resto de las naciones.

El principal problema de "El señor de la Esvástica" reside en que Spinrad asume (con buen criterio) que Hitler sigue siendo en esta historia alternativa una mente demente, por lo que impregna sus deseos y fantasías políticas de fetichismos patológicos, alteración de valores e incluso obsesiones fálicas. Todo ello provoca que el resultado, más que escandaloso, resulte farragoso, reiterativo, y tremendamente previsible. No tanto durante la primera mitad de la novela, en la que a pesar de que los principios más violentos y perversos se presentan como nobles y hasta necesarios, el recorrido de Jaggar por la Borgravia y el Heldon posnucleares y la gradual realización de su plan de ascensión al poder absoluto resultan interesantes y de un dinamismo razonable. Pero sí en la segunda mitad, que hasta el hallazgo del dominante supremo en el refugio nuclear se limita a una serie de episodios bélicos muy similares entre sí, de desenlace conocido de antemano y con descripciones barrocas repetidas una y otra vez, que junto a desfiles y ceremonias de un desesperante enaltecimiento racial hacen muy difícil el disfrute de la lectura.

Otros defectos evidentes que hacen que la impresión global no sea muy favorable son el no muy cuidado elemento científico (que por ejemplo evoluciona en cuanto a armamento bélico a una velocidad inconcebible), la escasez de diálogos motivada por las largas y reiterativas descripciones, y la simplicidad con la que la inmensa mayoría de personajes aceptan la supremacía absoluta de Jaggar.

Curiosamente Spinrad parece ser consciente de todos estos defectos, como demuestra su alter ego Homer Whipple en su supuesto "Comentario a la segunda edición" de "El señor de la esvástica" con el que se cierra la novela. Un comentario en el que justifica estos defectos como consecuencia natural del radicalismo de Hitler, al tiempo que nos ofrece unas jugosas pinceladas del panorama internacional que completan lo expuesto en esta ucronía. Eso y el brillante doble desenlace derrota/victoria de Heldon por mor de la bomba nuclear y la técnica de la clonación, logran una tardía e inesperada mejora de la impresión final. Conformando así una novela muy recomendable por lo que plantea, aunque no tanto por su capacidad de entretenimiento.

domingo, 18 de diciembre de 2016

La última astronave de la Tierra (1968). John Boyd

Una nueva entrada continúo reseñando en orden cronológico las novelas que he seleccionado como representativas del subgénero de las ucronías. En esta oportunidad le toca a "La última astronave de la Tierra", del escritor estadounidense John Boyd. Boyd fue un escritor que se incorporó al género en su madurez, por lo que su obra no es demasiado extensa y en general resulta poco conocida para el lector en español. La presente novela, de título desconcertante hasta prácticamente el final de su extensión, es su obra más reconocida. A medio camino entre la distopía y la ucronía, se trata de una concisa e inteligente novela que va creciendo conforme se avanza en su lectura hasta llegar a ser francamente sugestiva.

Eso sí, para sacarle el jugo, el libro requiere que el lector se adapte al estilo un tanto arcaico de la Edad de Oro de la ciencia-ficción (a pesar de que fue escrita en 1968, cuando esa época ya había terminado) y que sea condescendiente con la lentitud a la hora de poner al lector en situación, o con los chiclés que rodean el inicio de la relación sentimental entre Harlane IV y Helix. Porque en esos primeros capítulos se adivina ya una sociedad distópica regida por tres estamentos (sociólogos, psicólogos y sacerdotes) en un original equilibrio, y con una separación menos llamativa entre profesionales (con acceso a formación universitaria) y proletarios (menos instruidos, sostienen a la sociedad con su mano de obra). Una sociedad a la que se ha llegado a través de una historia alternativa que no parte de un hecho divergente específico (de hecho se citan decenas de personajes históricos, incluso del siglo XX que en realidad conocimos como Albert Einstein), pero sí un punto de ruptura determinante: la sustitución a finales del siglo XIX del Papa humano por una computadora ideada por el eminente científico Fairweather I.

La ironía con la que Boyd recubre los actos prohibidos de Haldane y Helix hacen que la lectura sea agradable durante el primer tercio a pesar de no tener un motor narrativo claro y de que los devaneos amorosos de ambos puedan llegar a resultar un tanto fatigosos. Pero la muerte de Haldane III en primer lugar y la detención y posterior juicio de Haldane IV llevan finalmente la novela a otra dimensión, mucho más sugestiva respecto a la sociedad ideada por Boyd y al fracaso de los Viajes Espaciales como elemento dinamizador de la misma.

Un acierto de la novela es la elección y caracterización de los personajes de cada uno de los tres estamentos que juzgan a Haldane, y cómo enfocan sus respectivos interrogatorios primero y sus defensas después. También está lograda la figura de Helix, una mujer sorpresivamente enigmática en sus intenciones y motivaciones a lo largo de toda la novela. Así como el planeta llamado (con toda intención) Infierno, un inesperado contrapunto la Tierra propuesta por Boyd y que en una novela contemporánea probablemente habría dado lugar a otras doscientas páginas si consideramos todo lo que encierra.

Además de su estilo arcaico y de las contradicciones que supone referenciar a unos personajes históricos obviamente inaceptables en la sociedad alternativa del siglo XX, otros defectos reseñables de "La última astronave de la Tierra" son el muy poco riguroso elemento científico (encabezado por la propuesta Teoría de la Singularidad, LV2 = -T...) y los rebuscados razonamientos que Boyd propone respecto a cómo enfocar el juicio de Haldane. A cambio, el final es bastante satisfactorio y mejora la impresión global de la novela, pues por una parte logra da sentido a los avatares de Haldane a lo largo de toda su extensión y por otra justifica el surgimiento y control de la historia alternativa planteada, explicándose finalmente el enigmático título en su excelente epílogo.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Pavana (1968). Keith Roberts

Una nueva entrada continúo reseñando las novelas que he seleccionado como representativas del fascinante subgénero de la ucronía. Hoy les voy a hablar de "Pavana", del británico Keith Roberts. Que en sentido estricto no es una novela como tal, sino un fix-up de relatos que comparten hecho divergente y ambientación. Aunque como ya dije al reseñar "Roma Eterna" de Robert Silverberg, un fix-up de relatos es una de las mejores estructuras para explotar al máximo las ucronías, ya que permite detenerse en diversos momentos temporales afectados por el hecho divergente que se haya planteado. Así que a todos los efectos "Pavana" puede leerse como una novela convencional. Y de gran prestigio, por cierto, en especial en Europa. Aunque en mi modesta opinión, y sin atreverme a calificarla de decepcionante, sí que la considero sobrevalorada.

El caso es que el hecho divergente (la victoria de la Armada Invencible española en 1588 sobre la Inglaterra de Isabel I), que Roberts presenta convenientemente en el prólogo, abre un amplio y sugerente abanico de implicaciones. Que un fix-up de cinco relatos más una coda estaría en inmejorables condiciones de explotar. Pero ya desde el primer relato se manifiesta un defecto común a todos ellos: la ausencia de un principio y un final concretos, de una conclusión determinante para el devenir de la novela. Otro defecto, particularmente grave en una novela de ciencia-ficción, es el abuso de elementos fantásticos a lo largo de los diversos relatos: el pueblo del Brezal, los antiguos dioses y su simbología... Ambos inconvenientes, agravados por una prosa que abusa de las frases largas, de las comas, de la descripción de unas sensaciones a menudo demasiado increíbles, lastran en buena medida el disfrute de "Pavana".

Por continuar con los defectos, mencionar el a mi modo de ver excesivo parecido de la Inglaterra del siglo XX ideada por Roberts con la que realmente hubo en la Baja Edad Media, y demasiado alejada de lo que en realidad ha sido la evolución del mundo católico en los últimos cuatro siglos. Llama la atención asimismo la postura enconadamente negativa de Roberts hacia la Iglesia Católica y su influencia en la sociedad. Siempre defenderé que la ciencia-ficción debe hacer cabida a cualquier postura ideológica siempre que se intente racionalizar, y está claro que como institución la Iglesia ha tenido multitud de errores a lo largo de su historia, pero una postura tan fanáticamente en contra como la de Roberts le aleja de la racionalidad que siempre debe presidir el género y en mi opinión le resta credibilidad. Señalar, por último, la irregularidad del libro, puesto que existen relatos que prácticamente no aportan nada ("De damas e hidalgos", y sobre todo "Hermano John", desquiciante y fantasiosa).

Lógicamente, la novela cuenta con algunas virtudes que justifican su fama. Primeramente, que pese a tratarse de un fix-up de relatos, existe una buena cohesión entre los mismos, trasladándose lo acontecido en cada uno de ellos a los siguientes. En segunda lugar, un hallazgo: los señaleros, que gestionan el sistema de semáforos con el que las locomotoras de vapor pueden recorrer los caminos; un grupo social verosímil y de innegable relevancia en la sociedad británica. En tercer lugar, la introducción de pequeños detalles que proporcionan verosimilitud a lo narrado: la multiplicidad de idiomas, los binoculares Zeiss, las marcas de las locomotoras... Todo ello presentado con un vocabulario rico y preciso y, por una vez, bien traducido al español.

Por último, resaltar "Lady Margaret", el primer relato y en mi opinión indiscutiblemente el mejor, sin los vicios de otros y con mucha mayor intensidad. Así como la implicación de Roberts con su obra, ya que en su último relato intenta enlazar su historia alternativa con la historia que conocemos, y para ello nos muestra la evolución desde la sociedad post-feudal que ha creado a nuestra sociedad contemporánea.